Aquel que lee desde la pasión, que escribe desde lo que experimenta, encuentra en un cumulo de papel el significado de la realidad que atravesamos y cómo a través de letras, ya sean ficticias o no, sean prosaicas o no, inexorablemente se profundiza más sobre la existencia. La literatura no ofrece un decálogo sobre lo que está “bien socialmente”, invita al goce de los sentidos, a la expansión del conocimiento, pero lo más importante: a la empatía, a la sensibilización, a la agudización sensorial, a la concientización social.

Hoy la mujer pondera el rol de alguien que tiene en cuenta las problemáticas sociales y puede discernir con respecto a ellas y tomar acción (…) Más allá del mundo mediático que ha banalizado a la mujer, de la sociedad que la ha hecho creer inferior y el machismo que la ha cosificado, cada mujer debería discrepar ese pensamiento y sobre todo cuestionarse: ¿Cuál es mi papel como mujer en la sociedad?

Y es, precisamente, la falta de ficción y utopía, la verdad cruda, sin tapujos lo que hace autentico a Bukowski. Lo que nos trae de vuelta a la realidad, el constante recuerdo de lo ruin que es por momentos la existencia (…) Adentrarse en la prosa de Bukowski es chocar directa y cruelmente con la realidad, y sentir ambivalencia por lo bello y miserablemente feliz que produce el estar vivo.