Reeducar a los padres

Tal vez el mayor problema actualmente no es educar a las nuevas generaciones, resulta necesario reeducar a los padres para que aprendan lo que hasta el día de hoy muchos olvidaron: “ser niños” (…) En Colombia la educación siempre se ha perpetuado como un instrumento de desigualdad.

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Tal vez el mayor problema actualmente no es educar a las nuevas generaciones, resulta necesario reeducar a los padres para que aprendan lo que hasta el día de hoy muchos olvidaron: “ser padres”. Como dijo William Ospina: “Muchos al entrar a la escuela vienen seguramente negados a ser sujetos de conocimiento, ya se les ha negado el derecho a ser interlocutores, a preguntar,  a disentir. Y es que antes de ingresar al orden del conocimiento es preciso haber ingresado en los órdenes del afecto y de la dignidad.”

Si bien es cierto que el sistema educativo refuerza el conocimiento el primer contacto con él se da en el hogar, los padres olvidaron inculcar a sus hijos el amor por el aprendizaje y se encargaron de recordar permanentemente que la educación es el camino obligatorio para salir de la pobreza, para ser alguien en la vida, para ingresar a una universidad, obtener el diploma del pregrado y hacer la especialización en el exterior -porque es lo que todos quieren, viajar al exterior – y luego volver a formar parte de las élites, de los aristocráticos, del grupo de corruptos que se encargan de exprimir a la clase media baja. Pero como no van a querer internacionalizarse si el país les ha negado la oportunidad de crecer intelectual, profesional y laboralmente.

Se les olvido que para que se dé el acto educativo se deben crear bases que incentiven, que motiven, que impulsen a los niños a explorar en asuntos académicos por gusto, jamás por obligación. La educación en pleno siglo XXI continua siendo tan clasista como antes, una situación deplorable, porque aunque todos puedan acceder a ella es imposible que una sociedad se permita tan siquiera reconocerla como algo primordial en su vida cuando el sistema los mantiene alejados del saber, cuando no se les permite verla como un instrumento que más que imperativo es una actividad de placer.

Cuando una sociedad queda exenta de esas posibilidades el conocimiento seguirá siendo gratuito pero inexorablemente pasará por ser indiferente y volveríamos a lo mismo: un país en donde las tasas de deserción escolar aumentan, una de las consecuencias: más niños en semáforos limpiando espejos o vendiendo dulces en los buses. En Colombia la educación siempre se ha perpetuado como un instrumento de desigualdad. Ojalá eso fuera todo, el camino se bifurca si hablamos de los altos porcentajes de vandalismo además de niñas que a los 17 ya tienen por lo menos dos hijos, y la cadena se repite, generación tras generación.

Como citó José Saramago: “Del mismo modo que es obligatorio alimentar a los hijos, también es obligatorio enseñarles un arte manual, porque no hacerlo será lo mismo que convertir al hijo en un bandido.” Ya no basta decir a los hijos de forma imperante que deben ir a la escuela si al llegar a casa no existe alguien que apoye su proceso, que realice un seguimiento de su vida escolar, alguien que ejemplifique el valor del trabajo y el esfuerzo de la ganancia a través del sacrificio.

Todo el mundo se centró en recalcar que los niños son el futuro ¿Pero quiénes son los que traen a los niños al mundo? ¿Quiénes son los encargados de sacarlos adelante? Además debemos agregar a esto que las instituciones imparten conocimientos académicos, pero los valores y la educación se transmiten en el hogar.

Por eso, ya más que educar a los niños, hay que reeducar a los padres, porque si bien que la culpa es del gobierno también lo es de las personas que traen hijos al mundo y los dejan a la deriva; de ahí surgen los grandes marginados, los excluidos. Y desde 1964 ya en Colombia se sabe qué pasa con estas personas; que al encontrarse sumergidas en la barbarie, cuando su resentimiento llega al límite y ante la frustración por las oportunidades negadas, por la vida, por la familia, por el gobierno optan por irse en contra de toda una sociedad. De esos individuos surgen todos los fracasos humanos.

Concluyo con una cita de Borges, no atribuyéndolo solo a la lectura, sino a lo placentero que debe ser para los niños inmiscuirse en el fascinante mundo del aprendizaje. “La lectura no debe ser obligatoria. El placer no es obligatorio, el placer es algo buscado.” 

Foto tomada de: www.flickr.com

Por: Manuela Granda Loaiza @manuelagloaiza. Estudiante de comunicación social y periodismo.

 

 

COLOMBIA COMO REALMENTE DEBERÍA SER

En lugar de devolver nuestro estado a la época de la Inquisición y el Oscurantismo, todos los colombianos deberíamos trabajar unidos en la construcción de un país más civilizado, más respetuoso de las libertades individuales y que de verdad ofrezca oportunidades a sus ciudadanos sin importar sus condiciones particulares.

Desde hace algún tiempo, se ha vuelto común en nuestro país, que algunas personas hablen de “Colombia como debe ser”, proponiendo un modelo de Estado retrógrado que limita y polariza. Bajo ese modelo, solo tendrían espacio esos que comparten la misma visión y filosofía de vida. Los demás, serían condenados al silencio, a la exclusión o al exilio.

Los miembros más visibles de esos sectores radicales proponen soluciones extremistas para, según ellos, acabar los “problemas” del país. Entre sus propuestas aparecen por ejemplo, la redacción de una nueva Constitución Política y la eliminación de la entidad que actúa como el guardián de la constitución que hoy tenemos, es decir, la Corte Constitucional colombiana.

Según esas personas, quienes además hacen parte de algunos de los partidos políticos tradicionales, no es viable que exista igualdad de derechos entre los colombianos porque en Colombia existen diferencias que no pueden ser aceptadas y la ley debe castigar y excluir a quienes no son “como deberían ser“. El gran pecado aquí es no pertenecer al modelo tradicional de familia que ellos defienden.

Estas personas y sus movimientos políticos, intentan introducir un nuevo Apartheid en Colombia. Apartheid es un sistema de segregación y discriminación respaldado por el Estado, que beneficia a unos ciudadanos sobre los otros. Ha sido usado en países como Alemania en 1930, Sudáfrica entre los años 1950 y 1990 y en Estados Unidos hasta la década de 1960.

Estos sistemas discriminatorios no respetan los derechos humanos fundamentales; por eso deben ser detenidos antes de que continúen polarizando nuestro país. Los medievales políticos que respaldan y están tratando de imponer este Apartheid, también proponen que Colombia vuelva a tener una religión oficial cuyos principios sean seguidos rigurosamente por todos los ciudadanos. Incluso, proponen la concentración de más poder en el jefe del órgano ejecutivo, es decir, en el Presidente de la República, para garantizar que sus ideas, sus tradiciones y su moral sean seguidas y obedecidas por todos. Si esto pasara, se desequilibraría completamente el principio de la división e independencia de poderes, desarrollado en los siglos 17 y 18, y que constituye la base del estado moderno que tenemos hoy.

En lugar de devolver nuestro estado a la época de la Inquisición y el Oscurantismo, todos los colombianos deberíamos trabajar unidos en la construcción de un país más civilizado, más respetuoso de las libertades individuales y que de verdad ofrezca oportunidades a sus ciudadanos sin importar sus condiciones particulares. Un país en el que todos quepamos y al que todos le aportemos.

Considero que las características de la Colombia que realmente deberíamos ser son las siguientes:

  1. COLOMBIA RESPETUOSA. Todos los ciudadanos sin importar sus condiciones particulares deben ser tratados con dignidad, igualdad y respeto. Ese respeto debe extenderse también a nuestro medio ambiente y a los animales que habitan nuestro país multicolor, multicultural y biodiverso.

2. COLOMBIA ORGULLOSA. Un país al que todos sus ciudadanos se sientan orgullosos de pertenecer y donde no haya cabida para frases o pensamientos como “la política es el arte de robar”, “el vivo vive del bobo”, “solo hay un modelo de familia aceptable”, “lo malo de la rosca es no estar en ella”, “el fin justifica los medios y por eso todo se vale”, “negro ni el mercedes”, “prefiero un hijo muerto que marica…” Estos no pueden seguir siendo los valores que le estamos inculcando a las nuevas generaciones y mucho menos los principios sobre los cuales está edificada nuestra sociedad.

3. COLOMBIA EMPLEADORA. El trabajo realmente dignifica al ser humano. Si trabajamos en condiciones dignas, que incluyan salarios y horarios de trabajo justos y si existiera un verdadero compromiso por parte del Estado y de la empresa privada para la generación de empleo, seguro será más fácil que todos los colombianos empecemos a trabajar POR Colombia y no PARA unos pocos.

4. COLOMBIA TRANSPARENTE. El país es rico pero está mal administrado. En total, casi el 50% de los recursos públicos en Colombia son hurtados o mal invertidos. Los fondos que son de todos, deberían ser manejados como una urna de cristal, es decir, cualquier colombiano sin importar en donde se encuentre, a través de las plataformas tecnológicas que tenemos hoy, debería tener acceso fácil y en tiempo real, a la toda la información sobre cómo son invertidos los recursos públicos. El presupuesto, los gastos y las contrataciones (con sus soportes), de todas las entidades del Estado, deberían estar disponibles en Internet para que podamos hacer las sumas y las restas de manera pública y así poder supervisar qué es lo que se está haciendo con la plata de todos los colombianos.

Imaginemos por un momento qué pasaría si ese 50% de los recursos públicos que son nuestros, pero que se roban o son mal manejados, fueran invertidos de forma correcta y vigilada (por todos), por ejemplo en temas como educación, salud, seguridad, infraestructura, servicios públicos básicos, etc.

  1. COLOMBIA ENTENDIDA. Considero que algo que cada vez segrega y margina más a los ciudadanos vulnerables, es la complejidad del vocabulario que usan las entidades públicas. El acceso a la justicia debería ser más fácil y claro, simplificando los procedimientos estatales. Esto incluye la manera como se presenta la información sobre las finanzas públicas.

En mi opinión, cambiar a Colombia no es tan difícil como parece, pero uno de los problemas para lograrlo es que nos hemos acostumbrado a que nos manejen y gobiernen de cierta forma y nos han convencido de que el sistema político actual es el único que podemos tener.

¿Será que no es viable construir un país diferente en el que quepamos y aportemos todos? Yo creo que si. ¿Y usted?

¿Debemos detener este nuevo Apartheid para que no se institucionalice en nuestro país? Yo creo que si. ¿Y usted?

¿Vamos a patrocinar políticos y partidos que odian, discriminan y generan violencia contra sus vecinos, sus familiares y sus amigos? Yo no. ¿Y usted?

 

Por: Fernando Merchan abogado, con MBA en Oxford Brookes University.

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