Vallas donde vayas

Se fue enero y con él la contienda toma forma, ya las bases están sentadas, todos tienen permitido plasmar su talento con todas las de la ley y darle horma; vuelve a llegar esa época en que los cielos se obstaculizan con rostros acompañados por frases elocuentes, oraciones de esperanza, cuando sólo el tiempo dirá quiénes fueron los que quedaron rayados, marcados, llenos de gran templanza, enhiestos en la meta tras haber cruzado el umbral y pasarse de la raya.

Aparecen de nuevo las voces que se siguen y a las que le damos nuestros votos de confianza, las que nos hacen creer en las ideas hasta donde la valla alcanza, allí caben sonrisas, miedos, aliados, añoranzas; todos son grandes goleadores que anhelan romper la malla, uniformados sólo por cuestiones de táctica, por una realidad fáctica, en la que muchos transitamos mirando hacia al horizonte sin mayor consigna, sin pujanza, esperando que llegue el día en que podamos creer en imágenes en lo alto, en eslóganes con encanto, en aquel paraíso de plástico que me pintan a donde vaya.

En estos días, más que nunca, la calle no calla; los postes, las paredes, los edificios desolados, todos posan como emisores y así el concreto una voz emana, se ven figuras bien peinaditas pidiéndonos que les permitamos salir a la cancha, les demos la 10 para poder distribuir juego, que ellos lucharan por el partido, la victoria y su causa, que son la alternativa, algo como un fruto en baya: la semilla y la pulpa con un número a sus espaldas, la razón que no usa armas, que nos insta a actuar con pausa, si usted no sabe quiénes son ellos por favor elija con calma, no se convierta en devoto, no amplíe la disonancia, no convierta su buena fe en un enunciado con metralla.

En el Valle del cacique Upar apareció una valla, ubicada de manera tal que cerraba el paso peatonal y posaba como una muralla, ¿será una señal?, ¿será algo sin importancia? La alcaldía la retiró pero igual quedó la cizaña, las vallas nos sonríen cada cuatro años y los individuos pierden confianza, la botaron algún día y hoy quién sabe dónde vaya, y allí yace una razón que justifica el porqué de la abstinencia, porque a muchos ya los invadió el importanculismo, nada vale y poco cuenta, y en cierta medida esta posición no tiene segunda vuelta, es el legado que nos imponen: que esto ya nada lo cambia, que nadie dará respuestas si la voz se emite en calma, mientras de nuevo se ven firmes los de derecha y los de izquierda, otros con su avistamiento, como gelatina, tiemblan, los pelos se les ponen de punta como a punkero con cresta, porque hay votos con odio y miedo debido a esta gran oferta, ¿será que muere la fiesta?, ¿será que si voto cuenta?,  quizás lo mejor sea hacerlo y no confiar en ninguna encuesta.

En estos momentos muchas litografías viven su agosto mientras algunos personajes se juegan sus cartas en aras de la banda presidencial que se otorgará este mismo año, el 7 de agosto; cada uno va armando un amplio séquito que configura un espectro electoral con un panorama variopinto: de palomas a pinzones, de castaños a robledos, con cabales y barreras; con ojos fijos y limpias manos al mejor estilo del Gran Hermano, con ojos tiernos y melosas causas al mejor estilo de la abeja Maya; quizás más de uno ya está posando para algún facsímil que contiene un itinerario, donde nos mantienen al tanto de cada partido y hay espacio para los marcadores, para plasmar numerosas rayas con goles como prontuario. Para el mes de agosto ya todos sabremos quién fue el campeón y ya no habrá forma de alterar el resultado, los momentos de efervescencia y calor patrio habrán cesado, cada ciudadano hará su balance y podrá determinar si las fechas de mayor importancia solamente estuvieron en junio y en julio, o si le cupo una que otra cita para marzo y para mayo, cuando le hizo digestión todo lo que vio en las vallas, cuando estuvo muy lejano de la transmisión de las pantallas.

La experiencia dice que al final de cuentas muchos perderán más que tiempo, no obstante, algunos no buscaran enfrascarse en su derrota: “perder es ganar un poco”, eso aprendimos de la pelota, y con el pasar del tiempo la expresión parece bisiesta porque cada 4 años hay alguien por ahí que la evoca, se dice que podemos hacer los cambios pero nos cuesta alterar la historia, parece que nos gustan los jugadores vitalicios que roban nuestra memoria, que nos encanta ver siempre las mismas vallas y que preferimos que nos sigan poniendo falla, para así abandonar el país de los sueños mientras nos enterramos en un país que tiene dueños, y en suma, ser cómplices, que cantan una canción en la que no se puede escapar ni de madrugada, a esa realidad a la que hacemos caso omiso cada cuatro años a pesar de que todo nuestro alrededor se ve enmallado, enmarcado, desde la selva a la playa algún discurso se explaya, de lo concreto a lo abstracto todos están hablando, vayas donde vayas, vallas donde vayas…

La imagen anexa es una edición realizada por el autor de este escrito quien la proporciona para dar algo de contenido a su anodino texto, la foto original puede verse  en:  https://twitter.com/jpserna/media?lang=en

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