La gota fría de la segunda vuelta

Este artículo se escribe desde la conmoción y la rapidez de un tumultuoso final de semestre, pero siento la necesidad de expresar estas vagas ideas con la firme esperanza de que aterricen en un diálogo y lleguen a oídos de la campaña que se viene. Disculpará el lector la imprecisión de las propuestas, y espero que cuestione el esbozo de propuesta y me ayude a complementar (y encausar) estos delirios. Comencemos.

  1. Egos bajo tierra

Lo primero, y lo principal, es la invitación al diálogo por parte de Gustavo Petro hacia Sergio Fajardo y Humberto de la Calle. Sí, es verdad que por más que Fajardo y Humberto convoquen a sus votantes a inclinarse por Petro, no todos lo harán. Principalmente porque los motivos para votar por ellos fueron, precisamente, significativas diferencias de la propuesta de Petro y la confianza en su imagen. Por Fajardo los motivos fueron: la educación, la anticorrupción, su historial administrativo y la representación de una transición (menos de los mismos). Por Humberto fue principalmente la bandera de la paz y la extensa experiencia administrativa, aun sabiendo lo imposible de que si quiera rasguñara el segundo escalón. Por tanto, considero que, para que Petro consiga simpatizantes en el abstencionismo, uno de las primeras cosas que debe hacer es presentar a Fajardo como su Ministro de Educación y a De la Calle como Ministro de Gobierno (o en dado caso, el ministerio del Posconflicto, pero esto es, hasta ahora, concebido como una Alta Consejería).

También hay que resaltar que Claudia López quedó “volando”. Sospecho que en este escenario lo que le queda es presentarse a la Alcaldía de Bogotá, y bajo esta suposición, Petro debería apoyar su candidatura. Además de sugerir a Antanas Mockus (¿o a Jorge Robledo?) como Presidente del Senado, tomando en cuenta la gran cantidad de votos que obtuvo y la cantidad de simpatizantes que es capaz de ganar SIN despertar odios.

De esta manera, Petro no cargaría dócilmente con el fantasma del “castrochavismo” pues enarbolaría la bandera de la Paz, la Educación y la Anticorrupción. Esta sería, idílicamente, una de las formas de ganarse a la abstención: reduciendo su controversial figura que despierta tantos enemigos y apoyándose en personalidades que acallan el radicalismo que se le achaca al discurso petrista. Con este equipo a cuestas, Petro podría defender la misma causa que defendía Fajardo: no votar por los mismos para que no pase lo mismo. Pero todo esto requiere que todos, incluyendo al mismo Petro, cedan su ego y, para el candidato a la presidencia, también implica ceder en su Plan de Gobierno. Así, podría atraer muchos de los votantes de Fajardo que se están inclinando por el voto en blanco que, dicho sea de paso, es meramente simbólico, nada práctico. Votar en blanco es casi igual a darle la presidencia a Iván Duque, pero ya tocaré este punto.

  1. Más allá del antiuribismo

Sobre este punto considero que debe proceder el sistemática ejercicio de desmentir las falsas noticias que promueve el uribismo, y bajo este eje de acción la pedagogía ciudadana debe ser un PILAR en la campaña de Petro. Pedagogía al mejor estilo de Antanas Mockus.

33540360_2060936590896453_990175968171655168_o.jpgAdemás, es necesario propagar dos cosas principales: pastillas para la memoria, es decir, destacar los errores crasos del mandato de Álvaro Uribe Vélez, presentándolo también como el “enemigo de la paz”; por otro lado, se deben presentar las inviables propuestas de Iván Duque y cómo éstas harían decaer nuevamente a Colombia, a sumirla en un pozo. Y aquí tomo partido advirtiendo que no es, como dicen por ahí, que como ya estamos en la mierda, Duque no es tampoco el peor escenario posible. Desmiento esa premisa… Una Corte Única (la cual, además de imposibilitar la tutela, también es una estrategia más para eludir las investigaciones que se están haciendo contra Uribe), una reformulación de los acuerdos de paz (que derivaría en una inevitable controversia que, muy probablemente, desembocaría en un incremento de disidencias de la guerrilla y o en la muerte lenta de la JEP y lo pactado, eso sin considerar un posible y masivo asesinato de exguerrilleros), las difíciles negociaciones con el ELN (pues Duque presenta un extremismo que despertaría bastantes disidencias armadas y el posible ascenso de control del paramilitarismo), el fracking y Uribe como Presidente del Senado. Entonces, todas estas propuestas, al menos desde mi perspectiva, sí son una caída en picada de lo que se ha buscado construir en Colombia. Por esto es que retorno al anterior punto: Petro NECESITA bajar su ego, y sentarse a negociar ampliamente con Sergio Fajardo y Humberto de la Calle, con el fin de ganarse sus votos y levantar menos odios. De lo contrario, el antipetrismo se tomaría las elecciones e, históricamente, Uribe conseguiría poner a un presidente SIN experiencia significativa alguna en administración.

  1. La comunidad internacional

Otro de los puntos flacos es la inviabilidad de la propuesta económica que halla The Economist en Iván Duque y Gustavo Petro. Aunque esto podría jugar a favor de Petro si éste es capaz de ceder en algunos puntos sobre su propuesta económica, inclinándose a la de Fajardo (que es la aprobada por el periódico), ¿con qué motivo? Principalmente con que se libere del fantasmal ¿y de dónde va a sacar la plata? Aunque también podría entenderse que lo que propone Petro no es hacer todo eso en un gobierno sino comenzar a labrar ciertos puntos clave que necesitan de una continuación, no creo que Petro vea las políticas como acciones de cuatro años sino como algo a largo plazo, pero también puedo estar sobreinterpretando.

En fin, todo esto con el fin de ganar el apoyo de la comunidad internacional, aprovechando que Uribe, ahora mismo, es visto como el “enemigo de la paz” y, recientemente, como aquel expresidente y senador que está siendo investigado por nexos con el narcotráfico. Petro debe aprovechar esta imagen negativa del titiritero para impulsarse. Es verdad, es una falsa premisa el que ganarse a la comunidad internacional le garantiza a Petro una mayor cantidad de votantes, pero esgrimo ante ello que, cuando menos, evitaría recriminaciones de las que se pueda pegar el discurso uribista. Lo que conduce a otra de las principales acciones que debe hacer Petro: limpiar su imagen del pegajoso discurso del “castrochavismo”. Y para ello deberá desvincularse por completo de Chávez y Maduro, pues la influencia de las supuestas elecciones de Venezuela en las elecciones de Colombia es supremamente importante.

  1. ¡El país primero!

No restaría más que apelar al apoyo de los votantes que, si bien votaron enérgicamente por Fajardo, votarían en blanco o se sumarían al abstencionismo en una segunda vuelta. ¿Y cómo se ganaría su apoyo? Pues, además de los puntos vagamente comentados anteriormente, no quedaría más que la apuesta por la publicidad y por una gran ola del movimiento estudiantil que fue uno de los fuertes apoyos de Petro y Fajardo. Ahora bien, la verdadera y complicada apuesta de Petro está en ganarse el voto de la clase media del centro del país. Ardua y complicada tarea. Aquí me quedo corto en el discurso.

Sé que, probablemente, lo que he dicho no sería suficiente, pero en este afán nocturno ignoro otras salidas. De lo que sí estoy seguro es que además Gustavo Petro debe mostrar una suerte de “reconciliación” con los medios de comunicación, o al menos dejar de usar la estrategia de la víctima (tan clásica del uribismo), y más bien centrarse en su historial político: promotor del desarme del M-19, elegido como el mejor senador, y en la promoción de lo humano durante su controversial Alcaldía.

Reconozco cierta ineficacia de la Bogotá Humana, pero tampoco se puede decir, como se ha querido presentar, que fue “el hundimiento de Bogotá”. Opino que, si se votó por Fajardo o De la Calle, es preferible ceder al vencimiento por la democracia y sentir una delgada afinidad con el ganador, que depositar un voto en simbólico que es análogo a pavimentarle el camino a Duque, un hombre sin experiencia y que no sólo representa la vieja política, sino que también es dirigido por quien lideró un simple y mediático “acuerdo de paz” con los mares de sangre que hizo correr el paramilitarismo (con los que además se sospecha casi con certeza que tuvo bastantes vínculos), que también es el causante de Agro Ingreso Seguro, de la Ley 100, del desfinaciamiento de las horas extra, de los falsos positivos, etc. Desde esta visión no me parece comparable el “mal” que sería Gustavo Petro con el que verdaderamente sería cuatro años más de Uribe en el poder. Estamos ante la posibilidad de “poner presidente”, ¿la vamos a dejar pasar?

Petro NO ES EL SALVADOR. Nadie puede serlo. Es preciso eliminar el motivo del caudillo como razón de voto. Lo que sí sé, con toda seguridad, es que Petro no es la continuación de una política del miedo y la guerra. Además, pensémoslo bien, Petro no tendría tanto apoyo en el Congreso (lo cual es deficiencia por un lado pero también tranquilidad para aquellos que no son muy afines con su política), ni siquiera el total apoyo de la ciudadanía, ¿de verdad cree que él, así las cosas, podría transformar tan radicalmente un país que, muy a su pesar, sigue siendo católico y neoliberal (neoclásico si hablamos económicamente y hasta me atrevo a decir conservador, si hablamos políticamente)? No seamos tan ingenuos. Ahora bien, este argumento puede usted verlo como un sofisma pero es más bien la invitación a reflexionar antes de votar. Insisto: votar en blanco, anular voto, abstenerse es apoyar a Duque por omisión. El voto es libro y se respeta, pero el hecho de que no vote por Duque, pero tampoco vote por Petro, no deja su historial “limpio”. Las elecciones también se tratan de desligarnos, como votantes, de los egos, y hasta me atrevo a decir que a ceder un poco la representación del voto, pues la segunda vuelta consiste en la elección de dos futuros irreconciliables entre sí. La preocupación es por un país que, en manos de Duque, estaría rumbo a peor.

Siento, inocentemente, que hay esperanza y posibilidades de un verdadero cambio. Sé que estoy pidiendo mucho y que probablemente esté dado al desengaño todo lo que he intentado esbozar, pero elijo esto, al menos por hoy elijo creer. Tal vez mañana despierte, con la pesadez con la que nos invade la lucidez en la retrospectiva, y todo cambie, ¿qué piensas tú? Terminaré citando, contrario al ánimo del artículo, una cita de Beckett, pues acaricia el pesimismo que está invadiéndonos frente a estas posibilidades que determinamos como imposibles… Lo intentaste. Fracasaste. Da igual. Prueba otra vez. Fracasa otra vez. Fracasa mejor.

Imagen tomada de algún muro de Facebook.

Miguel Ángel Tavera Cárdenas

Estudiante de Estudios Literarios (Literatura) de la Universidad Nacional. Escritor de sutiles letras para esta realidad abrasiva. Amante de las melodías, partidario del arte, lector compulsivo y un soñador de tiempo completo, por eso es probable que lo que yo diga sea una ilusión.

Latest posts by Miguel Ángel Tavera Cárdenas (see all)

¿Quieres leer un poco más?