La mujer lee porque es ambiciosa: ¿qué ha sido del mundo desde que la mujer comenzó a leer?  

Se puede hablar de emancipación desde muchos ángulos, ¿cómo hablamos de emancipación a través de la lectura?, ¿a través de la vida académica?, ¿cómo fue la transición de lectora a premio nobel de literatura?, ¿cuál es el reto para la mujer contemporánea? y, ¿cómo perpetuar y sobre todo prolongar el papel de la mujer en la academia?

No sé de donde habrá sacado esa niña ese carácter. Yo creo que es de leer tanto. Y mire que nos avisaron las monjas. Ya lo decía mi padre que en gloria esté: el día que a las mujeres se les permita aprender a leer y escribir, el mundo será ingobernable”. Dice Carlos Ruiz Zafón en la saga de La sombra del viento.

¿Qué ha sido del mundo desde que la mujer comenzó a leer?  

La mujer y la novela romántica

Los libros eran sinónimo de amor, pasión y heroísmo. La sociedad asumió que la mujer leyera en sus ratos de ocio, creyendo que la literatura era inocua, y que las simples novelas rosas no tendrían en ellas gran repercusión. El idilio romántico para la mujer: la burla del hombre. Para un momento en que el matrimonio era simple contrato social era impensable creer que la vida real podría ser como las novelas en las que se sumergían las mujeres para deleitarse. ¿Quién iba a pronosticar que una historia romántica transformaría con ímpetu la mentalidad femenina? ¿Qué revolucionaría el imaginario social llevándolas incluso a una revolución, a la emancipación? Los hombres se reían de la mujer, que excluida en casa no hacía más que soñar leyendo novelas rosas para luego comentarlas con sus amigas durante las tertulias y la hora del té.

La mujer idealista, la soñadora, la mujer lectora. Para entonces la escritura era netamente enfocada al ámbito masculino, las mujeres no escribían, no podían, pero la prosa y la poesía ya hacían parte de ellas. Primero de forma oral y luego gracias a la literatura, lo cierto es que estando en la esfera privada recluida en el hogar sin nada que hacer, la mujer lectora -aunque no de textos académicos- comenzó a concebir un mundo en donde fuera posible la unión de amor y matrimonio, una vida que apartada de lo rutinario que le ofreciera aventura y emoción.

Y luego llegó Goethe, y con él Werther, revolucionó el mundo literario femenino. El amor inocente comenzó a ser erótico, prohibido, inescrupuloso por parte de la iglesia. El poeta era leído por todas las mujeres, que recurrían a él con el incipiente deseo de aprender algo más de la vida, algo más sobre aquello que siempre había sido prohibido para la mujer (la pasión, el deseo, el erotismo, y la sexualidad).

¿Cómo la mujer dejó de ser lectora para convertirse en la escritora de sus vidas ficticias? ¿De sus vidas deseadas?  ¿De la vida anhelada en los sueños?

Se democratizaron los libros, y esto permitió pasar de la lectura a la escritura y la mujer reafirmó su derecho a expresarse, a hacer parte de círculos intelectuales, a formar parte de una vida en la que la mujer se despoja del papel de ama de casa para producir textos.

Caroline Schelgel, Mary Wollstonecraft, Jane Austen, Mary Shelly, E. Martlit, Virginia Woolf, Susan Stong, Lou Andreas Salomé. Mujeres que marcaron la historia de la literatura no solo universal, sino femenina, símbolo de emancipación y el salto más importante de la mujer, el traslado de la esfera privada a la pública. Después de todo como cita Tess en la novela de Thomas Hardy: “¿por qué no me dijiste que corría peligro entre los hombres?, ¿por qué no me previniste? Algunas señoras saben defenderse porque leen novelas que les hablan de estas cosas, pero yo nunca tuve ocasión de aprender de ese modo y tú no me lo enseñaste”.

Lo que comenzó como una pasión literaria, como una adicción inocua por la lectura, terminó por convertirse en conversaciones con intelectuales y filósofos, y cómo olvidar a los homosexuales. Con ellos llegaron temas de conversación sobre sexualidad, permitiéndole a la mujer conocer acerca de un tema que la iglesia prohibía para ellas. La exhibición de la sexualidad, le otorgó a la mujer no sólo curiosidad por su propia anatomía sino que fue como un tipo de epifanía, que le abrió las puertas a un mundo de goce y placer.

Es normal, que para aquel entonces mujeres como Caroline Schelgel, Virginia Woolf, o Jane Austen escribieran bajo seudónimos y solo después de varias obras publicadas anunciaban ser las autoras de los libros. La estigmatización por la mujer escritora era tan fuerte que resultaba ser objeto de escarnio público. Era ignominioso para una familia, o un hombre ser esposo de una mujer que contrario a la sumisión declaraba por medio de sus escritos ideas rebeldes y sexuales.

La literatura, la añoranza de lo imposible, el sueño irrealizable, el llamamiento a lo utópico. La forma en que la mujer comenzó a ser tomada en serio en el mundo académico, y su entrada directa al mundo intelectual. La lectura, las novelas –rosas-  espolearon a la mujer a conjeturar una vida que satisficiera sus deseos más ocultos, le permitieron sobrellevar épocas de represión e iniquidad.

Vargas Llosa, en el Elogio de la lectura y la ficción, afirma:  

Sin las ficciones seríamos menos conscientes de la importancia de la libertad para que la vida sea vivible y del infierno en que se convierte cuando es conculcada por un tirano, una ideología o una religión. […] Las mentiras de la literatura se vuelven verdades a través de nosotros, los lectores transformados, contaminados de anhelos y, por culpa de la ficción, en permanente entredicho con la mediocre realidad”.

La ficción, le permitió a la mujer soñar y llevar a cabo un cambio que paulatinamente se fue incorporando en la sociedad.  La ficción repercutió de tal forma en el ideal femenino que acuciada por la rebeldía osó reclamarle al mundo una existencia distinta a la planteada. Se reconoció como merecedora de una vida con oportunidades que le ofrecieran la satisfacción a los deseos reprimidos.

La mujer independiente surgió gracias a la emancipación que produjo la literatura y a partir de ahí una perspectiva diferente socialmente que la reconocía como sujeto pensante.

¿Qué ha sido de la mujer desde entonces? ¿Cómo ha sido la transición de la vida de una mujer que leía en el hogar a la de una que hace parte de la vida académica?

Hablar de la mujer en materia cultural y académica tiene una mirada amplia que engloba no solo terrenos literarios, sino el logro en materia científica, astronómica, medica, pedagoga. La concepción de la mujer apartada del hogar sin ser vista netamente desde el plano reproductivo, sino como un sujeto capaz de aportar con su conocimiento.

Este aporte al mundo literario ha sido galardono con el premio nobel de la literatura. Surgieron en 1901. La primera mujer a quien le fue otorgado fue Selma Lagerlöf  en 1909, seguida por: Grazia Deledda en 1926, Sigrid Undset en 1928, Pearl Buck en 1938, Nelly Sachs en 1966, Nadine Gordimer en 1991, Toni Morrison en 1993, Wislawa Szymborska en 1996, Elfriede Jelinek en el 2004, Doris Lessing en el 2007, Herta Mülleren el 2009, Alice Munro en el 2013 y Svetlana Alexiévich  en el 2015. Se han entregado 108 premios de literatura, solo 14 han sido ganados por mujeres. Y solo una de ellas es latinoamericana, Gabriela Mistral en 1945.

La lectura, no solo arremetió contra la vida hogareña de la mujer. Tuvo el efecto más grande que puede tener la lectura en cualquier humano, en palabras de Estanislao Zuleta, -la lectura le permitió pensar-. Acceder a una libertad concebida gracias al mundo imaginable por ella.

La sociedad no caviló que una –lectora de novelas rosas- tuviera curiosidad por aprender, por hacer parte de grupos literarios, o que pudiera siquiera interesarse por temas coyunturales. Como la política, que trajo consigo el sufragio femenino. La forma en que la mujer pasó de lectora a escritora e incluso a imprimir y editar sus propios libros como Virginia Woolf, era una idea inimaginable en el siglo XX.

Ya en el siglo XX se comienza a leer de forma vertiginosa, la lectura se incuba en el interior del hogar, cuando la mujer tiene contacto con el primer libro, aparte de la biblia,  pero fragua en la vida pública cuando la lectora, ya es consciente de las ideas leídas y la cotidianidad que, en realidad, atraviesa. Las horas de lectura eran el espacio existente entre ella y un libro que le daban la noción de ser libre. La novela de amor fundo incipientemente un deseo por rebelarse, y la mujer,  sin darse cuenta comenzó a filosofar, buscando recrear el mundo que los libros le ofrecían para que no quedaran guardados en un estante sino que le permitieran volverse realidad.

La mujer participaba no solo de círculos literarios, sino que ya tenía contacto con  intelectuales y grandes pensadores de la época, los filósofos. Ya no solo leía novelas rosas, ahora pensaba más allá del amor y del idilio, ya no buscaba soñar con una novela, buscaba escribirla, buscaba a través de la escritura reivindicar su papel de mujer emancipada dando a conocer sus pensamientos. Comenzó a conjeturar sobre la cotidianidad, sobre la existencia, sobre su papel en la sociedad. Y de ellos surgió una mujer que incluso se convirtió en filosofa como Simone de Beauvoir, que inducida por Sartre no solo escribió literatura, sino que también formo parte de la corriente filosófica del existencialismo.

La escritura, demostró que la mujer puede producir material intelectual, sin estar en el margen social, contrario a eso como a través de la literatura se da solución a los problemas cotidianos, se analiza la realidad, se concibe la vida en busca de la transformación, la igualdad, la superación.

Cuando la mujer comenzó a escribir, se encauzó hacia la emancipación mediante la palabra escrita. A alcanzar no solo un clímax social, sino, más importante aún, a reconocerse a sí misma como un sujeto valioso con aportes que traspasan los límites de lo existente.

Se puede decir que la mujer tuvo su primer acercamiento con la literatura, el siglo XVIII y repercute fuertemente en el siglo XIX y XX, con la transición de lectora a escritora. Y cómo afirma Lola Larumbe Doral, en el libro de Stefan Bollman de Mujeres y libros: “Las lectoras que aparecen en Mujeres y libros leen para vivir de otra manera o viven de otra manera y por eso leen. Y porque leen escriben. Y esta es la primera consecuencia de la lectura”.

El libro -“Mujeres y libros” de Stefan Bollmann-, no solo da cuenta de un periodo histórico de la lectura femenina. Es una reivindicación de la mujer. Es una forma de empoderarse, para la lectora de Bollmann, leer uno de sus libros es reconocerse nuevamente y hacerlo, bajo la historia de mujeres inspiradoras que lograron perpetuar y consolidar la independencia femenina, permitiendo su reconocimiento igualitario en el terreno masculino.

El gran descubrimiento fue la realización de sí misma, de su propio pensamiento, de la construcción de su identidad. El efecto se dio en realidad en el momento en que ella comenzó a discrepar todo tipo de adoctrinamiento, y a rebelarse contra cualquier condicionamiento. La mujer lectora no solo deseaba recrear el amor novelesco en su vida. Comenzó a pensar en un futuro académico y profesional y a idealizarse como parte de él. A querer sucumbir en él. Su prioridad dejo de ser el amor y el matrimonio, porque con su descubrimiento se dio cuenta que la existencia tenía para ella más que ofrecerle que una relación amorosa, al reconocerse como sujeto intelectual la mujer comenzó a formularse incógnitas y ahí comienza su búsqueda infinita por el descubrir, por  conocer, por aprender.

De forma que la lectura la invito a expandir su conocimiento, y a buscar la confrontación con sus vasallos. Toda la civilización permutó con la mujer, cada uno de los ámbitos sociales se configuró con su llegada. Con ella el poder judicial se modificó, entró la mujer a participar de la política no solo desde el sufragio, sino a formar parte de la burocracia, a tener vocería en la esfera pública e incluso como se expuso anteriormente con la pedagoga Gabriela Mistral a ser parte directa del mundo académico, institucionalizado y lograr incluso, un Premio Nobel de Literatura.

Si la lectura le abrió puertas a la mujer, la vida universitaria la transformó por completo. En ámbitos de moda, ideologías y vida social.

La mujer lectora deja en evidencia algo determinante, la mujer que osa adentrarse en las letras, corre el riesgo de jamás salir de allí. De entrar en un mundo que cada vez la invoca con más ímpetu, y que vertiginosamente se vuelve adictivo, puesto que cuando el intelecto logra trascender los limites sociales la mente llega a un punto de exploración del que le es imposible salir. El intelecto ha logrado en cierta medida su cometido: la libertad. Esa libertad mental que solo concibe aquel, que acuciado por el conocimiento, busca en la literatura, en la filosofía, en el arte una perspectiva diferente a la dogmática; logrando concebir el mundo desde un sentido netamente individual en donde nadie logra irrumpir.

La mejor consecuencia que la lectura le dio a la mujer, fue la emancipación mental en donde ella guidada por su instinto buscó darle sentido a la existencia, y no solo individual sino de la sociedad en sí. La mujer lectora, escribe porque como dijo en algún momento Vargas Llosa, la razón de ser del escritor es el inconformismo, la rebelión, la protesta. De forma que igual que en el siglo XIX y XX la mujer por medio de la palabra escrita protesta porque no esta de acuerdo,  porque está segura que algo puede cambiar.

La mujer escribe sobre todo aquello que le causa displicencia, escribe porque siente la necesidad de vociferar ante el mundo que algo debe modificarse, que algo no está bien. La mujer escribe cuando sabe que en sus manos tiene el poder de transformar una realidad.

Porque la literatura emancipa, y no sólo a la mujer, no sólo en el pasado, lo hace siempre, cuando el lector tiene un libro en frente, lo hace en el momento en que la palabra leída se incuba en la conciencia y fragua atravesando el cuerpo y cobrando vida en las manos, cuando se convierte en letra.

La mujer lee porque es ambiciosa y no desea amoldarse al mundo que le fue dado, lee porque no se permite así misma quedarse con la realidad en la que está inmersa, lee para cambiar la vida que le ha sido heredada.

El reto entonces para la mujer contemporánea es: ¿si ya hacemos parte del mundo académico, intelectual, político, cómo haremos para perpetuar nuestro papel?, ¿cómo seguir el legado de mujeres que sacrificaron su reputación y dignidad por nosotras?, ¿cuál es el deber que nos queda?, ¿cómo seguir en la búsqueda incesante por el conocimiento en un mundo que ha permitido que la tecnología banalice tantos ámbitos?, ¿cómo lograr empoderar a las mujeres que han caído en la banalización por la digitalización, por las redes sociales, por el Instragam?, ¿cómo rescatar la cultura lectora? Y el papel más arduo para las madres, ¿cómo criar niñas que deseen transformar la sociedad y no solo su cuerpo?

Imagen tomada de: talkfilmsociety.com (Grace Kelly leyendo-1954)

Por: Manuela Granda Loaiza

Comunicadora social y periodista @manuelagloaiza