Automatic

“Hubo un tiempo en el que el hombre enfrentó el universo solo y sin ningún amigo. Ahora él tiene criaturas para ayudarlo; criaturas más fuertes que él mismo, más leales, más útiles y absolutamente devotas a él. La humanidad ya no está sola”                Isaac Asimov – “Yo, Robot”

Es inevitable repetir lo obvio: Estamos ante una era como ninguna otra. La tecnología hizo y está haciendo posibles muchas de las cosas que antes sólo eran ficción en los libros. Si bien, en teoría el avance de la ciencia y la tecnología es para ayudarnos y mejorar la calidad de vida, eso no significa que debamos aceptar todo lo que venga de ellas con brazos abiertos. Hay cosas preocupantes en el futuro, y sinceramente, formo parte del reducido grupo de los pesimistas.

En este caso me voy a enfocar en una pequeña parte, que si bien parece que no hay de nada malo con ella, es necesario plantear la duda al respecto. Recordemos un poco Wall-E (2008), la película de Disney, que nos ofrece una historia que no está muy lejos de ser una realidad al paso que va a la humanidad, y no hablo de la historia de amor entre dos robots. En la película los humanos han abandonado la tierra, hicieron de ella un lugar inhabitable por la contaminación y su última opción fue irse y dejar encargados a unos robots para limpiar el planeta. Aunque ambas situaciones están cercanas a la realidad, en este caso me preocupa la que tenemos aun más cerca y es la de la automatización. En la película los humanos viven en naves espaciales con todo automatizado, ni siquiera tienen la necesidad de caminar, he aquí de donde viene la cuestión: ¿hasta qué punto nos llevará el hecho de automatizarlo todo? Como muchos de los avances en la tecnología hoy en día, sin la automatización en las fábricas sería imposible imaginarnos el mundo actual, ya que es en gran medida lo que nos ayuda a producir en masa todo lo que consumimos. Pero volviendo a la pregunta, es nuestro deber pensar hasta qué punto la automatización es buena para nosotros.

La preocupación viene a raíz de un vídeo que vi, en el que se mostraba una fábrica de Kebab, grandes hornos y máquinas cortando la carne, la persona que lo publicó criticaba la masificación de la preparación de un alimento con una historia milenaria además de artesanal. Saliendo de las empresas miremos otros casos en la vida diaria. Hoy en día es posible tener un automóvil que se maneje solo, gracias a la investigación y desarrollo de empresas como Google y las casas más grandes de automóviles. Si bien falta perfeccionamiento en esta área, ya se encuentran en el mercado y ya han cobrado dos muertos, el primero en el 2016, el automóvil que se manejaba solo al momento del accidente pasó por debajo de un camión de 18 llantas; el segundo fue este año, otro automóvil también manejado sólo al momento del accidente arrolló a una mujer. En el 2015 el mundo conoció a Moley, el primer robot cocinero, capaz de aprender recetas realizadas por un humano y después realizarlas solo, según su página es el primer robot cocinero capaz de cocinar como un master chef.

Hoy en día la información está  literalmente en nuestras manos, no es necesario saberlo todo ni recordarlo todo, simplemente una búsqueda rápida en el móvil para buscar o confirmar lo que queremos, de igual manera los robots personales y ayudantes digitales en el mercado buscan proveernos toda esa información. Algunos de estos robots se muestran como asistentes, formas de seguridad, acompañantes para niños, e incluso mencionan la idea de volverse parte de nuestras familias. La idea de una casa automatizada tampoco es un sueño del pasado,  hoy es posible conectarlo todo a internet (electrodomésticos, ventanas, luces, etc.), recibir información de todo aquello, controlarlo y automatizarlo (cerrar ventanas a esta hora, apagar luces a tal hora).

¿Entonces llegaremos al punto en el que lo único que hagamos nosotros sea sentarnos a consumir información o controlar estas máquinas que harán todo por nosotros?

Todas estas invenciones no son malas, y en muchos de los casos han facilitado (y facilitarán) nuestro modo de vida, pero hay que pensar en que también dejarlo todo a las máquinas resulta deshumanizante. Retomando el ejemplo de la información a la mano, como ahora hay personas que consideran que ya no es necesario aprender, dan por hecho que la información está y estará siempre ahí, frenando de alguna manera el desarrollo cognitivo. No falta mucho para que algún tipo de inteligencia artificial pueda escribir historias si miramos que ya son capaces de componer música, de alguna manera entendernos y hablar con nosotros en lenguaje natural. ¿Entonces llegaremos al punto en el que lo único que hagamos nosotros sea sentarnos a consumir información o controlar estas máquinas que harán todo por nosotros? La tecnología llegó para quedarse (al menos hasta que tengamos acceso a la energía), pero es necesario recordar que como humanos una de nuestras mayores capacidades es la de hacer y pensar por nosotros mismos (teniendo en cuenta que en este caso no hablo de las personas con diversidad funcional). Entonces, recordar siempre que la tecnología está para servirnos, para ayudarnos, pero no para esclavizarnos.  

 

 

MIGUEL ÁNGEL CUESTA

Miguel Ángel Cuesta

Estudiante de ingeniería de sistemas de la Universidad Nacional de Colombia. Apasionado por la literatura. Crítico de medio tiempo, quejumbroso y homosexual de tiempo completo.

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