Entender a la ciencia sin fanáticos, ni siquiera devotos, todos aterrizados en la búsqueda de aproximarnos a la naturaleza para respetarla y convencidos, sin temor alguno, de que nuestra única certeza es pescar a diario en el río revuelto de la incertidumbre, porque el hombre está condenado a la ignorancia, sólo vino al mundo a crear ficciones.