Coriolano Leudo, una vida dedicada al arte.

La prosperidad y el éxito pueden estar llenos de amargura, mientras que el dolor y la tristeza están llenos de sensibilidad, de vida, eso es un poco de lo que fue Coriolano.

Pensando en la desgracia y el olvido, recordé a un artista de principios del siglo XX el cual había muerto en el olvido a pesar de haber sido uno de los principales artistas nacionales en el siglo pasado, Coriolano Leudo. Si bien pienso que más tarde que temprano nuestra vida no será importante para nadie, considero importante rescatar algo de aquel artista. La prosperidad y el éxito pueden estar llenos de amargura, mientras que el dolor y la tristeza están llenos de sensibilidad, de vida, eso es un poco de lo que fue Coriolano.

Su hijo, un militar, se marchó para Corea. Me asombró, que el hijo de un artista terminara echando bala. ¿Qué podían tener en común un miembro del batallón Colombia y un artista-caricaturista? Creo que tuvieron algo que los relaciona directamente, ambos murieron en el olvido. Por su parte Coriolano murió en mayo de mil novecientos cincuenta y siete. Esa semana el país vivió una de sus semanas más agitadas políticamente, era el final de un capítulo y el comienzo de otro, Rojas Pinilla había salido del poder, una junta militar tomó las riendas del país mientras en España se reunían Alberto Lleras Camargo y Laureano Gómez para establecer una forma de repartirse el poder, un acuerdo de élites. Coriolano murió en Villeta, y como suele ocurrir, Colombia estaba muy ocupada en política, como para ponerse a llorar sus muertos.

Con Manuel Leudo pasó lo mismo, cuando llegaron de la guerra, jóvenes aún, los recibieron como héroes, con los máximos honores. Sin embargo con el correr del tiempo, fueron siendo olvidados, nadie les escribía o les recordaba, no los nombraban ni el renglón de pasquín después de haber estado en la portada de todos los periódicos y revistas del país. Manuel murió acompañado de algunos de sus familiares, esto ocurrió en alguna ciudad de los Estados Unidos en el año dos mil dos (2002), aunque en la memoria de Colombia, había desaparecido, solo unas semanas después de desembarcar de Corea.

La vida de Coriolano fue intensa, por su belleza impresiona la primera portada de la naciente revista Cromos en el año 1916. Se distanciaba de la estética presente en diarios y revistas hasta ese momento. Muy joven, a los once años ingresó a la Escuela de Bellas Artes, hoy adscrita a la Facultad de artes de la Universidad Nacional. Leudo se concentró en el dibujo, y en especial por el paisajismo que le inculcaron Enrique Recio y Gil, Roberto Páramo y Acevedo Bernal. Esto le hizo valer en el año de 1903, a sus treinta y siete años el primer premio de dibujo en “paisaje a lápiz”.

Coriolano, Rabinet y Moncrayon se dedicaron a realizar caricatura política en aquel momento. Los tres eran el mismo personaje, los tres dibujados por la misma mano de Coriolano se enriquecen el uno del otro. El clima ideológico impuesto por los conservadores predominaba después de la guerra de los Mil Días y la pérdida de Panamá, hechos que no no estimulaban la participación política. Sin embargo Leudo, Rabinet y Moncrayon se las ingeniaban para darle un tinte político más ameno a la sociedad colombiana.

Coriolano tuvo una vida entregada al arte y en especial al desarrollo de este en el país. Principalmente desde la Escuela de Bellas Artes, aunque esta no tenga mayor gratitud con él, e incluso algunos de sus estudiantes ni siquiera sepan de su existencia. Pero Coriolano también tiene una huella marcada en la formación y creación del Museo Nacional; en la creación del primer salón nacional de artistas y por supuesto en el impulso a Cromos y El Gráfico, dos revistas ilustradas de la época.

Hoy 60 años después de su muerte podemos deleitarnos de su obra, a pesar de que este artista parece condenado al olvido, su obra estará presente en la historia del arte colombiano.

Por: Fabián Guzmán Pardo @feguzmanp

Imagen tomada de: goo.gl/cr0az7

El artista al desnudo: los ropajes del emperador

El arte donde algo se reconoce como tal por el acuerdo de galeristas, artistas y compradores, ha generado una burbuja caracterizada por la endofagia, un círculo cerrado de personas que se auto gratifican, el ejercicio se transforma en una serpiente que se muerde la cola.

Adiós idealismo, hoy todo es un ersatz.

Todos hemos estado en esa posición. Nos encontramos frente a una obra, que es para nosotros como un regalo codiciado, buscamos abrir la envoltura y encontrar aquel contenido que satisface nuestra necesidad primitiva y natural, que aduce a nuestra sensibilidad, luego de un tiempo de reflexión logramos romper la envoltura y súbitamente nos damos cuenta con desencanto que nos han dado una chuchería, nos han dado algo cuyo valor innato no apreciamos.

Este es el mal sabor en la boca que a muchos nos ha dejado alguna vez el movimiento del arte contemporáneo (vamos, aceptémoslo), y en parte es el hecho de que es un movimiento que promulga que su lenguaje es el del pueblo (objetos de uso cotidiano, personajes de comic, etc.) , al tiempo que ostracisa al hombre común. Es tal el descontento que hasta los críticos (entiéndase como los expertos en arte, quienes eran responsables de movilizar el arte hacia adelante) están hartos de la pretensión, y la aparente estafa en la que permanece el arte contemporáneo.

Por eso no es de sorprenderse cuando hasta la DIAN ridiculiza la imagen del artista plástico, es paradójico que una agencia creativa, compuesta por profesiones tangenciales a las artes plásticas (como lo son la actuación, la escritura, el cine, el diseño) y otras más alejadas (la fotografía, la dirección de arte, la ilustración, entre otros), representen al artista plástico como un ser ridículo, vano, embustero e ignorante. Es gracioso ver como un movimiento, cuyo lenguaje actualmente se dedica a la parodia, se siente amenazado cuando agentes externos le obligan a participar en la misma ficción humorística que con tanto empeño ha construido.

La razón por la que las profesiones tangenciales al arte tienen tantos problemas en entender al artista “de verdad”, es que cada una de las profesiones anteriormente mencionadas han generado una tradición y unas reglas claras, sobre las cuales se aprende y se crece, lo que parece a veces que no existe en el mundo del arte contemporáneo.  Las mismas personas vestidas de negro que se reúnen para velar la obra de Ana Mendieta, unen las manos alrededor del edificio de Artes de la Universidad Nacional de Colombia. (Porque el negro implica luto, y entonces si nos reunimos vestidos de negro y unimos las manos alrededor del objeto decimos que estamos de luto), entonces yo me pregunto:¿dónde está la evolución en el lenguaje? ¿Dónde está la perspectiva única y diferenciadora?

El arte donde algo se reconoce como tal por el acuerdo de galeristas, artistas y compradores, ha generado una burbuja caracterizada por la endofagia, un círculo cerrado de personas que se auto gratifican, el ejercicio se transforma en una serpiente que se muerde la cola, una estructura sin cimientos a punto de colapsar donde el valor de la pieza está dado por su valor especulativo en el mercado y cómo es que yo argumento un fenómeno (de una forma pseudo-intelectual y desconectada de la materialidad). Esto sucede porque se le da una importancia desmesurada al dinero y al lenguaje.

Para la muestra está que se pueden generar argumentaciones de manera mecánica, que suenan completamente interesantes, con todas las florituras del caso, pero que pueden no tener lógica ni profundidad, a continuación, una que yo saqué de un “sitio de verdad”:

“mi trabajo se centra en la universalidad de nuestro maquillaje biológico, combinado con el sentido colectivo de lo sublime

Para concluir, me gustaría decir que quizás no es un problema del arte como tal, quizás sea un problema de la vida contemporánea, en un mundo donde se forjan narrativas de vida en televisión, se simulan noticias, se falsean alimentos, y hay simulacros de investigaciones, transacciones, carreras, embarazos, divorcios, accidentes e incluso economías enteras. No se puede esperar más que representaciones virtuales, imitaciones y huellas de aquello que debería ser y no es.

Adiós idealismo, hoy todo es un ersatz.

(Pero en especial en el arte.)

Por: Camilo García

Imagen tomada de: goo.gl/ZbTsyQ

35 años sin Feliza Bursztyn, la “terrorista” que transformó el arte.

Disfrutó al subvertir lo establecido, al desconfiar de la belleza convencional, al convertir lo desordenado, lo feo y lo desechable en el más hermoso reflejo de nosotros mismos y de nuestra sociedad.

Entre cientos de trozos de metal, motores, cucharas oxidadas, envases y residuos de soldadura vivió Feliza en el barrio El Recuerdo, en la ciudad de Bogotá. Una mujer que con su detonante risa, su encanto, pero sobre todo con su genialidad irrumpía en el mundo del arte; su escultura no era estática, ella  tenía la capacidad de darle vida propia y así como la vida misma, en apariencia no tenía un orden, estaba hecha de retazos y  desperdicios de cobre y de chatarra, pero que como un todo rendían un homenaje a la mujer, a la libertad, a la capacidad de creer en la vida en donde las sombras de la muerte más profundas se hacen.

Cada escultura de Feliza tiene un código, un mensaje por descifrar, tan reales fueron estas, que muchos en su época criticaron y rechazaron su obra, la sociedad con un rostro muy al estilo de Frankestein se asustó al ver su reflejo en las esculturas de aquella irreverente artista quien no conocía el límite; la imaginación fue la única frontera que creó entre el espectador y la escultura. Disfrutó al subvertir lo establecido, al desconfiar de la belleza convencional, al convertir lo desordenado, lo feo y lo desechable en el más hermoso reflejo de nosotros mismos y de nuestra sociedad.

El mundo lo cambian quienes tienen la locura como ámbito de vida. Sin embargo no fue fácil ser mujer y ser artista en la época de Feliza, su personalidad y su actitud fueron incómodas para una sociedad acostumbrada a normas fijas e incuestionables en los roles sociales establecidos mentalmente. Era una defensora clarísima del papel de la mujer en la sociedad.

En la Ciudad Universitaria de Bogotá encontramos una de sus más imponentes obras: La escultura en homenaje a Alfonso López Pumarejo, maqueta que por muchos años estuvo guardada en la casa Pablo Leyva, pues en los 60s la escultura generó una polarización, un escándalo que hizo “exiliar” esta obra por varias décadas. La escultura que realizó Feliza Bursztyn en los años sesenta del siglo pasado y que vio la luz solo hasta finales de la primera década del siglo XXI, es un gran monumento de acero, tubos de diferentes alturas y diámetros, que como un árbol emerge de la tierra, dejando así entrever su color oxidado, en donde el viento y el sol le han hecho la pintura y que de la misma manera como nace de la tierra parece apuntar hacia el cielo, en un bella simetría formada por la armonía de la diferencia de los tubos.

Por culpa de la soldadura de sus esculturas Feliza empezó a sufrir de los pulmones, por lo cual a veces le costaba respirar. Esa mujer anarquista del arte y de la cultura, amante confesa de su vida en Bogotá y en Colombia, que empezaba a padecer de esa enfermedad, terminaría en el exilio. Antanas Mockus dijo hace un tiempo, que un artista es un terrorista que respeta la vida, en el caso de Feliza no solamente respetaba la vida, sino que amaba la vida, una vida llena de risas, pues para ella, aunque las cosas eran serias, había que reírse de ellas, ser un poco loco. Por esto en el gobierno de Turbay Ayala con su estatuto de seguridad, empezó una persecución a intelectuales, artistas y cualquier voz crítica que tuviera el país.

De repente un día a las cinco de la mañana, ingresan diez y ocho militares vestidos de civil a registrar su casa, pues era acusada de que en su taller de chatarra fabricaba armamentos bélicos, fue amordazada, e interrogada. Feliza, se exilia en México en donde vive por algunos meses con Gabriel García Márquez y su esposa, después viaja a París en donde estará hasta el día de su muerte. Cuentan Pablo Leyva y García Márquez, que Feliza no era la misma, su grata sonrisa y su alegría de la vida se habían esfumado al partir de Colombia. Feliza no murió de pulmonía o de cáncer, murió de tristeza afirmó contundente García Márquez. Y lo único que encontraron en su casa los militares fue un montón de chatarra con el que Feliza aspiraba a cambiar el mundo. Sin duda un acto de terrorismo para la época.

Por: Fabián Guzmán Pardo. Twitter: @feguzmanp

Imagen tomada de: goo.gl/UjVg5j

Westworld: clímax del poder tecnológico

(…) Cuanta mayor velocidad tecnológica logremos, mayor será la necesidad e intensificación de nuestros placeres.

Luego de varios retrasos, el domingo pasado la cadena televisiva HBO estrenó su nueva serie, anticipada con bombos y platillos: Westworld. Como muchos fanáticos de la ciencia ficción sabrán, el programa es una adaptación inquietante de la película homónima de 1973, escrita y dirigida por Michael Crichton. La premisa es básicamente la misma: en un futuro donde las posibilidades tecnológicas son en apariencia ilimitadas, un parque temático sumamente sofisticado y exclusivo ofrece a clientes adinerados la oportunidad de vivir en carne propia la época del Viejo Oeste. Experiencia en “carne propia” que no es un mero copy publicitario sino un epíteto anticipativo de la vivencia real de la ficción.

Si el argumento le suena, de seguro es porque Crichton más tarde exploró una variación del mismo tema en la novela Jurassic Park, adaptada por Steven Spielberg en 1993, sin tanto vaquero y más bien protagonizada por criaturas exóticas.

Westworld hace un estupendo trabajo sumergiendo de inmediato a la audiencia en su modelo ficticio. No pasan más de 10 minutos del primer episodio cuando las reglas generales del parque son establecidas: los clientes, llamados “newcomers”, llegan vía tren a un supuesto pueblo árido del Oeste para interactuar con androides, “hosts”, que a simple vista son indistinguibles de ellos mismos. En este mundo el adagio popular “el cliente siempre tiene la razón” es ley, pues lo que manden o soliciten se debe cumplir a cabalidad, sin reparos, sin escrúpulos. Los Newcomers cargan sobre sí todo el derecho de hacer lo que les plazca con los androides. Desde tener una amistosa charla con ellos, coquetearles o embarcarse en espontaneas aventuras (previamente preparadas por el equipo narrativo del parque), hasta lastimarlos, dispararles a quemarropa, violarlos, torturarlos y matarlos a voluntad. Todo lo que se considere necesario para satisfacer sus placeres más íntimos y abyectos.

Por otro lado, los androides son diseñados y programados de manera que inhiban lastimar físicamente cualquier criatura viva. Impidiendo toda suerte de retaliación al borrar su “memoria” al final de cada jornada.

Al inicio del programa, gracias a una decisión astuta de storytelling (Los creadores son Jonathan y Lisa Joy Nolan), conocemos Westworld desde el papel de los androides, sus roles en la escenografía del Lejano Oeste y su función de peones a la hora de cumplir los caprichos. Lo cual revela un curioso y cruel detalle: aparentemente experimentan emociones. Ya sean artificiales o no, perciben dolor y miedo como también sienten afecto y rabia, sin tener la menor idea de que no cuentan como gente “real”, al menos no para aquellos que se consideran reales.

Este detalle paradójico con certeza hace a la “atracción” mucho más emocionante y más realista para los visitantes y su desfogue. También significa que el abuso excesivo que algunos androides tienen que sufrir es un trauma real para ellos.

El punto de vista objetivo que maneja la serie confronta al espectador con cuestionamientos incómodos, alarmantes, que tras el paso de cada minuto se van agolpando en la cabeza exigiendo esclarecerse y conjeturando respuestas. Por consiguiente, la reflexión filosófica no está de más y es todo un desafío para la audiencia enfrentarse ante los conceptos científicos que no distan demasiado de alterar nuestras vidas, como lo es la inteligencia artificial.

Westworld intriga a primera vista, obsesiona. Su trama experimenta con un increíble y vasto cóctel de géneros como: sci-fi, western, drama, horror, suspenso que enajenan y fustigan la curiosidad durante los 60 minutos de duración del capítulo, y lo mejor, uno quiere ver más.

Solo en el primer episodio hay escenas reminiscentes de grandes historias como Frankenstein, Blade Runner, Black Mirror, A.I, Ex Machina, The Truman Show y Rise of the planet of the apes; un agasajo completo a la ciencia ficción que apuesta ser el remplazo para la audiencia masiva de Game of Thrones. En cuanto a los elementos no relacionados con el argumento: diseño de producción, música, actuación (un elenco envidiable liderado por Anthony Hopkins) y efectos visuales, el resultado es formidable, como cabe esperar de los grandes presupuestos de producción de HBO.

Las indagaciones y discernimientos del alcance de la tecnología en nuestros días los saca usted, porque si se puede tener bien en claro una intención de la serie es la de ponernos cara a cara con el deseo desafiante y tentador de nuestras fantasías más hondas, para decidir si accedemos a dar el paso hacia adelante o, si por el contrario, retrocedemos.

No cabe más que recordar el reconocimiento del teórico Paul Virilio sobre el paso del ser humano de fuerza laboral activa al ser humano sobreexcitado de fuerza laboral pasiva: cuanta mayor velocidad tecnológica logremos, mayor será la necesidad e intensificación de nuestros placeres.

Por: Camilo González

Imagen tomada de: goo.gl/hi4986

La Gioconda del cine

Observe la película, mídala a su vida, estírela y acóplela como se hace con lo que es únicamente suyo, porque así son los clásicos del arte.

“…And when two lovers woo
They still say, I love you
On that you can rely
No matter what the future brings
As time goes by…” Frank Sinatra

 

En 1942, cuando el mundo entero giraba alrededor de la que se puede considerar la guerra más polémica en la historia reciente de la humanidad, un par de genios tuvieron la idea de  hacer una película romántica. Michael Curtiz y William Wyler hicieron lo suyo en esos años, exponiendo Casablanca y Mrs. Miniver como la dupla más taquillera del año en Norteamérica. Sin embargo, al César lo que es del César… El tiempo se ha encargado de darle su lugar como la mejor a Casablanca, no sólo entre la acomplejada opinión colectiva, pues el romance melancólico que resguarda ese vibrante café desértico también le ha dado un puesto en The National Film Registry, de los Estados Unidos como la segunda mejor película de todos los tiempos (sólo detrás de Citizen Kane), un pequeño reconocimiento en una larga lista que hace eco de su proeza en la memoria de cualquier cinéfilo.

El título Casablanca hace alusión al escenario de todo el filme, la arena donde el vaivén de la guerra trae un romance cargado de nacionalismo revolucionario aprovechando los tiempos. Además de ser un mercado negro en el desierto, Esta ciudad constituía en su época un ágora y la última esperanza para los refugiados o perseguidos por el tercer Reich, debido a ser la última parada entre Europa y un barco directo desde Lisboa a América. Allí es donde Rick Blaine se encuentra establecido, dándole un poco de vida y estilo a las noches con su Rick’s Cafe Americain, posteriormente él se encontrará de nuevo a Ilsa Lund, su antigua amante, quién lo abandonó en París durante la ocupación alemana, acompañada de Víctor Lazlo (su marido) quienes buscan desesperadamente llegar al nuevo mundo. Un pasaporte hacia la revolución perfecta, un amor roto con secuelas latentes, la segunda guerra mundial y Michael Curtiz hacen la receta perfecta para cocer uno de los romances más memorable en la historia del cine.

Con un elenco más que distinguido, Humphrey Bogart (Rick) destila su primera actuación como amante después de encasillados papeles como gánster en su carrera, en él se refleja una esencia carmesí que trasciende el blanco y negro de la cinta, su papel de cínico apasionado es tan elegante como comprometedor, la academia reconoció este como uno de sus papeles más exigentes, estando cerca de otorgarle su primer Óscar en 1943. A su lado, con una tierna estirpe y una belleza sobrecogedora, Ingrid Bergman (Ilsa) empezaba a crear el idealizado París de ahora junto a su amante, su química de actores deja mucho que desear de los amores “auténticos” actuales… No se puede decir mucho de su actuación sin sentir que se limita el arte de su mirada, si bien es cierto que la cámara hace sus trucos, esta chica es una maga evocando un amor palpable e inmutable que hace realista el deseo de cualquier enamorado.

Los papeles de segundo plano de Paul Henreid (Víctor), Claude Rains (Capitán Renault), incluso Conrad Veidt (Mayor Strasser) ambientan la película y le dan realismo nato a su ambiente. Renault y Rick combinan la sátira de sus personalidades cínicas con un patriotismo que consigna un solo sustantivo: amistad. Por otro lado, Víctor y Strasser, brindan un drama necesario a la película, que usa a favor la rivalidad de la guerra para personificarla en estos dos personajes.

Es realmente difícil explicar con palabras lo que una película puede llegar a generar en un aleatorio espectador, eso es el arte del cine: expresar lo que las miradas callan, llamar lo innombrable desde ese lado sensible de nuestra conciencia, inmortalizar un sueño en el tiempo que nos ataca a todos en esta ruleta que es la vida. Más allá de seguir alabando la película protagonista, de acabar hablando de Curtiz en su papelón como director que le cobro un Óscar o de los guionistas que hacen del lenguaje una fantasía en cada escena, la música de Max Steiner, y absolutamente cada detalle de sus apasionantes trabajos, el mensaje central de este escrito es solamente uno: observe la película, mídala a su vida, estírela y acóplela como se hace con lo que es únicamente suyo, porque así son los clásicos del arte.

Como el David de Miguel Ángel, como la Marsellesa, el desliz de un pincel en las manos de Van Gogh, la melodía que nació de Mozart o como cualquier clásico, Casablanca es una obra maestra del séptimo arte, ha sido esa película que no cambia desde la primera vez que se observa, y será siempre La Gioconda del cine.

Por: Ivan García

Imagen tomada de: https://goo.gl/Qqevzg

24 semanas, la decisión que no nos pertenece

Es aquí cuando el arte demuestra su poder manifiesto de ponernos en el lugar de las otras personas, de volver a abrir nuestros oídos y nos da la humildad para aceptar que no sabemos dónde está la verdad.

¿Cuándo podemos afirmar que hemos vivido una experiencia artística? Tal vez no sepamos nada de arte, seguramente sólo podremos decir un par de incoherencias si nos piden definirlo o ponernos de acuerdo en afirmar que está relacionado con un desborde de emociones que nos hace sentir vivos y un cúmulo de sensaciones que percibimos, que pueden erizarar la piel, sacarnos una sonrisa o robarnos unas lágrimas y, seguramente, quedemos con algo que decir, algo que ha nacido y necesita ser expresado. Cuando esto sucede quizá pueda decirse que tuvimos una experiencia artística.

Esto es lo que sucede cuando vemos el filme de la directora alemana Anne Zohra titulada 24 semanas, película en la que se asume el reto de abordar un polémico tema por el sin número  de debates morales, científicos y jurídicos que genera. Uno de esos temas que nos enfrenta constantemente como sociedad, de esos que sentimos que se involucra con nuestra manera de entender el mundo y con nuestras creencias más arraigadas.

La película nos lleva a la historia de una comediante acostumbrada a hacer humor con las paradojas de la vida, un humor cargado de sátira, sarcasmos e incluso cinismo, ¿qué cantidad de realidad podría quebrar una personalidad así? Junto a su esposo deberá afrontar la decisión de si abortar, o no, el hijo que esperan, el cual, además de tener síndrome de Down, tiene una compleja enfermedad cardiaca. ¿Cuáles serían los criterios para tomar ésta decisión?

En esta historia encontramos cómo derechos legítimos de diferentes individuos entran en constante conflicto. Los derechos del padre a decidir contra los de la madre a hacerlo, el derecho del feto a la vida versus el de la madre a elegir. Algunos afirmarían que el derecho a la vida humana está por encima de todos los otros, lo cual es problemático cuando no podemos ponernos de acuerdo en qué es la vida humana y mucho menos en dónde comienza específicamente. Entonces, ¿cómo hablar de lo justo cuando cualquier decisión pasa por encima de los derechos de alguien?

Si algunas de las opciones llevara a un fácil desenlace no sería una decisión tan difícil de tomar, se necesita una gran valentía para decidir traer un niño al mundo en estas condiciones, pero también es necesaria mucha para decidir no hacerlo y no sólo cargar con el estigma social, sino además con los fantasmas personales de decirle adiós al que pudo ser un hijo. En el caso colombiano deberíamos agregarle a esta complejidad, todas las trabas y falta de acompañamiento con el que las mujeres deben ejercer este derecho.

Podríamos enumerar los cientos  de argumentos que existen a favor o en contra del aborto en casos como el planteado por la película, de los cuales muchos serían válidos y sonarían razonables, todos tratando de encontrar una respuesta definitiva, a lo que seguramente no  tiene una respuesta correcta. Es posible que por mucho tiempo nos hayamos centrado en las preguntas equivocadas: ¿qué es lo justo? ¿Qué es lo ético? ¿Qué es lo correcto?, preguntas importantes pero  no del todo pertinentes cuando no se tiene un consenso sobre ellas, preguntas para las que todos tenemos una opinión y queremos darla a conocer, pero ésta opinión, en ocasiones, es mejor callarla y aceptar que son decisiones que no nos pertenecen. Sería mejor cuestionarnos algo diferente, por ejemplo, ¿cómo ayudar a las personas que deben enfrentarse a este tipo de decisiones?

Deberíamos dejarnos guiar por unos momentos de la magia del cine y de las escenas magistralmente producidas en esta película para acércanos a la complejidad de cada situación, para entender que es una decisión que sólo puede ser tomada por quien la está viviendo, y aceptar que nosotros, como espectadores, no podremos acabar de entenderla y mucho menos juzgarla.

Por: Daniel Niño @dninoe

El día de la mujer a través del tiempo: Luchas y reivindicaciones.

Uno de los días más importantes del año encierra múltiples historias en su celebración. Luchas, protestas e incendios. Incluso la abdicación de un Zar.

Huelgas, manifestaciones, conferencias e incendios. La génesis del 8 de marzo, como el día internacional de la mujer, está velada por el mito, el misterio y la confusión”.

Huelgas, manifestaciones, conferencias e incendios. La génesis del 8 de marzo, como el día internacional de la mujer, está velada por el mito, el misterio y la confusión. Pese a ello, se sabe muy bien que hoy no es solo una celebración, sino una conmemoración a la mujer trabajadora y a su lucha por la igualdad entre mujeres y hombres. Derechos y salarios son los motores que mueven este día de múltiples orígenes.

Para empezar, un día como hoy en 1857, las mujeres de la fábrica textil Lower East Side, en Estados Unidos, se volcaron a la huelga con la pretensión de una mejora salarial y una reducción en los horarios de trabajo. Para entonces la jornada era de 12 horas y más, y las mujeres ganaban apenas el 30% de cualquier hombre en su misma condición. Con esas mujeres empezó todo un movimiento que dio como resultado el Día internacional de la mujer.

Los días 8 de marzo de 1908 y el 25 de marzo de 1911 dos incendios continuaron la historia de este día. En ambas se cuenta la historia de 130 mujeres, aproximadamente, que murieron incineradas en la fábrica en la cual trabajaban. La primera fecha es la más conocida, pero sobre la que más dudas hay en cuanto a la veracidad de la historia. El 8 de marzo de 1908 era domingo, día inusual para una huelga. Este evento es muy popular en la historia de habla hispana, contrario a la historia en habla inglesa. Por otro lado,  en 1911, un incendio en la fábrica textil Triangle en Nueva York se llevó la vida de otras tantas mujeres, en su mayoría, inmigrantes judías e italianas. Las mujeres no pudieron salir debido a que las ventanas y puertas del edificio estaban bloqueadas para evitar el robo de mercancía, práctica común en las fábricas de entonces. Este hecho marcó la legislación laboral de los Estados Unidos, provocando mejoras en el ámbito laboral.

100 mujeres de 17 países proclamaron el Día Internacional de la Mujer, como parte de sus reivindicaciones políticas”.

Entre tanto, en Europa en el año de 1910, en la ciudad de Copenhague, se reunió la Internacional Socialista y 100 mujeres de 17 países proclamaron el Día Internacional de la Mujer, como parte de sus reivindicaciones políticas. Exigían derecho al voto para las mujeres, poder ocupar cargos públicos, la formación profesional y el derecho al trabajo. Al año siguiente, el 19 de marzo se celebró el primer día internacional de la mujer, en Alemania, Dinamarca, Suiza y Austria. La fuerza del 8 de marzo se nutre aún más.

Las mujeres rusas también son protagonistas. En 1913 celebraron el primer día de la mujer el último domingo de Febrero. Al año siguiente, en 1914 y por la misma fecha de marzo, miles de mujeres en toda Europa, protestaron en solidaridad por las mujeres afectadas por la guerra. En 1917, de nuevo las mujeres rusas, con la consigna de ‘pan y paz’ salieron el último domingo de febrero. Fue tal la fuerza de sus gritos que el Zar, Nicolás II, abdicó al trono. La junta que lo reemplazó les otorgó el voto universal femenino. Para el Calendario Juliano, usado en Rusia, ese domingo fue el 23 de Febrero, para nosotros, que usamos el calendario Gregoriano, fue el 8 de marzo.

En 1917, de nuevo las mujeres rusas, con la consigna de ‘pan y paz’ salieron el último domingo de febrero. Fue tal la fuerza de sus gritos que el Zar, Nicolás II, abdicó al trono”.

Desde entonces se celebró, cada 8 de marzo, el día de la mujer trabajadora. Y no fue hasta 1977 que la ONU reconoció este día como ‘El día internacional de la mujer’ dándole reconocimiento a una celebración que hunde sus raíces en lo más profundo del siglo XX. El 8 de marzo se construyó internacionalmente y se celebra igual. A partir de las fábricas en Estados Unidos, pasando por la conferencia en Dinamarca y por las protestas de las mujeres rusas, se sentaron las bases del día que hoy conmemora las luchas femeninas por la igualdad de sus derechos y el reconocimiento de su labor.

Por: @leomunnoz

Fotografía tomada de http://www.laizquierdadiario.com