Los Ph.D. no podrán tener Alcaldías, pero sí Ministerio

Desde el mes pasado, en la Comisión Sexta se debate la apertura de un Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación. Entre otros beneficios, esto abrirá la oportunidad de aumentar la mínima cifra del 0.9% de doctorados en el sector comercial e industrial.

En Colombia – y buena parte de países latinoamericanos – ha existido un problema estructural: la academia y la clase política no han sabido llevarse. Esto se refleja especialmente en la falta de planeación y ejecución de políticas públicas para el desarrollo en las regiones más importantes del país. Esa situación puede empezar a ser diferente debido a la última iniciativa legislativa promovida por el representante liberal por Antioquia, Iván Darío Agudelo, con el apoyo de partidos como la U, Cambio Radical, Polo y Centro Democrático.

Primero hay que decir que la propuesta no es nueva. Hace diez años, Martha Lucía Ramírez y Jaime Restrepo Cuartas también propusieron que los temas relacionados con Ciencia, Tecnología e Innovación tuvieran la autonomía y la importancia de un ministerio. Pero en dicho momento, el país sufría el coletazo de la crisis del 2008, el gobierno no comulgaba con la idea de expandirse y no tuvo el mínimo apoyo para ser aprobado.

Pero ahora los tiempos han cambiado. Con un posconflicto en fase de construcción que requiere presencia institucional en las regiones, una educación en la que el gobierno empieza a aceptar y a referirse a través de rankings internacionales y una subida del precio del dólar que demostró a las industrias colombianas la necesidad de investigar en Ciencia, Tecnología e Innovación (CTI), el resultado puede cambiar.

A diferencia del pasado, esta propuesta tiene bastante acompañamiento del gobierno actual, especialmente del Ministerio de Comercio, Industria y Turismo. Es menester recordar que cuando la ahora ministra, Cecilia López, era senadora, apoyó la propuesta de Martha Lucía. Recientemente, se añadió la exención tributaria a las empresas que investiguen en innovación y espera la inclusión entre 50 y 100 doctores al sector empresarial este año en proyectos público-privados. También, abrirá una convocatoria este 29 de abril para abrir doctorados enfocados en tecnología e innovación empresarial. La academia también ha hecho su aporte con el Primer Foro Permanente de Ciencia y Educación para el Desarrollo y la Paz, la cual abordó políticas territoriales de CTI para una paz estable y duradera.

La propuesta concreta, es que Colciencias, como organismo principal de la administración pública, rectora del sector y del Sistema Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación –SNCTI–, el cual está encargado de formular, orientar, dirigir, coordinar, ejecutar e implementar la política del Estado en la materia, pase a manejar la autonomía de un Ministerio, lo cual conllevaría a pasar de una inversión del 0.5% del PIB al mínimo de 1%.

A pesar de que la propuesta ha calado bien en todos los sectores y es muy probable que se convierta en una realidad, son más las preguntas que se generan a partir de la concepción de la CTI dentro de un ministerio.

Hay que tener en cuenta que guardar el equilibrio entre el sector educativo y el sector de industria y comercio sería una prioridad para este ministerio. La situación actual muestra que las empresas contratan con instituciones del exterior que se centran en la investigación, porque en el país el sector académico no se ha enganchado de pleno con las necesidades, tanto del producto comercial como de las transacciones o metodologías de producción empresariales. Además, desde MinComercio se ha impulsado una campaña por la cultura de la investigación, pues reconocen que no son muchas las empresas que le apuestan actualmente a investigar para mejorar en el mercado.

Por otra parte, el sector educativo tiene la parte más importante en el desarrollo de esta meta. La creación de centros de investigación, fomentar la inclusión interdisciplinar e interinstitucional y replantear el modelo de investigación a partir de problemáticas establecidas y no tanto en el fortalecimiento teórico – este último ha divorciado a un sector investigativo de las ciencias humanas con Colciencias – es tarea que deben pensar las instituciones de educación superior del país más allá del posconflicto y el posible ministerio.

Para finalizar, es prudente esperar cómo se desarrolla en el legislativo este debate, pero es el momento de posicionar esta discusión tanto en la academia, los sectores productivos, los representantes regionales y la clase política. En estos momentos en donde los políticos llegan al punto de inventar logros académicos, se debe demostrar la importancia de los académicos en el sector productivo –en donde puede replantearse debido a la crisis de los hidrocarburos– y gubernamental.

Por: Ricardo Ruiz

Imagen tomada de: http://www.construccionesplanificadas.com/

Westworld: clímax del poder tecnológico

(…) Cuanta mayor velocidad tecnológica logremos, mayor será la necesidad e intensificación de nuestros placeres.

Luego de varios retrasos, el domingo pasado la cadena televisiva HBO estrenó su nueva serie, anticipada con bombos y platillos: Westworld. Como muchos fanáticos de la ciencia ficción sabrán, el programa es una adaptación inquietante de la película homónima de 1973, escrita y dirigida por Michael Crichton. La premisa es básicamente la misma: en un futuro donde las posibilidades tecnológicas son en apariencia ilimitadas, un parque temático sumamente sofisticado y exclusivo ofrece a clientes adinerados la oportunidad de vivir en carne propia la época del Viejo Oeste. Experiencia en “carne propia” que no es un mero copy publicitario sino un epíteto anticipativo de la vivencia real de la ficción.

Si el argumento le suena, de seguro es porque Crichton más tarde exploró una variación del mismo tema en la novela Jurassic Park, adaptada por Steven Spielberg en 1993, sin tanto vaquero y más bien protagonizada por criaturas exóticas.

Westworld hace un estupendo trabajo sumergiendo de inmediato a la audiencia en su modelo ficticio. No pasan más de 10 minutos del primer episodio cuando las reglas generales del parque son establecidas: los clientes, llamados “newcomers”, llegan vía tren a un supuesto pueblo árido del Oeste para interactuar con androides, “hosts”, que a simple vista son indistinguibles de ellos mismos. En este mundo el adagio popular “el cliente siempre tiene la razón” es ley, pues lo que manden o soliciten se debe cumplir a cabalidad, sin reparos, sin escrúpulos. Los Newcomers cargan sobre sí todo el derecho de hacer lo que les plazca con los androides. Desde tener una amistosa charla con ellos, coquetearles o embarcarse en espontaneas aventuras (previamente preparadas por el equipo narrativo del parque), hasta lastimarlos, dispararles a quemarropa, violarlos, torturarlos y matarlos a voluntad. Todo lo que se considere necesario para satisfacer sus placeres más íntimos y abyectos.

Por otro lado, los androides son diseñados y programados de manera que inhiban lastimar físicamente cualquier criatura viva. Impidiendo toda suerte de retaliación al borrar su “memoria” al final de cada jornada.

Al inicio del programa, gracias a una decisión astuta de storytelling (Los creadores son Jonathan y Lisa Joy Nolan), conocemos Westworld desde el papel de los androides, sus roles en la escenografía del Lejano Oeste y su función de peones a la hora de cumplir los caprichos. Lo cual revela un curioso y cruel detalle: aparentemente experimentan emociones. Ya sean artificiales o no, perciben dolor y miedo como también sienten afecto y rabia, sin tener la menor idea de que no cuentan como gente “real”, al menos no para aquellos que se consideran reales.

Este detalle paradójico con certeza hace a la “atracción” mucho más emocionante y más realista para los visitantes y su desfogue. También significa que el abuso excesivo que algunos androides tienen que sufrir es un trauma real para ellos.

El punto de vista objetivo que maneja la serie confronta al espectador con cuestionamientos incómodos, alarmantes, que tras el paso de cada minuto se van agolpando en la cabeza exigiendo esclarecerse y conjeturando respuestas. Por consiguiente, la reflexión filosófica no está de más y es todo un desafío para la audiencia enfrentarse ante los conceptos científicos que no distan demasiado de alterar nuestras vidas, como lo es la inteligencia artificial.

Westworld intriga a primera vista, obsesiona. Su trama experimenta con un increíble y vasto cóctel de géneros como: sci-fi, western, drama, horror, suspenso que enajenan y fustigan la curiosidad durante los 60 minutos de duración del capítulo, y lo mejor, uno quiere ver más.

Solo en el primer episodio hay escenas reminiscentes de grandes historias como Frankenstein, Blade Runner, Black Mirror, A.I, Ex Machina, The Truman Show y Rise of the planet of the apes; un agasajo completo a la ciencia ficción que apuesta ser el remplazo para la audiencia masiva de Game of Thrones. En cuanto a los elementos no relacionados con el argumento: diseño de producción, música, actuación (un elenco envidiable liderado por Anthony Hopkins) y efectos visuales, el resultado es formidable, como cabe esperar de los grandes presupuestos de producción de HBO.

Las indagaciones y discernimientos del alcance de la tecnología en nuestros días los saca usted, porque si se puede tener bien en claro una intención de la serie es la de ponernos cara a cara con el deseo desafiante y tentador de nuestras fantasías más hondas, para decidir si accedemos a dar el paso hacia adelante o, si por el contrario, retrocedemos.

No cabe más que recordar el reconocimiento del teórico Paul Virilio sobre el paso del ser humano de fuerza laboral activa al ser humano sobreexcitado de fuerza laboral pasiva: cuanta mayor velocidad tecnológica logremos, mayor será la necesidad e intensificación de nuestros placeres.

Por: Camilo González

Imagen tomada de: goo.gl/hi4986

Por qué la problemática ambiental SÍ es una problemática estatal

Se hace evidente que ante un reto tan complejo como el de las amenazas ambientales, la respuesta no la hallaremos en posiciones simples y dogmáticas, es necesario el implemento de múltiples iniciativas; lo que incluye un esfuerzo del estado, que respete las lógicas del sector privado.

La comunidad global está en el momento límite en el que debe tomar las decisiones necesarias con el fin de buscar los mejores mecanismos para afrontar los múltiples problemas ambientales que la aquejan, los cuales llegan incluso a amenazar la supervivencia de nuestra especie en el planeta. Es por esto que están siempre bienvenidos todos los espacios en los que se expresen propuestas y opiniones al respecto. Sin embargo, con un gran número de reparos, leí la columna titulada “Por qué la problemática ambiental no es una problemática estatal”, la cual sostiene que la completa libertad de mercado eventualmente proporcionará los incentivos necesarios para que la innovaciones tecnológicas nos conduzcan a la solución de los problemas ambientales.

Me gustaría compartir tan optimista postura, pero no encontré en la columna los argumentos para sostenerla. Al igual que tampoco los encontré para la fuerte afirmación de que “la regulación estatal lleva a desincentivar el avance tecnológico”. Pareciera que las afirmaciones fuertes son atractivas, pero solo se traducen en dogmas ideológicos si no permitimos que los protagonistas sean los argumentos.

La problemática ambiental, incluso en la más ortodoxa de las posturas económicas, es causada por externalidades en los procesos de consumo y producción; es decir, es vista como una falla de mercado, lo que por definición nos indica que en estos casos el mercado es incapaz de asignar los recursos de manera eficiente. Con esto vemos que la teoría económica ni siquiera cuestiona la necesidad del estado para dar solución a los problemas ambientales, lo que sí se pregunta es por el cómo debería ser esta intervención, pregunta entorno a la cual existe un extenso debate.

Debate dentro del cual se puede aclarar la postura del autor en la que sostiene que “las restricciones solo harán que los daños ambientales pasen a manos de empresas ilegales”, preocupación que considero legítima pero que hace una generalización por fuera de la realidad. Las autoridades ambientales tienen dos caminos para intervenir en los mercados: el primero mediante las llamadas políticas de comando y control, que son las que se proponen poner límites explícitos a la contaminación producida o a los recursos explotados; el otro camino, conocido como instrumentos económicos, propone políticas que propicien comportamientos voluntarios en los agentes económicos. De este esquema se encuentra que es específicamente el primer enfoque, cuando no se complementa con políticas coherentes con la lógica de los productores, el que lleva a la creación de mecanismos ilegales para continuar la contaminación y no toda intervención estatal a priori.

El autor se pregunta “¿quién nos puede asegurar que esta problemática es política-moral y no científica-tecnológica?”, nada nos asegura que sea una problemática política y no una científica, porque seguramente es un poco de ambas, por qué buscar respuestas extremas en grandes problemas que requieren todo tipo de mecanismos, al fin y al cabo el progreso tecnológico ha demostrado ser completamente necesario para dar solución a los grandes problemas de la humanidad pero no suficiente. Si fuera suficiente, me pregunto por qué en el mundo siguen muriendo cerca de 8.000 personas todos los días de enfermedades que ya tienen cura, esto según cifras de Médicos Sin Fronteras.

Es importante mirar de frente la realidad por encima de las posturas ideológicas y  preguntarnos cuál es el país que ha logrado mayores avances en sustituir las fuentes tradicionales de energía por unas más amigables con el medio ambiente, y si estos avances los han logrado por iniciativa estatal o en un contexto de libertad de mercado. Se encuentra que es Alemania con 10.000 megavatios para la producción de energía solar, el triple que el país que le sigue el cual es España. ¿Cómo consiguió estos extraordinarios resultados? Mediante la ambiciosa política pública llamada Energiewende, la cual ha consistido en brindar incentivos a la industria para lograr cambios técnicos amigables con el medio ambiente, donde se ha conseguido una fuerte compenetración de la política industrial con la política energética del país, logrando no hacer contradictorios los intereses privados con los objetivos de reducción de emisiones fijados por el gobierno alemán. Un ejemplo contrario a la idea que la intervención estatal desincentiva el cambio técnico.

En conclusión, a pesar de que es el mercado el mejor mecanismo que hemos encontrado para coordinar las millones de decisiones privadas que se toman día a día, no hay necesidad de volver nuestra fe en el mercado paranoia ante cualquier tipo de intervención estatal. Se hace evidente que ante un reto tan complejo como el de las amenazas ambientales, la respuesta no la hallaremos en posiciones simples y dogmáticas, es necesario el implemento de múltiples iniciativas; lo que incluye un esfuerzo del estado, que respete las lógicas del sector privado. Es por esto que la pregunta correcta no es si la problemática ambiental es, o no, una problemática estatal, sino cuál es la manera más acertada de intervenir.

Por: Daniel Niño @dninoe

Imagen tomada de: http://recuperaresp.blogspot.com.co/2014/05/politica-ambiental.html

Por qué la problemática ambiental NO es una problemática estatal

La producción tecnológica hace parte del mercado, por esto, en la actualidad la demanda exige una producción sostenible que solo los científicos innovando y sin regulaciones estatales sabrán satisfacer.

Aunque un gobierno haga una ley dando permiso a los burros para que vuelen, no por eso a los burros les saldrán alas.” Jorge Loring Miró S.J.

En la actualidad, hablar sobre el medio ambiente es hablar sobre una problemática que aqueja a cada habitante del planeta tierra, por esto, en los últimos 50 años ha habido un incremento exponencial en la exposición y preocupación por el calentamiento global y por la explotación de distintos recursos finitos. Pero, ¿quién nos puede asegurar que esta problemática es política-moral y no científica-tecnológica?

Los movimientos ambientalistas son una oposición a las empresas encargadas de generar daños ambientales, pero no pasan de eso, de ser una oposición sin propuesta alguna a las problemáticas de las que se aquejan. Estos movimientos buscan pedir regulaciones estatales que acaben con los daños ambientales y la explotación de los recursos finitos, pero si el Estado regula estas empresas, ¿no estaría condenando a su país al subdesarrollo deteniendo el avance tecnológico? Es apropiado recordar que la tecnología ha sido la única capaz de detener enfermedades, muertes, epidemias y demás problemáticas que le ha generado el planeta tierra a la raza humana en los últimos siglos. Los científicos han logrado dominar la naturaleza para que esta esté a favor de las necesidades de los humanos. El mundo nunca ha tenido tan buenos estándares de vida como los tiene actualmente.

La innovación tecnológica va de la mano con el desarrollo económico y la prosperidad en un territorio, además es la única capaz de acabar con la explotación de los recursos finitos y de evitar los daños ambientales pasando a un modo de producción más amigable con el medio ambiente. La producción tecnológica hace parte del mercado, por esto, en la actualidad la demanda exige una producción sostenible que solo los científicos innovando y sin regulaciones estatales sabrán satisfacer, porque estas restricciones solo harán que los daños ambientales pasen a manos de empresas ilegales como ya sucede en distintos países que presentan estas regulaciones.

Más allá de detener el avance tecnológico, ¿qué podría hacer el Estado para fomentar este desarrollo sostenible? Hacer asociaciones público-privadas para fomentar la investigación científica en cada país pasando a un modo de producción más verde y reduciendo así los daños ambientales. Basta con traer modelos ambientales prósperos de otros países, como los de los países nórdicos, en los cuales por ejemplo, se recicla el 100% de las basuras, y además se usa el metano liberado para generar combustibles. Por último, las soluciones empiezan en casa: qué tal si se empieza a reciclar, a gastar menos luz y menos agua, si se deja de botar basuras en las calles, si se dejan de usar bolsas plásticas para hacer el mercado. Las soluciones están. Basta aplicarlas, ya sea desde asociaciones público-privadas para fomentar la innovación, y/o desde un ámbito ciudadano para contribuir con el medio ambiente.

Por: Martín Sánchez

Imagen tomada de: http://turismerk.com