DE CISNE A PATITO FEO. LA HISTORIA DE VIDA DE UNO DE LOS RÍOS MÁS IMPORTANTES DE COLOMBIA      

“Un recorrido hídrico de 380 kilómetros, desde Guacheneque hasta Bogotá, que deja sin oxígeno, ni ganas de existir”

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El recién nacido

En un pequeño y acogedor pueblo llamado Villapinzón, ubicado en el marco cundiboyacense (más cerca de Boyacá que de Cundinamarca), donde la gente saluda por donde vaya sin siquiera conocer al que también amablemente responde, y donde aún se conserva la tradición de comer nabos y salir en ruana por muy soleado que esté el día, nace el cisne de esta historia: El páramo de Guacheneque es la cuna que recibe la fuente majestuosa de agua cristalina recién nacida, que más adelante dará origen a la corriente hídrica más importante de Cundinamarca, el río Bogotá, que baña por la cuenca alta con 170 km a los municipios de Villapinzón, Chocontá, Suesca, Sesquilé, Gachancipá, Tocancipá, Cajicá, Chía, Cota, Funza, Mosquera y Soacha; por la cuenca media con 90 Km a la ciudad de Bogotá en la zonas de Soacha y Bosa; y por la cuenca baja con 120 Km a San Antonio del Tequendama, Tena, La Mesa, El Colegio, Anapoima, Apulo, Tocaima, Agua de Dios y Ricaurte, para finalmente llegar hasta el barrio la Boca en Girardot, donde seguidamente entrega todo su caudal desembocando en el Río Magdalena.

 

Para presenciar esta maravilla solo se debe viajar una hora y cuarenta minutos desde Bogotá a Villa Pinzón, ¡claro! es totalmente impactante y tal vez un poco irreal pensar que a tan poco tiempo de Bogotá, donde se encuentra la parte del río más contaminada, sin oxígeno y sin ningún tipo de vida, se puede encontrar agua totalmente limpia, pura, con cien por ciento de oxígeno y ¡mucha vida!

 

Tan sólo once kilómetros del río se encuentran sin ningún tipo de contaminación, escondidos en una especie de burbuja, que es la reserva natural, para que nadie los dañe. Pero al salir y exponerse al mundo, se tropieza con la peligrosa presencia de materiales y residuos contaminantes: cromo, plomo, hierro, detergentes, aceites y grasas que son arrojados al afluente por los 46 municipios a los que baña. Así de agradecidos son con este cundinamarqués, que para completar, recibe las aguas residuales industriales y residenciales de sus vecinos.

Mireya Adriana Orjuela una habitante de Villapinzón perteneciente a la Defensa Civil Colombiana, quien también hace parte de un colectivo que protege el río Bogotá y hace las visitas guiadas al Páramo de Guacheneque, relata que la contaminación del río Bogotá es visible desde que termina la vereda Chasquez y aparece el casco urbano. De allí para adelante, el río tiene un amargo recorrido, a medida que avanza va perdiendo el oxígeno, hasta que muere por completo y con él todo lo que en sus aguas habitaba. Así que los peces y los patos disfrutando del río solo pueden ser admirados en esos once kilómetros de pureza.
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¿Pero por qué dura tan poco la pureza de estas aguas? Los seres humanos nos hemos encargado durante años de dañar la naturaleza, de arrojar residuos sin pensar en el mañana; y muchos de los habitantes de Villapinzón hacen una reflexión respecto a este abuso que se da al río Bogotá, replicando que cada vez que el río se desborda es porque se cansa de todo lo que los habitantes arrojan en él, “es como si el río nos devolviera todo eso que le hemos echado durante años, se cansa y lo expulsa todo” dice Yuliana Garcia Castiblanco, habitante de Villapinzón al hablar del desbordamiento del río Bogotá en su municipio en el año 2011 que dejó inundados y damnificados a los habitantes de Villapinzón, porque como se puede evidenciar, este pequeño municipio está prácticamente construido encima del río; llantas, colchones viejos, animales muertos, basuras de cualquier tipo, aguas negras y cualquier cantidad de cosas inimaginables son las que se vierten en estas aguas.

 

El río Bogotá se desbordó el 11 de mayo del 2011. Mireya Adriana Orjuela relata con resignación la escena que ocurrió a las 9 y 45 de la noche, donde una avalancha dejó dos muertos y varios damnificados. Las pérdidas fueron grandes, el agua se llevó enseres, animales, ropa, objetos personales, libros y entró a casas de hasta dos metros de altura . Ella dice que el río les devolvió lo que durante años arrojaron y la enseñanza es que hay que respetarlo y entender que lo que se le bota al río por mucho tiempo, se devuelve en menos de media hora.

 

En los años 50 el río Bogotá también se desbordó, pero en esa ocasión se presume que fue provocado por la ambición humana. Como antiguamente los muiscas habitaban cerca al río Bogotá y a manera de alabanza a sus dioses depositaban las ofrendas en el río, que eran principalmente muñecos hechos en oro, pues la leyenda que acompaña al río Bogotá con los muiscas era la existencia de abundante oro, así que los habitantes en su deseo de conseguir esos objetos tan valiosos depositaron bultos de sal hasta que provocaron el desbordamiento del río, la diferencia fue que en esa época lo que consiguieron sí fue oro, en el 2011 el río devolvió basura: colchones, llantas, animales en descomposición y toda clase de desechos.

¡A la orilla se mojan!

Asentamientos e invasiones en terrenos inestables cerca al río

Otro de los factores que contaminan el río, son las invasiones y viviendas que se encuentran en las orillas del río. Esto es una condición muy habitual que perjudica a ambos bandos, puesto que el río tiene más riesgo de contaminación por todos los desechos que produce una familia, y la comunidad se encuentra en peligro de cualquier desastre natural; además muchos de los habitantes que viven a las orillas del río son dueños de empresas de curtiembre, allí es donde la piel de los animales se convierte en cuero y también en uno de los mayores contaminantes del río Bogotá, y aunque muchas de estas empresas han tenido que cerrar su producción  a causa de la contaminación por planes de recuperación ambiental, la ley aún no las ha sancionado a todas, y los únicos entes que han intervenido son la CAR y los ambientalistas, pero ello no ha sido suficiente para que estas empresas paren, siguen su producción y posterior contaminación vertiendo sus líquidos contaminados en el cauce del río.

El municipio de Villapinzón se encuentra construido prácticamente encima del río, lo cual también ha traído grandes problemas de contaminación, pues desde Guacheneque hasta Villapinzón el río llega con cien por ciento de oxígeno, pero en Villapinzón se consume un veinte por ciento de ese oxígeno, y es así que se puede incluso obviar que al llegar a la ciudad de Bogotá este río ya está muerto. Pues aunque Villapinzón cuente con el agua más limpia y pura que viene desde Guacheneque, el municipio no cuenta con ningún tipo de manejo de las aguas negras, por ello la mayoría de aguas negras o residuales de las casas son depositadas en el cauce del río. Esto debido a que nunca ni en la creación del municipio ni en su trayectoria, el Gobierno creó un plan de infraestructura adecuado que tuviera en cuenta el respeto de las dimensiones del río y las construcciones que allí no deberían estar, además dicen los habitantes de este municipio que nunca se ha propuesto un plan completo que ayude a que estas aguas residuales y de residencias no se viertan en el cauce del río. Algunos de los habitantes de Villapinzón opinan que una planta de tratamiento y una represa sería una manera ideal de preservar el agua y no permitir que el río se mezcle con sus aguas negras, pues no saben qué otra solución se le puede dar a este gran inconveniente. Sin embargo, son conscientes de que si quisieran erradicar el problema de raíz y acabar con la contaminación tendrían que demoler casi todo Villapinzón para no interrumpir la vida sana de esta fuente hídrica.

Santiago Ruiz, un estudiante de ingeniería oriundo de Villapinzón opina que a sus parientes no les importa la situación por la que está atravesando el río Bogotá: “No nos afecta porque nosotros no utilizamos el agua directamente del río contaminado, sino que la traemos de la parte alta, que es la parte limpia del río, entonces si aquí contaminamos realmente no importa, porque siempre tenemos agua limpia arriba, y la del pueblo sigue siendo el canal para transportar las aguas negras y los desechos de industrias, así que aquí en el municipio no creo que importe demasiado”.

Todo esto ha sido el efecto de una mala planeación al poblar y construir el municipio de Villapinzón, pues según la regulación de la Corporación Autónoma Regional de Cundinamarca (CAR) y las regulaciones nacionales se estipula que las construcciones deben guardar al menos treinta metros de distancia o sesenta metros si es periférico, y este municipio está construido encima del río, es más, el río pasa por en medio de las casas como si estas fueran sus vecinas. Por ello después de la inundación del 2011 el río fue desviado hacia algunos lugares precisamente para evitar las calamidades y desastres cuando se desborda, pero unos muros de contención no son suficientes para soportar la naturaleza. Los habitantes coinciden en decir que aunque se han dado grandes sumas de dinero para construir plantas que mejoren esta situación, gran parte de este dinero es desfalcado, pues nunca lo invierten en lo que verdaderamente deberían. Además, el río no se puede salvar solamente descontaminándolo y sacandole todos los desechos y elementos malos, sino que para una solución efectiva se necesita proyectos de prevención y planeación.

“Hay que darse cuenta que si estamos en invasión de una zona natural, como el río, siempre van a haber grandes afectaciones en caso de que el río trate de tomar las zonas que le pertenecen”. Asegura Santiago Ruiz, estudiante de ingeniería y habitante de Villapinzón.

El río debería salir de Villapinzón con el cien por ciento de oxígeno, ya que tan solo a unos kilómetros se encuentra el nacimiento y sus aguas son puras, pero ni en este municipio que en comparación a otros tiene un río en “buenas condiciones”, logra partir con el oxígeno al cien. Esta contaminación desde el comienzo se debe a las fábricas y cultivos que se desarrollan a las orillas del río, como las empresas de curtiembres. Son 19 mil habitantes que, según Mireya, contaminan con la siembra de la papa y el cuidado del ganado porque es la manera en la que se ganan lo del diario. Así que se se están realizando actos que concienticen a los habitantes del muncipio de lo sagrada que es el agua

 

Somos 19 mil habitantes y desafortunadamente contaminamos con la siembra de la papa y el cuidado del ganado, por ello hay que concientizarnos en que el agua es sagrada” afirma Mireya Adriana Orjuela, habitante de Villapinzón, perteneciente a la Defensa Civil Colombiana, quien también hace parte de un colectivo que protege el río Bogotá y hace las visitas guiadas al Páramo de Guacheneque.

 

Además de toda esta problemática, el río llega así de contaminado a la zona de Mosquera que es una de las zonas más importantes de siembra de vegetales en Cundinamarca, y efectivamente estos cultivos son regados precisamente con el agua del río Bogotá, luego los alimentos llegan a Corabastos, que es la mayor distribuidora de estos productos, y termina por afectarnos a todos, ya que son los vegetales y legumbres que muchos estamos ingiriendo, termina por afectar también a las personas que ni siquiera se interesan por la vida del río Bogotá pues piensan que por muy contaminado que esté, esto no los afecta.

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Otro gran ejemplo de contaminación del río Bogotá, pero ya no en Villapinzón, sino dentro de la capital a causa de las invasiones y construcciones en terrenos inestables, se dio el día 22 de abril de 2017 con el desalojo de una invasión de 398 cambuches ubicados en la orilla del río Bogotá, en el barrio Bilbao de la localidad de Suba; además de que las personas que vivían en esta invasión ya habían contaminado durante casi 4 meses  el cauce del río Bogotá con todos sus desechos, no solo basura, sino también con aguas negras, cuando se llevó a cabo el desalojo por parte de las autoridades, ocurrió una lamentable calamidad ambiental, pues se incendiaron todos los cambuches y pertenencias que había en este lugar a causa de los disturbios entre habitantes y escuadrones de la Policía y el Escuadrón Móvil Antidisturbios (ESMAD), pues a pesar de que ya se les había notificado a los habitantes invasores sobre el desalojo en un proceso de casi dos meses de planeación con promotores de paz y profesionales que les hablaron a cerca de la situación, ellos no querían desalojar.

 

Las autoridades dicen que la quema la produjeron los habitantes de las invasiones, ya que según ellos dentro de los cambuches estas personas tenían expendios de droga. Esta información también la corrobora un guardia de seguridad encargado de la vigilancia del lote desalojado, que prefirió no revelar públicamente su nombre por miedo a represalias, expresó que dicha invasión, era prácticamente una mafia o una pequeña versión del bronx pero con la misma malicia de este, además resaltó que las invasiones son casi un negocio que tienen estas personas, pues como lo dice el subintendente Figueroa de la policía Nacional: “hay una ley estipulada en la Constitución colombiana, donde dice que luego de que una persona o familia vivan un determinado lapso en un lote pasa a ser de su pertenencia, entonces luego de que estos terrenos se vuelven de su propiedad construyen y venden”, lo que para las autoridades representa un gran negocio, pues engañan al Estado, esto lo corrobora el subintendente Figueroa de la policía Nacional, pues dice que las personas que han encontrado en los momento de desalojo en muchos de los operativos extrañamente son las mismas personas de siempre, personas a las que el Estado ya le dio sus respectivas casas o lotes y que siguen invadiendo.

 

Sin embargo, los habitantes de la invasión dicen haber sido agredidos por las autoridades y denuncian que fueron estos mismos quienes quemaron sus pertenencias, como lo expresaron en muchos medios de comunicación colombianos. Cada parte de dicho conflicto tiene sus argumentos, pero lo que sí es cierto y evidente es que esta invasión causó un daño casi irreversible tanto al río como a la vegetación de sus orillas, esto teniendo en cuenta el incumplimiento por parte de los habitantes de esta invasión en lo que se contempla en la Constitución Política de Colombia, Decreto 1449 de 1977 , Artículos del 1o al 10: “Para los efectos del inciso primero del numeral 5 del artículo 56 de la Ley 135 de 1961, se entenderá que los propietarios de predios rurales han cumplido en lo esencial con las normas establecidas sobre la conservación de los recursos naturales renovables, cuando en relación con ellos se hayan observado las disposiciones previstas en el presente Decreto”.

 

Contaminación y posibles planes salvavida

Se dice que la contaminación del río Bogotá empieza con la llegada de los españoles, ya que los indígenas se encargaban de rendir culto al río y a la naturaleza que lo rodeaba, y los invasores tomaron esto como un acto amenazador y extraño, así que sin saber bien lo que hacían, decidieron tumbar todos los enormes árboles nativos que rodeaban el río y en vez de ellos plantaron eucaliptos y otro tipo de plantas extranjeras. Esa es una de las versiones que dan muchos de los habitantes de Cundinamarca en cuanto al inicio del deterioro del río.

Sin embargo, según la historia gubernamentalmente, el deterioro del río Bogotá se empezó a dar desde la cuenca media alta, hasta su cuenca baja, y todo esto ha venido sucediendo durante cientos de años, desde el ordenamiento territorial que planteaba que toda inmundicia, residuo sólido o líquido debía  terminar en los ríos. Ese fue un ordenamiento territorial que se sorteó por casi 500 años. Luego tras la creación de la ley 93 del año 1999 se hicieron unas disposiciones legales para contribuir en el mejoramiento no solo de la calidad ambiental del río Bogotá sino de todos los ríos del país y por obvias razones hay unos nuevos planes de ordenamiento y manejo de cuencas hidrográficas que son conocidos como los Planes de Ordenamiento y Manejo de Cuencas Hidrográficas (POMCAS), que es: “El instrumento a través del cual se realiza la planeación del adecuado uso del suelo, de las aguas, de la flora y la fauna; y el manejo de la cuenca, entendido como la ejecución de obras y tratamientos, con el propósito de mantener el equilibrio entre el aprovechamiento social y el aprovechamiento económico de tales recursos, así como la conservación de la estructura físico -biótica de la cuenca y particularmente del recurso hídrico”. Según el Ministerio de Ambiente, estos son instrumentos de planificación de máxima jerarquía y hay unos diagnósticos muy acertados por cada cuenca  priorizada a cada uno de los municipios y distritos capitales.

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Las principales problemáticas que se presentan en el río Bogotá según Sebastián Martínez, funcionario de la Secretaría Distrital de Ambiente, desde su cuenta media y alta son las cargas contaminantes producto del sector público residencial, del sector privado como curtiembres, mataderos y otras empresas que deberían tener tratamiento de aguas residuales;  sin embargo, lo que consagra la ley 99 del año 1993 y sus decretos reglamentarios, es que debe haber una descontaminación de la carga contaminante del ochenta por ciento, esto prácticamente no se ha cumplido y por eso es que se ha ido cerrando en la localidad de Tunjuelito varias curtiembres y se ha ido también apretando el cinturón a todo este tipo de presiones antrópicas, de los recursos hídricos no solo del río Bogotá sino a los humedales y todas las estructuras ecológicas que hacen parte de la gran cuenca del río.

A todo esto hay que sumarle la gran cantidad de conexiones erradas de todos los sectores tanto públicos, como privados y residenciales, ya que se están conectando las aguas residuales con las aguas lluvias, ocasionando que haya una mayor demanda bioquímica y química del oxígeno del agua y por ende hay una mayor eutroficación, que es el deterioro de la calidad del agua del río Bogotá y por ello es que se ve de un color bastante denso y oscuro, todo eso sumado a la problemática de residuos sólidos, del relleno Doña Juana, de la ineficiencia de la cultura ciudadana, de los residuos sólidos, del reciclaje, todo tiene que ver con una estrategia que se llama la eficiencia energética para que se controle el consumo de los recursos naturales y se le haga menor presión a estos, ya que entre menos presión de los recursos naturales exista menor será el consumo de agua y menor la cantidad de agua que se debe tratar en la planta de tratamiento de aguas residuales.

Sin embargo, es importante resaltar que el agua que llega a la ciudad de Bogotá no solo viene de su fuente principal de nacimiento que es Guacheneque sino también con agua que viene del páramo de Sumapaz, de un trasvase que se lleva a cabo desde la cuenca del Orinoco hacia el embalse de San Rafael.

Por ello se tiene previsto fortalecer el ordenamiento ambiental del territorio, a través del manejo de cuencas hidrográficas (POMCAS). También establecer una ley orgánica de ordenamiento territorial que armonice y articule los diferentes planes de ordenamiento territorial de los distintos municipios y territorios, así que podría decirse que es un andamiaje político donde las corporaciones autónomas regionales también deben cumplir su rol de asesorar, armonizar e instruir la política pública, medioambiental del ordenamiento del territorio, de la incorporación de los determinantes ambientales en los planes de ordenamiento territorial, esto según el Ministerio de Ambiente, que asegura es un proceso que seguramente se hará realidad, pero que se va a dar en la medida de que esta sea una labor en conjunto, en donde todos contribuyan, por ello se deben aliar el Estado,los sectores privados y públicos, el Gobierno y la sociedad civil, en pro de la recuperación del río Bogotá.

Por otra parte, el Ministerio de ambiente tiene previsto, respecto a las plantas de tratamiento de aguas residuales de Salitre en Bogotá y Canoas ubicada en Tunjuelito, con el plan maestro del acueducto y alcantarillado la separación de las aguas residuales y de las aguas lluvias, para que las aguas residuales vayan en un cien por ciento a la planta de tratamiento de aguas residuales tanto en Salitre como en Canoas, ya que estas dos tendrían una capacidad de mas o menos 44 litros por segundo de descontaminación, lo que quiere decir que se podría contrarrestar de gran manera las cargas contaminantes que se están evidenciando en este momento en el río Bogotá y entonces se espera ,según lo declaró Sebastián Martínez funcionario del Ministerio de Ambiente, que para el 2050, es decir en más de 30 años, se pueda recuperar el rió Bogotá, que este patito feo tenga otro cuerpo, otro rostro, otra imagen y otra identidad; y que por fin este valioso recurso natural vuelva a ser el cisne de la historia, que sea un sitio de patrimonio ambiental e histórico del Distrito Capital y el país.

 

 

*Reportaje realizado con Mary Lorena Rodríguez

 

Maria Camila Botero

Estudiante de quinto semestre de Comunicación Social y Periodismo, y de primer semestre de Relaciones Internacionales en la universidad Jorge Tadeo Lozano.
Me gusta mucho escribir, no porque sienta que lo haga bien, sino porque me inspiro al hablar de un tema que me apasiona, y ahí lo difícil es dejar de escribir tanto. Siento que hay muchas historias que merecen ser divulgadas... si se contaran, tal vez, podrían salvar a alguien, o al menos, dar a conocer la labor que han hecho, y qué mejor que dejar un legado, para que no quede en el olvido aquello por lo que se luchó.