El genio de Northampton

Con el anuncio de la entrega a Bob Dylan del Premio Nobel de Literatura 2016 inició un debate (…) Bien podría la Academia Sueca entregarle a Alan Moore el Premio Nobel de Literatura.

Con el anuncio de la entrega a Bob Dylan del Premio Nobel de Literatura 2016 inició un debate entre literatos, escritores, músicos, intelectuales, periodistas y desocupados sobre los límites de la literatura. En este marco, el portal de The New York Times en Español publicó una columna de Jorge Carrión titulada: Bob Dylan, ¿el primer nobel del futuro? En dicha columna, el escritor argentino acota la expresión ”juntapalabras”, para referirse a quienes usando el lenguaje crean contenidos literarios: escritores, poetas, dramaturgos, guionistas de cine y televisión, periodistas, compositores, ensayistas y hasta escritores de novelas gráficas o historietas.

Así, entre argumentos y ejemplos, Carrión lanza una frase al aire en la que me quiero detener: “Alan Moore ganará el Premio Nobel de Literatura en 2018 (nadie más ha escrito tantas obras maestras del cómic (…)”. La frase me impactó por dos razones: La primera, porque yo había estado madurando esa idea en mi cabeza, pero nunca la había logrado de una forma tan simple y directa; la segunda, porque estoy completamente convencido de que Alan Moore es el mejor escritor de novelas gráficas de la historia, y uno de los mejores escritores vivos. Bien podría la Academia Sueca entregarle a Alan Moore el Premio Nobel de Literatura.

Déjeme hablarle un poco de Alan Moore. Nació en Northampton en 1953, cuando la pequeña ciudad inglesa rebosaba de visos de la revolución industrial: torres altas y negras que escupen humo, castillos de acero puro, charcos negros, pobreza y casas viejas. En medio de todo eso creció Moore, leyendo historietas para escapar a los límites de su mundo pobre y lógico. Tras ser echado de la escuela por su actitud, Alan trabajó limpiado pieles de oveja y pisos hasta que logró entrar a un pequeño periódico a escribir caricaturas.

Como por casualidad comenzó su carrera. Tras algunos trabajos de calidad en su natal Inglaterra, Moore es contratado en Estados Unidos y desde entonces no ha dejado de escribir clásicos del medio: V for Vendetta, Watchmen, From Hell, La saga de Swamp Thing, The Killing Joke, For the Man Who Has Everything, entre muchos otros. En conjunto, su multitemática obra rebosa de originalidad y colores, de oscuridad y de poesía, de crítica social y de ternura. Creando mundo lejos de la pobreza y las leyes físicas, pero además, con personajes superhumanos repletos de degradante y sincera humanidad.

Un hombre enmascarado que le grita a la libertad que es una mentirosa, la verdad del sueño americano, la locura y soledad del azul; lo necesario del verde, la pobreza del ser más poderoso de todos, un día de locura y un destino común, encontrar la vida en una disección, la mezcla de los terrores imaginarios y los grandes estigmas sociales de la segunda mitad del siglo XX, eso es la obra de Alan Moore, puro arte.

No podría ser de otra manera, porque Alan Moore es un artista. Dedicado a usar sus palabras para decirnos lo que necesitamos y no lo que queremos, intenta convencer a la sociedad de la necesidad del cambio y el amor. Moore es un mago -literalmente- a eso se dedica, a conjurar palabras contra el autoritarismo, el racismo, el machismo, el materialismo, los fanatismos religiosos, y en cambio favorecer, el amor, el sexo, el medio ambiente, la identidad propia, la libertad de pensamiento y acción, la individualidad, la imaginación, la creatividad y la anarquía.

Ese es Alan Moore, el hombre con el pelo y la barba larga, los ojos verdes y la manos repletas de anillos, que vive aislado para no tener nada que ver con las pésimas adaptaciones de su obra –hechas solo para ganar dinero- y de las grades industrial del comic, un emérita y refunfuñón que se dedica a cambiar el mundo desde Northampon.

El año pasado, Moore anuncio que se retirara del comic, tal vez Providence, su novela gráfica inspirada en la escritor de terror H.P. Lovecraft sea su último trabajo, es triste, pero completamente acorde con las críticas del autor al medio que él llevó a otro nivel: falta de originalidad (la misma historia una y otra vez) y la producción con fines económicos. Ahora, que se acerca el fin de su carrera la Academia Sueca podría darle un Nobel, sin embargo no lo necesita, porque él ya es uno de los grandes.

Podría decir mil cosas más sobre Alan Moore, lo cierto, es que tal vez las simples palabras de Carrión sean más dicientes que mis intentos inadecuados de ponderar su vida y obra, así que quiero terminar la columna citando de nuevo a Carrión: si no ha leído la obra de Moore, “Hágase el favor: léalas. Esas lecturas no le harán ganar dinero, pero son apuestas seguras”. Léalo y decida usted mismo.

Por: Juan Pablo Parra.

Imagen tomada de: http://dreamers.com/autores/3_ALAN_MOORE.html

FILBO 2017: V.S. Naipaul y “Un camino en el mundo”

Desarraigo y orfandad generan hombres sin historia, hombres sin pasado. Esos mismos hombres que sin una visión clara del mundo están condenados a una eterna sumisión, con apenas algunos destellos de ira pasional que se apagan rápidamente.

Un camino en el mundo, libro escrito por el trinitario V.S. Naipaul, ganador del Nobel de literatura en 2001, nos lleva por un viaje a tres continentes diferentes a través de tiempos diferentes. Es un viaje a través del colonialismo español y británico en América y el desarrollo de una África negra poscolonial. Es un viaje que nos lleva a la intrincada red del desarrollo colonial a través de las razas que componen su espectro, los negros esclavos y los negros libres, europeos, americanos criollos, indígenas americanos e indios en uno y otro continente. Un camino en el mundo es un viaje de comprensión racial y social.

En una narración con múltiples toques históricos, en donde la historia es la verdadera protagonista. Naipaul conecta el camino de un hindú nacido en Trinidad que se forma como escritor en el periodo de descolonización, con la historia de Trinidad y su conquista británica de manos españolas. La independencia de Suramérica a través de uno de sus primeros próceres, Francisco Miranda, y el ascenso de los movimientos de orgullo racial en América y África, mostrando los primeros resultados de los gobiernos independientes en este último continente.

A través del contexto de colonización-descolonización, Naipaul intenta mostrarnos de qué manera se configura ese territorio para sus nuevos y antiguos señores. Vemos cómo se trivializan esos territorios a partir de elementos fútiles y desarticulados por parte de ojos europeos, pero a su vez vemos como se rompe esa superficialidad y se desborda una sociedad turbulenta con fuertes problemas sociales y raciales.

En este libro Naipaul hace un viaje extraordinario, que sin duda mantendrá al lector atrapado en sus páginas y le darán una nueva manera de observar el mundo que lo rodea, especialmente a quienes crecimos y vivimos en ese mundo que se refleja a través de las páginas de Un camino en el mundo.

 

Sobre el autor:

Tomado de http://jloucksblog.blogspot.com.co
Tomado de http://jloucksblog.blogspot.com.co

Naipaul es un escritor de origen indio nacido en la isla caribeña de Trinidad y Tobago en 1932 (actualmente tiene 84 años). Sus abuelos se trasladaron desde India a Trinidad en 1880 como trabajadores para las plantaciones de azúcar de la isla, al igual que muchos otros, llevados allí por la corona británica.

El padre de Naipaul, periodista para el Trinidad Guardian, sería una figura trascendental para su carrera como escritor, pues a través de él nacería y crecería el sueño de Naipaul de convertirse en escritor. Su educación superior fue en Londres, donde se licenció en arte en la Universidad de Oxford gracias a una beca que ganara a los 18 años.

Su primera novela fue ‘El curandero místico’ (1957) y desde entonces su obra literaria está alrededor de las 30 novelas de ficción y no ficción. Entre sus obras se destacan: Una casa para Mr. Biswas; Un recodo en el río y El enigma de la llegada. Naipual ha ganado premios notables, como el premio Booker, uno de los más importantes entre la literatura del habla inglesa y el premio Nobel de Literatura, otorgado en 2001.

FILBO 2017

Naipaul ofrecerá una charla a sus seguidores en Bogotá el próximo miércoles 3 de mayo en el marco de la Feria del Libro. La charla será moderada por el también escritor y activista indio Farrukh Dhondy. El lugar del encuentro será el auditorio José Asunción Silva de Corferias desde las 6:30 pm.

Por: Leonardo Muñoz Guerrero

Twitter: @leomunnoz

Desmitificando la poesía

Más allá del misticismo que la envuelve, de sus cantos viscerales y de su simbología hermética, la poesía es evocación del sentir humano por medio del encuentro por primera vez de dos palabras

Sea como fuese, la poesía, al igual que cada prejuicio, ha edificado a su alrededor un imaginario equívoco gestado en el desconocimiento y la aversión; desconocimiento, en este caso, por su escasa lectura y aversión por su lenguaje intrincado que pareciera zurcirse para unos pocos. Por tanto, es demasiado común asociar el término con musas, sensiblería, naturaleza y hippismo, temáticas que si bien se tocan en poesía con refinamiento, no abarcan toda su extensión ni se instalan como los temas por excelencia.

Un poeta jamás sabrá si es buen poeta, o si acaso es poeta”.

La poesía es más: más significado, más lucidez, más trascendencia. Pero a la vez es menos: barata, pobre y abnegada. A diferencia del prosista o del ensayista, el poeta no tiene un terreno fértil para expandirse, por el contrario, sus raíces están al aire mientras su fronda se asfixia bajo tierra, y de alguna forma debe intentar aferrarse al viento para dar semillas que puedan volar por décadas antes de dar frutos o por siglos antes de germinar en el olvido. Un poeta jamás sabrá si es buen poeta, o si acaso es poeta; es la entrega definitiva al lenguaje sin aspiraciones ni ambiciones, es acariciar el lomo de las palabras desconociendo su reacción: si a cambio lamerán la mano o de un mordisco fiero la amputarán. Es sacrificio sin causa. He aquí la grandeza y la bajeza del motor de la literatura, de su principio y fin último.

En cuanto a los temas, la poesía es tan diversa como sus otros dos hermanos literarios menores: la narrativa y el ensayo. En ella todo tema es abordado, desmenuzado y elevado a la expresión más noble que nos sacude el cuerpo y nos retuerce el alma. Como bien diría Borges: “la poesía es una sensación física que nos hace estremecer. Es algo que escapa a nuestro deseo de conceptualización, de confinamiento. Si le ponemos límites, ella los desborda, si le ponemos definición, ella muta”.

Más allá del misticismo que la envuelve, de sus cantos viscerales y de su simbología hermética, la poesía es evocación del sentir humano por medio del encuentro por primera vez de dos palabras. Esto no quiere decir que radica en colocar conceptos al azar, es el contrapunto, ponderar cada término analizando su potencia expresiva, su sonoridad, su precisión. Como enuncia Pablo Montoya: “el poema es corto y ardua su creación”.

Mucho menos es el adagio “Me estrelló una musa y escribí un poema”, no. La inspiración es un acto de composición y descomposición de los conocimientos interiorizados, de agregar el toque creador a partir de la propia inventiva conservada en los avances artísticos previos, es demoler la estructura para diseñar con los escombros y el material renovado. No es de extrañar que la rima en el poema ya sea demodé.

En todo caso la fecundación de un buen poema viene de sucesos tan dispares como comunes: en el raciocinio más severo, en el dolor escabroso de un trauma, en las disquisiciones de una borrachera o en las imágenes inverosímiles de una traba potente. Los modos son múltiples como la inspiración de cualquier obra literaria, pero lo que no puede faltar es la sensibilidad: ver los portales absurdos que ramifica cada objeto en su infinitud y saborear el poema como la vida, como la muerte, como esa consistencia fugaz negada por naturaleza a nuestra existencia. Por eso lo convido a leer un poema, estremézcase, que si la poesía es poca cosa, al menos lo hará sentir.

Por: Camilo González

Fotografía Tomada de: Flickr: Joan M. Mas.