Se puede hablar de emancipación desde muchos ángulos, ¿cómo hablamos de emancipación a través de la lectura?, ¿a través de la vida académica?, ¿cómo fue la transición de lectora a premio nobel de literatura?, ¿cuál es el reto para la mujer contemporánea? y, ¿cómo perpetuar y sobre todo prolongar el papel de la mujer en la academia?

Aquel que lee desde la pasión, que escribe desde lo que experimenta, encuentra en un cumulo de papel el significado de la realidad que atravesamos y cómo a través de letras, ya sean ficticias o no, sean prosaicas o no, inexorablemente se profundiza más sobre la existencia. La literatura no ofrece un decálogo sobre lo que está “bien socialmente”, invita al goce de los sentidos, a la expansión del conocimiento, pero lo más importante: a la empatía, a la sensibilización, a la agudización sensorial, a la concientización social.

Hoy la mujer pondera el rol de alguien que tiene en cuenta las problemáticas sociales y puede discernir con respecto a ellas y tomar acción (…) Más allá del mundo mediático que ha banalizado a la mujer, de la sociedad que la ha hecho creer inferior y el machismo que la ha cosificado, cada mujer debería discrepar ese pensamiento y sobre todo cuestionarse: ¿Cuál es mi papel como mujer en la sociedad?

Y es, precisamente, la falta de ficción y utopía, la verdad cruda, sin tapujos lo que hace autentico a Bukowski. Lo que nos trae de vuelta a la realidad, el constante recuerdo de lo ruin que es por momentos la existencia (…) Adentrarse en la prosa de Bukowski es chocar directa y cruelmente con la realidad, y sentir ambivalencia por lo bello y miserablemente feliz que produce el estar vivo.