Entre divisiones, egos, corrupción y calumnias: Elecciones presidenciales 1946 vs 2018

En 1946 durante el preludio de la Violencia, el partido liberal se enfrentaba a su división en el momento más crítico: las elecciones presidenciales. Una serie de grupos se fue decantando frente a la presencia de dos fuertes personalidades que se convertirían, a finales del 45, en los dos candidatos liberales para defender la continuidad que se había mantenido desde 1930, cuando Olaya, también aprovechando una división del Partido Conservador, se había hecho con la presidencia. Por un lado estaba Gabriel Turbay, político santandereano con fuertes convicciones izquierdistas y que ya tenía un buen recorrido en la política nacional, además de representar el oficialismo liberal. Por otro lado estaba el cada vez más carismático Jorge Eliécer Gaitán, quien en su intrépida actuación como senador le había alcanzado, incluso, para sobrepasar un poco favorable periodo como alcalde de Bogotá.

En medio de esta división, los conservadores se dedicaron a aguantar y mirar como la prensa liberal lanzaba puyas al candidato contrario de sus amores, a Gaitán lo tildaban de indio y violento, y a Turbay de turco, árabe y comunista (1). Esta disputa, que incluía a patriarcas como López Pumarejo y Eduardo Santos, era atizada por la prensa conservadora que incluso, algunas veces, apoyaba a Gaitán para hacerle contrapeso a Turbay. Dos meses antes de las elecciones, los conservadores hicieron su jugada, viendo que la división de los liberales no tenia reversa, y que la posibilidad de un candidato único de ese partido era casi imposible, se reunieron en una “apoteósica” convención, con fotos de Rafael Núñez, Antonio Caro y Simón Bolívar, y luego de unas breves deliberaciones lanzaron a Ospina Pérez como candidato. El candidato natural era Laureano Gómez, pero en su cabeza sabía que su candidatura seria la mecha que haría que los liberales se pusieran las pilas y se unieran en una candidatura única, así que el elegido fue un técnico, un moderado, una persona que representara una visión política moderna y con un discurso tecnocrático y de conciliación, es decir Ospina.

El resultado era de esperarse, los liberales siguieron en sus peleas y los conservadores tumbaron la Segunda República Liberal, los votos que lograron eran suficientes para derrotar a los dos candidatos liberales por separado, pero no superaba la sumatoria de votos de los dos candidatos. A Turbay la sevicia con la que fue tratado en la campaña y la derrota lo llevaron a auto-exiliarse del país para morir derrotado unos pocos meses después de ese mayo 5 de 1946. Por otra parte, Gaitán aprendió de sus errores y como único líder del liberalismo se convirtió en la figura política potente que conocemos… de ahí para allá conocemos la triste historia.

Toda esta semblanza, con sus diferencias y sin caer en anacronismos, nos sirve para traerla a nuestra actual situación política. Así como en 1946 hoy tenemos varios factores que parecen similares.

En primer lugar tenemos a un partido liberal a punto de suicidarse en las urnas en medio de una consulta que tendrá una pobre participación y que dejará a un partido dividido y con una maquinaria electoral golpeada. Esta situación, que se decantó en Cristo y De la Calle, se dio casi por el mismo factor que en 1946, dos egos incapaces de doblegarse y que fueron atizados por personajes nefastos como Galán, Serpa y Gaviria. Cristo por una parte representa una especie de continuismo del gobierno Santos pero con una alta carga de clientela y burocracia regional que le representa. De la Calle, si bien con una ideología liberal un poco más clara, también busca agarrarse del gobierno Santos y su proceso de paz para lograr la presidencia. La división beneficia, obviamente, a los conservadores, no a los que tienen el nombre solamente, sino al mal denominado Centro Democrático, que proclama a De la Calle como candidato de las FARC (de la misma forma en que los conservadores usaban sus periódicos para desinformar y meter miedo a Turbay en 1946). El otro beneficiado es Germán Lleras, quien demarcado de Santos da pasitos tímidos a la derecha y al senador Uribe.

A diferencia de 1946, la división del liberalismo es aún más fragmentada, los partidos de izquierda (más bien tímida) como el Polo Democrático, el Partido Verde (que sería más una especie de centro) y el progresismo de Petro, luchan contra sus egos en busca de una candidatura única. El partido de las FARC, que es como la fea de la fiesta, camina por el salón mientras todos intentan huirle para que no los relacionen con el naciente partido. Estas divisiones entre Liberales, Polo, Alianza Verde y Progresismo generan una especie de atomización que las poco confiables encuestas monitorean con fluctuaciones de uno o de otro candidato liderando la contienda.

Así en medio del desorden la nueva derecha, el Centro Democrático, hace lo mismo que hacía Laureano Gómez y sus copartidarios: desinformar a través del miedo, lanzando historias falsas o acusaciones sin fundamento para distraer, acentuar la división de los otros candidatos y robar pantalla (en prensa o en redes) para permanecer vigentes. Sin embargo lo que hacen, al igual que en 1946, es aguantar. Esperar el momento preciso para lanzar a un moderado, que no despierte tantos odios (y a veces risas) como Paloma Valencia, María Rosario Guerra o María Fernanda Cabal, incluso se reservan a Zuluaga y Ramos (por su hermoso prontuario). Este moderado, que habla con un lenguaje técnico como Ospina, puede ser Ivan Duque o incluso Nieto. Podríamos pensar que este aguante del uribismo terminará una vez Vargas Lleras no logre ser seducido para usar las maquinaria del expresidente, y cuando se vean en la necesidad de unificar sus pareceres, tragándose entero al partido conservador, y nombrar al tan esperado ungido por Uribe, que mas que elegido será, por lo menos en la cabeza de Uribe, un títere para ejercer el poder en cuerpo ajeno.

Si bien los historiadores no podemos jugar a la futurología, si puedo decir que una vez elegido Ospina la personalidad conciliadora se le terminó en 1947 y la represión al liberalismo y a quienes habían tenido alguna prebenda en los gobiernos liberales terminaron en ese terrible baño de sangre que significó la Violencia y el conflicto armado de la segunda mitad del XX. Aspiro y espero que este articulo esté completamente equivocado y que como decía sea mejor historiador que futurólogo, es decir espero estar completamente equivocado.

(1)  Para mayor información de las elecciones de 1946 pueden consultar el siguiente enlace: http://www.bdigital.unal.edu.co/12832/

 

Carlos Arturo Rojas

Diseñador gráfico, historiador y magister en Museología y gestión del patrimonio de la Universidad Nacional de Colombia.

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