FÚTBOL, ÉPICA Y LITERATURA

“El fútbol crea un plano de intercambio democrático, un genuino diálogo de las culturas” anunció la escritora camerunesa Calixthe Beyala. “Para los futbolistas, el fútbol es un deporte (un trabajo, y un negocio); para los que no son futbolistas, es decir, para todos los demás, el fútbol es cultura, y por tanto arte de vivir”, sentenció el autor austriaco Egyd Gstättner. “¿Entonces no hay más que cultura? ¿Y no hay fútbol?” replicó el literato alemán Janosch.

Bien pueda el lector entrometerse en este sincero y laudatorio escrito. Está llamado a inmiscuirse con toda la pasión que lo invade por este magnífico espectro de masas, este hecho social total y por ende cultural llamado fútbol. Lo que sigue es una declaración solemne y sublime cuyo medio, más no fin, no es otra cosa que darle una aproximación a esa duda planteada ¿Escribir y pensar fútbol? ¿Por qué? ¿Para qué?

Escribo sobre fútbol por placer. Mientras el deporte más popular del mundo les sigue resultando a muchos un tema superficial o políticamente oscuro, sigo creyendo en la escuela de vida que hay tras este juego. Lo que me interesa es aquello que legitima su naturaleza inicial: una pelota (hecha de cualquier material), una cancha (sobre cualquier superficie), un puñado de jugadores (da igual si son improvisados), un árbitro (la figura del mal necesario), y las pasiones que puede suscitar.

No son pocos los intelectuales que desprecian el fútbol al considerarlo una droga social, un juego capaz de dopar a las masas, generar rivalidades y fomentar nacionalismos; y para quienes el término ‘arte’, aplicado a este deporte, resulta incompatible. Pero la realidad no siempre ha sido así. Son muchos los pensadores y artistas que han declarado su pasión por el fútbol. Albert Camus, por ejemplo fue uno de ellos. Antes de saltar a la escritura con obras como El extranjero, La Peste o La Caída, fue portero profesional en el equipo de la Universidad de Argel. “Todo cuanto sé —afirmaba Camus— con mayor certeza sobre la moral y las obligaciones de los hombres, se lo debo al fútbol”.

El filósofo francés Jean-Paul Sartre también es otro buen ejemplo. Hincha del París Saint Germain, aseguró que el fútbol era una metáfora de la vida; por ello sus reflexiones, muchas veces, giraron en torno al balompié. En La Crítica de la Razón Dialéctica (1960), Sartre utilizó el ejemplo del equipo de fútbol para ilustrar su teoría sobre los grupos: “Es ejemplar el caso del fútbol con las relaciones entre los jugadores, esos pequeños grupos estrechos y rigurosos; la indiferenciación del derecho y del deber para cada jugador, así como el juego de las reciprocidades entre jugadores, grupo adverso y espectadores”.

Martin Heidegger era otro apasionado por este deporte. Su biógrafo, Rüdiger Safranski, cuenta que el filósofo alemán solía ir a la casa de algún vecino del pueblo de Messkirch, cerca de Freiburg, en la Selva Negra alemana, para seguir por televisión los partidos de la Copa Europea. El autor de obras como Ser y tiempo, ¿Para qué poetas? y Arte y espacio, creía que el fútbol era una obra de arte total, en la medida en que el juego y el arte guardan similitudes como la creatividad, la autenticidad y la libertad.

Tanto Camus como Sartre y Heidegger mantienen una imagen profunda y comprometida con el pensamiento del siglo XX, sus representaciones —a menudo solitarias y sombrías— responden a ese patrón introspectivo, pero llegado el momento de gritar un gol, todos ellos lo hacían —no cabe duda— a todo pulmón, como verdaderos seguidores.

Por mi parte, sin mayor preámbulo y motivado por enaltecer la mística de este deporte me declaro un hincha fervoroso, un pibe de domingo, mendigo de buenas jugadas, enamorado de gambetear con las palabras. Me encanta hablar del deporte rey y su relación con la patria y la vida, del infortunio y la gloria tras los noventa minutos, de la humanidad de sus personajes, del sufrimiento del aficionado porque, como dijo Julio Ramón Ribeyro, “quien no conoce las tristezas deportivas no conoce nada de la tristeza”.

Leo a Galeano, a Soriano, a Fontanarrosa, a Villoro, a los talentosos criollos también, y a Vicente Muglia, Jorge Valdano y Martí Perarnau. Recuerdo antiguas victorias y derrotas para tratar de comprender el camino del héroe y me pregunto si en este mundo, tal como está, todavía es posible la gesta deportiva.

Escribo columnas tan técnicas como sencillas e idolatro a los genios, aquellos que marcan coyunturalmente la historia (Menotti, Cruyff, Bielsa, Michels, Valdano, Panzeri, hasta el mismo Camus y Heidegger). Me apetece, en mis planes, incursionar en los cuentos, un género tan vertiginoso y definitivo como la final de un campeonato de barrio.

En el rectángulo verde solicito siempre una primorosa jugadita, por los dioses del olimpo, me declaro un mendicante del buen fútbol, seguidor de los números y vehemente prosélito de la estrategia, el manejo y el liderazgo; como lo dijo Menotti, “Napoleón no era un táctico, sino un estratega. Si tenía que cambiar, cambiaba. Eso vale para el fútbol también”.

El juego es una fuente inagotable de pequeños milagros. Me gusta la capacidad de generar hechos tan repetitivos, pero lo suficientemente gloriosos como para convertirse en memorables. Sigo encontrando razones fascinantes, con sentido o sin él, para explorar este mundo. Los líricos del fútbol somos tan magnánimos que preferimos lo hermoso e inútil que lo productivo y útil. Es una nota de suficiencia. Pero con ello nos basta para compartir y salir del diario de un pobre que seculariza todo. Hacemos tertulia, nos maravillamos, aprendemos.

No se puede salir del estadio de la misma manera como se entró. Algo debió haber cambiado durante el viaje. Me pregunto, constantemente, cuál es la recompensa del héroe que está detrás de una pelota, detrás de una pluma, ¿Ganar? ¿Perder? ¿Para qué? Si el mundo de todos modos nos va a olvidar.

Discípulo incansable, intelectual, empedernido aprendiz de las matemáticas y la ciencia que, escribe de fútbol por delectación.

¡Esto, es el teatro de la vida, es la ciencia de lo improvisto, es como dijo Eduardo Galeano, fútbol a sol y sombra!

Creo que el fútbol es un pensamiento que se juega (Milan Kundera)

Imagen tomada de https://goo.gl/2pxPeD

Norbey Danilo

Estudiante de Ingeniería. Individuo, diletante, inconformista, magnánimo. El maestro Panzeri lo tenía claro – La palabra no ha sido inventada para no decir lo que pasa y lo que pensamos. Para callar y ocultar se inventó antes el silencio. Yo no participo de la comodidad del periodismo sin opinión –
Academia, magazines y mucho deporte.

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  • luisfvargasf

    Magnifico… el fútbol es la única de las democracias. Todos amamos, sufrimos y gozamos por igual. Lamentablemente se ha visto rodeado por la banalidad y la ignorancia de algunos que lo toman como superfluo. Muy buen articulo. Para los que amamos este deporte, es un gusto leer columnas así.