“Es cierto, quienes ahora hablamos no nos hemos visto en situación de escalar una valla o de esquivar balas de goma o golpes de policías. No obstante, rechazamos las jerarquizaciones de victimización y revictimización que suelen imponer, curiosamente, quienes no han sido migrantes o han olvidado que lo fueron alguna vez. Ser migrante no es una etiqueta, una identidad o un nuevo apellido”.

Aquel que lee desde la pasión, que escribe desde lo que experimenta, encuentra en un cumulo de papel el significado de la realidad que atravesamos y cómo a través de letras, ya sean ficticias o no, sean prosaicas o no, inexorablemente se profundiza más sobre la existencia. La literatura no ofrece un decálogo sobre lo que está “bien socialmente”, invita al goce de los sentidos, a la expansión del conocimiento, pero lo más importante: a la empatía, a la sensibilización, a la agudización sensorial, a la concientización social.

En los últimos días, mucho se ha hablado sobre la compra de firmas de la que están haciendo uso algunos candidatos a la presidencia; que en Bucaramanga a los que recolectaban firmas por Ordóñez no les pagaron, que la Registraduría trabaja para un tal Vargas Lleras recogiéndole firmas (…) Sin embargo, dentro del ambiente tropical de esta amada República Bananera todo parece normal, incluso podría decirse jocoso.