El efecto político de la literatura

“La literatura es fuego, ello significa inconformismo y rebelión, la razón de ser del escritor es la protesta, la contradicción y la crítica”
Mario Vargas Llosa, 1967

Platón expuso su ideología política con respecto a ceder el poder a la monarquía y a la aristocracia, conjeturando que a través de esa forma de gobierno se lograría una ciudad-estado ideal. La ideología platónica sobre ceder el control, tal vez hasta hoy, sigue siendo difusa, pues el pueblo, colombiano al menos, se ha encargado de culpabilizar meramente al gobierno por las crisis del país. Por ser una república, el país jerárquicamente delega cargos, pero construir una sociedad civil implica un trabajo conjunto y aunque los políticos son grandes responsables del desarrollo humano, no son los únicos.

De forma que no solo se debe inculpar a los grupos elitistas o funcionarios públicos, sino sumar la responsabilidad de la ciudadanía en ese trabajo conjunto. Es comprender, sobretodo, que como parte de un conglomerado social, cada persona actúa en pro o en contra de su sociedad. Es direccionarnos hacia el bien común, sobretodo asumir el papel político equitativamente. Pues el bien del país se logra con acciones individuales que repercuten colectivamente. Teniendo en cuenta que más que sujetos autárquicos, formamos parte de un sistema que requiere la participación activa de cada habitante.

¿De qué forma repercute entonces la literatura en la política?

León Tolstoi buscaba que su literatura cambiara la perspectiva del imaginario social. Afirmando que la literatura no era creada para el ocio, sino contrario a eso, para  ejemplificar la cotidianidad e invitar al lector a que realizara un análisis sobre los problemas sociales. La literatura, y por esto hablo de la “buena” literatura, la que te conduce a una realidad construida por el escritor con una prosa elocuente, concisa, congruente y coherente; con un trasfondo social, cultural, invita a tener un choque con las ideologías arraigadas y adyacentes. Literatura que incita a racionar, a reflexionar, que requiere cierto grado de concentración, de discrepancia, de refutación, que invita al lector a hacer un mínimo esfuerzo intelectual.

La gran literatura, que no carga consigo felicidad absoluta, por el contrario trae contradicción y dicotomías, malestar e insensatez, dubitación; porque quien lee se encuentra ante el dilema de encontrar en el mundo de los libros el cuestionamiento existencial con respecto a la forma en la que hemos sido criados. La literatura que remueve, que sacude, que transforma, esos libros que nos causan incógnitas extenuantes, ésa es la buena literatura y es esa misma la que abstrae de la realidad elementos significativos y necesarios para sensibilizar y concientizar.

Quien lee, y lee detalladamente, observa que el beneficio y paradójicamente el problema más grande de la literatura es la forma en que no sólo estimula los receptores sensoriales con efectos de placer, sino que se planta en nuestra razón llevándonos al conflicto. La literatura transforma, re-configura, permuta. Cuando el artista tuvo la posibilidad de no trabajar de forma imperativa, por la monarquía y el poder eclesiástico en la Edad Media, sino impulsado por la pasión, la emancipación, el amor por su oficio, nacieron los grandes personajes que hoy forman parte de los hitos históricos que marcaron el rumbo de la humanidad, permitiendo que de la abstracción social sobre las coyunturas de cada época, surgieran grandes obras artísticas.

La quema de libros, la lista de los libros prohibidos, la censura a escritores y demás artistas, por ser símbolo de rebeldía, da cuenta del impacto que genera al lector, como sujeto pensante que es, inmiscuirse en el mundo literario. La literatura plasmó periodos y movimientos que la sociedad vivió y sigue atravesando. Sin ella seríamos menos sensibles ante nuestras deficiencias, ante el mundo en sí.

Aquel que lee desde la pasión, que escribe desde lo que experimenta, encuentra en un cumulo de papel el significado de la realidad que atravesamos y cómo a través de letras, ya sean ficticias o no, sean prosaicas o no, inexorablemente se profundiza más sobre la existencia. La literatura no ofrece un decálogo sobre lo que está “bien socialmente”, invita al goce de los sentidos, a la expansión del conocimiento, pero lo más importante: a la empatía, a la sensibilización, a la agudización sensorial, a la concientización social.

El efecto más grande que deja la buena literatura es permitir que un individuo sea crítico y reflexivo frente a su entorno, o como decía Tolstoi: “Una literatura no orientada al entretenimiento, sino al entendimiento, que permita reconocer las acciones de los individuos buenos y malos en la sociedad”, y con respecto a eso, actuar o por lo menos pensar en la injusticia, en la violencia, en la maldad humana. Pensar en que el otro sufre, el otro siente, el otro necesita.

“El mundo está mal hecho, hay mucho sufrimiento, mucho dolor, mucha injusticia en nuestro rededor, y toda persona sanamente inclinada quiere, siente que esta situación debería cambiar, y es indudable que una buena obra literaria, entre otras cosas, algún efecto debe tener en esa realidad dolorosa, tan lastimada que es la realidad social prácticamente en todas las sociedades, aunque desde luego, en unas muchísimo más que otras”
Mario Vargas Llosa.

Para que una sociedad funcione mínimamente bien, o por lo menos desee alcanzar un grado de desarrollo humano que ofrezca óptima calidad de vida a sus ciudadanos, requiere de una sociedad civil auto-critica, que participe políticamente en las decisiones del país. La solución no resulta siendo escépticos a la política, sino participar activamente en ella. No requiere una práctica desde un cargo público, sino como parte de la sociedad civil, anhelo de crecer en conjunto. De la prosperidad económica, cultural, deportiva, social del país. La literatura produce personas capaces de informarse, de cuestionarse, de preocuparse, de que les importe qué pasa en el país y eso ya nos hace políticos.

“La gran literatura es grande no sólo por razones estrictamente literarias, sino porque (…) sirve para que en nosotros se produzcan cambios, no sólo como individuos amantes de la belleza literaria, sino como ciudadanos, como miembros de un conglomerado social. El efecto político más visible de la literatura es despertar en nosotros una conciencia respecto a las deficiencias del mundo que nos rodea para satisfacer nuestras expectativas, nuestras ambiciones, nuestros deseos y eso es político, esa es una manera de crear ciudadanos alertas y críticos sobre lo que ocurre en rededor.” Mario Vargas Llosa.

Imagen tomada de: https://goo.gl/W7rD3Z

Manuela Granda Loaiza. Comunicadora social y periodista. @manuelagloaiza

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