Fútbol NACIONAL

Antes de introducir al lector en el contenido de este escrito, quisiera aclararle que la intención de esta breve opinión no es ni será promover el gusto o la tendencia por alguna institución de fútbol colombiana, así como tampoco lo es demostrar el fanatismo por cierto colectivo deportivo. De hecho es más que eso; el propósito es mostrar ligeramente el origen de este extraordinario deporte en Bogotá y Colombia que tuvo sus primeros pasos en la Ciudad Universitaria.

De seguro el lector está pasando por estas efímeras líneas dado el acucioso interés que desborda por el deporte magno. No se preocupe, ese mismo fervor corre por mis venas. Somos muchos los devotos y a la vez alienados que formamos este infinito combinado. Para empezar, me tomo el atrevimiento de hacer referencia al maestro Eduardo Galeano arriesgándome a hacerle la siguiente pregunta, ¿Ha estado usted, alguna vez, en un estadio vacío? Haga la prueba. Párese en medio de la cancha y escuche. No hay nada menos vacío que un estadio vacío.

Muchos soñarán con estar en el centro de un estadio vacío en el que las historias son tan infinitas, curiosas y apasionantes como injustas y desgarradoras. Tal vez, tras la pregunta, usted se tomó un momento para pensar en cuál estadio vacío le gustaría estar, cuál teatro tendría usted la oportunidad de escuchar y contemplar. De seguro, ante esta interrogativa, a la gran mayoría de personas le vendría a la mente escenarios mundialmente reconocidos y como no, en los que cualquiera quisiera estar aunque sea una vez en su vida. Desde el Estadio Jornalista Mário Filho, mejor conocido como el Maracaná en la ciudad de Rio de Janeiro en Brasil hasta el histórico y emblemático Anfield Road en Liverpool, Reino Unido. Sería de total agrado para todo aficionado poder estar en el centro del Maracaná y sentir los gritos de lamento y desolación de los seguidores brasileros tras la anotación de Alcides Ghiggia en la final de la copa del mundo de 1950, en el conocido Maracanazo. En Anfield Road, percibir los canticos de una de las aficiones más honorables del mundo alabando a sus ídolos y entonando el mágico “You’ll never walk alone”. En España el Santiago Bernabéu, el Camp Nou y por qué no ubicarse también sobre el ya demolido Antiguo San Mamés en el País Vasco, escenario destruido tras sus 100 años y que vio desfilar a estrellas del mundo del fútbol como Ricardo Zamora, Ladislao Kubala, Alfredo Di Stéfano, Ferenc Puskás, Johan Cruyff, Antonín Panenka, Diego Armando Maradona, Ronaldinho, entre muchos más. En Italia, sin duda el emblemático estadio de San Siro en el que retumban los gritos de gol de Giuseppe Meazza, de igual forma el Olímpico de Roma, el coliseo de los gladiadores de la ciudad eterna. En Alemania, en el estadio Olímpico de Múnich en el que aún resuena la anotación de Gerd Müller con la que Alemania Federal remontaba a la Naranja Mecánica y se quedaba con la copa del mundo de 1974.

Ante los maravillosos eventos anteriormente presentados, expongo un caso en particular, del cual tuve la oportunidad hace un par de semanas de realizar; usted imaginara que estuve en uno de estos escenarios esbelticos con infraestructura enorme y difícil acceso, pero, realmente, no fue así. Estuve en un estadio vacío, no en el que todo mundo sueña, pero sí de gran valor. Fue una experiencia corta y sencilla, pero verdaderamente profunda que me motivó a compartir estas francas líneas. Hice la prueba, tal como lo invito a usted a ingresar a la noble estructura blanca del Estadio Alfonso López Pumarejo de la ciudad universitaria, sí, en la mismísima Universidad Nacional de Colombia.

Desde fuera, ese pequeño monumento muestra marcas de cómo el paso del tiempo le ha dado una sacudida. Las taquillas, a la vieja usanza, presentan en su decadencia ese perdurable movimiento de la fila del que muchas veces fue testigo para la adquisición de un boleto con destino al templo. Sus puertas de acceso, oxidadas y deslustradas dan la impresión a primera vista del recorrido constante de una enorme cantidad de público que transita hacia la primera catedral de los bogotanos. Una vez dentro, se percibe una inmensurable brisa, los vientos atacan dando un ambiente de libertad y comodidad. La vista se encadena con el genuino marco arquitectónico y el corazón se sobresalta ante la magnitud que representa para el fútbol bogotano e inclusive colombiano la imagen del Estadio de la Ciudad Universitaria.

Tras recorrer las míticas graderías del estadio, hechas a la perfección para tener total visión del terreno de juego, en las que mientras se camina retumban los gozos y lamentos de los aficionados, ingresé al centro de la zona verde y allí me ubiqué en el centro y mientras esa ligera llovizna golpeaba, agucé el oído y dejé que la mística magia del fútbol me llevara, me guiara, me hipnotizara. Puede usted sentir, allí, en medio del estadio los gritos de gol de Alfredo Di Stefano, Pedro Cabillón y Germán Antón, los sonidos del balón tras los pases de Adolfo Pedernera y Antonio Báez, las gambetas del goleador del equipo de la Universidad Nacional, Ricardo López, las victorias históricas y frenéticas de los clubes de la capital así como del desconsuelo de los jugadores de los equipos que visitaban el estadio de la ciudad blanca. Un momento único y reconfortante. Magistral.

El estadio Alfonso López Pumarejo más antiguo que el estadio Nemesio Camacho El Campín, fue testigo de los juegos Bolivarianos de 1938 en los que por ejemplo, la selección Colombia jugó ante el combinado de Perú. 4-2 fue el resultado del juego en el que los incas se impusieron ante los cafeteros. La selección nacional, era dirigida por el argentino Fernando Paternóster, héroe deportivo de los juegos Olímpicos y del Mundial de Fútbol del año de 1930, celebrado en Uruguay.

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De hecho, fue en la gramilla del estadio de la Universidad Nacional en la cual el fútbol empezó y se consolidó en Colombia al punto de ser el espectáculo de masas que es hoy en día. Para el primer torneo de la primera división en 1948, en el que el Club Independiente Santa Fe fue el flamante campeón, se registró la participación de 10 equipos entre los que se encontraba además de Santa Fe, Junior de Barranquilla, Deportivo Caldas de Manizales, Millonarios de Bogotá, América de Cali, Municipal de Medellín, Cali, Once Deportivo de Manizales y el Universidad que en esta participación inicialmente representó a la ciudad de Pereira, pero después regresó a Bogotá. Dentro de los hechos importantes de la época, se destaca la victoria del equipo de la Universidad el cual sorprendentemente venció 3-2 a Millonarios en Pereira por la segunda fecha.

El equipo de la Universidad disputó 5 torneos oficialmente en el fútbol profesional colombiano comprendidos entre 1948 y 1952. En total jugó 136 partidos con un total de 35 ganados, 26 empatados y 75 perdidos. 229 goles anotados y 349 recibidos. 131 puntos en total. Dentro de sus resultados con los denominados equipos históricos de nuestro fútbol, registró dentro de sus logros más significativos como local en el Estadio de la Universidad dos victorias ante el Municipal, hoy Atlético Nacional, una victoria ante Millonarios, tres victorias ante América de Cali y dos ante el Cali. Como visitante ante estos equipos logró 3 victorias.

Además, el estadio fue casa de Santa Fe de 1948 a 1951 y de Millonarios oportunamente entre 1950 y 1951.

Es insignia, un icono, un monumento histórico y memorable, el estadio de la Ciudad Universitaria, sus graderías fueron testigos de jugadores como Adolfo Pedernera, Néstor Raúl Rossi, Julio Cozzi, Gabriel Ochoa Uribe, Alfredo Di Stefano, Neil Franklin, George Mountford, Alfredo Castillo, Jesús María Lires, Germán Antón, Pedro Cabillon, Valeriano López, Guillermo Barbadillo, Julio “Stuka” Ávila, Alejandrino Genes, Bibiano Zapiarain, entre otros más. Este emblema debe recordarse por lo que fue y por las infinitas historias que guarda su estructura. Es el origen, la raíz de nuestro fútbol y debe respetarse y valorarse como tal. Más que un simple estadio, es un hogar, es la casa, padre y madre, hermano y testigo del fútbol profesional en Colombia.

Antes de despedirme del lector, quiero dejar algunos recortes de la época que representan la imagen del Estadio de la Ciudad Universitaria.

1951, Millonarios venció a Atlético Nacional 6-1.

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10 de junio, el anuncio del clásico de la capital.

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El empujón de la “U” y su cuarto puesto.

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1947, Millonarios 7-3 Universidad.

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Plantel de Millonarios 1950 en el Estadio de la Ciudad Universitaria.

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Inauguración juego bolivarianos en el estadio, 1938.

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Finalmente, como extra, esta curiosa imagen de León de Greiff jugándose un “picadito”.

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Imagen tomada de https://goo.gl/g6zr3k

Norbey Danilo

Estudiante de Ingeniería. Individuo, diletante, inconformista, magnánimo. El maestro Panzeri lo tenía claro – La palabra no ha sido inventada para no decir lo que pasa y lo que pensamos. Para callar y ocultar se inventó antes el silencio. Yo no participo de la comodidad del periodismo sin opinión –
Academia, magazines y mucho deporte.

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