Desmitificando la poesía

Más allá del misticismo que la envuelve, de sus cantos viscerales y de su simbología hermética, la poesía es evocación del sentir humano por medio del encuentro por primera vez de dos palabras

Sea como fuese, la poesía, al igual que cada prejuicio, ha edificado a su alrededor un imaginario equívoco gestado en el desconocimiento y la aversión; desconocimiento, en este caso, por su escasa lectura y aversión por su lenguaje intrincado que pareciera zurcirse para unos pocos. Por tanto, es demasiado común asociar el término con musas, sensiblería, naturaleza y hippismo, temáticas que si bien se tocan en poesía con refinamiento, no abarcan toda su extensión ni se instalan como los temas por excelencia.

Un poeta jamás sabrá si es buen poeta, o si acaso es poeta”.

La poesía es más: más significado, más lucidez, más trascendencia. Pero a la vez es menos: barata, pobre y abnegada. A diferencia del prosista o del ensayista, el poeta no tiene un terreno fértil para expandirse, por el contrario, sus raíces están al aire mientras su fronda se asfixia bajo tierra, y de alguna forma debe intentar aferrarse al viento para dar semillas que puedan volar por décadas antes de dar frutos o por siglos antes de germinar en el olvido. Un poeta jamás sabrá si es buen poeta, o si acaso es poeta; es la entrega definitiva al lenguaje sin aspiraciones ni ambiciones, es acariciar el lomo de las palabras desconociendo su reacción: si a cambio lamerán la mano o de un mordisco fiero la amputarán. Es sacrificio sin causa. He aquí la grandeza y la bajeza del motor de la literatura, de su principio y fin último.

En cuanto a los temas, la poesía es tan diversa como sus otros dos hermanos literarios menores: la narrativa y el ensayo. En ella todo tema es abordado, desmenuzado y elevado a la expresión más noble que nos sacude el cuerpo y nos retuerce el alma. Como bien diría Borges: “la poesía es una sensación física que nos hace estremecer. Es algo que escapa a nuestro deseo de conceptualización, de confinamiento. Si le ponemos límites, ella los desborda, si le ponemos definición, ella muta”.

Más allá del misticismo que la envuelve, de sus cantos viscerales y de su simbología hermética, la poesía es evocación del sentir humano por medio del encuentro por primera vez de dos palabras. Esto no quiere decir que radica en colocar conceptos al azar, es el contrapunto, ponderar cada término analizando su potencia expresiva, su sonoridad, su precisión. Como enuncia Pablo Montoya: “el poema es corto y ardua su creación”.

Mucho menos es el adagio “Me estrelló una musa y escribí un poema”, no. La inspiración es un acto de composición y descomposición de los conocimientos interiorizados, de agregar el toque creador a partir de la propia inventiva conservada en los avances artísticos previos, es demoler la estructura para diseñar con los escombros y el material renovado. No es de extrañar que la rima en el poema ya sea demodé.

En todo caso la fecundación de un buen poema viene de sucesos tan dispares como comunes: en el raciocinio más severo, en el dolor escabroso de un trauma, en las disquisiciones de una borrachera o en las imágenes inverosímiles de una traba potente. Los modos son múltiples como la inspiración de cualquier obra literaria, pero lo que no puede faltar es la sensibilidad: ver los portales absurdos que ramifica cada objeto en su infinitud y saborear el poema como la vida, como la muerte, como esa consistencia fugaz negada por naturaleza a nuestra existencia. Por eso lo convido a leer un poema, estremézcase, que si la poesía es poca cosa, al menos lo hará sentir.

Por: Camilo González

Fotografía Tomada de: Flickr: Joan M. Mas.

Despertarse una mañana

Esta obra combina el amor y los sueños como un éxtasis de sensaciones, va y viene entre la música y la fotografía haciendo que algunas de sus escenas parezcan a la vez un cuadro impresionista y un álbum de jazz.

…Yes, all we’re looking for is love
From someone else…
 – A rush, – A glance, – A touch, – A dance,
To look in somebody’s eyes, To light up the skies,
 To open the world and send me whirly,
 A voice that says, I’ll be here,
 And you’ll be alright…”
–  City of stars (Pasek & Paul).

La preferida de los globos de oro, La ciudad de estrellas, sale a escena hoy en la alfombra roja de los premios más prestigiosos de Hollywood: Los Oscar. Aparte de llegar como favorita para la gran mayoría del público, es el primer musical en llegar a tantas nominaciones, empatando a Titanic con catorce nominaciones, incluyendo mejor director, mejor actriz y actor de reparto. Ha sido una grata sorpresa encontrarse con una película como ésta en estos tiempos, donde el mundo se empeña en hacer las cosas mal, basándose en el odio o la intolerancia, a continuación, un trabajo dedicado al magnifico arte contenido en este esfuerzo de Damien Chazelle y su reparto por mostrarnos una parte bella de la vida.

La La Land es una película como ninguna desde cualquier punto de vista, es un film tan trascendental como excéntrico viniendo de un mundo como Hollywood. Esta obra combina el amor y los sueños como un éxtasis de sensaciones, va y viene entre la música y la fotografía haciendo que algunas de sus escenas parezcan a la vez un cuadro impresionista y un álbum de jazz. Sin embargo, aún con los innumerables detalles que resguarda la película, su gran proeza reside en lo que expresa… Pasión, creer que tenemos la posibilidad cada uno de hacer historia con nuestros sueños, que la realidad es un cuento que día a día se escribe con la vehemencia de nuestros actos, que el amor siendo tan infravalorado como es ahora puede ser para siempre porque depende de nosotros.

Sin saberlo, Emma Stone refleja sus mejores talentos en la interpretación de Mia. Distraída, tierna, espontánea y sutil, su actuación es natural, clara al punto que sus gestos riman con la misma melodía de su voz, con su mirada perdida en los estudios de Hollywood, soñando a diario llegar a ser algún día actriz. Mia sensibiliza la vista de cualquier espectador, una perfecta rebelde sin causa mostrando su mejor sonrisa al mundo, en su fuga de lo inaceptablemente real. Sebastian, (the soulmate) es equivalentemente apasionado y soñador, con una picardía de terco, frío e indiferente; un pianista de jazz que al mismo tiempo que Mia encienden la película en su mejor espectáculo, pintan la vida como un carrusel de cuatro estaciones que te sube y baja de un cielo estrellado, un amor lunático o un frívolo fracaso.

Ambos papeles en la película son fascinantes; profesional y artísticamente, sumergen a las personas en su propia fantasía, su auténtica pasión se desenvuelve al mismo tiempo que los grandes caos en sus vidas, de esa manera el director logra crear un mundo tan magnífico como cruelmente real, justo como lo vivimos, justo como lo sentimos… Además, hay que ser un cínico insensible, escéptico de cualquier esperanza para no tener una remota ilusión de amor en la vida, y es irónico como incluso dichas personas también llegan a su punto de quiebre respecto al romance. En suma, la historia de La La Land conduce a un reflejo inductivo de la naturaleza de muchas personas, convierte las pasiones en música, los sueños en este arte de semblantes, al punto de conectar casi con cualquier observador.

Damien Chazelle logra una obra que trasciende de sí misma y se convierte en un propio mundo una vez que empieza a entrar a la memoria de quienes la hemos visto. I’m always gonna love you (too)” es una de las consignas más importantes del film, se convierte en una línea a partir de la cual la verdad se une con la ficción y la película se convierte en un trago agridulce para cualquier enamorado, o cualquiera con ganas de serlo. Persiguiendo sueños, siguiendo un camino de estrellas, puede darse que muchas veces el sacrificio sea mayor que la victoria.

Una vez se ve lo que el tiempo y la distancia hacen con el amor, incluso siendo consciente de que es una película, la congoja invade, empieza de nuevo el invierno y algo dentro con el pulso de un segundero empieza a decirte que te estas rompiendo: nostalgia. Los últimos cuarenta minutos de la película son eso, una nostalgia que roza la tristeza, contante y sonante. Supongo… Todos tenemos que pagar un precio, un esfuerzo por ver realizados nuestros deseos. De pronto, empieza a invadir un pasado que tiembla con cada memoria devuelta al presente en los acordes suaves de un piano cuidadosamente calibrado, mientras recuerdas los besos y las noches con una mirada, entonces ya nada puede estar tan perfecto como lo soñaste.

Al final queda un adiós impronunciable con un minúsculo vació en el roce de sus miradas, un cuento de hadas más, expuesto junto al gran cuadro de la vida real, efímero y disonante para el carmín de sus pasiones, pero mucho más realista que cualquier final de romance. Despiertas una mañana escogiendo entre soñar o amar, pero amas tus sueños, y sueñas cada noche con tu amor, la vida no puede ser tan radical.

THE END

PD : Gracias a todas las personas que colaboraron con su opinión para la creación de este texto.

Por: Iván García

Imagen tomada de: https://goo.gl/TlK1tQ

Desenterrar y hablar: de cara a los rastros de la vida

“La guerra no le es ajena a nadie, por el contrario, ésta es capaz de llegar hasta los límites de la humanidad, hasta la alienación […] Y puede que el arte sea un medio capaz de sufragar un pequeño foco del dolor, si acaso éste se pudiese medir.”

Desenterrar y hablar una etnografía estética de la guerra en Colombia

“Para la mayoría de los hombres la guerra es el fin de la soledad. Para mi es la soledad infinita”. Albert Camus

Un sentimiento confuso y expectante me invade cuando me cruzo con el mural que está en la sala principal de la Biblioteca Central de la Universidad Nacional, sede Bogotá. Un blanco que resalta sobre las baldosas oscuras y los recuadros colgados que parecen moverse conmigo, como un espejismo, como abogando por la fascinación de Borges. Cuando me detengo, las imágenes me devuelven un “escojido… gracias por los favores recibidos”. Pareciera ser que la ortografía se conserva a propósito, pero me intriga conocer el porqué. Al observar detenidamente los hologramas puedo observar imágenes de tumbas, algunas vacías, otras con flores, pero el agradecimiento se repite en casi todas. A un costado del mural se lee “Réquiem NN”, ésta palabra evoca en mí el sonido del órgano en las iglesias católicas a la hora de velar a los difuntos, lo extraño es que algunas tumbas tienen un nombre escrito, entonces, ¿por qué NN? Al salir, la noche advierte su llegada con el fuerte soplido del viento. Faltan tres días para su inauguración. Tres días para descrifrar a la muerte. Tres días…

Ése mismo viento transgresor de cuerpos es el que me recuerda que finalmente ha llegado el día, entonces me encamino hacia la Hemeroteca Nacional Universitaria Carlos Lleras Restrepo, donde comienzan a llegar carros de todos los modelos, principalmente camionetas negras o grises con vidrios blindados y algunas motos oscuras. El busto del expresidente saluda a los visitantes desde las escaleras que dan a la entrada. Eso sí, casi todos los presentes portan una elegancia característica de las inauguraciones: los hombres en traje y las mujeres, en su mayoría, en vestido. Yo me inclino a mirar los agujereados jeans por donde sobresalen mis rodillas y comienzo a pensar que no fue el mejor día para usarlos.

Desde la entrada se observan más murales blancos en los que reposan letras y recuadros de pinturas. En uno de estos muros se lee: La guerra que no hemos visto. En su descripción explica que los cuadros son la recopilación de algunos de los trabajos realizados en un taller con excombatientes en su proceso de reinserción social, razón por la cual los dibujos, desde una perspectiva estética, se componen de trazos sencillos. Lo que trasciende de éstas imágenes es su capacidad de comunicar algo que se lleva en el dolor de la memoria.

Cada una de las pinturas está acompañada por una corta descripción de lo retratado en el lienzo. Una de las más impactantes dice así: “Los cuatro muchachos no habían pedido permiso, ni nada, para poder entrar, pues allá tocaba era pedir permiso. Los cogieron y los tuvieron tres días amarrados. El deseo de ellos era graduarse, seguir adelante, acabar los estudios pa’ ayudarle a la familia. La guerrilla se enojó y de una vez los iban matando, y los mataron a todos cuatro. Yo, como soy tan de blandito corazón, yo lloré, pero como allá no puede dejar que miren que uno está llorando, que es una sanción durísima…”. Hacen un llamado general. La inauguración está a punto de comenzar.

          ─ “Buenas noches a todos. Mi nombre es Ingrid Liliana Torres, curadora de la presente exposición “Desenterrar y hablar: una etnografía estética de la guerra en Colombia”. Ésta surge de la iniciativa de Yolanda Sierra, docente del grupo de Arte y Cultura de la Universidad Externado, y gira en torno a la temática de la reparación simbólica y el papel del arte en el posconflicto; para ello toma tres proyectos de Juan Manuel Echavarría y Fernando Grisález: La guerra que no hemos visto, Réquiem NN y Silencios. Le concedo la palabra a Yolanda.

          ─ La guerra causa daños colosales en la sociedad y éste proyecto nos recuerda quiénes son los verdaderamente afectados. Gracias al arte, como mecanismo estético capaz de transformar la realidad, podemos trabajar por la superación de los arquetipos latentes que se intensifican en el conflicto armado. Juan Carlos Henao, rector del Externado, no pudo venir el día de hoy pero escribió una carta para éste evento, en la cual resalta los problemas actuales de la erradicación de las artes bajo la excusa de su inutilidad frente al mercado, ignorando que el vigor y el fin de la guerra precisan de los sentidos, a partir de la estética, para superar un conflicto. Recalca que en éste proyecto se evidencia la solidaridad con las víctimas, siendo también un llamado de auxilio a las escuelas rurales. Pero, ahora que hablen los personajes principales, ¿Fernando?

          ─ Gracias Yolanda. Creo que “Desenterrar y hablar” es una experiencia que nos permite enfrentarnos con nosotros mismos, es una vivencia conmovedora y es lo que me ha impulsado a llevarle el ritmo a Juan Manuel, porque en realidad ha sido una labor extenuante y de bastante dedicación, ¿cierto?

          ─ Verdaderamente. Por ejemplo, el proyecto que ven a mis espaldas se llama “Silencios”. Comenzó cuando el 11 de marzo de 2010 fuimos invitados al viejo Mampuján –en los Montes de María–, la comunidad rememoraba los 10 años de su destierro por el grupo paramilitar Héroes de los Montes de María. En el recorrido observé una escuela abandonada, entramos y en éste tablero estaban escritas las vocales, excepto la “o”, desde ahí nos decidimos a buscar los vestigios de la vida, porque entre las víctimas de la guerra, la educación continúa siendo una de las principales afectadas. Por esta razón también es que en 2007 iniciamos talleres con los excombatientes, les permitíamos pintar lo que quisieran y, cuando merecimos su confianza, les dije: “enséñenos qué es la guerra. Yo vivo en Bogotá, en una burbuja. Pinten lo que deseen”. Y así fue, nos hablaron con pinceladas.

La sala se sumerge entre aplausos y los asistentes comienzan a disgregarse. Yo me atrevo a hablarle a Fernando, quien me comenta acerca de lo que fue encaminarse a perseguir los rastros de la vida: “cuando viajamos a Montes de María había terrenos a los que no se podía llegar en carro, por lo que había que caminar largas horas guiados por uno que otro campesino. Una vez me sorprendió cuando uno de ellos señaló unos escombros y dijo: ‘allá nací yo, y ésa era la escuela del pueblo’”.

Levanto la mirada y me impacta la imagen de un hombre solitario con carteles eróticos de mujeres que cubren el tablero, le comento a Fernando y me dice: “sí, estos salones se convirtieron en hogares, o más bien en refugios con cortinas y hamacas, otros en potreros, incluso hay algunos en los que no reina más que el mutismo en el que se sumieron tras la guerra. Mejor dicho, su destino fue el olvido de la educación”. Entonces pienso que quizá la guerra ha triunfado en muchos territorios porque donde debería estar fundándose el futuro, no queda más que el miedo y las ruinas. “Sólo una sigue funcionando en Palo Alto, Sucre, esto delata el descenso poblacional que trajo la guerra al campo”, finaliza Fernando. Me despido de él recordándole nuestra cita para dentro de unas semanas.

Me acerco a un televisor en el que se observa a un burro dando vueltas por un corral (antigua escuela), se mueve impacientemente de un lado a otro, como aguardando un milagro, y sin saber qué hacer consigo mismo. Está allí, de pie, simplemente mirando una pared. Después pareciera advertir mí presencia al mirar a la cámara, es como si me preguntara qué ha pasado allí. De repente la pantalla se oscurece, una frase me saluda y siento escuchar la voz de un campesino: “parece que el burro traía a un niño a la escuela, y ahora el burro vuelve por ese niño que ya no está”. El vacío es inmediato. Me doy la vuelta y siento en mis ojos el dolor que se derrite.

Ya han pasado los días y el calendario me recuerda que al mediodía es la cita. En medio del bullicio citadino vienen a mí los versos del poeta cuando suplicaba, “[…] Llevadme, por piedad, a donde el vértigo con la razón me arranque la memoria. ¡Por piedad! ¡Tengo miedo de quedarme con mi dolor a solas!” Pienso que tal vez éste sea el temor de las víctimas: el miedo al vacío, a la soledad de la memoria. Y puede que el arte sea un medio capaz de sufragar un pequeño foco del dolor, si acaso éste se pudiese medir.

Al llegar, hablamos acerca de “Réquiem NN”, proyecto que nace en 2006 y termina en 2010. Acerca de éste me comenta que las personas que viven en Puerto Berrio, Antioquia, fundaron una tradición peculiar: acoger los cadáveres que el río Magdalena trae. Estos cuerpos, o restos de ellos, son recogidos por los habitantes que les conceden un lugar en la cripta, rezan por ellos, les llevan flores, los bautizan e, incluso, hay quienes les conceden su apellido, a pesar de nunca haberlos conocido. “Aquí nosotros rescatamos a los NN, creemos en sus almas, y nos hacen milagros; además, los adoptamos como si fueran nuestros”, me cuenta Fernando lo que le decía la comunidad. Esto representa una verdadera resistencia contra la guerra, no permiten que estos cuerpos se pierdan en la mar, no les niegan un más allá, desde su concepción religiosa, y cuando menos dignifican a los muertos en una ceremonia de duelo. Les dan una historia, un pasado. Este acto de valentía busca hacerle justicia a los muertos, esgrimiendo que cualquiera de ellos podría ser uno de sus desaparecidos. Los hologramas representan un contraste entre el antes y el después de las tumbas.

“Cuando expusimos el proyecto allá, todo el pueblo se reunió en la plaza principal, exceptuando al cura y al alcalde”, recuerda Fernando. También se lamenta por no haber vuelto al pueblo y teme que ésta tradición la hayan acabado los problemas eclesiásticos y políticos, pero sentencia diciendo que “eventualmente tendrá que acabarse porque esperamos que en ésta época que se prepara para el posconflicto, el río ya no sea un lugar para los muertos”.

Entonces nos sentamos con Ingrid y Fernando para seguir hablando acerca de los proyectos. Les comento que me causa curiosidad cómo un excombatiente es capaz de retratar ese pasado tan doloroso. “Todo es un proceso –contesta Ingrid–. Cuando comenzó en 2007, bajo el Programa de Reintegración, se dictaron cuatro talleres de pintura en dos años, en cada uno recibíamos diferentes desmovilizados: exmilitantes de las FARC, exparamilitares bajo la ley de Justicia y Paz, como también miembros del ejército heridos en combate. Enfrentarse a ésta mezcla de experiencias es impactante, era necesario que primero construyéramos confianza”.

La guerra no le es ajena a nadie, por el contrario, ésta es capaz de llegar hasta los límites de la humanidad, hasta la alienación. Una de las experiencias que recuerdan es que, al principio, ninguno de los excombatientes se sentaba de espaldas a la ventana, porque en la guerra esto era ser un blanco fácil. “Pero fue bello presenciar que, a medida que pasaban las sesiones, ellos eran capaces de transgredir esta barrera y sentarse contra la ventana. Esto me conmovió porque precisamente representa una verdadera reparación en su vida”, dice Fernando.

Ingrid y Fernando son egresados de pregrado y maestría en Artes plásticas de la U. Nacional, ellos me comentaron su opinión con respecto a la actual problemática de la infraestructura y el cierre de admisiones a la carrera de Artes plásticas. “Antes, la universidad era el espacio donde la indiferencia del país no conseguía permear, pero ahora pareciera ser que por fin lo logró y eso, eso es lo verdaderamente preocupante”, afirma Ingrid.

En el campo es necesario hacerse una pregunta, sin ánimos de justificar ningún acto, ¿qué otra oportunidad hay donde la educación ha sido erradicada? Juan Manuel Echevarría, aunque no estaba presente, respondería diciendo que el problema es que los excombatientes “primero tuvieron en la mano un arma, antes que una crayola”. Pero en la ciudad no hay excusa. No estamos lejos de entrar en contacto con esos silencios educativos.

Al despedirme de ellos, pienso en las víctimas que, como el Quijote, se enfrentan a una locura en medio de la soledad más desgarradora. Luego de observar todas éstas exposiciones me detengo ante la entrada de la calle 26, donde alguna vez estuvo escrita una frase: “podrán cortar las flores pero nunca detendrán la primavera”. Entonces, ante esta experiencia, resulta necesario ser el cuervo incisivo y decir: nunca más. Nunca más a algo como la guerra (aunque, tristemente, la vida nos demuestre que la necesita).

Me siento a esperar el bus, el ruido de los carros interrumpe mis pensamientos, pero ni el rugir citadino es capaz de hacerme vacilar al pensar que, en realidad, “lo bonito es estar vivo”, como estaba escrito borrosamente en uno de los tableros. Vivir, no existir, es el acto más revolucionario en nuestra sociedad, pero pareciera que la memoria es tan sólo otro eufemismo en lo tocante a la guerra. La gran apuesta de ésta exposición es sentir a la par de la reflexión, es desenterrar el monumento a la amnesia que se ha erigido con respecto al conflicto vivido por tantas décadas, es exponer la realidad a quienes vivimos en una Bogotá que, en varias ocasiones, no pareciera estar en Colombia.

Las ruedas del tiempo siguen girando, el otoño casi eterno continúa consumiendo las paredes de las escuelas y, pese a todo, las tizas, los lápices, las letras borrosas, y los tableros desgastados, no ceden a la muerte, siguen ahí, en pie… esperándonos.

Por: @migueltavera

CINE FORO: La pianista ¿Un caso de perversión femenina?

“La pianista”,dirigida por Michael Haneke, se presentará el próximo Viernes 31 de marzo a la 1:30 p.m. en el auditorio Virginia Gutiérrez del edificio de Posgrados de Ciencias Humanas de la Universidad Nacional.

“La pianista”,dirigida por Michael Haneke, se presentará el próximo Viernes 31 de marzo a la 1:30 p.m. en el auditorio Virginia Gutiérrez del edificio de Posgrados de Ciencias Humanas de la Universidad Nacional.

La pianista’ —dirigida por Michael Haneke, quien también dirigió ‘Amour’ (2012)—, y protagonizada por Isabelle Huppert, recientemente nominada al Oscar a Mejor Actriz por su papel en la película ‘Elle’ (2016), se presentará el próximo Viernes 31 de marzo a la 1:30 p.m. en el auditorio Virginia Gutiérrez del edificio de Posgrados de Ciencias Humanas de la Universidad Nacional.

El cine foro, organizado por el Grupo de Estudios en Psicoanálisis, tendrá como invitado a Álvaro Reyes Gómez, profesor de la Escuela de Estudios en Psicoanálisis y Cultura de la Universidad Nacional, quien ha trabajado el tema de la perversión. El foro espera que la discusión se centre sobre la Perversión como estructura clínica.

El objetivo del cine foro, según sus integrantes es ‘aterrizar la teoría’ y ‘discutir sobre la perversión en torno al caso que se presenta a través de la película’. Además, se busca acercar el estudio del psicoanálisis a la comunidad en general.

El Grupo de Estudios en Psicoanálisis nació en el 2013, con el apoyo de la Escuela de Estudios en Psicoanálisis y Cultura de la Universidad Nacional, como una iniciativa estudiantil que busca consolidar el estudio teórico del psicoanálisis entre los estudiantes de la Universidad Nacional. Mónica Cañón, coordinadora del grupo, afirma que «el espacio del grupo no es solamente para estudiantes de psicología –por el contrario- está abierto a estudiantes de otras disciplinas y universidades interesados en el psicoanálisis».

Sobre la película:

La pianista se centra en Erika Kohut, profesora de piano del Conservatorio Estatal de Viena, quien vive con su madre, una mujer controladora con problemas de alcohol y que demuestra su soledad a través de su relación con la televisión. La relación entre Erika y su madre está dictada por el amor-odio. El vínculo entre las dos mujeres, quienes duermen juntas, es perturbador.

La frágil calma entre la protagonista y su madre se ve interrumpida por uno de los estudiantes de Erika, Walter. La aparición del joven marca el ritmo de la película y devela el carácter de la profesora de piano. Sus constantes visitas a teatros pornográficos y sex-shop y su fetiche voyerista son solo parte de su vida detrás del intachable conservadurismo que Erika muestra en público.

Esta película fue aclamada por la crítica, descrita como violenta y punzante, retrata los deseos ocultos de los individuos que, en apariencia, llevan una vida completamente normal.

Por: @leomunnoz