El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha

Colombia se ha caracterizado por ser un país exportador de minerales, específicamente de petróleo, combustible que representa más del 64% de las exportaciones mineras y el 40% de las exportaciones totales (incluyendo derivados). Por otra parte, también somos un país que importa en una gran proporción manufactura y bienes de capital. Según nuestras importaciones por intensidad tecnológica, el 88,8% de estas viene de bienes industrializados, y el 50,8% de productos de tecnología media y alta. Somos exportadores de materia prima e importadores de valor agregado: combinación nefasta.

¿Qué hay de malo en esto? Primero, hemos visto cómo la caída reciente en los precios del petróleo afectó de manera significativa las finanzas públicas del país. Segundo, precisamente esta volatilidad en los precios y la creciente popularidad en el uso de recursos energéticos amigables con el medio ambiente, han hecho que los países primermundistas, grandes consumidores de combustibles fósiles, estén realizando esfuerzos por reemplazar la diversificación de su factura energética por fuentes más económicas y renovables como la solar, eólica, geotérmica o biomasa. Ustedes saldrán a reventarme diciendo que actualmente las cifras indican que la factura energética mundial está compuesta en un 85,5% por combustibles fósiles, cierto. Sin embargo, se espera que para los próximos treinta años esta participación sea casi nula y el mando lo tomen energías más limpias. Prueba de ello es la medida del gobierno francés que pretende la prohibición de la venta de automóviles a base de gasolina y diésel para el año 2040.

¿Será este un indicio de que debemos inclinarnos por sectores con un mayor valor agregado e independientes de los cambios propios a la exportación de materias primas como el petróleo? Parece que sí. Pero, ¿a qué dedicarnos entonces?

Los estudios de coyuntura colombiana provistos por varios grupos de análisis respetables, le han otorgado cierta responsabilidad en la caída de las tasas de crecimiento de la economía colombiana a la merma del crecimiento chino, socio comercial importante. Algo que es cierto. Sin embargo, también parte de esa culpa, se la atribuyo a las dinámicas productivas sectoriales. Basta con echarle un vistazo, por ejemplo, a las tasas de crecimiento en la producción de celulares y en la producción de aplicaciones para estos mismos, para darnos cuenta que las economías que impulsan la innovación tecnológica están cambiando el sector industrial por el sector servicios, uno que no necesita las materias primas provistas por países como el nuestro.

Pues bien, un estudio de la consultoría estadounidense App Annie, muestra que entre agosto y septiembre pasados “las descargas de aplicaciones móviles en las tiendas iOS y Google Play llegaron a 26.000 millones en todo el mundo, lo que supone un crecimiento del 8%” en tan sólo un mes. Qué cosa monstruosa. Y eso que en la cifra sólo se cuentan las nuevas descargas, ni siquiera las reinstalaciones o las actualizaciones de las aplicaciones. “En términos de ingresos los resultados también fueron muy positivos para el mercado de aplicaciones, ya que en el tercer trimestre del año (2017) se alcanzaron los US$17.000 millones, lo que representa un crecimiento anual del 28%”. Y ni hablar del crecimiento del 40% en el tiempo que le estamos dedicando al uso de estas aplicaciones en nuestra vida cotidiana.

En contraste con lo anterior, la tasa de crecimiento en la producción de celulares presentó un estancamiento el año pasado. La consultora IDC (International Data Corporation) publicó un estudio sobre las ventas de celulares inteligentes a nivel mundial. De acuerdo con el informe: “los despachos sumaron en total 334,9 millones de dispositivos a nivel mundial en el primer trimestre de 2016, cifra ligeramente superior a los 334,3 millones de unidades vendidas durante el primer trimestre de 2015”. Es el crecimiento más bajo de la historia.

Todo parece indicar que la relativa zona de confort que nos ha dado el papel de provisor de materias primas para las grandes industrias del mundo, ya no tendrá la misma sostenibilidad en el largo plazo.

La CEPAL a mediados del siglo pasado, sugirió a los países en desarrollo de América Latina –entre ellos el nuestro–, que debían completar una pirámide productiva descrita de la siguiente manera:

pirámide cepalina

El plan fracasó. Y el resultado se le atribuye a una mala ejecución. La pirámide se comenzó a construir de arriba para abajo y nunca se terminó. Esto se debe en parte a las políticas de privatización de los ochenta promovidas por la dupla Tatcher-Reagan, que cambiarían drásticamente la dinámica económica del mundo occidental. Iniciativas del Estado que pretendían financiar en sus primeros pasos a las industrias nacientes generadoras de valor agregado fueron destruidas. Un ejemplo de esto fue el cambio de orientación que se le dio al funcionamiento del IFI colombiano.

Algunos analistas dicen que el quid del asunto pasa por crear un sector metalmecánico -clave en la producción de bienes de capital productivo y consumo durable- que consolide finalmente el primer piso de la pirámide productiva cepalina. Sin embargo, considero que, si bien el sector industrial inminentemente también será jalonado por el avance tecnológico, las tendencias mundiales actuales parecen haberle apostado sus cartas más importantes al sector servicios. Y la innovación tecnológica a nivel micro jugará un papel clave en esta revolución económica.

Algunos pros y contra que me inclinan más por una que por otra. Cierta cantidad de países asiáticos entre ellos Corea del Sur, Japón y China, nos llevan una ventaja enorme en el sector industrial al tener ciertas virtudes en materia demográfica y de infraestructura. Han sacado provecho de su prolífera población para obtener salarios más bajos y rentables para el gusto de los agites productivos, y además poseen una infraestructura que les facilita la producción a gran escala.

En vez de ello, se me hace imposible ignorar la labor realizada por Alejandro Martínez y Fredy Cárdenas, por ejemplo. Fundadores de Pygmalion, una empresa de educación robótica paisa que promete ser pionera en la innovación tecnológica del país. O en la apuesta de Juan David Saab, fundador de Luabooks, propuesta que inicialmente incursionó en el campo de los dispositivos tecnológicos con la intención de incentivar la lectura en las nuevas generaciones. Si bien la idea creció tanto que hoy también cuenta con libros impresos, con la campaña “Libro justo” incentiva a los lectores a adquirir los ejemplares a través de internet y así, pagarles más regalías a los autores e ilustradores de libros. Como ellos, hay tantísimos casos más que demuestran que el desarrollo tecnológico en Colombia sí es posible, y que con el apoyo estatal necesario, se puede competir seriamente en un sector que cada día crece a pasos agigantados a nivel mundial.

Sin embargo, aquí parece que estamos haciendo todo como dicta el manual. A veces un poco rígido y anacrónico. En los últimos meses salieron a la luz pública algunas modificaciones de lo que será el Presupuesto General de la Nación para el 2018, con un recorte grotesco en el rubro de ciencia y tecnología. Todo al revés. Esto me recuerda al pintoresco personaje que concibió Miguel de Cervantes Saavedra para su obra magna: Don Quijote de la Mancha. Aquel que se negaba a mudar de una época que ya no le garantizaría el mismo estado de confort.

 

Bibliografía

Revista Dinero. (15 de Diciembre de 2016). Revista Dinero. Obtenido de 7 emprendedores representan el futuro de la tecnología en Colombia: http://www.dinero.com/edicion-impresa/emprendedores/articulo/las-empresas-tecnologicas-mas-innovadoras-de-colombia/240068
Revista Dinero. (10 de Octubre de 2017). Revista Dinero. Obtenido de El mercado mundial de ‘apps’ móviles alcanza cifras récord en descargas e ingresos: http://www.dinero.com/empresas/articulo/descargas-mundiales-de-aplicaciones-moviles-alcanza-record/251720
Tecnósfera. (28 de Abril de 2016). Periódico El Tiempo. Obtenido de El mercado de los teléfonos inteligentes está saturado: http://www.eltiempo.com/archivo/documento/CMS-16576054

Diego Alejandro Gómez Gutiérrez

"Escribir es Resistir" M.M.
UN como Alma Mater. Economista en formación.

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