L’éden et après: de lo erótico a lo pictórico

L’éden et après (1970) es la cuarta película (y la primera a color) del director -y aclamado- novelista francés Alain Robbe Grillet. Conocido más por su oficio literario que cinematográfico, Grillet, fue el precursor del movimiento literario “Nouveau roman” que propugnaba por escribir novelas de forma inédita, anti-psicologista y experimental con la pretensión más de escudriñar el camino al que lleva la escritura que crear una historia sólida (es decir, allende a Balzac, por ejemplo).

puesta en escena

A este movimiento se suma Marguerite Duras y otros más que hicieron movilizar la novela y la escritura de modo singular. Y, como todo buen prolífico del arte y del pensamiento, Grillet fue -un no tan reconocido- director de cine, pero, sin duda, con una propuesta que se decantaba por lo surreal y por la deconstrucción narrativa, muy de lado de Jodorowski, Raúl Ruiz y Buñuel, por decir algunos. Grillet junto con Resnais empiezan su producción en paralelo con la Nouvelle Vague, pero no son parte de tal movimiento (a pesar de tener muchas similitudes en el lenguaje audiovisual).

“Escritura. Edén. Arquitectura. Composición. Maquillaje. Catherine Jourdan. Representación. Objeto cortado. Material viscoso…” Son algunas de las palabras, en los primeros segundos, con las que inicia la película. Palabras aparentemente aleatorias, pero anuncian, muy directamente, la fragmentación narrativa a la que nos invita la película. Nos encontramos en la primera escena con un escenario cubista y dotado de ciertos colores que estarán muy presentes en toda la película: rojo, azul y blanco (sin ninguna razón patriótica, claro está).

CubistaPuesta en escena absolutamente sugestiva que encrespa al espectador. En las primeras escenas nos enfrentamos con una violación y, al parecer, la reacción de los personajes es totalmente indiferente. Todavía no podemos descifrar con certeza lo que sucede. Hasta el momento, no hay diálogos, solo voces en off con carácter monológico. El lenguaje cinematográfico es muy rico, además que la fotografía es impecable (la paleta de colores y la composición cubista del escenario), los movimientos de cámara son especiales (cámara en mano, encuadres móviles). Vemos que los personajes actúan y transgreden la cámara, interactúan con el espectador.

 

transgresion cam

Juegos sexuales, azarosos y suicidas, funerales simulados, envenenamientos, consumo de alucinógenos, traiciones, vidas libres de sentimientos y vívidas emociones, crimen y hedonismo son las etiquetas de este lugar (que, entre otras cosas, parece como una instalación contemporánea de alguna galería).

Es una atmósfera terrorífica en la que todos estos actos están en suma medida normalizados; en donde a cualquiera se le erizarían los pelos, se escandalizaría, para estos universitarios sería lo más baladí. Dicha atmósfera está acompañada por una música intermitente, atonal y disonante (Grillet conocía muy bien todo el set de Pierre Boulez) que hacen enfatizar y darle cuerpo a las escenas. Escenas cortadas rápidamente, imágenes sobrepuestas en las escenas que se disuelven vaga y rápidamente, como si el montaje nos estuviese ofreciendo un sueño (y de acá, lo surreal del asunto).eden

Vemos entonces que el lugar es el “Edén”, un bar sui generis en donde todo este grupo de estudiantes universitarios se reúnen antes, en o después de las clases con el único -y muy valioso- propósito de inventar y recrear historias, un lugar en donde pueden proyectar y pretender ser cualquier cosa, en donde se puede estar enamorado o contento, engañado o infeliz. Y es que en sus vidas no está ocurriendo nada valioso, no pasa nada, deben ponerse cualquier tarea que los haga contar cualquier cosa, cualquier teatro en donde se reconozcan y ganen un mínimo de vitalidad. Algo así, creería, como una caricaturización burguesa, aquellos que tienen todo pero a la vez nada provechoso y apreciable que hacer, el Edén, un lugar para combatir una suerte de nihilismo burgués.

powdfear

La película se encuentra dividida en dos partes: la primera transcurre en el “Edén” (donde sus juegos preferidos son: prostitución homosexual y violación grupal. Y no mencionamos el mesero, Franz, ominoso y adusto, sirve limonadas con quinquina o cocaína); el final de esta primera parte la marca la llegada del “Extranjero” (más adelante sabremos que se llama Duchemin o Dutchman): un personaje misterioso, enigmático, con un halo esotérico y siniestro que ofrece a la protagonista, Violette o Catherine Jourdan, el “polvo del miedo” el cual la transporta de súbito a otra realidad. (En medio de las dos partes hay una secuencia de escenas que se realizan en una fábrica, en donde Violette resulta extraviada y se encuentra con sombrías situaciones); esta primera parte culmina con la -aparente- muerte del Extranjero y el robo de un cuadro del tío de Violette, “composición no. 234” (que se convertirá en objeto problema en la segunda parte de la película).

324omposici

Cuando cruzamos el umbral de la segunda parte, transitamos de escenario, ahora, nos encontramos en Túnez. La película se sitúa en su etapa más lineal, pero también, más surreal. Todos los personajes que vimos en la primera parte quieren encontrar el cuadro, todos están en contra de Violette creyendo que lo ha ocultado. Es encarcelada y sometida a torturas físicas y sexuales. Eventualmente, logra escapar y encuentra su doppelganger que la asiste. La película da un giro cíclico en el sentido de que termina donde vuelve a empezar, no sabemos bien cómo organizar la estructura narrativa (si es que hay alguna) que Grillet monta. Quizá, se trata de que localicemos y tejamos de alguna forma el sinnúmero de metáforas y alegorías que nos ofrece el filme.

Reitero: la película está muy nutrida en lenguaje cinematográfico, siempre está oscilando en la riqueza pictórica que nos propone Grillet y en el constante erotismo de las escenas, todo un vaivén (aunque, tal oscilación, siempre se encuentra fortificada con esa música chirriante y disonante que ya mencionamos, lo que le da una función muy actual y febril a las imágenes). Y no solo por eso podemos catalogarla como surreal. Grillet monta toda una experimentación con el espacio y con los objetos, dispone de ellos como si también estuvieran actuando y, sabe muy bien, cómo hacerles tratamiento a lo largo de la película.

Y me permito mostrar este mosaico con el único fin de ilustrar que el espacio también es personaje en esta película, habla y resuena con tal vigor que no podemos pasar desapercibidos a la riqueza pictórica que nos muestra, entre escenas y discontinuamente, el filme. Una alternancia módica de imágenes cruentas, psicodélicas, sadomasoquistas, en las que el color se expresa y se imprime seductoramente en todo el espacio. Como una especie de ready-mades Duchampianos que dan cuenta que se pueden extraer nuevos significados a objetos de uso ordinario, posibilitan nuevas perspectivas visuales que nunca estuvieron en ese objeto.

Grillet arma toda una maquinaria visual (que, como dijimos, siempre oscila entre lo erótico y lo pictórico) y singulariza la imagen haciéndola, no solo encantadora, sino también, palpable con nuestros ojos. Si bien hay una historia construida, no sabemos dónde poner las líneas que la demarquen. En el intento de saber lo que es real o no quedamos constreñidos, inválidos, interesa ver cómo todo se posiciona por fuera de la razón, es una exploración de lo irracional no solo en la historia sino en el espacio y en el tiempo en que es construida, o sea, destruir la racionalización espacio temporal para dar cabida a lo irracional (elemento, concretamente, surreal). Solo tenemos algunas pistas para armar nuestra propia narración, podemos malear la historia de tal forma que ella misma se muestra plástica.

Una película que ofrece una cabalgada de emociones, siempre tensionante, incómoda, indescifrable y turbadora. Una obra maestra de una justa ambigüedad, sin ser disparatada o extravagante. Estéticamente placentera en la que podemos insertarle un amplio espectro de interpretación mostrando, pues, la entereza íntegra del filme. La película siempre se encuentra minada por imágenes que salpican por discontinuidades, muestra que el espacio se puede configurar de forma tal que construye toda una panorámica visual deleitosa. En fin, personajes que quieren aliviar su aburrimiento y nihilismo con las posibilidades que les ofrece el Edén y todos los juegos que son maquinados allí, juegos en donde la vida y lo personal son equivalentes a cero, burgueses fastidiados con su cotidianidad; y, todo esto, climatizado en el puro ritual, en el juego, en esoterismo y constante exotismo.

¿Quieres leer un poco más?