“Estado laico, seres libres”

Este es el evento público más grande que realiza la comunidad para celebrar la tolerancia y la igualdad, por ello, miles de personas se reúnen anualmente para conmemorar los disturbios de Stonewall.

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El anterior 2 de julio en Bogotá se realizó, como es de costumbre, la marcha por el Día del Orgullo Gay, en la que miles de colombianos se hicieron participes, no sólo por la reivindicación de los derechos de la comunidad LGBTIQ, sino también por el reconocimiento de un “Estado laico” y la integración de la comunidad en eventos de carácter religioso, como lo será la visita del Papa Francisco el próximo mes de septiembre.

Este es el evento público más grande que realiza la comunidad para celebrar la tolerancia y la igualdad, por ello, miles de personas se reúnen anualmente para conmemorar los disturbios de Stonewall: una serie de protestas que desembocaron en las próximas luchas reivindicatorias por los derechos civiles de las personas homosexuales.

Son varias las manifestaciones de la comunidad LGBTIQ que se han transformado en tradición en la ciudad capitalina, desde las muchas actividades e integraciones en la Universidad Nacional, hasta el ciclo rosa en la Pontificia Universidad Javeriana, que ha sido muy polémico dentro de la conservadora comunidad católica.

Sin embargo, no hay ninguna que reúna tanta gente y sea tan festiva como la ya acostumbrada Marcha por el Orgullo Gay que se realiza el sábado siguiente al 28 de junio, día en el que se celebra internacionalmente.

Pero, ¿qué hubo de especial en esta ocasión?

El movimiento de este año estuvo marcado, no solo por el color, la música y la alegría de sus participantes como de costumbre; sino que esta vez se presentó la particularidad de que varios padres y madres marcharon en favor de la aceptación y el amor.

Muchos de ellos se movilizaron en un gesto de apoyo para con sus hijos y la comunidad en general. Esto se realizó por medio de pancartas y camisas en las que invitaban a los demás padres a aceptar y apoyar a sus hijos, todo en pro de un mensaje de cariño y de diversidad.

Aunque el ambiente de la marcha estuvo marcado por la celebración, las manifestaciones artísticas y una alegría desmedida, el recorrido estuvo muy definido por los aspectos políticos que importan a la comunidad, muchos que aún deben ser luchados y otros muchos celebrados como victorias. Tal es el caso de la caída del plebiscito de la senadora conservadora Vivian Morales, que rápidamente se hundió en la Comisión de la Cámara. Este plebiscito, según afirmaba la senadora, era reclamado por la comunidad para “convocar el rescate de los valores, siendo firmes por mamá y papá” y con ello salvar la institución de la familia.

¡NO MÁS INTOLERANCIA, POR UN NUEVO PAÍS!

A pesar de esto, no todo fue celebración, muchos de los asistentes recordaron la poca aceptación y los casos de homofobia extrema que amenazan a la comunidad. La persecución a los miembros LGBTIQ, la discriminación en razón de la preferencia sexual o en varios casos del género; además de los muchos homicidios de personas transgeneros en los últimos años, son algunos de los variados casos que movilizaron a la comunidad.

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Tomado de goo.gl/TY1D4f

Este último caso, se ha convertido en un problema de importancia internacional, ya que son muchas las instituciones que se han pronunciado frente a la dificultosa situación. Llama la atención principalmente, la intervención de la OMCT (Organización Mundial Contra la Tortura) en el año 2011, en la cual el Secretario Internacional de la organización se refiere a la situación como de carácter URGENTE y agregó:

En general la OMCT manifiesta de nuevo su serio rechazo frente a la existencia en Colombia, y en este caso particular en el Departamento del Valle del Cauca, de frecuentes casos de tratos crueles y violentos, y de asesinatos de mujeres trans quienes además en muchos casos son trabajadoras sexuales, y reitera que la repetición de tales actos muestra la existencia de un patrón de crímenes de carácter transfóbico (…)

De igual manera la CDIH (Comisión Interamericana de Derechos Humanos), en el año 2012, se pronunció frente a la situación y explicó que es obligación del Estado investigar todos estos casos y responder lo más pronto posible frente a estos. Asimismo, la Comisión insto al Gobierno a tomar acciones para evitar la repetición de estos casos de intolerancia e hizo un llamado para proteger los derechos de la comunidad LGBTIQ. Esto se debe a las preocupantes cifras que, aunque han disminuido en los últimos años, lo han hecho lentamente. Desde el 2010 se han reducido los homicidios gradualmente, año en el que se presentaron 172 casos, en adelante las cifras son alentadoras pero la lucha contra la intolerancia aún parece muy larga.

En él año 2011 se reportaron 119 casos y en el 2012 se presentaron 98. En los años 2013 y 2014 fueron asesinadas 164 personas pertenecientes a la comunidad según reveló la ONG Colombia diversa, que desde ya hace varios años viene abanderando la divulgación, la defensa y el desarrollo de las personas LGBTIQ. La cifra disminuye de una manera que da esperanza, aún más en los últimos años. (Más Información en http://colombiadiversa.org/acerca-de-colombia-diversa/)

Sin embargo, es preocupante todavía la cantidad de homicidios trans que se presentan anualmente, por esto, marchas como la del pasado 2 de julio, son el escenario para que estos casos sean divulgados y aquellos temas que no se discuten diariamente sean expuestos a la sociedad.

De todas formas, la jornada transcurrió tranquila y pacíficamente, los participantes simplemente solicitaron que estas personas fueran recordadas y exigieron que ante este tipo de violencia, haya más apoyo por parte del Gobierno para que no sigan sucediendo, ya que este tipo de actos de intolerancia, no deberían volverse a presentar en un país que está en medio de un proceso de transición a la paz, en el que el primer paso a tomar, debe ser transformar la sociedad colombiana.

El amor, el principal protagonista de la marcha

El principal mensaje de la movilización era que la aceptación es parte de una sociedad moderna. Además de recordar que la misma comunidad apoyaba y se nutría de cualquier manifestación de amor.

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Tomado de goo.gl/CRhhts

Por ello, cientos de parejas marcharon para que sus derechos sean realmente reconocidos y se les tratase como verdaderos ciudadanos. En sentido a ello se divulgó y desarrolló el eslogan de la marcha Estado laico y de cuerpos libres”. Con el fin de separar la opinión publica de asuntos religiosos y encaminar a la sociedad colombiana por la ruta de la aceptación y la tolerancia.

Por último, se recordó a todo el país que el amor puede venir en cualquier forma y color, y cada quien puede decidir amar sin ningún límite.

¡QUE VIVA EL AMOR!

Por: Santiago Rodriguez. Cachaco puro y amante de Colombia, estudiante caleto de la Universidad Nacional, comprometido con el cambio social y la transformación del país. Interesado particularmente en temas de política, realidad social, el fútbol y Colombia. La opinión, la comunicación y la educación son las herramientas mas importantes que se tienen para trasformar el mundo.

Imagen tomada de: goo.gl/EfnDjY

Vuelve y juega: la estigmatización de las universidades públicas

En Colombia, la estigmatización ha proporcionado el caldo de cultivo para significar a los otros como el enemigo o lo indeseable y así justificar fenómenos como el paramilitarismo y el sicariato.

El atentado en el centro comercial Andino pone de presente la necesidad de blindar el proceso de paz ante las diferentes voces que claman por un regreso de la ley del talión y la venganza a ultranza. Los hechos presentados el pasado 17 de junio vuelven a situar en la arena política la idea de la seguridad y la lucha antiterrorista. Acto seguido, se erigen banderas de lucha que toman el dolor y la zozobra colectiva para realizar proselitismo. Y, de manera irresponsable, se señala con una presunta certeza los responsables y sus adeptos. Tras el suceso las redes sociales se inundaron de denuncias, indignación y acusaciones que sostenían como autores a miembros pertenecientes al Movimiento Revolucionario Popular (MRP) vinculados con el ELN y disidentes de las FARC. Entre los defensores de esta idea se encontraron partidarios del Centro Democrático, los cuales no se detuvieron e indicaron que era necesario “sacar al presidente del terrorismo” como también que bajo el gobierno de Santos ser criminal “pagaba”. El domingo 18 de junio el periódico El Tiempo informó que la primera hipótesis de las investigaciones apuntaba a que el responsable del atentado, en efecto, podría ser un grupo llamado Movimiento Revolucionario Popular (MRP) y subrayó que dichas pesquisas habían conocido de “algunos nexos de este grupo con miembros del ELN y con extremistas de la Universidad Nacional”. La publicación causó revuelo en las redes sociales y condujo a que el rector de la Universidad Nacional rechazara la estigmatización generada por el medio de comunicación. Como enmienda a la publicación inicial el medio optó por ampliar, un poco más, su población objeto de la acusación y señaló que dichos extremistas se movían “dentro de las universidades públicas”.

Esta serie de eventos ponen nuevamente varios temas sobre la mesa. Primero, la responsabilidad de los medios de comunicación al momento de informar objetivamente; segundo, el desafío que tenemos como sociedad para derribar la polarización que se sustenta en los estigmas y acusaciones basadas en las orientaciones políticas de izquierda o derecha; tercero, la necesidad de blindar el proceso de paz y defender el valor de la vida ante el uso oportunista que le imprimen algunos actores políticos. Por último, el constante señalamiento que recae sobre las instituciones universitarias de carácter público y en especial sobre la Universidad Nacional. En Colombia, la estigmatización ha proporcionado el caldo de cultivo para significar a los otros como el enemigo o lo indeseable y así justificar fenómenos como el paramilitarismo y el sicariato. El Centro de Memoria Histórica en su informe “Limpieza social una violencia mal nombrada” ha sido enfático en advertir que el estigma marca una condición socialmente devaluada fundamental en la degradación de nuestro conflicto social y armado. El estigma social ha dinamizado nuestra polarización y encrudecido el conflicto armado. Construido sobre la disparidad entre la expectativa de un comportamiento y la realidad de las maneras como actúan algunos grupos de la sociedad, alimenta un imaginario simbólico de chivo expiatorio envuelto en un juego de amigo-enemigo. No sólo cumple con la función de condenar sino también de despojar de toda dignidad a quién es su víctima.

En el escenario político, exacerbar las pasiones es útil pues posiciona la discusión en una falsa dicotomía, difundida ampliamente por algunos sectores políticos y la cual exhorta: “o estás con nosotros o estás con los terroristas”. No obstante, la importancia de la discusión sobre la estigmatización radica en su carácter ideológico y simbólico. Así, aquellos discursos que se encuentran dotados de legitimidad y gozan de un carácter hegemónico convierten al otro en un enemigo que debe ser deshumanizado, más aún, en situaciones en las cuales los pánicos se encuentran incrementados y la única salida es la “garantía de la seguridad” o el statu quo.

El papel de los medios de comunicación cobra una importancia capital frente a dicha problemática porque las atribuciones que son difundidas mediante el estigma no hacen justicia a la verdad y, es allí donde se incita al odio por sí mismo sobre poblaciones históricamente señaladas como disidentes o críticas, en este caso, toda una serie de instituciones universitarias públicas, específicamente, sobre la Universidad Nacional. A ello se suma el imaginario social que recae sobre la población joven de estos planteles el cual no dista de una noción de “subversivo”, “revolucionario” o “mamerto”. Este último punto es de vital importancia si se tiene en cuenta las víctimas que el conflicto armado le ha cobrado a los estudiantes de universidades públicas por el simple hecho de pensarse una sociedad diferente. Para no ir muy atrás, basta con recordar las amenazas realizadas en 2015 por parte del Bloque Capital D.C de las Águilas Negras a estudiantes de Sociología de la Universidad Nacional debido a su liderazgo en las jornadas de movilización frente a las problemáticas de la universidad y las campañas a favor del pensamiento crítico defendido por el profesor Miguel Angel Beltrán. Para ese mismo año la abogada Paola Salgado fue sindicada, junto a otras doce personas, de tener nexos con una organización denominada “Llamarada Mentes Libertarias” y “estructuras urbanas del ELN”. Nuevamente, los medios de circulación nacional y local señalaban a las universidades públicas como entes promotores de la insurgencia y el terrorismo, mientras olvidaban el aporte que desde estas se hace a la construcción de una sociedad más equitativa.

El suceso más reciente que retrata el señalamiento sistemático que recae sobre las instituciones de educación superior públicas tuvo lugar el sábado 24 de junio del presente año, cuando fuimos testigos de la captura de nueve estudiantes entre ellos dos abogadas y una artista plástica. El argumento es el mismo, una serie de conexiones que asocian el pensamiento crítico y el trabajo por la defensa de los derechos humanos con una práctica de extremistas e insurgentes.

El estigma que recae sobre los estudiantes y egresados de las universidades de carácter público ha justificado actos degradantes y violatorios a los derechos de humanos, llegando incluso a atropellar la presunción de inocencia y la dignidad de las personas que son estereotipadas por el discurso hegemónico del terror y el odio. A ello, se suma el hecho de que al ser encasillado como “mamerto”, “disidente” “revolucionario” y “tira piedra” la respuesta más recurrente ha sido dejar de escucharlos y perseguirlos. Situación que en últimas mantiene el bache existente en nuestra democracia marcada por un diálogo de sordos.

Manuel Alejandro Forero Figueroa. Trabajador social y estudiante de Derecho de la Universidad Nacional de Colombia. Interesado en temas de construcción de paz, promoción de derechos humanos y participación ciudadana.

Imagen tomada de: goo.gl/Wz16L8

 

Editorial: La UN frente a los estigmas

La Universidad Nacional de Colombia se ha ido alejando de los estigmas, los cuales se contraponen a la paz y al término de todas las formas de violencia política al mantenimiento de un Estado y una sociedad bautizada bajo el nombre del miedo.

La Universidad Nacional de Colombia ha jugado un papel importante en el desarrollo científico y cultural de Colombia a lo largo de sus casi ciento cincuenta años de historia, se ha posicionado como la mejor universidad del país y ha contribuido de forma sustancial a la búsqueda de la solución política al conflicto armado interno y a las transformaciones democráticas en Colombia. A pesar de esto, los medios de comunicación colombianos, acompañados de instituciones públicas y distintos círculos de poder se han empeñado en crear un estigma sobre la Universidad Nacional, y las demás universidades públicas, relacionándola con el terrorismo y otros de los males nacionales.
Son varias las consecuencias de este fenómeno. En primer lugar, el hecho que los medios de comunicación relacionen la universidad con actos terroristas desdibuja el papel que ha jugado la universidad como un agente de paz en distintos escenarios, como fue en el desarrollo de los diálogos entre el Gobierno Nacional y las FARC-EP que concluyó más de cincuenta y dos años de confrontación armada con este grupo guerrillero por medio del Acuerdo de Paz. Así mismo, la consolidación de las promesas aplazadas de la Constitución de 1991 de paz, democracia y modernidad, ampliando paulatinamente el abanico de libertades y derechos de los colombianos.
En segundo lugar, este tipo de asociaciones discursivas, en los cuales se suele sostener que los miembros de la comunidad universitaria son radicales anclados en el pasado, desconoce la libertad de pensamiento que existe en el seno de la universidad, resultado de la libertad de cátedra y la diversidad de opiniones políticas, sociales, culturales, religiosas y demás que conviven a diario en cada uno de los campus de la universidad que recorren la geografía nacional. Dejando con efecto inocuo los aportes que hace la universidad en cada una de las áreas del conocimiento, encaminadas al desarrollo del país y la solución de los problemas que lo aquejan, olvidando que la universidad, como el país, es diversa, y que tales generalizaciones no tienen cabida.
En tercer lugar, relacionar los miembros de la comunidad universitaria, prima facie, con grupos al margen de la ley, viola los derechos de cada uno de los miembros de la comunidad universitaria, como ocurrió con los últimos involucrados en procesos judiciales, supeditando los derechos propios del Estado Social de Derecho, en un oscuro y opaco Estado de Opinión. Así, garantías básicas como la presunción de inocencia se convierten en la presunción de culpabilidad; la vida privada se hace de pleno conocimiento a la opinión pública, afectando sus relaciones personales; los funcionarios judiciales se hacen una idea de la responsabilidad penal de los investigados, violentando la imparcialidad judicial.
En cuarto lugar, la labor que han adelantado los medios de comunicación durante los últimos años, con respecto a la Universidad Nacional, pero también en relación con distintos hechos relacionados con la administración de justicia penal han desdibujado el papel de los medios en la construcción de la opinión pública. No solo se han encargado de informar con respecto a lo que pasa, como han sido los casos de otros miembros de la comunidad, como Miguel Ángel Beltrán, o Mateo Gutiérrez, sino que además han dotado la información que transmiten con un contenido parcializado y pobremente valorado. Creando así la forma en la que las personas deben considerar los hechos, y dictando la moral y el comportamiento adecuado frente a cada evento, en los cuales se ha presentado la Universidad Nacional de una forma distorsionada.
Por último, y como respuesta a este fenómeno, la comunidad universitaria y la sociedad colombiana en su conjunto deben exigirle a los medios de comunicación de más amplia difusión responsabilidad en su labor, vital en una democracia y en un Estado Social de Derecho. La Universidad Nacional de Colombia se ha ido alejando de los estigmas, los cuales se contraponen a la paz y al término de todas las formas de violencia política al mantenimiento de un Estado y una sociedad bautizada bajo el nombre del miedo.

FECODE: luchas, logros y desafíos

No cabe duda de la importancia de Fecode en la lucha por la reivindicación de los derechos y las aspiraciones de las maestras y los maestros. Pero es claro también que la federación está en mora de proponerle al país su visión de lo que debe ser una política educativa acorde con nuestra realidad.

A propósito del último paro nacional educativo que llevó a marchar a más de 350.000 maestros y que durante treinta y siete días dejó sin clases a más de 9 millones de niñas, niños y jóvenes y encartadas a sus familias en todo el país, Catalina Hernández resume para Ciudad Blanca las luchas, logros y desafíos de Fecode que para muchos es “la organización detrás del caos”.

1.er gran momento: la fundación

La Federación Colombiana de Educadores (Fecode) se funda en Bogotá, el 24 de marzo de 1959, al final de una década caracterizada en Latinoamérica por dictaduras y revoluciones como la cubana que el 1.o de enero de aquel mismo año proclama su victoria definitiva. La federación se conforma al aglutinar numerosos sindicatos departamentales y distritales, con el objeto de satisfacer las necesidades y mejorar las condiciones de vida y de trabajo de los maestros, para lo cual dividen el sindicato en dos grandes áreas, una para atender las exigencias laborales y por otra para cubrir las exigencias de políticas educativas.

2.do gran momento: la mejora salarial

La primera lucha de la federación tiene como objetivo el mejoramiento del salario de los maestros y da sus frutos al lograrse la Ley 111, del 30 de diciembre de 1960, por medio de la cual la nación, representada por el Ministerio de Educación Nacional, toma a su cargo el pago delos sueldos del magisterio oficial de la Enseñanza Primaria en todo el territorio de la república.

3.er gran momento: el reconocimiento

Por estos mismos años,  Fecode enfrenta la férrea oposición del establecimiento en un momento en que el movimiento sindical en Colombia se extiende y crece aceleradamente. De hecho, fueron muchas las trabas con que el gobierno de Rojas Pinilla (1953-1957) había intentado frenar su creación, por lo cual otro hito importante de la federación es el reconocimiento legal que obtiene el 6 de agosto de 1962, mediante la Resolución N.º 01204del Ministerio de Protección Social.

4.o gran momento: el estatuto docente

Otro hecho que marcaría la historia de Latinoamérica es la Revolución Sandinista que empieza el 19 de julio de 1979, año en que Fecode alcanza otro de sus grandes logros. En efecto, mediante el Decreto 2227 de 1979, la federación consigue que el Estado colombiano adopte normas acerca de la profesión docente regulando las condiciones de ingreso, ejercicio, estabilidad, ascenso y retiro de las personas que desempeñan dicha profesión.

5.o gran momento: la declaratoria de servicio público

En el marco de la Constitución Política de 1991 y tras muchas batallas, la federación logra que el 8 de febrero de 1994, el Congreso de la República expida la Ley 115, en que se declara la educación como “un proceso de formación permanente, personal, cultural y social que se fundamenta en una concepción integral de la persona humana, de su dignidad, de sus derechos y de sus deberes […] La presente Ley señala las normas generales para regular el Servicio Público de la Educación que cumple una función social acorde con las necesidades e intereses de las personas, de la familia y de la sociedad”. Entre otras cosas, gracias a esta ley se regula la libertad de cátedra.

Los desafíos

En la actualidad, Fecode enfrenta numerosos desafíos. Uno nada despreciable es el Decreto 1278 del 19 de junio de 2002, mediante el cual el Ministerio de Educación (MEN) ordena regular la profesionalización docente y, por ende, su salario profesional, imponiendo unos escalafones discrepantes con los propuestos por los maestros.

Un segundo desafío de la federación es su escandaloso nepotismo. La cúpula de Fecode, integrada por quince miembros, está en el escalafón 14 con un salario promedio de $5.000.000, pues aunque ya se han pensionado, siguen trabajando con el Estado. Según el diario El Tiempo, “cerca de 44 mil maestros en el país se encuentran en esta condición […] los quince miembros de la junta directiva (de Fecode) mantienen vínculos muy estrechos con políticos que son, en el fondo, sus verdaderos jefes”.

Un tercer desafío, relacionado con el anterior, es el inexplicable e inaceptable machismo imperante en la federación. La verdad, no hay justificación alguna para que en un país en que el 70 % del magisterio está conformado por mujeres, sean únicamente hombres los que integren la cúpula de Fecode, lo cual deja mucho que desear de una agremiación que, se espera, debe ser autocrítica, democrática e incluyente.

En conclusión, no cabe duda de la importancia de Fecode en la lucha por la reivindicación de los derechos y las aspiraciones de las maestras y los maestros en Colombia. Pero es claro también que la federación está en mora de proponerle al país su visión de lo que debe ser una política educativa acorde con nuestra realidad (¿quién si no la federación conoce a fondo dicha realidad?). Y también es claro lo mucho que Fecode tiene que replantear en términos de transparencia y diversidad al interior de su cúpula.

Por: Catalina Hernández Guana

Jawbone

Jawbone en el fondo se trata sobre la derrota, sobre un derrotado, como lo somos todos, la cinta no teme al decir que a veces el esfuerzo no sirve de nada, pero lo hace con elegancia, con primeros planos del protagonista, diálogos en un inglés muy bajo y confuso.

Jawbone es otra película sobre un boxeador que intenta ganarse la vida. Pero esta se siente diferente, más pausada, menos condescendiente con el protagonista, triste. La virtud de esta película, a pesar de su guion repetitivo, está en su enfoque: se aleja de los puños y se centra en la mandíbula del boxeador. Una mandíbula que puede ser tan dura que haga doler las manos a los contrincantes y obligue al luchador a sentir una paliza o una mandíbula frágil que lo manda a la lona.

El protagonista Jimmy McCabe (Jhonny Harris) es de los que resisten los golpes y sigue luchando, tirando puños hasta que se da cuenta que solo puede perder. Un protagonista que se pasa la película mendigando favores para comer, suplicando por ayuda contra su alcoholismo, mirando el piso cuando habla con otros por vergüenza y mirando a la cámara para mostrarnos la tristeza de sus ojos de perro. Un sujeto que en su pobreza y dignidad me recuerda más al Chavo del Ocho que a Rocky Balboa, siempre intentando agarrar esa torta que dejan y durmiendo en un barril, sobreviviendo gracias a un par de amigos que aún le quedan.

Pero aun así, Jimmy resiste y boxea, entrena, corre, salta lazo, practica con sus puños, casi siempre solo y a punto de desmoronarse. Cada escena de la película parece una derrota, al correr no parece alcanzar su sueño, sino huir de todo, al golpear al viento parece más recibir una paliza y caer arrodillado. Jawbone es otra película sobre un boxeador que lucha por sus sueños, pero está muy lejos del sueño americano de Rocky, es mucha más miserable y realista. La pelea no es por el campeonato, sino por él para saber qué si puede, que aún tiene valor, más que una apología al hombre que se supera, se trata de una conmemoración a la derrota.

Jawbone en el fondo se trata sobre la derrota, sobre un derrotado, como lo somos todos, la cinta no teme al decir que a veces el esfuerzo no sirve de nada, pero lo hace con elegancia, con primeros planos del protagonista, diálogos en un inglés muy bajo y confuso, mostrando un Londres obrero. La película tiene el sabor de Un Buen Bistec, como el que nos sirve Jack London en su hermoso cuento sobre un boxeador maduro que pierde una pelea por física hambre.

La cinta juega con los silencios, los espacios solitarios, los gritos mudos. Parece que solo escuchamos los golpes de la pelea final, que parece filmada con la cámara pegada a los pugilistas, que no se preocupa por precisar los golpes, sino que transmite la confusión e incertidumbre de la pelea. Los golpes sobre la mandíbula de Jimmy retumban toda la escena y el espectador comienza a  desear escuchar la campana para que le den un descanso, pero el tiempo se distorsiona mientras el protagonista hace de pera de boxeo contra las cuerdas. Y la gente le grita, pero solo se escucha una bulla confusa, y los golpes que van y vienen.

Jimmy McCabe se parece a El Cantante de Héctor Lavoe, pero este hace música con su quijada, la gente le grita que siga, que ya han pagado por esa pelea y el boxeador lucha sin que se le pregunte por qué sufre o por qué llora, por qué bebé, por qué no para, por qué se resiste. Y al final parece que solo queda correr, entrenar, huir, seguir luchando, porque no se puede parar aún si la vida te está matando.

 

Recomendado: Por alguna razón que no entiendo, y por lo cual no lo incluí en la columna, Jawbone me recordó una de las películas favoritas de Gabo, Ladrón de Bicicletas. Sobre el filme Gabo dijo:  “Es la película más humana que jamás se haya realizado…”, super recomendada.

Por: Juan Pablo Parra.

Imagen tomada de: http://www.imdb.com/title/tt3582020/