Jawbone

Jawbone en el fondo se trata sobre la derrota, sobre un derrotado, como lo somos todos, la cinta no teme al decir que a veces el esfuerzo no sirve de nada, pero lo hace con elegancia, con primeros planos del protagonista, diálogos en un inglés muy bajo y confuso.

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Jawbone es otra película sobre un boxeador que intenta ganarse la vida. Pero esta se siente diferente, más pausada, menos condescendiente con el protagonista, triste. La virtud de esta película, a pesar de su guion repetitivo, está en su enfoque: se aleja de los puños y se centra en la mandíbula del boxeador. Una mandíbula que puede ser tan dura que haga doler las manos a los contrincantes y obligue al luchador a sentir una paliza o una mandíbula frágil que lo manda a la lona.

El protagonista Jimmy McCabe (Jhonny Harris) es de los que resisten los golpes y sigue luchando, tirando puños hasta que se da cuenta que solo puede perder. Un protagonista que se pasa la película mendigando favores para comer, suplicando por ayuda contra su alcoholismo, mirando el piso cuando habla con otros por vergüenza y mirando a la cámara para mostrarnos la tristeza de sus ojos de perro. Un sujeto que en su pobreza y dignidad me recuerda más al Chavo del Ocho que a Rocky Balboa, siempre intentando agarrar esa torta que dejan y durmiendo en un barril, sobreviviendo gracias a un par de amigos que aún le quedan.

Pero aun así, Jimmy resiste y boxea, entrena, corre, salta lazo, practica con sus puños, casi siempre solo y a punto de desmoronarse. Cada escena de la película parece una derrota, al correr no parece alcanzar su sueño, sino huir de todo, al golpear al viento parece más recibir una paliza y caer arrodillado. Jawbone es otra película sobre un boxeador que lucha por sus sueños, pero está muy lejos del sueño americano de Rocky, es mucha más miserable y realista. La pelea no es por el campeonato, sino por él para saber qué si puede, que aún tiene valor, más que una apología al hombre que se supera, se trata de una conmemoración a la derrota.

Jawbone en el fondo se trata sobre la derrota, sobre un derrotado, como lo somos todos, la cinta no teme al decir que a veces el esfuerzo no sirve de nada, pero lo hace con elegancia, con primeros planos del protagonista, diálogos en un inglés muy bajo y confuso, mostrando un Londres obrero. La película tiene el sabor de Un Buen Bistec, como el que nos sirve Jack London en su hermoso cuento sobre un boxeador maduro que pierde una pelea por física hambre.

La cinta juega con los silencios, los espacios solitarios, los gritos mudos. Parece que solo escuchamos los golpes de la pelea final, que parece filmada con la cámara pegada a los pugilistas, que no se preocupa por precisar los golpes, sino que transmite la confusión e incertidumbre de la pelea. Los golpes sobre la mandíbula de Jimmy retumban toda la escena y el espectador comienza a  desear escuchar la campana para que le den un descanso, pero el tiempo se distorsiona mientras el protagonista hace de pera de boxeo contra las cuerdas. Y la gente le grita, pero solo se escucha una bulla confusa, y los golpes que van y vienen.

Jimmy McCabe se parece a El Cantante de Héctor Lavoe, pero este hace música con su quijada, la gente le grita que siga, que ya han pagado por esa pelea y el boxeador lucha sin que se le pregunte por qué sufre o por qué llora, por qué bebé, por qué no para, por qué se resiste. Y al final parece que solo queda correr, entrenar, huir, seguir luchando, porque no se puede parar aún si la vida te está matando.

 

Recomendado: Por alguna razón que no entiendo, y por lo cual no lo incluí en la columna, Jawbone me recordó una de las películas favoritas de Gabo, Ladrón de Bicicletas. Sobre el filme Gabo dijo:  “Es la película más humana que jamás se haya realizado…”, super recomendada.

Por: Juan Pablo Parra.

Imagen tomada de: http://www.imdb.com/title/tt3582020/

 

 

COLOMBIA COMO REALMENTE DEBERÍA SER

En lugar de devolver nuestro estado a la época de la Inquisición y el Oscurantismo, todos los colombianos deberíamos trabajar unidos en la construcción de un país más civilizado, más respetuoso de las libertades individuales y que de verdad ofrezca oportunidades a sus ciudadanos sin importar sus condiciones particulares.

Desde hace algún tiempo, se ha vuelto común en nuestro país, que algunas personas hablen de “Colombia como debe ser”, proponiendo un modelo de Estado retrógrado que limita y polariza. Bajo ese modelo, solo tendrían espacio esos que comparten la misma visión y filosofía de vida. Los demás, serían condenados al silencio, a la exclusión o al exilio.

Los miembros más visibles de esos sectores radicales proponen soluciones extremistas para, según ellos, acabar los “problemas” del país. Entre sus propuestas aparecen por ejemplo, la redacción de una nueva Constitución Política y la eliminación de la entidad que actúa como el guardián de la constitución que hoy tenemos, es decir, la Corte Constitucional colombiana.

Según esas personas, quienes además hacen parte de algunos de los partidos políticos tradicionales, no es viable que exista igualdad de derechos entre los colombianos porque en Colombia existen diferencias que no pueden ser aceptadas y la ley debe castigar y excluir a quienes no son “como deberían ser“. El gran pecado aquí es no pertenecer al modelo tradicional de familia que ellos defienden.

Estas personas y sus movimientos políticos, intentan introducir un nuevo Apartheid en Colombia. Apartheid es un sistema de segregación y discriminación respaldado por el Estado, que beneficia a unos ciudadanos sobre los otros. Ha sido usado en países como Alemania en 1930, Sudáfrica entre los años 1950 y 1990 y en Estados Unidos hasta la década de 1960.

Estos sistemas discriminatorios no respetan los derechos humanos fundamentales; por eso deben ser detenidos antes de que continúen polarizando nuestro país. Los medievales políticos que respaldan y están tratando de imponer este Apartheid, también proponen que Colombia vuelva a tener una religión oficial cuyos principios sean seguidos rigurosamente por todos los ciudadanos. Incluso, proponen la concentración de más poder en el jefe del órgano ejecutivo, es decir, en el Presidente de la República, para garantizar que sus ideas, sus tradiciones y su moral sean seguidas y obedecidas por todos. Si esto pasara, se desequilibraría completamente el principio de la división e independencia de poderes, desarrollado en los siglos 17 y 18, y que constituye la base del estado moderno que tenemos hoy.

En lugar de devolver nuestro estado a la época de la Inquisición y el Oscurantismo, todos los colombianos deberíamos trabajar unidos en la construcción de un país más civilizado, más respetuoso de las libertades individuales y que de verdad ofrezca oportunidades a sus ciudadanos sin importar sus condiciones particulares. Un país en el que todos quepamos y al que todos le aportemos.

Considero que las características de la Colombia que realmente deberíamos ser son las siguientes:

  1. COLOMBIA RESPETUOSA. Todos los ciudadanos sin importar sus condiciones particulares deben ser tratados con dignidad, igualdad y respeto. Ese respeto debe extenderse también a nuestro medio ambiente y a los animales que habitan nuestro país multicolor, multicultural y biodiverso.

2. COLOMBIA ORGULLOSA. Un país al que todos sus ciudadanos se sientan orgullosos de pertenecer y donde no haya cabida para frases o pensamientos como “la política es el arte de robar”, “el vivo vive del bobo”, “solo hay un modelo de familia aceptable”, “lo malo de la rosca es no estar en ella”, “el fin justifica los medios y por eso todo se vale”, “negro ni el mercedes”, “prefiero un hijo muerto que marica…” Estos no pueden seguir siendo los valores que le estamos inculcando a las nuevas generaciones y mucho menos los principios sobre los cuales está edificada nuestra sociedad.

3. COLOMBIA EMPLEADORA. El trabajo realmente dignifica al ser humano. Si trabajamos en condiciones dignas, que incluyan salarios y horarios de trabajo justos y si existiera un verdadero compromiso por parte del Estado y de la empresa privada para la generación de empleo, seguro será más fácil que todos los colombianos empecemos a trabajar POR Colombia y no PARA unos pocos.

4. COLOMBIA TRANSPARENTE. El país es rico pero está mal administrado. En total, casi el 50% de los recursos públicos en Colombia son hurtados o mal invertidos. Los fondos que son de todos, deberían ser manejados como una urna de cristal, es decir, cualquier colombiano sin importar en donde se encuentre, a través de las plataformas tecnológicas que tenemos hoy, debería tener acceso fácil y en tiempo real, a la toda la información sobre cómo son invertidos los recursos públicos. El presupuesto, los gastos y las contrataciones (con sus soportes), de todas las entidades del Estado, deberían estar disponibles en Internet para que podamos hacer las sumas y las restas de manera pública y así poder supervisar qué es lo que se está haciendo con la plata de todos los colombianos.

Imaginemos por un momento qué pasaría si ese 50% de los recursos públicos que son nuestros, pero que se roban o son mal manejados, fueran invertidos de forma correcta y vigilada (por todos), por ejemplo en temas como educación, salud, seguridad, infraestructura, servicios públicos básicos, etc.

  1. COLOMBIA ENTENDIDA. Considero que algo que cada vez segrega y margina más a los ciudadanos vulnerables, es la complejidad del vocabulario que usan las entidades públicas. El acceso a la justicia debería ser más fácil y claro, simplificando los procedimientos estatales. Esto incluye la manera como se presenta la información sobre las finanzas públicas.

En mi opinión, cambiar a Colombia no es tan difícil como parece, pero uno de los problemas para lograrlo es que nos hemos acostumbrado a que nos manejen y gobiernen de cierta forma y nos han convencido de que el sistema político actual es el único que podemos tener.

¿Será que no es viable construir un país diferente en el que quepamos y aportemos todos? Yo creo que si. ¿Y usted?

¿Debemos detener este nuevo Apartheid para que no se institucionalice en nuestro país? Yo creo que si. ¿Y usted?

¿Vamos a patrocinar políticos y partidos que odian, discriminan y generan violencia contra sus vecinos, sus familiares y sus amigos? Yo no. ¿Y usted?

 

Por: Fernando Merchan abogado, con MBA en Oxford Brookes University.

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¡Todos los políticos son iguales!

Ha permeado la convicción más íntima y profunda de que la democracia se ha convertido en una disputa sin tregua por la distribución del poder y el reparto burocrático

En Colombia a menudo pronunciamos esta expresión y a pesar de que exterioriza de forma clara las percepciones, sentimientos e ideas que se tienen de la clase política en general, los dirigentes que la conforman no se estremecen. Pero ¿Cuál es la razón para que no les impresione una manifestación que podría desestabilizar el poder que detentan?, ¿Existe un reconocimiento de que son representantes o mandatarios de la nación?

Ríos de tinta han confluido para legitimar la presencia del Estado, influyentes teóricos han acompañado ideológicamente las diversas formas de organización político-jurídica de las sociedades humanas, las construcciones teóricas son tan brillantes y coherentes que son adaptadas e incluidas en el Derecho Positivo.

Vale la pena recordar por ejemplo a Jean Jacques Rousseau, el teórico de la soberanía popular, del contrato social, defensor de la concepción de democracia antigua, esto es, del poder legítimo radicado en el pueblo como actor libre y protagonista de su propio destino, y opositor de la concepción moderna de democracia, es decir, del poder legitimado por las mayorías, que se caracteriza por estar subordinado a la voluntad de los “representantes” y que convierte al pueblo en un simple espectador de las decisiones que se toman en su nombre.

A Benjamín Constant, quien diferenció el concepto de libertad antigua de la moderna, señalando que la libertad en los antiguos se encontraba determinada por el ejercicio directo de los derechos políticos, por la participación activa que tomaba cada ciudadano en la soberanía, por el reconocimiento individual del valor del sufragio como parte esencial de la importancia personal e influencia real en la administración del Estado, mientras a la libertad moderna la identifica con el goce pleno y absoluto de los derechos civiles e individuales y el ejercicio del sufragio restringido – democracia indirecta o gobierno representativo-.

Pero ¿qué sentido tiene recordar a Rousseau y Constant?, sin duda no tengo otro objetivo que difundir la idea de que a partir del momento que el pueblo dejó de deliberar y gobernar de forma directa y lo hace a través de sus representantes perdió su libertad política.

A los representantes se les otorga un voto de confianza para que promuevan el interés general; sin embargo, de manera constante ese voto de confianza se ve defraudado, nuestros representantes se comprometen con intereses particulares e inclusive individuales, el fenómeno de la corrupción se propaga en cada rincón de nuestro país y pese a la incalculable producción normativa para menguar este fenómeno, ninguna pena resulta suficiente ni siquiera para disminuir sus proporciones, circunstancia que da lugar a que los Colombianos asumamos una posición pesimista y de indiferencia frente a la política, que en manera alguna desestabilizaría el poder que detentan.

En efecto, la desconfianza generalizada de la población Colombiana en el gobierno representativo, si bien es cierto ha originado acciones de resistencia -actos de oposición o protesta- ha permeado la convicción más íntima y profunda de que la democracia se ha convertido en una disputa sin tregua por la distribución del poder y el reparto burocrático, generando actitudes de conformismo; inclusive, pareciera como si hubiéramos desarrollado la capacidad para soportar y aceptar las dolorosas vivencias de la violencia, la exclusión y la pobreza que enfrenta el país, como si nuestras conciencias se embelesaran y dejaran de añorar la libertad política, libertad que nos permite tomar partido de la vida misma, de las decisiones que nos afectan.

Por @luzdayancaballero Abogada Universidad Católica de Colombia; con Especialización en la Universidad Externado de Colombia.

Rodrigo ‘el sucio’

Rodrigo Duterte fue elegido presidente de Filipinas a mediados de 2016 bajo la promesa de erradicar el crimen y el narcotráfico del país. Desde su ascenso al mandato, las ejecuciones extrajudiciales perpetradas por la policía y grupos paramilitares han cobrado la vida de más 7000 personas -entre presuntos traficantes de drogas y consumidores. Las víctimas suelen ser jóvenes pertenecientes a los segmentos más pobres y marginalizados de las principales ciudades, están incluidas en una ‘lista negra’ confeccionada por las autoridades locales en base a habladurías y rumores sin verificación judicial.

Según un reporte de Amnistía Internacional en el contexto de la política antinarcóticos del señor Duterte la Policía Nacional Filipina ha pagado a sicarios 100 dólares por el asesinato de cada consumidor de narcóticos y una suma entre 200 y 300 por cada supuesto traficante; se ha documentado también que agentes de la policía plantan evidencia -como armas y narcóticos- en las escenas del delito para justificar en los reportes su accionar delictivo,  ejecutan sospechosos a sangre fría y comenten saqueos en las propiedades de las víctimas.

Naturalmente, la cruenta guerra contra las drogas de Rodrigo Duterte ha despertado preocupación: la ONU  protestó  enérgicamente, y en la prensa liberal a lo largo del globo hay varios reportes espeluznantes sobre los abusos de la policía en contra la población civil. No obstante, dentro del país goza con un firme apoyo, más del 70% de los filipinos aprueba su gestión. ¿Por qué?

Democracia disfuncional

Filipinas es una democracia liberal desde el derrocamiento del general Ferdinand Marcos en 1986. Sin embargo, sus instituciones son precarias. Hablando del sistema de justicia, se estima en 600.000 el número de procesos que están represados en las cortes por falta de jueces, a lo largo de un año en promedio un fiscal debe hacerse cargo de 500 casos y un defensor público atender a 5000 clientes.

De otro lado, la posición geográfica del Archipiélago de Filipinas la convertido el país en un corredor estratégico en el tráfico de drogas. Filipinas ha vivido una epidemia de violencia en sus calles por cuenta de bandas criminales disputándose el control del mercado de metanfetaminas. Como resultado de la crisis de seguridad los problemas del sistema de justicia continúan empeorando: la impunidad es altísima y las cárceles están desbordas por miles de presos a la espera de juicio.

Ante este panorama caótico es apenas obvio que la legitimidad de las instituciones tradicionales se desmorone y sea tentador para el público entregar poderes ilimitados a un líder carismático bajo la promesa de recuperar la seguridad.

Rodrigo Duterte es para los filipinos alguien como Dirty Harry, un policía duro e implacable, dispuesto hacer lo que sea necesario para darle castigo a los criminales, incluso si eso implica pasar por encima de la ley; el debido proceso y los derechos humanos, más que garantías de las libertades negativas de los individuos, son percibidos como un ‘escudo’ utilizado por los delincuentes para evadir la acción de las autoridades.

¿Traerá paz y seguridad al país la feroz política antinarcóticos del señor Duterte?

Aunque supusiéramos que su guerra contra las drogas tuviera éxito reduciendo el tráfico y el consumo de estupefacientes – algo bastante difícil de pensar si revisamos el caso de Tailandia, un país que emprende una guerra similar desde el 2003 con resultados realmente pobres- los efectos en el largo plazo para la cultura política de los filipinos serán desastrosos: las fuerzas policiales seguirán cometiendo abusos en contra de la población y la legitimidad de las instituciones estatales se deteriorará aún más sucesivamente.

La solución a los problemas de seguridad originados por el narcotráfico en Filipinas no pasa por la ejecución extrajudicial de miles de personas, sino por una reforma integral del sistema de justicia y la reorientación de los recursos de la policía, en lugar de enfocarse en el pago de recompensas a sicarios y la ejecución de traficantes de poca monta los esfuerzos de las fuerzas de seguridad deberían estar orientadas en operaciones de inteligencia que permitan desmantelar  las bandas criminales generadoras de violencia.

¿Podría haber igualdad en el trabajo en Colombia?

La equidad y el respeto, se convierten mas en una formalidad, y lo que hace iguales a hombres y mujeres en ambientes laborales, es lo bajo a lo que pueden llegar para conseguir lo que quieren…

La verdadera igualdad entre hombres y mujeres en ambientes laborales vista desde la perspectiva de un ingeniero

Muchas cosas se imagina uno cuando comienza a trabajar, piensa sobre sus futuros e inciertos compañeros, sobre la empresa donde va a laborar, las cosas que hará ahí. Pero lo que más sorprende es cómo la sexualidad, desde diferentes perspectivas, se utiliza como herramienta para encontrar excusas, poder y beneficios laborales. Me considero un hombre feminista, también al ser sexualmente diverso, eso amplia más mis perspectivas sobre la sexualidad. Sin embargo, al empezar mi vida laboral me estrellé con la cotidianidad colombiana, ya que esperaba un ambiente… distinto. No obstante, lo que encontré fue totalmente diferente.

Muchas cosas se dicen sobre el espacio laboral para las mujeres, sobre las cosas que tienen que enfrentar cuando trabajan, las diferentes formas de acoso, la desigualdad salarial, etc. Pero, ¿qué pasa cuando uno como hombre tiene que competir contra un “escote” o la bruta definida por Isabella Santodomingo? Es en ese momento en el que uno se da cuenta que el feminismo puede llegar a ser hipócrita y usado a conveniencia. Algunas mujeres (sin importar su estado físico) se valen de la misoginia, machismo y chovinismo de sus jefes y compañeros para minimizar el impacto de sus errores o aumentar la trascendencia de lo que hacen. No pretendo generalizar y decir que todas las mujeres son así. Caería en un error demasiado grave, más porque he tenido la oportunidad de trabajar con excelentes mujeres que me han enseñado mucho a nivel profesional y personal, estas sabias mujeres siempre tienen una posición laboral superior a la mía y son significativamente mayores que yo.

Creo también que muchos de nosotros, en sus respectivos ambientes laborales, hemos descubierto un patrón en las mujeres, son muy pocas las que les gusta hacer equipo con otras mujeres, pero la mayoría abiertamente dice que prefiere hacer equipo con otros hombres, y la respuesta al porqué de esto es que “entre ellas los ataques siempre son mas traperos y hay mas hipocresía”, mientras que, supuestamente, los hombres tienen más solidaridad de género y si hay ataques siempre son de frente, lo cual en mi experiencia debo decir es totalmente falso, tanto hombres como mujeres, literalmente, hacen cualquier cosa con tal de una promoción laboral.

Como mencione previamente, se tiene la noción que entre los hombres existe más la “camaradería”, o al menos eso parece. Pero en realiad eso es totalmente falso. Los hombres podemos ser tan viperinos y cizañeros, llegando a competir con Regina George de Mean Girls. Me atrevería a decir que tal vez se percibe la camaradería porque siempre hay combos de hombres, aunque en verdad terminan siendo “roscas” exclusivas: si estás en la rosca bien, te beneficias de todo; si estás por fuera, serás victima de matoneo laboral y peor aún, si tu jefe está en la rosca, serás al que le toque venir a trabajar los sábados, al que no le den días libres en semana santa o aquel que nunca tendrá días libres compensatorios, así hayas hecho méritos suficientes.

En la última compañía para la cual labore, tuve muchos compañeros “homosexuales de clóset” que según muchos no se les “notaba”, pero pues al final, casi literalmente, “florecían”. Habían lesbianas también, pero ellas no eran tan obvias como mis compañeros que se esforzaban por ocultar su homosexualidad a toda costa. Es en este tema donde surge otro interrogante, ¿puede una persona sexualmente diversa, ser plenamente abierta en su entorno de trabajo? En Colombia tal vez no. Noté otro patrón desafortunado en la última empresa donde trabaje, el gerente de Recursos Humanos. y un chico del área financiera. eran pareja. No tuve líos con eso, pero eran otros hombres homosexuales de la empresa los que al parecer encontraban interesante señalarlos a ellos, no sé por qué, me arriesgaría a decir que para crear la suficiente atención sobre ellos para ocultar su propia homosexualidad, ¿cómo es posible que un homosexual trate de perjudicar a otro por su condición sexual? La verdad, no sé. Pero me parece algo triste y desafortunado que personas que son cobardes en todo el sentido de la palabra busquen hacer matoneo a otros de su misma condición sexual.

Ser abiertamente homosexual en este país es todo un acto de valentía, el hecho de que muchos decidan permanecer en el “clóset” es decisión de cada quien, pero eso no les da ningún derecho a tener esa clase de actitudes tan bajas y patéticas en contra de los que viven su diversidad sexualidad de forma abierta y plena. También vi una cosa desafortunada, hombres jóvenes que usan su sexualidad para beneficiarse de hombres mayores (aunque estos lleven la etique de “feos”), debido a que estos están en una posición laboral superior, lo hacen a cambio de cargos y salarios más altos.

La igualdad laboral sí existe. Pero no es la que nos imaginamos, hombres y mujeres cambian totalmente su actitud, ser adultos, estudiados, con especializaciones, maestrías, doctorados, termina por convertirse, generalmente, en credenciales. Porque lo cierto es que ser “altamente educados” no muestra que sean verdaderamente educados, o cuando menos, totalmente competentes para el trabajo a desarrollar. La equidad y el respeto, se convierten mas en una formalidad, y lo que hace iguales a hombres y mujeres en ambientes laborales, es lo bajo a lo que pueden llegar para conseguir lo que quieren, ¿desafortunado? Sí. Depende de cada quien. Así que feministas, recuerden que el feminismo es igualdad de condiciones entre hombres y mujeres, y por otro lado, hombres, en este sentido seamos más feministas.

Por:Jorge Parra Amaris. Miembro GAEDS UN (Grupo de Apoyo y Estudio de la Diversidad de la Sexualidad – Universidad Nacional de Colombia) y estudiante de la Facultad de Ingeniería de la Universidad Nacional de Colombia.

Imagen tomada de: goo.gl/UXV0hD

Tu mejor amigo

Déjame presentarte a un amigo. Tu mejor amigo. El mejor amigo que jamás tendrás (…) Estoy hablando del Artículo 13 de nuestra Constitución Política.

Déjame presentarte a un amigo. Tu mejor amigo. El mejor amigo que jamás tendrás. No puedes reconocerlo, pero él es tu amigo. Él es constante, leal y siempre está ahí. Quienquiera que seas, él es alguien que te defenderá. Él te ve por lo que realmente eres -y él está orgulloso de ti-. Este amigo salvaguardará tu derecho de vivir tu vida de la manera que tu deseas vivirla. Él no te juzgará y siempre será real y verdadero a menos que tú permitas que lo silencien.

Estoy hablando del Artículo 13 de nuestra Constitución Política. Para aquellos de ustedes que no están familiarizados con él, aquí está lo que dice:

«Todas las personas nacen libres e iguales ante la ley, recibirán la misma protección y trato de las autoridades y gozarán de los mismos derechos, libertades y oportunidades sin ninguna discriminación por razones de sexo, raza, origen nacional o familiar, lengua, religión, opinión política o filosófica ».

Queridos lectores y compañeros, si todavía no están familiarizados con él, quiero que todos conozcan este artículo y sus palabras porque son las palabras con las que construiremos una sociedad justa en Colombia. El Artículo 13 de nuestra Constitución será el fundamento de nuestra campaña “Voces por la Justicia Social”. Es una campaña inspirada por ti y por las historias increíbles, fuertes y conmovedoras que me enviaste durante las últimas semanas desde que le escribí una carta a mi primo Oswaldo Ortiz Ramos (SuperOOTv).


Todas estas historias tienen una cosa en común, demuestran que, a pesar de nuestra Constitución y nuestro amigo, el Artículo 13, en nuestro país los Derechos Humanos de los colombianos de todos los colores, creencias y preferencias, son vulnerados por la discriminación. Discriminación en el trabajo, en la prensa, en la calle, en un restaurante, a veces incluso en la casa. Estas personas son discriminadas por lo que creen, a quién aman, el color de su piel, dónde viven, de dónde vienen. Mi respuesta es que todos merecemos el respeto que nos da la ley y necesitamos asegurarnos de que la conozcamos y la usemos como una herramienta para salvaguardar ese respeto.

¿Cómo es que todas las personas que me han escrito y las demás que sienten la misma frustración e impotencia por temas como estos no tienen una voz? ¿realmente existe en Colombia una política pública en contra de la discriminación? como abogado sé que existe la Ley 1482 de 2011, pero ¿se está aplicando realmente? ¿sirve para algo? ¿Será que está bien que, en las Iglesias o sectas, en las redes sociales, en los medios de comunicación, en las paredes, en las marchas, y a veces hasta en los recintos legislativos se irrespete y se agredan los derechos humanos y la dignidad de las personas sin que pase nada? ¿Y entonces porque alguien me ofende o me agrede yo tengo el derecho a hacer lo mismo?  ¿el papel del Estado Colombiano cuál es? Pues no es otro que el defender y garantizar la aplicación de la ley, incluyendo el Artículo 13 de nuestra Constitución. Ojalá los colombianos podamos despertar pronto antes de que empiecen a gestarse en nuestro país grupos extremistas que empiecen a imponer criterios radicales que vulneran los Derechos Humanos y la dignidad de nuestros compatriotas.

Debemos unirnos para que todas nuestras historias sean oídas y conocidas por las autoridades competentes en nuestros tribunales, y así, poder exigirle a nuestro sistema jurídico que observe y garantice nuestros derechos castigando a sus agresores. Si queremos que realmente haya Justicia Social, es responsabilidad de TODOS ayudar a defender nuestros Derechos Humanos.

Únete a mí y al creciente número de Voces por la Justicia Social siguiendo nuestra campaña y actividades en Facebook, Twitter, Instagram y nuestro Blog. Estamos en el inicio de nuestro viaje y necesitamos el apoyo de todos para hacer oír nuestras voces.

Pronto empezaré a compartir herramientas jurídicas fáciles de utilizar y los datos de contacto de las diferentes fundaciones que se están uniendo a esta causa. Los invito a publicar en nuestra página de Facebook o compartir conmigo en privado sus historias. Haré mi mejor esfuerzo para leerlas todas.

Afectuosamente,

Fernando Merchán Ramos

Facebook: https://www.facebook.com/FernandoMerchanRamos/

Twitter : @FernandoMerchanR

Instagram: fernandomerchanramos

Blog : https://vocesporlajusticiasocial.wordpress.com/

El genio de Northampton

Con el anuncio de la entrega a Bob Dylan del Premio Nobel de Literatura 2016 inició un debate (…) Bien podría la Academia Sueca entregarle a Alan Moore el Premio Nobel de Literatura.

Con el anuncio de la entrega a Bob Dylan del Premio Nobel de Literatura 2016 inició un debate entre literatos, escritores, músicos, intelectuales, periodistas y desocupados sobre los límites de la literatura. En este marco, el portal de The New York Times en Español publicó una columna de Jorge Carrión titulada: Bob Dylan, ¿el primer nobel del futuro? En dicha columna, el escritor argentino acota la expresión ”juntapalabras”, para referirse a quienes usando el lenguaje crean contenidos literarios: escritores, poetas, dramaturgos, guionistas de cine y televisión, periodistas, compositores, ensayistas y hasta escritores de novelas gráficas o historietas.

Así, entre argumentos y ejemplos, Carrión lanza una frase al aire en la que me quiero detener: “Alan Moore ganará el Premio Nobel de Literatura en 2018 (nadie más ha escrito tantas obras maestras del cómic (…)”. La frase me impactó por dos razones: La primera, porque yo había estado madurando esa idea en mi cabeza, pero nunca la había logrado de una forma tan simple y directa; la segunda, porque estoy completamente convencido de que Alan Moore es el mejor escritor de novelas gráficas de la historia, y uno de los mejores escritores vivos. Bien podría la Academia Sueca entregarle a Alan Moore el Premio Nobel de Literatura.

Déjeme hablarle un poco de Alan Moore. Nació en Northampton en 1953, cuando la pequeña ciudad inglesa rebosaba de visos de la revolución industrial: torres altas y negras que escupen humo, castillos de acero puro, charcos negros, pobreza y casas viejas. En medio de todo eso creció Moore, leyendo historietas para escapar a los límites de su mundo pobre y lógico. Tras ser echado de la escuela por su actitud, Alan trabajó limpiado pieles de oveja y pisos hasta que logró entrar a un pequeño periódico a escribir caricaturas.

Como por casualidad comenzó su carrera. Tras algunos trabajos de calidad en su natal Inglaterra, Moore es contratado en Estados Unidos y desde entonces no ha dejado de escribir clásicos del medio: V for Vendetta, Watchmen, From Hell, La saga de Swamp Thing, The Killing Joke, For the Man Who Has Everything, entre muchos otros. En conjunto, su multitemática obra rebosa de originalidad y colores, de oscuridad y de poesía, de crítica social y de ternura. Creando mundo lejos de la pobreza y las leyes físicas, pero además, con personajes superhumanos repletos de degradante y sincera humanidad.

Un hombre enmascarado que le grita a la libertad que es una mentirosa, la verdad del sueño americano, la locura y soledad del azul; lo necesario del verde, la pobreza del ser más poderoso de todos, un día de locura y un destino común, encontrar la vida en una disección, la mezcla de los terrores imaginarios y los grandes estigmas sociales de la segunda mitad del siglo XX, eso es la obra de Alan Moore, puro arte.

No podría ser de otra manera, porque Alan Moore es un artista. Dedicado a usar sus palabras para decirnos lo que necesitamos y no lo que queremos, intenta convencer a la sociedad de la necesidad del cambio y el amor. Moore es un mago -literalmente- a eso se dedica, a conjurar palabras contra el autoritarismo, el racismo, el machismo, el materialismo, los fanatismos religiosos, y en cambio favorecer, el amor, el sexo, el medio ambiente, la identidad propia, la libertad de pensamiento y acción, la individualidad, la imaginación, la creatividad y la anarquía.

Ese es Alan Moore, el hombre con el pelo y la barba larga, los ojos verdes y la manos repletas de anillos, que vive aislado para no tener nada que ver con las pésimas adaptaciones de su obra –hechas solo para ganar dinero- y de las grades industrial del comic, un emérita y refunfuñón que se dedica a cambiar el mundo desde Northampon.

El año pasado, Moore anuncio que se retirara del comic, tal vez Providence, su novela gráfica inspirada en la escritor de terror H.P. Lovecraft sea su último trabajo, es triste, pero completamente acorde con las críticas del autor al medio que él llevó a otro nivel: falta de originalidad (la misma historia una y otra vez) y la producción con fines económicos. Ahora, que se acerca el fin de su carrera la Academia Sueca podría darle un Nobel, sin embargo no lo necesita, porque él ya es uno de los grandes.

Podría decir mil cosas más sobre Alan Moore, lo cierto, es que tal vez las simples palabras de Carrión sean más dicientes que mis intentos inadecuados de ponderar su vida y obra, así que quiero terminar la columna citando de nuevo a Carrión: si no ha leído la obra de Moore, “Hágase el favor: léalas. Esas lecturas no le harán ganar dinero, pero son apuestas seguras”. Léalo y decida usted mismo.

Por: Juan Pablo Parra.

Imagen tomada de: http://dreamers.com/autores/3_ALAN_MOORE.html