Por qué la problemática ambiental SÍ es una problemática estatal

Se hace evidente que ante un reto tan complejo como el de las amenazas ambientales, la respuesta no la hallaremos en posiciones simples y dogmáticas, es necesario el implemento de múltiples iniciativas; lo que incluye un esfuerzo del estado, que respete las lógicas del sector privado.

La comunidad global está en el momento límite en el que debe tomar las decisiones necesarias con el fin de buscar los mejores mecanismos para afrontar los múltiples problemas ambientales que la aquejan, los cuales llegan incluso a amenazar la supervivencia de nuestra especie en el planeta. Es por esto que están siempre bienvenidos todos los espacios en los que se expresen propuestas y opiniones al respecto. Sin embargo, con un gran número de reparos, leí la columna titulada “Por qué la problemática ambiental no es una problemática estatal”, la cual sostiene que la completa libertad de mercado eventualmente proporcionará los incentivos necesarios para que la innovaciones tecnológicas nos conduzcan a la solución de los problemas ambientales.

Me gustaría compartir tan optimista postura, pero no encontré en la columna los argumentos para sostenerla. Al igual que tampoco los encontré para la fuerte afirmación de que “la regulación estatal lleva a desincentivar el avance tecnológico”. Pareciera que las afirmaciones fuertes son atractivas, pero solo se traducen en dogmas ideológicos si no permitimos que los protagonistas sean los argumentos.

La problemática ambiental, incluso en la más ortodoxa de las posturas económicas, es causada por externalidades en los procesos de consumo y producción; es decir, es vista como una falla de mercado, lo que por definición nos indica que en estos casos el mercado es incapaz de asignar los recursos de manera eficiente. Con esto vemos que la teoría económica ni siquiera cuestiona la necesidad del estado para dar solución a los problemas ambientales, lo que sí se pregunta es por el cómo debería ser esta intervención, pregunta entorno a la cual existe un extenso debate.

Debate dentro del cual se puede aclarar la postura del autor en la que sostiene que “las restricciones solo harán que los daños ambientales pasen a manos de empresas ilegales”, preocupación que considero legítima pero que hace una generalización por fuera de la realidad. Las autoridades ambientales tienen dos caminos para intervenir en los mercados: el primero mediante las llamadas políticas de comando y control, que son las que se proponen poner límites explícitos a la contaminación producida o a los recursos explotados; el otro camino, conocido como instrumentos económicos, propone políticas que propicien comportamientos voluntarios en los agentes económicos. De este esquema se encuentra que es específicamente el primer enfoque, cuando no se complementa con políticas coherentes con la lógica de los productores, el que lleva a la creación de mecanismos ilegales para continuar la contaminación y no toda intervención estatal a priori.

El autor se pregunta “¿quién nos puede asegurar que esta problemática es política-moral y no científica-tecnológica?”, nada nos asegura que sea una problemática política y no una científica, porque seguramente es un poco de ambas, por qué buscar respuestas extremas en grandes problemas que requieren todo tipo de mecanismos, al fin y al cabo el progreso tecnológico ha demostrado ser completamente necesario para dar solución a los grandes problemas de la humanidad pero no suficiente. Si fuera suficiente, me pregunto por qué en el mundo siguen muriendo cerca de 8.000 personas todos los días de enfermedades que ya tienen cura, esto según cifras de Médicos Sin Fronteras.

Es importante mirar de frente la realidad por encima de las posturas ideológicas y  preguntarnos cuál es el país que ha logrado mayores avances en sustituir las fuentes tradicionales de energía por unas más amigables con el medio ambiente, y si estos avances los han logrado por iniciativa estatal o en un contexto de libertad de mercado. Se encuentra que es Alemania con 10.000 megavatios para la producción de energía solar, el triple que el país que le sigue el cual es España. ¿Cómo consiguió estos extraordinarios resultados? Mediante la ambiciosa política pública llamada Energiewende, la cual ha consistido en brindar incentivos a la industria para lograr cambios técnicos amigables con el medio ambiente, donde se ha conseguido una fuerte compenetración de la política industrial con la política energética del país, logrando no hacer contradictorios los intereses privados con los objetivos de reducción de emisiones fijados por el gobierno alemán. Un ejemplo contrario a la idea que la intervención estatal desincentiva el cambio técnico.

En conclusión, a pesar de que es el mercado el mejor mecanismo que hemos encontrado para coordinar las millones de decisiones privadas que se toman día a día, no hay necesidad de volver nuestra fe en el mercado paranoia ante cualquier tipo de intervención estatal. Se hace evidente que ante un reto tan complejo como el de las amenazas ambientales, la respuesta no la hallaremos en posiciones simples y dogmáticas, es necesario el implemento de múltiples iniciativas; lo que incluye un esfuerzo del estado, que respete las lógicas del sector privado. Es por esto que la pregunta correcta no es si la problemática ambiental es, o no, una problemática estatal, sino cuál es la manera más acertada de intervenir.

Por: Daniel Niño @dninoe

Imagen tomada de: http://recuperaresp.blogspot.com.co/2014/05/politica-ambiental.html

24 semanas, la decisión que no nos pertenece

Es aquí cuando el arte demuestra su poder manifiesto de ponernos en el lugar de las otras personas, de volver a abrir nuestros oídos y nos da la humildad para aceptar que no sabemos dónde está la verdad.

¿Cuándo podemos afirmar que hemos vivido una experiencia artística? Tal vez no sepamos nada de arte, seguramente sólo podremos decir un par de incoherencias si nos piden definirlo o ponernos de acuerdo en afirmar que está relacionado con un desborde de emociones que nos hace sentir vivos y un cúmulo de sensaciones que percibimos, que pueden erizarar la piel, sacarnos una sonrisa o robarnos unas lágrimas y, seguramente, quedemos con algo que decir, algo que ha nacido y necesita ser expresado. Cuando esto sucede quizá pueda decirse que tuvimos una experiencia artística.

Esto es lo que sucede cuando vemos el filme de la directora alemana Anne Zohra titulada 24 semanas, película en la que se asume el reto de abordar un polémico tema por el sin número  de debates morales, científicos y jurídicos que genera. Uno de esos temas que nos enfrenta constantemente como sociedad, de esos que sentimos que se involucra con nuestra manera de entender el mundo y con nuestras creencias más arraigadas.

La película nos lleva a la historia de una comediante acostumbrada a hacer humor con las paradojas de la vida, un humor cargado de sátira, sarcasmos e incluso cinismo, ¿qué cantidad de realidad podría quebrar una personalidad así? Junto a su esposo deberá afrontar la decisión de si abortar, o no, el hijo que esperan, el cual, además de tener síndrome de Down, tiene una compleja enfermedad cardiaca. ¿Cuáles serían los criterios para tomar ésta decisión?

En esta historia encontramos cómo derechos legítimos de diferentes individuos entran en constante conflicto. Los derechos del padre a decidir contra los de la madre a hacerlo, el derecho del feto a la vida versus el de la madre a elegir. Algunos afirmarían que el derecho a la vida humana está por encima de todos los otros, lo cual es problemático cuando no podemos ponernos de acuerdo en qué es la vida humana y mucho menos en dónde comienza específicamente. Entonces, ¿cómo hablar de lo justo cuando cualquier decisión pasa por encima de los derechos de alguien?

Si algunas de las opciones llevara a un fácil desenlace no sería una decisión tan difícil de tomar, se necesita una gran valentía para decidir traer un niño al mundo en estas condiciones, pero también es necesaria mucha para decidir no hacerlo y no sólo cargar con el estigma social, sino además con los fantasmas personales de decirle adiós al que pudo ser un hijo. En el caso colombiano deberíamos agregarle a esta complejidad, todas las trabas y falta de acompañamiento con el que las mujeres deben ejercer este derecho.

Podríamos enumerar los cientos  de argumentos que existen a favor o en contra del aborto en casos como el planteado por la película, de los cuales muchos serían válidos y sonarían razonables, todos tratando de encontrar una respuesta definitiva, a lo que seguramente no  tiene una respuesta correcta. Es posible que por mucho tiempo nos hayamos centrado en las preguntas equivocadas: ¿qué es lo justo? ¿Qué es lo ético? ¿Qué es lo correcto?, preguntas importantes pero  no del todo pertinentes cuando no se tiene un consenso sobre ellas, preguntas para las que todos tenemos una opinión y queremos darla a conocer, pero ésta opinión, en ocasiones, es mejor callarla y aceptar que son decisiones que no nos pertenecen. Sería mejor cuestionarnos algo diferente, por ejemplo, ¿cómo ayudar a las personas que deben enfrentarse a este tipo de decisiones?

Deberíamos dejarnos guiar por unos momentos de la magia del cine y de las escenas magistralmente producidas en esta película para acércanos a la complejidad de cada situación, para entender que es una decisión que sólo puede ser tomada por quien la está viviendo, y aceptar que nosotros, como espectadores, no podremos acabar de entenderla y mucho menos juzgarla.

Por: Daniel Niño @dninoe

¿Crecimiento Vs conservación?

En los últimos días hemos visto reaparecer, una vez más,  el permanente debate en el que un país como el nuestro, rico en  biodiversidad pero también en recursos mineros,  debe decidir entre proteger un ecosistema y su biodiversidad o explotar sus recursos del subsuelo en detrimento de los primeros.

En esta ocasión  fue  impulsado por la capacidad de las redes sociales de movilizar la opinión pública hasta el punto de lograr la suspensión de la licencia otorgada a la petrolera Hupecol  para realizar exploración minera en el parque natural Sierra de la Macarena que posee el río Caño Cristales considerado por muchos el más hermoso de Colombia, licencia que fue definitivamente revocada por la Autoridad Nacional de Licencias Ambientales (ANLA).

Si bien en esta oportunidad habrá un gran consenso en que se logro un impacto positivo, considero que es necesario blindar la opinión pública de mejores argumentos para que  las presiones que ejerza no sean vistas como movimientos fruto de pasiones irracionales que van en contravía de la racionalidad económica. O cuando lo sea, sea capaz de autoevaluarse a la luz de los argumentos disponibles.

Precisamente, es la generalidad plantear este tipo debates en términos de la supuesta dicotomía entre el interés económico  y los ideales ecológicos, pienso que en estas decisiones las verdaderas dicotomías están en privilegiar el corto plazo o  pensar en el largo plazo, en adoptar un modelo de desarrollo sobre otro y  en otras ocasiones es una confrontación de  intereses particulares contra el interés general.

¿Por qué considerar que la protección ambiental es una manera de pensar en el desarrollo económico? Con frecuencia se consideran contrarios porque al realizar un estudio del costo-beneficio de un proyecto como el de Caño Cristales solo es posible considerar lo que pueda ser medido a precios de mercado,  el valor económico de las áreas naturales no es tan solo difícil de medir, sino también de percibir.  No siempre es posible considerar todos los servicios eco- sistémicos que nos son proporcionados, pero que aun así son fundamentales para el sostenimiento de la vida y los procesos productivos.

Otro aspecto que otorga un inmenso potencial a nuestra gran biodiversidad, pero que no implica un valor monetario explicito en el corto plazo, es la riqueza en recursos genéticos  que se encuentra en cada una de las especies, muchas aún sin descubrir, que habitan nuestro país. De igual manera que un equipo de investigadores de la universidad nacional adelanta un estudio en el que el veneno de una especie de  escorpión   tiene la posibilidad de actuar como inhibidor de células cancerígenas, no sabemos con certeza la cura a cuantas enfermedades o que número de patentes y adelantos científicos se encuentren en toda la diversidad que poseemos y se encuentra amenazada.

Ante este escenario me pregunto por qué insistimos en priorizar el desarrollo del sector de hidrocarburos, dadas nuestras escasas reservas comprobadas de petróleo y su actual bajo precio, en vez de priorizar un desarrollo en lo que realmente si somos ricos, más aun,  en un mundo que ha demostrado que cada vez más que el crecimiento económico sostenible y de largo plazo depende de la creación y difusión de conocimiento.

Sumados a estos beneficios de largo plazo debemos considerar los de corto plazo, al fin y al cabo hay necesidades que no esperan a ser satisfechas. Podemos nombrar  el impacto que ha tenido en las economías regionales el impulso del turismo ecológico, donde precisamente Caño Cristales es un buen ejemplo de este fenómeno, anteriormente la mayor actividad económica de la región eran los cultivos ilícitos, y hoy sostenido por incrementos anuales cercanos al 100 por ciento en el número de turistas, cerca de 400 familias dependen de esta actividad, según declaraciones del presidente del Consejo de Turismo de La Macarena.

Es por esto que cuando las directivas de la petrolera Hupecol reaccionan a la suspensión de la licencia afirmando que “Lo que nos queda claro es que no hay garantías para poder desarrollar la actividad del sector de hidrocarburos”, de ser cierto,  lejos de ser una mala noticia para el país puede ser la oportunidad de repensar nuestra estrategia de crecimiento hacia sectores en los que tengamos un verdadero potencial y aseguren crecimientos sostenidos y de largo plazo,  como podría serlo uno basado en nuestras riquezas ambientales. En consecuencia, el interés por la conservación de áreas ecológicas no puede ser visto como una nostalgia irracional hacia unos paisajes estéticamente deseables, sino  también como el interés por el desarrollo económico del país. 

¿Falta algo por decir?

¿realmente nuestro país tiene el respeto a la vida como su valor guía por encima de cualquier otro?

Lo que tienen en común la mayoría de estas opiniones es que representan la capacidad que tenemos los colombianos para polarizar todos los temas y hacer oídos sordos a lo que tiene la contraparte por decir”.

Con motivo del regreso de las corridas de toros a Bogotá, en los últimos días hemos escuchado todo tipo de opiniones acerca de esta práctica, desde las que re-dignifican su valor simbólico, su carácter cultural, artístico y tradicional, hasta las que la repudian con todo tipo de fuertes adjetivos por considerarla cruel, injusta e incluso representar nuestra sociedad clasista, elitista y confesional. A pesar de ser puntos de vista opuestos, lo que tienen en común la mayoría de estas opiniones es que representan la capacidad que tenemos los colombianos para polarizar todos los temas y hacer oídos sordos a lo que tiene la contraparte por decir.

Es en este contexto de polarización en el que pareciera que no hay nada que no se haya dicho aún, considero pertinente hacer un ejercicio de autocrítica que nos permita poner en consideración la legitimidad y la coherencia de nuestra argumentación. Lo que parece más evidente es lo que debe argumentarse con mayor rigurosidad, de lo contrario tendremos la tentación de afirmar con arrogancia que tenemos la verdad.

Uno de los argumentos más recurrentes por parte de los defensores de las corridas es el de señalar la doble moral por parte de un gran porcentaje de los opositores, esto al llevar un estilo de vida carnívoro que implica un prolongado maltrato y sufrimiento a millones de animales, además de un importante impacto al medio ambiente. Considero que es una crítica válida; no podemos escandalizarnos con el sufrimiento que es público y hacer silencio al que sostiene nuestro estilo de vida. No afirmo que debamos ser vegetarianos para expresar nuestra inconformidad a la manera como es tratado y sacrificado el toro, afirmo que podríamos ganar coherencia si, como consumidores de carne, empezamos a preocuparnos por las condiciones de los animales destinados a nuestro consumo y exigimos mejores condiciones para ellos, reduciendo el sufrimiento al que son sometidos.

En ocasiones se ha llegado a proponer un referendo para prohibir las corridas de toros con la idea de que es suficiente con que la mayoría de la población rechace una tradición o comportamiento para que sea prohibido. Esto sorprende aún más cuando dicha propuesta viene de sectores que se llaman progresistas o liberales y que han manifestado su rechazo en otras ocasiones donde se propuso poner a consideración de las mayorías derechos y expresiones de minorías, es por esto que es necesario reconocer que un referendo en este contexto es tan ilegitimo como en las ocasiones donde se alzó voz de protesta por llamar este tipo de iniciativas contrarias a nuestro estado de derecho que debe garantizar los derechos de las minorías.

Es sano que una sociedad transforme sus símbolos cuando los antiguos dejaron de representarla en coherencia a los valores en los que se basa”.

Los aficionados a la tauromaquia acusan a los anti-taurinos de ignorar el valor simbólico y cultural, recuerdan que esta práctica representa el enfrentamiento en que los humanos vivimos constantemente entre nuestra parte animal e instintiva y nuestra parte racional. Aun si reconocemos un contenido simbólico en ésta práctica, es sano que una sociedad transforme sus símbolos cuando los antiguos dejaron de representarla en coherencia a los valores en los que se basa. Necesitamos símbolos nuevos y nuevos rituales que expresen la sociedad que queremos construir y nos recuerden a donde queremos llegar.

Considero que el debate que se ha suscitado debe ser aprovechado para preguntarnos si nuestra sociedad realmente representa los valores que son exaltados por quienes rechazan las corridas de toros, ¿realmente nuestro país tiene el respeto a la vida como su valor guía por encima de cualquier otro? ¿Realmente vivimos en un país que repudia la crueldad, la violencia y el sufrimiento innecesario? O por el contrario, ¿estamos habituados a las imágenes de violencia y crueldad expuestas con sevicia en nuestros medios de comunicación casi hasta el punto de hacer parte del entretenimiento de los colombianos?

No se trata de equiparar la vida de un animal a la vida humana, se trata de reconocer que si incluso la vida de un animal es valiosa, la vida humana es sagrada; un pensamiento sano para nuestra sociedad que sistemáticamente ha despreciado la vida. En este sentido, un eventual pronunciamiento de la corte constitucional a favor de prohibir las corridas de toros debería ser interpretado como el símbolo de que queremos ser un país que es sensible al sufrimiento y que valora la vida sobre todo lo demás.

Por: Daniel Niño

Fotografía tomada de: https://goo.gl/X5T6RE