A diferencia de 1946, la división del liberalismo es aún más fragmentada, los partidos de izquierda (más bien tímida) como el Polo Democrático, el Alianza Verde (que sería más una especie de centro) y el progresismo de Gustavo Petro, luchan contra sus egos en busca de una candidatura única (…) Si bien los historiadores no podemos jugar a la futurología, sí puedo decir que, una vez elegido Ospina, la personalidad conciliadora se le termina en 1947 y la represión al liberalismo y a quienes habían tenido alguna prebenda en los gobiernos liberales terminan en ese terrible baño de sangre que significó la Violencia y el conflicto armado de la segunda mitad del siglo XX…

Quisiera empezar este artículo con el final, es decir, cuando apagan las luces y la gente se levanta poco a poco. Alguien detrás de mi esposa y de este humilde servidor dijo lapidariamente: “Películas locas y esta”. Y sí, la película es una completa locura, pero no por ello no relata, no por ello no tiene sentido, todo lo contrario; tiene muchos. Si uno captura las metáforas de manera eficiente, se verá que la película tiene varios mensajes contundentes, pero al mismo tiempo confusos en clave de pesadilla, porque esa es la estructura de la última película de Darren Aronofsky, una completa pesadilla.