Jawbone

Jawbone en el fondo se trata sobre la derrota, sobre un derrotado, como lo somos todos, la cinta no teme al decir que a veces el esfuerzo no sirve de nada, pero lo hace con elegancia, con primeros planos del protagonista, diálogos en un inglés muy bajo y confuso.

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Jawbone es otra película sobre un boxeador que intenta ganarse la vida. Pero esta se siente diferente, más pausada, menos condescendiente con el protagonista, triste. La virtud de esta película, a pesar de su guion repetitivo, está en su enfoque: se aleja de los puños y se centra en la mandíbula del boxeador. Una mandíbula que puede ser tan dura que haga doler las manos a los contrincantes y obligue al luchador a sentir una paliza o una mandíbula frágil que lo manda a la lona.

El protagonista Jimmy McCabe (Jhonny Harris) es de los que resisten los golpes y sigue luchando, tirando puños hasta que se da cuenta que solo puede perder. Un protagonista que se pasa la película mendigando favores para comer, suplicando por ayuda contra su alcoholismo, mirando el piso cuando habla con otros por vergüenza y mirando a la cámara para mostrarnos la tristeza de sus ojos de perro. Un sujeto que en su pobreza y dignidad me recuerda más al Chavo del Ocho que a Rocky Balboa, siempre intentando agarrar esa torta que dejan y durmiendo en un barril, sobreviviendo gracias a un par de amigos que aún le quedan.

Pero aun así, Jimmy resiste y boxea, entrena, corre, salta lazo, practica con sus puños, casi siempre solo y a punto de desmoronarse. Cada escena de la película parece una derrota, al correr no parece alcanzar su sueño, sino huir de todo, al golpear al viento parece más recibir una paliza y caer arrodillado. Jawbone es otra película sobre un boxeador que lucha por sus sueños, pero está muy lejos del sueño americano de Rocky, es mucha más miserable y realista. La pelea no es por el campeonato, sino por él para saber qué si puede, que aún tiene valor, más que una apología al hombre que se supera, se trata de una conmemoración a la derrota.

Jawbone en el fondo se trata sobre la derrota, sobre un derrotado, como lo somos todos, la cinta no teme al decir que a veces el esfuerzo no sirve de nada, pero lo hace con elegancia, con primeros planos del protagonista, diálogos en un inglés muy bajo y confuso, mostrando un Londres obrero. La película tiene el sabor de Un Buen Bistec, como el que nos sirve Jack London en su hermoso cuento sobre un boxeador maduro que pierde una pelea por física hambre.

La cinta juega con los silencios, los espacios solitarios, los gritos mudos. Parece que solo escuchamos los golpes de la pelea final, que parece filmada con la cámara pegada a los pugilistas, que no se preocupa por precisar los golpes, sino que transmite la confusión e incertidumbre de la pelea. Los golpes sobre la mandíbula de Jimmy retumban toda la escena y el espectador comienza a  desear escuchar la campana para que le den un descanso, pero el tiempo se distorsiona mientras el protagonista hace de pera de boxeo contra las cuerdas. Y la gente le grita, pero solo se escucha una bulla confusa, y los golpes que van y vienen.

Jimmy McCabe se parece a El Cantante de Héctor Lavoe, pero este hace música con su quijada, la gente le grita que siga, que ya han pagado por esa pelea y el boxeador lucha sin que se le pregunte por qué sufre o por qué llora, por qué bebé, por qué no para, por qué se resiste. Y al final parece que solo queda correr, entrenar, huir, seguir luchando, porque no se puede parar aún si la vida te está matando.

 

Recomendado: Por alguna razón que no entiendo, y por lo cual no lo incluí en la columna, Jawbone me recordó una de las películas favoritas de Gabo, Ladrón de Bicicletas. Sobre el filme Gabo dijo:  “Es la película más humana que jamás se haya realizado…”, super recomendada.

Por: Juan Pablo Parra.

Imagen tomada de: http://www.imdb.com/title/tt3582020/

 

 

Música y libros: La Gúa Ensamble y la librería Lerner.

En el segundo piso de la librería Lerner, sobre la Carrera 11 con calle 93ª, es posible darse un descanso del corre-corre bogotano. Un domingo de cada quincena encuentre los conciertos de música de cámara interpretados por el Ensamble La Gúa.

“La música no requiere de traducción” Carrizosa.

Al Entrar a la sede norte de la librería Lerner saltan dos cosas a la vista: Estanterías de libros de colores e imágenes que invitan a quien entra a echar un vistazo (y antojarse de paso) y un amplio espacio que contiene cada vez más y más estantes a medida que se explora el lugar. Algunas salas de estar, en varios puntos de la librería, sugieren al visitante que éste es un lugar para pasar largos ratos, una cafetería en la pequeña terraza de luz natural, confirman las sospechas. La librería Lerner no se limita a la transacción comercial del libro, también busca intercambios culturales.

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Interior de la librería Lerner. Fotografía tomada de Arcadia.com

Alba Inés Arias, directora de la Librería hace más de una década y librera la mitad de su vida, afirma que Lerner busca consolidarse como un centro cultural abierto al público, por ello la gran mayoría de su oferta cultural es gratuita y está abierta al público. «Quien no viene es porque no quiere» dice entre risas. Conferencias, círculos de lecturas y conciertos son parte de esa oferta.

Uno de los eventos más populares en la librería son los espacios musicales ofrecidos por el ensamble La Gúa, quienes en un formato de música de cámara ofrecen dos secciones temáticas para los asistentes: La primera es la Académica, erudita y clásica que presenta a Beethoven, Mozart o Bach; y la segunda son músicas de Origen Tradicional con arreglos para formato de cámara, interpreta desde tangos hasta gypsy.

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La Gúa ensamble. De izquierda a derecha: Osiris Rodríguez, Julián Linares, Oscar Avendaño y Edwin García. Fotografía: Jaidyth Perdomo.

Pero, si es extraordinario encontrar un cuarteto de cuerdas tocando entre libros, y además gratis, es más sorprendente aún encontrar que las sillas no solo están ocupadas por eruditos musicales o estudiantes de música sino por familias enteras. Se ven y escuchan niños mientras suenan los violines y el violoncello, padres y madres llamándoles la atención hacia la música y miradas de ternura que sobrevuelan el lugar cuando los niños hablan o aplauden.

Edwin García, violoncellista y líder de La Gúa y Alba Inés, mentes detrás de los conciertos, explican que se busca eliminar el acartonamiento de la música académica y su protocolo social y concentrarse en la música y en la interacción con el público. «Algunas veces, en las salas de concierto, uno está más preocupado por no faltar a la etiqueta que por escuchar la música, eso lo queremos eliminar aquí, en la librería» puntualiza Alba Inés.

«Además— continúa Edwin— buscamos acercar la música a la gente. El repertorio es sencillo, son piezas conocidas para que el nuevo público no se pierda y pueda digerir lo que estamos tocando. Junto a la música —y esto es otro elemento que nos diferencia de un concierto tradicional— está el foro que abrimos entre piezas para que la gente pregunte con absoluta confianza sobre la música o los instrumentos, cualquier pregunta es valiosa y, además, aquí no juzgamos a nadie».

Los asistentes lo saben y hacen uso de ese nuevo derecho a preguntar. Se pregunta de todo, desde cuál es la diferencia entre un violín y una viola —Además del tamaño, las cuerdas de ambos instrumentos están afinadas en  escalas diferentes— hasta cómo se llama esa vara que sostiene en el piso al violoncello —pica o piquet—. «En alguna ocasión, a una pregunta sobre estilos musicales, uno de los asistentes fue quien respondió y fue muy grata su intervención», dice Edwin para reforzar la idea del carácter interactivo del espacio  y la relación entre el público y los músicos. (Vea una muestra del ensamble).

El espacio se abrió en octubre de 2016 tras el traslado de la sede de la librería. Alba Inés y Edwin se pensaron el espacio y lo llevaron a cabo. «Edwin fue muy persuasivo y yo también quería ponerle música a la librería. Todo salió como debía salir —comenta Alba Inés—. El espacio es apto para 80 personas, el promedio que hoy tenemos. Empezó con 20 en el primer concierto y ha albergado hasta 150».

Para quienes hacen parte del proyecto los objetivos son claros. Quieren acercar la música a la gente, quieren romper los formalismos, destruir el mito de que lo gratuito es malo y sacar a la gente del alboroto citadino para que escuche y observe la música.

Osiris Rodríguez, músico invitado para el pasado concierto de tango, asegura que asistir a un concierto es «preferir lo real, es bonito poder decirle a los amigos “acabo de ver un concierto”, porque la música también se ve». Julián Linares, quien toca la viola dice que «tocar en una librería tiene un encanto insuperable porque uno puede asociar la música con lo que ve en los libros. Uno está escuchando y de repente se le atraviesa un autor, un artista y la imaginación empieza a hacer lo suyo».

En la Librería Lerner la música se vive diferente. Más cercana, sin duda informal, pero la rigurosidad de los músicos no se pierde. Eso se siente al escucharlos a ellos y al ver a los asistentes. Concentración absoluta en la música, ojos que siguen cada movimiento de los músicos e, incluso, personas que miran fijamente un punto pero que estallan en aplausos cuando la música acaba.

Cada concierto dura apenas una hora. De 11:30 de la mañana a 12:30 del mediodía. Se busca tener un espacio ameno en la mañana, que la gente disfrute el concierto completo, deguste de un buen momento y siga su día con la motivación de querer más música una vez salió del recital. «La gente sale del concierto a almorzar y a hablar de lo que escucharon. No se van porque el concierto es corto y llegan a tiempo porque empezamos puntuales», termina Edwin.

Los Libros se toman Bogotá.

Tomado de http://www.librerialerner.com.co/
Tomado de http://www.librerialerner.com.co/

En el marco de la Feria del Libro de Bogotá, la Librería Lerner lidera “Los libros se toman Bogotá” que este año cumple su 13° edición. Con una programación completa que incluye música, un foro con John Katzenbach, celebraciones a la poesía y encuentros con ilustradores, entre otros.

Este viernes, en la cede norte de la librería Lerner se llevará acabo la Noche Blanca que empezará a las 7:00 pm y terminará a media noche. El encuentro será un homenaje a Francia y su cultura y su evento principal será “Marcel Proust y la Música” con Brigitte Chateauneuf Neisa y será acompañado musicalmente por el ensamble La Gúa.

PROGRAMACIÓN DE LA NOCHE BLANCA: UN HOMENAJE A FRANCIA Y SU CULTURAL.

-Evento central: Marcel Proust y la música con Brigitte Chateauneuf Neisa

-Acompañamiento de música de cámara de “La Gúa Ensamble”Performance de la leyenda francesa La dama blanca y los poemas de Pierre de Ronsard

-Interpretación escénica: Lud Franco y musical de Stanislas Germain (Laúd)

Sketch con algunos personajes de la cultura francesa (Edith Piaf, Simone de Beauvoir, el pintor

Un recorrido por la exposición de grandes maestros: Fernando Botero, Ana Mercedes Hoyos, Ignacio Gómez Jaramillo, Luis Caballero, entre otros.

-Presentación de la banda “Zazous” interpretando ritmos franceses

Muestra gastronómica y bebidas espirituosas

Para conocer la programación completa de “Los libros se toman Bogotá” haga click aquí.

Si quiere conocer toda la programación cultural de la Librería Lerner haga click aquí.

Por: Leonardo Muñoz Guerrero

@leomunnoz