Sanint, de la timidez a los escenarios

Cuando se piensa en comedia o en comediantes, es usual que la mente asocie estas palabras con extroversión, frescura, ‘cara de pastel’ y seguridad; así que uno suele imaginar que todos los grandes comediantes tienen al menos desde su niñez una de estas características, ciertas actitudes eufóricas que evocan y anuncian que serán una bomba de emociones a medida que vayan creciendo. Características que demuestran que son un diamante en bruto para los escenarios, esos que esperan con ansias que sus tablas sean pisadas por personas cargadas de anécdotas que hagan reír por doquier.

Sin embargo, a mediados de 1981, ese niño delgado, de nariz prominente, con mucho acné, tímido, inseguro, introvertido, con un grave déficit de atención y al que le hacían bullying, nunca imaginó tener un as debajo de la manga para dejar de lado esos complejos que lo habían seguido desde niño y convertirse uno de los mejores comediantes de su país. Aunque él no lo supiera, su vida y manera de ver el mundo cambiarían totalmente un día cualquiera y sin esperarlo, pues se convertiría en ‘Simón el bobito’, su primer papel en una obra de teatro. Antonio asegura que casi se muere de pánico ese día, de eso no había duda, pero en ese instante de nerviosismo y dolor de estómago en el escenario, sintió que tenía que seguir intentándolo, pues había algo más allá del miedo, de la timidez y los nervios que lo movía a seguir allí arriba. Lo describe como una especie de masoquismo que le encantó.

Después de ese primer contacto con el escenario, Antonio Sanint descubrió que los momentos en los cuales se sentía realmente tranquilo y feliz eran esos en los que hacía reír a la gente a carcajadas. Con su papel de ‘Simón el bobito’ y muchos otros que realizó después, y que además mezclaba perfectamente con la comedia, Sanint empezó a descubrir  su talento y a explotar esa faceta en sus próximos años escolares. Dice que “le gustaba mucho mamarle gallo a los profesores y a sus compañeros” y que así fue durante el resto de los años mientras estuvo en el colegio, sin embargo, sabiendo que lo que le apasionaba eran los escenarios, las cámaras y hacer reír, decidió irse por otros caminos cuando salió del colegio, porque nunca pensó que podía vivir de la comedia.

¡Luces, cámaras, acción!

Estudió publicidad y cine en el Politécnico Gran Colombiano; así fue que trabajó en agencias de publicidad durante muchos años, pues Sanint siempre pensó que “la fortuna de hacer lo que a uno le gustaba era de otras personas”, por eso nunca, hasta ese momento, pensó en hacer lo que le apasionaba, pues siempre tuvo en la mente que “la forma correcta para vivir el resto de la vida era empleándose en algo”, cosa que siguió al pie de la letra hasta sus 30 años, cuando pensó en el camino que había recorrido hasta ese momento, “¿sabe qué? Hay que darle la oportunidad al sueño de uno. Vale la pena, porque si uno no trabaja en el sueño de uno, va a terminar trabajando en el sueño de alguien más”.

Antonio llamó a su mejor amigo de infancia Julián Arango, también comediante y actor, quién siempre ha sido su compañero de aventuras, y le propuso intentar eso que tanto les apasionaba, que probaran cumplir ese gran sueño; se decidieron y pidieron permiso en un bar de Bogotá para presentarse todos los miércoles. Un inesperado día llego la talentosísima reina de las tablas y directora del Teatro Nacional, Fanny Mikey, los vio y le gustó mucho lo que Antonio y Julián estaban haciendo, así que los invito al Teatro Nacional, allí estuvieron por más de un año siendo un éxito total y entonces fue cuando los productores de televisión empezaron a llamarlos, de ahí para adelante es historia. Fue así como Antonio empezó esa aventura llamada comedia en la que lleva ya casi 20 años, un recorrido realmente grato que lo ha llevado por una montaña rusa de emociones como él mismo lo describe.

¿Cómo pasó esto?

Poco a poco ha podido ir dejando de lado ese niño introvertido e inseguro, pero repite una y otra vez que eso es posible porque encontró lo que lo apasionaba, eso que lo hace realmente feliz en la vida, la comedia, hacer reír a las personas, los escenarios y las cámaras. Aunque confiesa, entre pequeñas risas y rozando sus manos insistentemente, que nunca ha dejado de sentir nervios al pararse en un escenario y que incluso aún sigue haciendo ejercicios para combatir la timidez.

Para Antonio Sanint la comedia es algo más que su trabajo, es algo espiritual, algo que lo conecta plenamente con la felicidad, su más grande sueño hecho realidad, eso que le mueve las fibras y lo hace sentir en el mejor punto de su vida, en el peldaño más glorioso. Eso se percibe en el ambiente de su hogar, lo refleja su rostro al hablar del amor por los escenarios, su sonrisa al contar que ha llegado a lugares donde los anfiteatros tienen más tres mil personas esperándolo e imaginarse que nunca pensó que iba a llegar allá algún día, “yo me siento muy afortunado, me siento como en un sueño, ¿cómo paso esto?” dice entre risas, mostrando lo sorprendido que sigue estando de que un día dejó las agencias de publicidad por pararse frente a cientos de personas a hacer sus momentos mucho más gratos, porque una carcajada siempre purifica el alma.

Vivir cada día como si fuera el último

Antonio Sanint seguirá en ese viaje sin fin por el mundo entero, en “ese trencito”, como él dice, que lo va llevando a la felicidad cada vez que se presenta delante de su público con sus stand up comedy para divertir a muchas personas. Ya ha estado en varios países latinoamericanos y en Estados Unidos.  Su sueño sigue y ya conquistó la plataforma de Netflix, nada más que con su mejor amigo de infancia. Sanint tuvo la fortuna de estrenar un stand up comedy llamado Ríase el Show junto a Julián Arango. Esto es solo muestra de su esfuerzo y su persistencia. Y así sigue él, con “todo lo que siempre quiso saber y su papá nunca le explicó”, sueña con realizar muchos proyectos más e ir contagiando con ellos a todas las personas que se encuentre en el camino. ¡Oír esas carcajadas imparables hasta el fin de sus días!

Cree que el final perfecto de la vida sería sobre el escenario muerto de risa, pues la comedia es su medicina más efectiva y su más grande amor; mientras tanto dice vivir cada día como si fuera el último, dándolo todo en el escenario para que el público se divierta, porque esa es la recompensa más grande para él.

Normalmente no conocemos las dificultades que tuvieron las demás personas para alcanzar sus sueños, pero lo que sí es cierto es que siempre habrá obstáculos de algún tipo. Así que no importa que tan descabellada sea la idea, si uno se propone ser el mejor en algo, como lograr un rol en específico, con perseverancia de seguro se logrará.

Maria Camila Botero, en colaboración con Mary Lorena Rodríguez.
Imagen tomada de http://bit.ly/2FEW41n

Maria Camila Botero

Estudiante de quinto semestre de Comunicación Social y Periodismo, y de primer semestre de Relaciones Internacionales en la universidad Jorge Tadeo Lozano.
Me gusta mucho escribir, no porque sienta que lo haga bien, sino porque me inspiro al hablar de un tema que me apasiona, y ahí lo difícil es dejar de escribir tanto. Siento que hay muchas historias que merecen ser divulgadas... si se contaran, tal vez, podrían salvar a alguien, o al menos, dar a conocer la labor que han hecho, y qué mejor que dejar un legado, para que no quede en el olvido aquello por lo que se luchó.

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