Ciudad abasurada

En la morfología del español existen prefijos y sufijos que nos permiten formar adjetivos y con ellos narrar realidades, hablar de nuestras sociedades; verbigracia, de un animal de coraza nació un ente “acorazado”, y la expresión se extiende como una metáfora a quienes se ven resguardados, en algún tipo de protección tan fuerte como lo es una coraza, detrás de algún parapeto que guarece y da algo de calma; de un grupo acorralado en una trinchera nació el término “atrincherado”, y con ello este sustantivo pasó a ser adjetivizado, nos habla de una condición, de una situación de defensa, de una palabra con sentido hacia un concepto de firmeza. Es en este orden de ideas que nace el título de este escrito, el cual les habla de una ciudad y algunos postes marchitos, porque el carro de la basura no recogió a tiempo los desperdicios, y fue así como el asfalto se vio llenó de suplicios, configurando en andenes una realidad acumulada, lo que morfológica y sanitariamente podríamos llamar: una ciudad abasurada.

Este cuento tiene inicio los primeros días de febrero, cuando muchos se vieron afiebrados y acalorados por el desespero, acopiada y amontonada la inmundicia no tenía flujo y la ciudad parecía sumida en un basurezco embrujo; fue así como en este relato aparecieron los indignados, quienes con actos de protesta al Distrito le reclamaron, sus voces sonaban fuerte, pero no hubo mucho eco, la noticia fue importante pero tuvo poco hueco, quizás por razones de pena, por no alimentar la cosa, por no mostrar toda la basura que podía haber en una baldosa.

Se señaló que lo sucedido es consecuencia de ideas viejas, de métodos atrasados y políticas complejas, de sabotajes que pululan por el suelo adoquinado y que sirven como excusa para estar adoctrinados; en la ciudad hay chascarrillos que nos crean la celada y por ello es muy sencillo ver la ciudad saboteada, la basura es amoldada, de física a conceptual, y muchos hablan basura con su tenaz propiedad, desde lindos muladares los adefesios se lanzan y aunque uno opte por el reciclaje es muy poco lo que salva, se pierden los argumentos, muy poco se oye atinado, se habla de conclusiones sin un panorama aclarado. Los medios resultan incómodos cuando se las tiran de aletargados y aunque le hablen a uno dulce, uno no se siente acaramelado, más aun si se ve basura y el silencio yace aplomado, y toca escuchar defensas de un doctor sin doctorado, las ofertas de una peña, tan pesada como filosa, un mandamás reelegido por meter basura bajo unas losas, entre otras virtudes rocosas.

La situación acaecida en este febrero no dejó estratos discriminados, el mugre arrinconó a muchos hasta dejarlos apenados, por los cúmulos de basura en las esquinas apilados, por aquel burgomaestre que hoy nada lo tiene asustado; es más, ahora es aforado, por gracia del Consejo de Estado, que dejó la revocatoria en un bote que será vaciado, lo que obliga a tragar palabras para no quedarse atorado, ya que todavía no podremos decirle: “¡Adiós! ¡Que te vaya bien!”, y así evocar a los Aterciopelados. A la basura se fue el derecho de no ver más a este apoltronado, y seguiremos viviendo el hecho de tenerlo como asalariado hasta que acabe el mandato, aunque sobren alegatos, lo que es mejor para todos es que él tiene el don de ignorarlo, y el tiempo seguirá pasando, carteles seguirán pegando, ataviando la basura que poco se está reciclando, porque cada uno a nuestra medida la espantosa va formando, total si la loza se rompe el camión seguirá pasando.

De febrero quedaron fotos e imágenes para el olvido, pruebas de aquello que narro y que me dejó estremecido; quizás tal vez yo exagero o estoy muy mal informado, y la basura y sus medidas es algo que no había notado; quizás soy solo un hablador que quiere hacer polémica por cualquier cosa y hoy se me dio por darle leña a alguien que de visionario posa; en últimas debo decir que lo que escribo lo recojo, reciclo lo que veo y oigo y de allí un argumento escojo, soy como un beso andeneado de las calles que relato, bacteria que halla en la lengua algún germen apreciado; quizás no sea en la ciudad donde hay más roña acumulada, quizás sea mi mente poluta la que más está afectada; quizás sólo deba esperar a que del asfalto germinen rosas y dejar de andar pensando en por qué veo tantas bolsas, la ruta volverá a pasar y dejará todo donde doña Juana, para así compactar los vestigios de una ciudad abasurada.

Imagen anexa tomada y editada por el redactor de este escrito para que su contenido sea menos acartonado.

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