Fútbol político: caso israelí

El fútbol tiene la significación de una guerra sin muertos, pero con conflicto. Con drama, reflexión e ironía. Y amalgama a la familia, cosa que no consigue la política.
Osvaldo Soriano

El fútbol, al ser un espectro de masas, popular y cultural, genera de manera tendenciosa un cabal reflejo del contexto social en el que se desarrolla. El ambiente generalmente suele influir al punto extremo de que intervienen ideologías políticas y sociales, como por ejemplo el antifascismo del ST. Pauli alemán, la declaración comunista del Livorno Italiano e inclusive el fascismo del Lazio de la ciudad de Roma.

En Israel, más precisamente en Jerusalén, como en toda buena ciudad futbolera, coexisten dos clubes rivales, que mitifican el concepto de clásico regional. Por un lado se encuentra el Beitar, por el otro bando el Hapoel Katamon. Dos polos extremadamente opuestos que extienden las dos maneras de entender la fuerza política con la que se vive en ese país. El equipo de Beitar consigna en su escudo la menorá, un importante símbolo del judaísmo que se identifica por ser un candelabro de siete brazos. Por el contrario y de modo antagónico, el Hapoel Katamon enaltece como símbolos el color rojo y negro, acompañado de la hoz y el martillo, fiel representante del idealismo comunista.

 

Israel, un país históricamente dividido, más en la ciudad de Jerusalén, vio en sus primeros años de estado independiente la formación de equipos de fútbol como por ejemplo el Hapoel (trabajador) Jerusalén, instaurado de la mano de sindicalistas y laborantes. Tras el decaimiento laboral de la década del 70, el club se vio obligado a ser manipulado por manos empresariales al punto de caer a tercera división, momento en el cual los seguidores decidieron institucionalizar un nuevo equipo al que llamaron Hapoel Katamon.

Gran parte de los clubes de Israel se crearon a raíz de los bandos políticos, de allí que ciertos equipos se hayan ligado de manera radical a la corriente del sionismo. Uno de los mejores expositores de este momento es el Beitar, rival potente del Hapoel Katamon. Seguido por buena cantidad de aficionados, cuenta entre sus seguidores con gran parte de los líderes de derecha de la ciudad. Una manera controversial de disputar un clásico, comunismo contra sionismo, dos lineamientos completamente independientes y disímiles.

El Beitar es aún más famoso en su radicalismo y altercación ya que es el único equipo de esa liga que nunca ha contratado a un jugador árabe, además de contar con un amplio sector de ultras. Entre algunas de sus presunciones está la de alardear constantemente su intenso nacionalismo. “Aquí está el equipo más racista del país”, cantan los ultras del equipo. Entre banderas de Israel, es común ver pancartas con consignas anti-palestinas en las gradas del estadio. Uno de los momentos que mostro el radicalismo del Beitar fue cuando hace cuatro años el club contrató dos jugadores chechenos musulmanes y “La Familia”, como se hace llamar el grupo ultra, no paró de presionar hasta que lograron sacarlos. Acosaron tanto a jugadores como a directivos, destrozaron una sede del club y consiguieron su objetivo en pocos días. El entrenador de turno, Eli Cohen, terminó admitiendo públicamente que nunca más se plantearían fichar jugadores árabes o musulmanes.

 

El Hapoel Katamon, disidencia del Hapoel Jerusalén, es la membrana opuesta al fútbol de aquel país. Pese a ser una institución de apenas 10 años de existencia, se convirtió en el primer equipo del país en alinear un jugador de descendencia árabe. Es propiedad de sus aficionados, que formaron una empresa para crearlo ante el descontento con la gestión que llevaban con el anterior club. Ha crecido en los últimos años por su estructura asociativa y compromiso social. Club de izquierda, creado por la gente, para ellos y sostenido en el seno del comunismo. Según las fuentes del club, un tercio del presupuesto es destinado a programas para la lucha contra el racismo, la homofobia y promocionar el deporte en las mujeres así como la integración de inmigrantes. A diferencia del Beitar en las gradas se ven banderas cubanas, con símbolos antifascistas, de color rojo con rostros de Ernesto Guevara, Marx y hasta Gandhi.

 

Dos contextos diferentes en un mismo espacio, Jerusalén. Dos extremos que van más allá de unos colores, más allá de un simple juego, que representan la esencia de dos identidades opuestas por naturaleza. Es la política en estado puro pereciendo en su intenso hedor.

El fútbol crea un plano de intercambio democrático, un genuino diálogo de las culturas.
Calixthe Beyala

Imagen tomada de https://goo.gl/Jh7tNB

Norbey Danilo

Estudiante de Ingeniería. Individuo, diletante, inconformista, magnánimo. El maestro Panzeri lo tenía claro – La palabra no ha sido inventada para no decir lo que pasa y lo que pensamos. Para callar y ocultar se inventó antes el silencio. Yo no participo de la comodidad del periodismo sin opinión –
Academia, magazines y mucho deporte.

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