Bogotá: Inmovilidad Urbana

La capital colombiana en temas de movilidad es uno de “los mayores fracasos de la historia de las ciudades. Fracaso total porque la ciudad no ofrece las alternativas e infraestructuras necesarias para la movilidad de millones de ciudadanos, que de un desplazamiento a otro, además de no llegar a tiempo, ponen en riesgo sus vidas.

La movilidad urbana, para ser eficiente, debe proveer condiciones de seguridad, velocidad y comodidad suficientes para que las personas lleguen al lugar que desean dentro de los límites de la ciudad, pero Bogotá presenta unas condiciones viales paupérrimas que han hecho del tránsito en la ciudad una pesadilla, tanto el transporte público como el privado.

El mayor ejemplo de la “inmovilidad urbana” son los buses rojos y azules, los cuales además de estar en pésimas condiciones mecánicas, no dan abasto ante la cantidad de pasajeros de robos, acosos sexuales, vendedores ambulantes y accidentes viales que siguen sucediendo ante la mirada de operadores privados en quiebra y alcaldías ineficientes, ¿aun así se sigue pensando en el Transmilenio como primera opción de movilidad?

Hay gente que no tiene que tomar todos los días el Transmilenio, pero utilizar sus vehículos particulares no les ha garantizado llegar puntualmente a sus destinos. Tal como sucede en los trancones monumentales de la Av. Boyacá o Calle 13, ocurre una deficiencia en la infraestructura vial que no ha sido acorde con el crecimiento del parque automotor de la ciudad, que en menos de 10 años se ha triplicado. Sumado al problema, vuelve y juega la inseguridad, la cual ha dejado un mercado millonario de autopartes y celulares robados a los conductores.

Las motocicletas, para miles de bogotanos, es el medio de transporte más ágil y económico, pero sumado a la posibilidad de llegar rápido, están los riesgos viales que ofrece una ciudad con la peor calidad de calles, que son testigos de un crecimiento desaforado de estos vehículos que muchas veces ocupan más espacio que los carros.

La alternativa más saludable es ir en bicicleta, donde el desplazamiento no está determinado en la cantidad de carros y buses, sino en la fuerza con los pedales; pero otra vez está la seguridad vial y delincuencial, ya que además de una ciudad con escasas ciclo-rutas, más la imprudencia de conductores y peatones y las altas probabilidades de robo… No parece ser la mejor solución de transporte, en especial para recorridos largos y nocturnos.

Los ciudadanos por ir de un lugar a otro, están pagando las valorizaciones, impuestos prediales, $2.300 pesos por cada pasaje y galones de gasolina que no se han traducido en avances reales a la planificación e infraestructura vial, la cual, se ha visto truncada por procesos de corrupción e inestabilidad administrativa, tal como ha sucedido en los últimos 10 años con la licitación para el mejoramiento de la red obsoleta de semáforos de la ciudad.

A comparación de otras grandes capitales en Sudamérica, Bogotá es la única ciudad que no cuenta con sistema de metro consolidado o en construcción. En el caso de Quito, la primera línea del metro subterráneo de 15 estaciones y 22 Km está proyectada para entrar en funcionamiento en Julio del 2019. La Paz (Bolivia) estando en un terreno montañoso de más de 3600 m de altura, disfruta 5 líneas de sistemas teleféricos o “metros aéreos”, ecológicos y modernos. Por último, la ciudad de Buenos Aires tiene 7 líneas subterráneas de metro (Subte) complementarias a redes ferroviarias y 136 rutas de buses, que cuentan con carriles exclusivos en las grandes avenidas y un sistema de recaudación unificado con los otros servicios de transporte público, teniendo como precio promedio los $ 1.300 pesos colombianos.

Las posibilidades de transporte son cortas para la ciudad, la cual parece no encontrar alternativas más allá del Pico y Placa y los Volvos por la Séptima. Se debe dar un giro a más posibilidades que acompañen al Metro, el cual no debe ser visto como el alimentador de lujo de Transmilenio, sino que debe cumplir con los estándares de calidad y vida útil a largo plazo. Sumado a estas medidas, debe haber un control al número de carros y motos de la ciudad, hay que garantizar las condiciones de seguridad en las vías y medios de transporte y dar priorización al mejoramiento y apertura de la malla vial. Estas acciones darían las oportunidades que Bogotá necesita para su transformación y acercamiento a las grandes urbes del mundo, que cuentan con una movilidad urbana que sí proporciona las mejores condiciones de vida para la mayoría de los habitantes.

Imagen tomada de https://bit.ly/2qGGT1l

Sergio Alejandro Gómez Velásquez

Politólogo de la Universidad Nacional de Colombia, me gusta mucho la literatura latinoamericana, los viajesy el ajedrez.

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