La Constitución de 1991, que se suponía perfecta porque esta vez todos aportaron en su creación, resultó un simple ideal, pues a pesar de que consagra un reconocimiento enorme a los derechos fundamentales, sociales, políticos, y culturales, la mayor protección constitucional a la diversidad pluriétnica y multicultural, también contiene un modelo económico neoliberal, capitalista  y devastador.