La política, un negocio redondo

Se acercan las elecciones y la guerra por el poder político no puede esperar. Las redes políticas están preparadas para movilizar al electorado, dentro de las estrategias que utilizan se encuentran la construcción de un enemigo común que les permita agrupar grandes segmentos de la población para eliminar al adversario y conseguir el resultado deseado, y/o capturar la voluntad y los votos de aquellos electores indecisos para apalancar un candidato o restarle fuerza a la oposición.

La puja por el poder es constante, los medios de comunicación informan minuto a minuto y la opinión pública va armando “sus propias conclusiones”. Es común oír en estos días, que la política es un negocio redondo, que se ha convertido en el arte de conquistar el poder por cualquier medio, que es la actividad preferida de la clase política tradicional para ejercer el control de las entidades del estado y para apoderarse de los recursos públicos; inclusive, en estos días, pareciera que entre partidos y movimientos políticos se “sacan los trapitos al sol”.

El universo político es complejo, dinámico, camaleónico, un caldo de cultivo del transfuguismo, una lucha “pacífica” del poder por el poder. Sea como sea, lo cierto es que vale la pena reflexionar sobre los desafíos que se encuentran en cabeza de todos los colombianos como ciudadanos y como actores políticos, no sólo para ponerle límite a la ambición exagerada de poder sino además, a los actos de corrupción que han desangrado más al país que la guerra. Vale la pena cuestionarnos por ejemplo, ¿qué actos han demandado más recursos del Estado, los actos de corrupción o los actos de guerra interna? ¿Quiénes han generado un impacto más negativo en las finanzas del Estado, su nivel de desarrollo social y crecimiento económico, los representantes corruptos de los distintos niveles de gobierno o los grupos alzados en armas?

De acuerdo con una investigación realizada por la ONG Transparencia Internacional, Colombia es el país 37 entre 168 en donde hay más corrupción, fenómeno que según el Fondo Monetario Internacional le cuesta al estado colombiano alrededor de 40 billones de pesos, es decir, una suma equivalente al 4% PIB. En relación con el gasto en guerra en Colombia, Diego Otero Prada afirma que la guerra entre 1964 y 2016 le ha costado a Colombia la cifra de $179.000.000.000 (ciento setenta y nueve mil millones) de dólares de hoy; por su parte, el Banco Mundial afirma que el gasto militar en Colombia equivale al 3,4% del PIB, aproximadamente 27 billones de pesos. Aunque este es un tema trillado, no puede pasarse por alto ni mucho menos volverse ordinario, común y tan regular que no provoque el grado de indignación suficiente para generar cambios a partir de la expresión más importante de la democracia representativa: el voto.

Finalmente, sólo agregaré que en época electoral, la captura de la voluntad política es la estrategia para sumar, dividir o restar, esto es, para sumar derechos, oportunidades, curules, votos, influencia, poder (…); para restar derechos, clientelismo, corrupción (…); y en todo caso, para dividir al pueblo, al poder constituyente primario. Nuestro voto debe ser consciente, informado y consensuado, ¿por quiénes votamos y a quiénes botamos?

Imagen tomada de http://bit.ly/2EyZZfG

Luz Dayan Caballero

Abogada egresada de la Universidad Católica de Colombia, estudiante de Administración Pública.

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