Hola, ¿te interesaría firmar para la candidatura presidencial de………?

Las elecciones presidenciales del próximo año baten el récord en el número de candidaturas por recolección de firmas. Pero, más allá de esos 30 candidatos conocidos y desconocidos para los electores y no electores, se generan muchísimas dudas acerca de esta estrategia electoral: ¿Usted o yo cómo podemos engrosar esa lista de aspirantes a la Casa de Nariño? ¿Por qué tanta firmocracia? ¿Qué ventajas y desventajas acarrea esta estrategia política? ¿Cuáles son los otros perfiles se encuentran en ese gran conglomerado de candidatos por firmas?

El origen de la búsqueda de firmas para una elección fue la Constitución de 1991, la cual, pensando inicialmente en procesos electorales regionales y municipales, planteó esta alternativa para que líderes cívicos, fuera de los partidos políticos tradicionales o efímeros, tuvieran la posibilidad de representar a sus comunidades. Esto, en teoría permite una mayor participación. Pero, con un pasado, un presente y, tal vez hasta un futuro “democrático” plagado de coaliciones, políticos, parapolíticos, Santos, Uribes, Gavirias y Lleras respectivos de cada generación; se comienzan a generar dudas y cuestionamientos sobre la viabilidad y efectividad real que puede tener esta estrategia.

Si se quiere ser candidato por firmas, inicialmente se debe contar con un Comité Promotor (también llamado Movimiento Político) que manifieste la postulación formal ante la Registraduría Nacional. El siguiente paso es el complicado proceso de recolección de firmas, las cuales deben estar por encima del 3% del último resultado de los votos válidos depositados en las pasadas elecciones presidenciales -en este caso 382.148 firmas-. Una vez conseguidas éstas o más firmas, el Comité Promotor debe presentarlas ante la entidad electoral para que puedan ser verificadas y concluidas con una certificación oficial que da el aval al candidato y su movimiento para competir en las elecciones presidenciales del 27 de mayo del 2018.

Este fenómeno de la firmocracia está en auge debido a la distancia que están tomando los candidatos de los desprestigiados partidos políticos, los cuales, en su rótulo de clientelismo, mermelada y corrupción, representan un lastre ante la búsqueda de maniobrabilidad y acción sin comprometer puestos, coimas, lechonas o favores. Claro, una candidatura por firmas tiene un grado alto de dificultad, ya que requiere una organización logística gigantesca en la que se contemplen refrigerios, transporte, camisetas, formularios, etc.; y si a esto le sumamos un gran músculo político, recursos extras y reconocimiento popular, se pueden ir descartando bastantes postulados ante sus evidentes desventajas cuantitativas a corto, mediano y largo plazo.

El mecanismo de las firmas permite a los candidatos realizar alianzas y negociaciones políticas, desobedecer las decisiones internas de los partidos sobre su selección y realizar campañas y giras nacionales antes de los plazos que exige la ley (ya sea como congresista o “promotor” del millón de viviendas gratis). Más allá de las ventajas personales que representa esta estrategia, también este mecanismo significa un equilibrio político que abre espacios ciudadanos participativos en el que se tiene una comunicación directa entre electores y candidatos; pero, como todo en exceso puede ser malo, el boom de autógrafos comienza a desgastar, maltratar y desnaturalizar este modelo; alejándose de los objetivos iniciales, deambulando por la delgada línea de los personalismos y caudillismos en el que las creencias personales se pueden poner por encima de los espacios participativos, y por último, dando pie al lavado de activos ante los pocos deberes legales que pueden tener los Comités a la hora de rendir información sobre sus cuentas y manejos de dinero.

Hablando de candidatos por firmas, sumados a los ya conocidos Sergio Fajardo (Compromiso ciudadano), Alejandro Ordoñez (La patria de pie), Clara Lopez (Todos somos Colombia), Gustavo Petro (Colombia Humana), Juan Carlos Pinzón (Ante todo Colombia), Piedad Esneda Cordoba (Poder ciudadano) y German Vargas Lleras (Mejor Vargas Lleras); tenemos a figuras del ambiente académico y burocrático como el ex-contralor, gobernador y representante a la camara bolivarense, David Turbay Turbay (Partido de integración social colombiano); el ex-alcalde de Santa Marta y rector de la universidad de Magdalena, Carlos Eduardo Caicedo Omar (Fuerza ciudadana); el abogado y magistrado valduparense Jaime Araujo Rentería (Indignados en rebelión por derechos); y el empresario y académico Juan Sebastián de Zubiría Ragó (Movimiento Libertario). Hay otros 19 candidatos que aparte de tener un peso político mínimo, generan confusión excesiva al ser completamente desconocidos en el espectro nacional y con movimientos nada trascendentes como el PAP, Serecracia, el MOISOCOL (Movimiento Social Ideologico Colombiano)…

Todos estos candidatos se están duplicando – y a este paso triplicando- los 14 candidatos por firmas de las elecciones del 2014, con lo cual puede que se oxigene este negro panorama de partidocracia colombiana, pero hay que tener en cuenta que muchos de ellos están tropezando con requisitos normativos y embrollos que exigen una labor tan titánica y seria como ésta. Para empezar hay que adquirir unos seguros y pólizas que exige la ley; en segundo lugar, el despliegue del gran equipo que se necesita para recoger esas seis cifras de firmas es muy inviable para candidatos con pocos pesos políticos y económicos, en la medida que deben desplegar voluntarios, asistentes, o en el caso más acomodado, contratando empresas dedicadas al servicio de recolección que pueden cobrar entre 700 y 2.000 pesos por firma, lo cual por obvias razones, movimientos netamente civiles están imposibilitados a manejar más de 1.000 millones de pesos en total; y por último, aún más importante, es diciembre el mes límite para realizar estas labores, las cuales van a estar sometidas a una revisión y verificación por parte de la Registraduria, que ya de por si está en problemas muy grandes al no contar
con los suficientes recursos logísticos y económicos para la gigantesca tarea.

Estas razones hacen imposible que todos los candidatos del boom, puedan proclamarse ganadores en este primer paso, pero más allá de eso, hay que pensar la viabilidad y renovación de este mecanismo como un medio por fuera de partidos, para que el pueblo tenga su candidato, en el que después de esta experiencia, se pueda mejorar cada vez más esta estratega tan viable y justificada para el cambio positivo de la historia política y democrática del país.

Referencias:
Caracol Radio (28 de agosto de 2017), Estos son los 25 candidatos a la presidencia que se inscribieron por firmas. Caracol Radio. Recuperado de: http://caracol.com.co/radio/2017/08/28/politica/1503953333_392148.html
Revista Semana (8 de octubre de 2017), El espejismo de las firmas. Semana, (1849) págs. 36-37.

 

Imagen tomada de: goo.gl/nkBB5o

Sergio Alejandro Gómez Velásquez

Politólogo de la Universidad Nacional de Colombia, me gusta mucho la literatura latinoamericana, los viajesy el ajedrez.

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