Impunidad sistémica

El estudio Índice Global de Impunidad México (CESIJ, 2016)1, sitúa a Colombia como el tercer país a nivel mundial con mayor impunidad, con un porcentaje de 75.6%, sólo superado por México con un 75.7% y por encima Filipinas con un 80%.

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El estudio Índice Global de Impunidad México (CESIJ, 2016)1, sitúa a Colombia como el tercer país a nivel mundial con mayor impunidad, con un porcentaje de 75.6%, sólo superado por México con un 75.7% y por encima Filipinas con un 80%. Además de la cercanía en el IGI, en un estudio de Transparency Internacional2, México y Colombia recibieron 30 y 37 puntos respectivamente, en una escala que de 0 a 100, 0 equivale a ‘’altamente corrupto’’ y 100 a ‘’muy limpio’’. Lejos de ser coincidencia, éstas variables están íntimamente ligadas, según concluye el estudio del CESIJ, en México ‘’la impunidad alimenta la corrupción, acrecienta la inseguridad y genera más violencia’’ y  ‘’va de la mano con la delincuencia organizada’’, una similitud más entre México y Colombia, quienes además de su historia de conflictividad armada interna han tenido  gobiernos con poca o ninguna alternancia ideológica, el PRI en México desde 1928 casi que como partido único y la alternancia liberal- conservadora en Colombia, con sus variaciones en el uribismo y santismo.

En Colombia, como lo dijo el Senador Jorge Robledo en el debate de La Verdad Total Odebrecht, ‘’hay un sistema de corrupción operando… lo que hay son auténticas organizaciones criminales’’3, que existentes desde la creación del Frente Nacional como un acuerdo entre las élites políticas y económicas, no sólo inducen a la corrupción sino también a la impunidad.

El pasado 10 de Julio, la Fiscalía envió al presidente del Consejo Nacional Electoral, Alexander Vega, los oficios No 0524 y 1945, a partir de los cuales dice que se puede concluir certeramente que Odebrecht sí asumió costos relacionados con las campañas presidenciales de Santos y de Zuluaga, y aunque ambas cartas hacen énfasis en que el acopio de pruebas se da por la premura del tiempo para la adopción de decisiones por parte del Consejo Nacional Electoral, que para el momento era de 5 días máximo, disgusta pero no sorprende que decidan salir tarde con resultados, lo cual era obvio desde el principio, pues claros son los conflictos de interés del Fiscal Martínez, cabeza del ente acusador, por su cercanía política con Cambio Radical y su cercanía económica a Sarmiento Angulo, socio de Odebrecht.

Dentro del CNE no hay certeza del futuro del proceso y de los tiempos de caducidad para aplicar sanciones, que podrían ser desde la devolución de los dineros aportados por el Estado a cada campaña hasta la prohibición de presentar candidatos propios a las elecciones de 2018, pues dentro del ente se manejan 3 tesis diferentes y la decisión depende de lo que propongan los magistrados que llevan cada caso. Pero independientemente de la fecha de caducidad sancionatoria que se decida, un velo de impunidad cubre el caso, pues los magistrados son postulados por los partidos políticos y elegidos por el Congreso de la República en donde esos mismos partidos tienen mayorías aplastantes. Así, 8 de los 9 magistrados son altamente dependientes de los partidos que los pusieron en sus puestos y que están relacionados con los gobiernos y partidos que ellos mismos deben investigar y eventualmente sancionar.

Sigue siendo el alivio de la corrupción un gran reto de la reforma política, la cual lejos de solucionar el problema con mecanismos como la lista cerrada, parece querer terminar el conflicto armado de la misma manera que la violencia bipartidista, con un acuerdo político entre élites que cierre filas para la participación democrática de partidos minoritarios y además que permita la continuación de elecciones y gobiernos corruptos, garantizando la máxima impunidad a cambio de la aprobación de favores para la élite económica.

Escrito por: Camilo Alcalde.

Imagen tomada de goo.gl/Wg6Z4o

Notas al pie de página:

1 http://www.udlap.mx/igimex/assets/files/igimex2016_ESP.pdf

2  http://transparenciacolombia.org.co/indice-de-percepcion-de-la-corrupcion-2016/

3 https://www.youtube.com/watch?v=DVdVO_sgg_M

4 http://bit.ly/2v68H0G

5 http://bit.ly/2tfFHpE

35 años sin Feliza Bursztyn, la “terrorista” que transformó el arte.

Disfrutó al subvertir lo establecido, al desconfiar de la belleza convencional, al convertir lo desordenado, lo feo y lo desechable en el más hermoso reflejo de nosotros mismos y de nuestra sociedad.

Entre cientos de trozos de metal, motores, cucharas oxidadas, envases y residuos de soldadura vivió Feliza en el barrio El Recuerdo, en la ciudad de Bogotá. Una mujer que con su detonante risa, su encanto, pero sobre todo con su genialidad irrumpía en el mundo del arte; su escultura no era estática, ella  tenía la capacidad de darle vida propia y así como la vida misma, en apariencia no tenía un orden, estaba hecha de retazos y  desperdicios de cobre y de chatarra, pero que como un todo rendían un homenaje a la mujer, a la libertad, a la capacidad de creer en la vida en donde las sombras de la muerte más profundas se hacen.

Cada escultura de Feliza tiene un código, un mensaje por descifrar, tan reales fueron estas, que muchos en su época criticaron y rechazaron su obra, la sociedad con un rostro muy al estilo de Frankestein se asustó al ver su reflejo en las esculturas de aquella irreverente artista quien no conocía el límite; la imaginación fue la única frontera que creó entre el espectador y la escultura. Disfrutó al subvertir lo establecido, al desconfiar de la belleza convencional, al convertir lo desordenado, lo feo y lo desechable en el más hermoso reflejo de nosotros mismos y de nuestra sociedad.

El mundo lo cambian quienes tienen la locura como ámbito de vida. Sin embargo no fue fácil ser mujer y ser artista en la época de Feliza, su personalidad y su actitud fueron incómodas para una sociedad acostumbrada a normas fijas e incuestionables en los roles sociales establecidos mentalmente. Era una defensora clarísima del papel de la mujer en la sociedad.

En la Ciudad Universitaria de Bogotá encontramos una de sus más imponentes obras: La escultura en homenaje a Alfonso López Pumarejo, maqueta que por muchos años estuvo guardada en la casa Pablo Leyva, pues en los 60s la escultura generó una polarización, un escándalo que hizo “exiliar” esta obra por varias décadas. La escultura que realizó Feliza Bursztyn en los años sesenta del siglo pasado y que vio la luz solo hasta finales de la primera década del siglo XXI, es un gran monumento de acero, tubos de diferentes alturas y diámetros, que como un árbol emerge de la tierra, dejando así entrever su color oxidado, en donde el viento y el sol le han hecho la pintura y que de la misma manera como nace de la tierra parece apuntar hacia el cielo, en un bella simetría formada por la armonía de la diferencia de los tubos.

Por culpa de la soldadura de sus esculturas Feliza empezó a sufrir de los pulmones, por lo cual a veces le costaba respirar. Esa mujer anarquista del arte y de la cultura, amante confesa de su vida en Bogotá y en Colombia, que empezaba a padecer de esa enfermedad, terminaría en el exilio. Antanas Mockus dijo hace un tiempo, que un artista es un terrorista que respeta la vida, en el caso de Feliza no solamente respetaba la vida, sino que amaba la vida, una vida llena de risas, pues para ella, aunque las cosas eran serias, había que reírse de ellas, ser un poco loco. Por esto en el gobierno de Turbay Ayala con su estatuto de seguridad, empezó una persecución a intelectuales, artistas y cualquier voz crítica que tuviera el país.

De repente un día a las cinco de la mañana, ingresan diez y ocho militares vestidos de civil a registrar su casa, pues era acusada de que en su taller de chatarra fabricaba armamentos bélicos, fue amordazada, e interrogada. Feliza, se exilia en México en donde vive por algunos meses con Gabriel García Márquez y su esposa, después viaja a París en donde estará hasta el día de su muerte. Cuentan Pablo Leyva y García Márquez, que Feliza no era la misma, su grata sonrisa y su alegría de la vida se habían esfumado al partir de Colombia. Feliza no murió de pulmonía o de cáncer, murió de tristeza afirmó contundente García Márquez. Y lo único que encontraron en su casa los militares fue un montón de chatarra con el que Feliza aspiraba a cambiar el mundo. Sin duda un acto de terrorismo para la época.

Por: Fabián Guzmán Pardo. Twitter: @feguzmanp

Imagen tomada de: goo.gl/UjVg5j