Tu mejor amigo

Déjame presentarte a un amigo. Tu mejor amigo. El mejor amigo que jamás tendrás (…) Estoy hablando del Artículo 13 de nuestra Constitución Política.

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Déjame presentarte a un amigo. Tu mejor amigo. El mejor amigo que jamás tendrás. No puedes reconocerlo, pero él es tu amigo. Él es constante, leal y siempre está ahí. Quienquiera que seas, él es alguien que te defenderá. Él te ve por lo que realmente eres -y él está orgulloso de ti-. Este amigo salvaguardará tu derecho de vivir tu vida de la manera que tu deseas vivirla. Él no te juzgará y siempre será real y verdadero a menos que tú permitas que lo silencien.

Estoy hablando del Artículo 13 de nuestra Constitución Política. Para aquellos de ustedes que no están familiarizados con él, aquí está lo que dice:

«Todas las personas nacen libres e iguales ante la ley, recibirán la misma protección y trato de las autoridades y gozarán de los mismos derechos, libertades y oportunidades sin ninguna discriminación por razones de sexo, raza, origen nacional o familiar, lengua, religión, opinión política o filosófica ».

Queridos lectores y compañeros, si todavía no están familiarizados con él, quiero que todos conozcan este artículo y sus palabras porque son las palabras con las que construiremos una sociedad justa en Colombia. El Artículo 13 de nuestra Constitución será el fundamento de nuestra campaña “Voces por la Justicia Social”. Es una campaña inspirada por ti y por las historias increíbles, fuertes y conmovedoras que me enviaste durante las últimas semanas desde que le escribí una carta a mi primo Oswaldo Ortiz Ramos (SuperOOTv).


Todas estas historias tienen una cosa en común, demuestran que, a pesar de nuestra Constitución y nuestro amigo, el Artículo 13, en nuestro país los Derechos Humanos de los colombianos de todos los colores, creencias y preferencias, son vulnerados por la discriminación. Discriminación en el trabajo, en la prensa, en la calle, en un restaurante, a veces incluso en la casa. Estas personas son discriminadas por lo que creen, a quién aman, el color de su piel, dónde viven, de dónde vienen. Mi respuesta es que todos merecemos el respeto que nos da la ley y necesitamos asegurarnos de que la conozcamos y la usemos como una herramienta para salvaguardar ese respeto.

¿Cómo es que todas las personas que me han escrito y las demás que sienten la misma frustración e impotencia por temas como estos no tienen una voz? ¿realmente existe en Colombia una política pública en contra de la discriminación? como abogado sé que existe la Ley 1482 de 2011, pero ¿se está aplicando realmente? ¿sirve para algo? ¿Será que está bien que, en las Iglesias o sectas, en las redes sociales, en los medios de comunicación, en las paredes, en las marchas, y a veces hasta en los recintos legislativos se irrespete y se agredan los derechos humanos y la dignidad de las personas sin que pase nada? ¿Y entonces porque alguien me ofende o me agrede yo tengo el derecho a hacer lo mismo?  ¿el papel del Estado Colombiano cuál es? Pues no es otro que el defender y garantizar la aplicación de la ley, incluyendo el Artículo 13 de nuestra Constitución. Ojalá los colombianos podamos despertar pronto antes de que empiecen a gestarse en nuestro país grupos extremistas que empiecen a imponer criterios radicales que vulneran los Derechos Humanos y la dignidad de nuestros compatriotas.

Debemos unirnos para que todas nuestras historias sean oídas y conocidas por las autoridades competentes en nuestros tribunales, y así, poder exigirle a nuestro sistema jurídico que observe y garantice nuestros derechos castigando a sus agresores. Si queremos que realmente haya Justicia Social, es responsabilidad de TODOS ayudar a defender nuestros Derechos Humanos.

Únete a mí y al creciente número de Voces por la Justicia Social siguiendo nuestra campaña y actividades en Facebook, Twitter, Instagram y nuestro Blog. Estamos en el inicio de nuestro viaje y necesitamos el apoyo de todos para hacer oír nuestras voces.

Pronto empezaré a compartir herramientas jurídicas fáciles de utilizar y los datos de contacto de las diferentes fundaciones que se están uniendo a esta causa. Los invito a publicar en nuestra página de Facebook o compartir conmigo en privado sus historias. Haré mi mejor esfuerzo para leerlas todas.

Afectuosamente,

Fernando Merchán Ramos

Facebook: https://www.facebook.com/FernandoMerchanRamos/

Twitter : @FernandoMerchanR

Instagram: fernandomerchanramos

Blog : https://vocesporlajusticiasocial.wordpress.com/

35 años sin Feliza Bursztyn, la “terrorista” que transformó el arte.

Disfrutó al subvertir lo establecido, al desconfiar de la belleza convencional, al convertir lo desordenado, lo feo y lo desechable en el más hermoso reflejo de nosotros mismos y de nuestra sociedad.

Entre cientos de trozos de metal, motores, cucharas oxidadas, envases y residuos de soldadura vivió Feliza en el barrio El Recuerdo, en la ciudad de Bogotá. Una mujer que con su detonante risa, su encanto, pero sobre todo con su genialidad irrumpía en el mundo del arte; su escultura no era estática, ella  tenía la capacidad de darle vida propia y así como la vida misma, en apariencia no tenía un orden, estaba hecha de retazos y  desperdicios de cobre y de chatarra, pero que como un todo rendían un homenaje a la mujer, a la libertad, a la capacidad de creer en la vida en donde las sombras de la muerte más profundas se hacen.

Cada escultura de Feliza tiene un código, un mensaje por descifrar, tan reales fueron estas, que muchos en su época criticaron y rechazaron su obra, la sociedad con un rostro muy al estilo de Frankestein se asustó al ver su reflejo en las esculturas de aquella irreverente artista quien no conocía el límite; la imaginación fue la única frontera que creó entre el espectador y la escultura. Disfrutó al subvertir lo establecido, al desconfiar de la belleza convencional, al convertir lo desordenado, lo feo y lo desechable en el más hermoso reflejo de nosotros mismos y de nuestra sociedad.

El mundo lo cambian quienes tienen la locura como ámbito de vida. Sin embargo no fue fácil ser mujer y ser artista en la época de Feliza, su personalidad y su actitud fueron incómodas para una sociedad acostumbrada a normas fijas e incuestionables en los roles sociales establecidos mentalmente. Era una defensora clarísima del papel de la mujer en la sociedad.

En la Ciudad Universitaria de Bogotá encontramos una de sus más imponentes obras: La escultura en homenaje a Alfonso López Pumarejo, maqueta que por muchos años estuvo guardada en la casa Pablo Leyva, pues en los 60s la escultura generó una polarización, un escándalo que hizo “exiliar” esta obra por varias décadas. La escultura que realizó Feliza Bursztyn en los años sesenta del siglo pasado y que vio la luz solo hasta finales de la primera década del siglo XXI, es un gran monumento de acero, tubos de diferentes alturas y diámetros, que como un árbol emerge de la tierra, dejando así entrever su color oxidado, en donde el viento y el sol le han hecho la pintura y que de la misma manera como nace de la tierra parece apuntar hacia el cielo, en un bella simetría formada por la armonía de la diferencia de los tubos.

Por culpa de la soldadura de sus esculturas Feliza empezó a sufrir de los pulmones, por lo cual a veces le costaba respirar. Esa mujer anarquista del arte y de la cultura, amante confesa de su vida en Bogotá y en Colombia, que empezaba a padecer de esa enfermedad, terminaría en el exilio. Antanas Mockus dijo hace un tiempo, que un artista es un terrorista que respeta la vida, en el caso de Feliza no solamente respetaba la vida, sino que amaba la vida, una vida llena de risas, pues para ella, aunque las cosas eran serias, había que reírse de ellas, ser un poco loco. Por esto en el gobierno de Turbay Ayala con su estatuto de seguridad, empezó una persecución a intelectuales, artistas y cualquier voz crítica que tuviera el país.

De repente un día a las cinco de la mañana, ingresan diez y ocho militares vestidos de civil a registrar su casa, pues era acusada de que en su taller de chatarra fabricaba armamentos bélicos, fue amordazada, e interrogada. Feliza, se exilia en México en donde vive por algunos meses con Gabriel García Márquez y su esposa, después viaja a París en donde estará hasta el día de su muerte. Cuentan Pablo Leyva y García Márquez, que Feliza no era la misma, su grata sonrisa y su alegría de la vida se habían esfumado al partir de Colombia. Feliza no murió de pulmonía o de cáncer, murió de tristeza afirmó contundente García Márquez. Y lo único que encontraron en su casa los militares fue un montón de chatarra con el que Feliza aspiraba a cambiar el mundo. Sin duda un acto de terrorismo para la época.

Por: Fabián Guzmán Pardo. Twitter: @feguzmanp

Imagen tomada de: goo.gl/UjVg5j

Eduardo Umaña Mendoza, un humanista empedernido

“La paz no puede surgir del desorden, de la guerra sin cuartel, del crimen organizado, de las estructuras caducas, de la economía sin rumbos, de la injusticia social, del abandono de la eticidad.”
José Eduardo Umaña Mendoza

“La paz no puede surgir del desorden, de la guerra sin cuartel, del crimen organizado, de las estructuras caducas, de la economía sin rumbos, de la injusticia social, del abandono de la eticidad.”

José Eduardo Umaña Mendoza  

El pasado lunes 18 de abril se cumplieron 18 años del asesinato de José Eduardo Umaña Mendoza. Abogado, defensor de derechos humanos y humanista, dedicó su vida a la búsqueda de la libertad, la dignidad y la justicia para las víctimas de crímenes de estado, principalmente. Entre sus casos más recordados está la defensa de los familiares de los desaparecidos del Palacio de Justicia (caso instaurado ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos y que en el año 2014 condenó al Estado colombiano por lo ocurrido), el asesinato de los candidatos presidenciales Jaime Pardo Leal y Carlos Pizarro Leongómez o la reapertura de la investigación del magnicidio de Jorge Eliecer Gaitán.

Férreo defensor de la paz y de la terminación del conflicto armado colombiano, veía en la oposición a la paz una posición absurda que ningún honor hace a mente alguna. No obstante, su visión de la paz iba más allá de las promesas y del discurso que se venían adoptando en Colombia durante la década de los 90. Umaña consideraba que la paz solo sería realizable por medio de una democracia participativa y una justicia social, elementos que desarrollarían la discusión sobre la paz como un análisis y un cambio real, so pena de convertir aquellos otros procesos de paz en una gran mentira.

Así mismo, consideraba necesario adelantar un proceso de humanización de la guerra, en donde la paz de mentiras; aquella que no tenía en cuenta las disputas sociales por una vida digna y se fundamentaba en el fin de la confrontación armada, se derrumbara con su propio peso desvelando la pantomima de la supervivencia de los colombianos y permitiendo que se pudiera hablar con dignidad, que todos pudieran participar en el proceso de humanización de la vida.

José Eduardo fue un hombre que escapó a una contradicción inherente a los defensores de derechos humanos en Colombia, la que enfrenta por una parte a la soledad que ronda la lucha por la justicia y por otra, al amor por lo que se hace. La soledad originada por la persecución política, la falta de garantías para los defensores y por un proceso penal profundamente lesivo con el principio del debido proceso (como el de los jueces sin rostro), el amor proveniente de la defensa de la dignidad, la vida, la libertad y el trabajo. Como diría su hijo, Camilo Eduardo, tenía muchas madres como esas mujeres que buscaban, con esperanza, volver a ver a sus hijos desaparecidos; tenía muchos hermanos, cada sindicalista que luchaba por sus derechos y también tenía muchos amigos, personas como él, personas que creían en un país diferente.

Reconociendo la clara injusticia del sistema judicial colombiano, los muros de hierro que se levantaban entre el preso y la justicia, veía así mismo en el derecho una herramienta para la defensa de los luchadores sociales, los que arriesgaban su vida y su libertad por los derechos de las personas.

“Ellos son los mejores defensores, la gente, el pueblo es quien debe organizarse, quien debe defenderse, nosotros somos técnicos pero ellos son realmente los jugadores, a ellos uno se les debe. El aparato de justicia está hecho para los de arriba, sus normas son para defender a los privilegiados. Los luchadores populares, los desaparecidos, los asesinados y sus familiares recorren el camino hasta llegar a encontrarse nuevamente con la impunidad, el rostro de hierro estará siempre custodiado, pero si no hacemos lo necesario, si no asumimos la defensa, no podemos defender y demostrar que ese aparato de la ‘injusticia’ es un aparato de guerra, de destrucción de los pobres, por eso es necesario defender o si no mejor renunciar.”

José Eduardo Umaña Mendoza

Hoy día, ad portas de la terminación del conflicto armado colombiano, sus ideas, análisis y críticas son, más que nunca, fundamentales para poder dibujar la ruta de un país distinto. La construcción de un nuevo derecho que no se comporte como una máquina del terror, que se utilice como herramienta política, que entienda las necesidades y las consecuencias que conllevan el sistema jurídico, de una sociedad civil que participe activamente en la política, que por medio de esta configure una paz de verdad ajustada a las necesidades de las personas y no de las élites del poder. Que posea, este nuevo derecho, un enfoque de la enseñanza y la practica fundamentados en los derechos humanos, que conciba a la dignidad, la vida, la libertad y la verdad como los mínimos sobre los cuales un nuevo país se alce sobre las cenizas de su pasado.

Coletilla: La demanda ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos fue interpuesta por Enrique Rodríguez, y en calidad de co-peticionarios el Colectivo de Abogados “José Alvear Restrepo” (Eduardo Umaña Mendoza participó en su fundación, y colaboró con él) y el Centro por la Justicia y el Derecho Internacional (CEJIL).

Por: Carlos Ariel Bautista @cabautistag

Imagen propia.