Los guardianes del conocimiento

La calle 45 en Bogotá constituye una cierta zona cultural, llena de escuelas de arte, música, fotografía, universidades y colegios donde confluyen estudiantes, profesores, extranjeros, amas de casa, poetas, etc. Pero es desde la carrera 22 que se vislumbran algunas de las clásicas librerías de viejo: El Dinosaurio, Lo Fantástico, Casa Tomada, La Clásica y Grandes Pensadores, las cuales constituyen ese enclave literario de esta ciudad monumental, donde albergan la fuente de conocimiento más simple, hermosa, tradicional, histórica y mágica: los libros.

Estos sitios de reunión para lectores apasionados, ocasionales y por encargo, subsisten vigorosos en medio de las adversidades y cambios del mundo moderno como “guardianes y llaves del conocimiento universal”, reflejado en esa pieza inerte en el tiempo que trasciende aquella mercancía de la cual se le puede sacar una ganancia monetaria, debido a que entrega en sus páginas sueños, pasiones, ideas, esperanzas, historias, versos, mensajes y detalles tan especiales y específicos, que no pueden pasar como simples objetos con un precio nominal. Más allá de eso, son hervideros de propuestas románticas, ideas revolucionarias y genialidades que cambian al mundo, tal como el encuentro de Stalin con Marx, el vínculo existente entre Gabo y William Faulkner, la fortaleza de las obras completas de Shakespeare para Nelson Mandela o el regalo de un libro de poesía a una enamorada (muy probablemente puede que usted, querido lector, tenga ese mismo tipo de encuentros y experiencias).

Los detalles de los libros pasan detrás de las portadas, ya que contemplan también la calidad tipográfica que pueda tener el ejemplar, las ilustraciones de portada y contenido, la ciudad y el año de impresión, la relevancia y la categoría del autor y el traductor (en caso de que lo tenga), la editorial y la cantidad de copias producidas. Lo anterior es importante a la hora de determinar los precios que puede tener una pieza. Pero, particularmente en las librerías de viejo, los costos son mucho más reducidos, por lo que es común ver a la mitad o a menor precio ese mismo libro vendido nuevo; claro está que ejemplares escasos, con el autógrafo del autor o con el rotulo de “joyas literarias” ya sea por sus condiciones físicas, particularidades, escasez o título, tienen un precio mucho más elevado. Tal es el caso de una primera edición de La Hojarasca de Gabriel Garcia Márquez, avaluada en 3 millones de pesos; un libro en latín del siglo XVII con un precio alrededor del millón de pesos; un libro de ilustraciones y descripciones de las primeras exploraciones francesas en Colombia; García Márquez: historia de un deicidio, de Mario Vargas Llosa o una primera edición de obras completas de Goethe.

Esa reducción de precio representa una gran ventaja comparativa en la medida que ante un panorama de escasez económica y bajo presupuesto para este gastico (o gustico) extra, los libros nuevos tienen precios muchas veces exorbitantes representados en el trabajo de editores, impresores, distribuidores, libreros y por supuesto autores. Ante esta “ventaja” puede que los libreros de viejo se vean favorecidos, a pesar de eso se presentan en el camino algunos retos para el gremio, principalmente el de la piratería de los ejemplares, el mediocre incentivo a la lectura que hace Colombia y las nuevas tecnologías que están cambiando todos los modelos de educación, consulta y entretenimiento en el que las enciclopedias, Don Quijote de la Mancha, Nacho, Jules Verne y Carreño pasan a un segundo y hasta tercer plano.

La zona de Palermo, teniendo a la Librería El Dinosaurio como precursora e insignia desde hace 15 años, maneja más de 90.000 ejemplares en el que confluyen infinidad de temas para gente de todos los estratos, profesiones y oficios. Con esa cantidad de visitantes fijos y ocasionales, se maneja un índice de ventas que depende de las fluctuaciones de mercado y condiciones externas, como por ejemplo un día lluvioso, un partido de la selección Colombia, una semana de entrega de parciales o finales, tareas que ponen con un libro, cantidad de investigaciones, vacaciones y protestas. A ciencia cierta, es difícil determinar un parámetro exacto de qué tanta gente compra y llega a la librería, pero son los sábados, días de quincena e inicios de vacaciones cuando pueden registrarse mayores ventas.

En cuanto a los ejemplares más buscados, se maneja a partir de temporadas ya sea por la muerte de un autor, los lanzamientos de libros o películas que vinculen algún título, y el boom o “moda” que comience a tener algún ejemplar especifico, tal como sucede en este momento con los libros de Stephen King, Charles Bukowski, Louise Hay, Kazuo Ishiguro –Premio Nobel de Literatura 2017–, Dan Brown y el Marqués de Sade. Aunque siguen imperando algunas generalidades como lo son El Principito (Antoine de Saint-Exupéry), El diario de Ana Frank, Cien Años de Soledad (Gabriel Garcia Márquez), La Biblia, El Alquimista (Paulo Coelho), Pedro Paramo (Juan Rulfo), Changó, el gran putas (Manuel Zapata Olivella) y Cosmos (Carl Sagan).

La subsistencia de una librería de viejo depende de la compra con precios justos de libros de viejo, ya sea por la gente que esté interesada en vender su biblioteca, la que encuentra libros en la calle o simplemente la que quiere donar esas páginas que disfrutaron u odiaron para que llegue a otras manos. Lo anterios más la venta de libros en una cuadra tan cercana a la Universidad Nacional, Distrital y Javeriana, hacen que haya un movimiento constante en estos templos del conocimiento, que a lo largo de sus años de existencia han visto pasar clientes (mejor dicho, lectores) alimentando y disfrutando ese vicio de la lectura tanto como si de una buena comida se tratase, y que dejan a flor de piel sus emociones cuando tienen ante sus ojos ejemplares que tanto han ansiado.

Estos santuarios están muy vivos, siguen su tarea noble de servir, construir y compartir conocimiento universal para todos, que más allá de la tecnología digital o de las ocupaciones diarias de la gente, mantienen esa pasión lectora que trasciende el internet o el consumo de best sellers con marketing publicitario de aeropuertos y supermercados. Es en espacios como las librerías de Teusaquillo, donde la magia incomparable de sus pasillos y habitaciones, permite que el destino juegue a favor de un bibliófilo experto o lector principiante, quien en medio de su búsqueda se encuentre con una joya literaria, con ese olor tan característico de los libros antiguos que dan placer al olfato, con ese libro que se deja en un rincón de la biblioteca, esperando su oportunidad, o quizá con el libro que está por cambiarle su vida para siempre.

Foto propia del autor.

Sergio Alejandro Gómez Velásquez

Politólogo de la Universidad Nacional de Colombia, me gusta mucho la literatura latinoamericana, los viajesy el ajedrez.

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