A diferencia de 1946, la división del liberalismo es aún más fragmentada, los partidos de izquierda (más bien tímida) como el Polo Democrático, el Alianza Verde (que sería más una especie de centro) y el progresismo de Gustavo Petro, luchan contra sus egos en busca de una candidatura única (…) Si bien los historiadores no podemos jugar a la futurología, sí puedo decir que, una vez elegido Ospina, la personalidad conciliadora se le termina en 1947 y la represión al liberalismo y a quienes habían tenido alguna prebenda en los gobiernos liberales terminan en ese terrible baño de sangre que significó la Violencia y el conflicto armado de la segunda mitad del siglo XX…

Es en espacios como las librerías de Teusaquillo, donde la magia incomparable de sus pasillos y habitaciones, permite que el destino juegue a favor de un bibliófilo experto o lector principiante, quien en medio de su búsqueda se encuentre con una joya literaria, con ese olor tan característico de los libros antiguos que dan placer al olfato, con ese libro que se deja en un rincón de la biblioteca, esperando su oportunidad, o quizá con el libro que está por cambiarle su vida para siempre.

El posacuerdo que se nos mostraba como la época de prosperidad sin igual en la historia del país, hoy nos resulta que no es así por completo. No quiero decir con ello que en el conflicto nos iba mejor. Quiero decir que el país, y específicamente este Gobierno, no estaba preparado ni política, ni estatutaria, ni económica, ni estructuralmente para el fin de la confrontación con la guerrilla más antigua del continente.

La coyuntura por la que pasa nuestra patria hermana Venezuela empeora cada vez más y, nosotros los colombianos, parecemos destinados a ser el revulsivo con el que esperan contar cerca de un millón doscientos de venezolanos que, hasta el momento y sin contar los repatriados, han emigrado en busca de oportunidades y un nuevo comienzo en tierras nacionales, la pregunta es… ¿Estamos para esas?