Emancipación femenina: de la ostentosidad a la practicidad

¿Qué comunica el que una mujer se vista cómo quiera? ¿Qué implicaciones sociales tiene?

En el Renacimiento la moda era sinónimo de poder. Los mejores trajes, vestidos y ornamentación, como joyas y sombreros eran adquisitivos según el status. La opulencia dejaba en claro las riquezas y la exageración, los colores, las texturas los tejidos definían la posición económica.

Más adelante, en La Revolución Francesa, el pueblo ejerció un rol que definió no solo un cambio constitucional con la declaración de los derechos del hombre y del ciudadano en 1789, sino también una revolución ideológica, y la moda no fue inmune a ella.

Con la monarquía de Luis XVI y María Antonieta, el hombre tomó control en la esfera pública, trasladándose a las oficinas. Un traje básico, en escala de grises, dio uniformidad al proletariado y permitía además practicidad, sobriedad y utilidad.

La mujer, en cambio, por una vez más, permaneció sometida al hogar y allí la moda pasó a ser ligada al ocio, la variedad y la esteticidad. La mujer en casa era la representación del salario de su esposo y como lucía dejaba claro ante la sociedad su idiosincrasia.  La representación a través de la moda fue tornándose hacia lo femenino, adquiriendo un papel fundamental en la significación de estilo, clase y buen gusto, representado a través de la mujer.

A finales del siglo XIX la mujer era sinónimo de sumisión. El imaginario femenino era alusivo a un ama de casa, adaptada a prácticas como la castidad y abnegación. Para esta época los derechos reproductivos no existían lo que la convertía en un objeto, lejos de disfrutar su sexualidad y ligada a la maternidad como su máxima labor; su rol de madre era uno de sus únicos objetivos como mujer: traer hijos varones al mundo como símbolo de buen status.

La iglesia le asignaba tareas como inculcar a sus hijos los valores católicos, la honradez, limpieza y ahorro. Bajo este mismo régimen en las primeras décadas del siglo XX, la mujer tomo un rol de enfermera, trasladándose del hogar a practicas relacionadas con la salud. Era instruida para preparar alimentos, el cuidado de los niños y urbanidad. Todo el funcionamiento del hogar dependía de ella: la economía, la moral, la educación, cuidados de salud e higiene, todo giraba en torno al “ama de casa”. Las mujeres pertenecientes a élites no sólo debían cumplir con funciones domésticas, sino que debían contribuir con los sacerdotes y participar en labores sociales.

Gracias a la modernización y el impacto de la Primera Guerra mundial la mujer comenzó a ocupar otros lugares de la vida pública que solo frecuentaban lo hombres como clubs, salones de té, cine o teatro. Su presencia se hizo habitual y dio paso a viajes al exterior y su alfabetización, lo que le permitió poco a poco la revolución del imaginario femenino tradicional.

El material rígido de las prendas no permitía la movilidad, el cuerpo de la mujer se encontraba entre un corsé que acentuaba su figura sin ser practico o cómodo, más bien todo lo contrario. Almohadillas debajo de las axilas que levantan sus brazos y un incómodo miriñaque, una estructura de metal que levantaba las faldas. Adoptando este hábito que buscaba una figura de reloj de arena muchas mujeres contrajeron problemas de salud.

La mujer que se atrevió a usar pantalones en vez de falda

En la Casa de Caridad en Saumur, Francia Albert Chanel y Jeanne Devolle una pareja pobre daba a luz a su segunda hija Gabrielle Chanel. Nacida el 19 de agosto de 1883. Jeanne Devolle murió dejando cinco huérfanos. Gabrielle fue internada junto a sus hermana Julia y Antoinette en el orfanato romano de Aubuzaine.

Allí las monjas le enseñaron a coser, bordar a mano y planchar. A los 18 años salió de allí y comenzó a trabajar. Se ganaba la vida haciendo arreglos de costurera y trabajando en un cabaret en un local de Moulit, allí cuentan recibió su apodo de “Coco” por cantar una canción que decía: “Coco en el trocadero”.

Elaborando su propia ropa, Gabrielle desafío las leyes sociales de la época y contribuyó a la emancipación femenina. Interpretó las necesidades de la mujer e incorporó los pantalones, desechó el corsé, disminuyó los sombreros, utilizó la chaqueta de hombre, acortó los pantalones dejando ver los tobillos, retiró las mangas, dio paso a los bolsos manos libres, se vistió de negro, se cortó al cabello, y vestida de moda comenzó a caminar por las calles de parís dejando ver el tipo de mujer que estaba dispuesta a romper estereotipos. Con su rebeldía paralizó a la sociedad, contribuyendo a la construcción de una mujer independiente desligada a los quehaceres del hogar, una mujer que podía ser autosuficiente, que podía, al igual que el hombre, trabajar.

Todo esto se dio en una época de sufragistas, y aunque Coco Chanel no apoyó directamente estos movimientos sociales desde la indumentaria ayudó a la construcción de una mujer que participaba en política y economía, terrenos que antes sólo dominaba el hombre.

Para este entonces, Gabrielle Chanel se destacó por la innovación. Por la nueva silueta; más cómoda y ancha, que sin dejar de lado la elegancia y la feminidad, entraba a formar parte del closet de las mujeres más famosas y adineradas del momento. Todo el mundo quería seguir las tendencias marcadas por la diseñadora. Comenzó entonces con una pequeña tienda de sombreros, en donde primaba la simplicidad como sinónimo de la elegancia más allá que la ostentosidad, la clave entonces fue el minimalismo.

Luego se extendió a otro áreas, confeccionando vestidos que dejaban relucir los brazos y tobillos, los collares de perlas y el uso del color negro, ya que un día, al asistir a la ópera, Gabrielle se dio cuenta de la ausencia de este color en la féminas de modo que decidió incorporarlo en sus diseños, y para entonces era únicamente usado en momento de luto o para la servidumbre. Coco, fue pionera en el uso de zapatos de punta redonda, con un tacón de por lo menos dos centímetros, para ella antes que nada primaba la comodidad. Fue consciente ante las necesidades de la época, a los movimientos que, por entonces, contribuían a la emancipación femenina, de forma que incorporó en la moda femenina los blazers y los pantalones. Durante dichos movimientos, la mujer comenzaba a incorporarse en áreas como el trabajo y adaptó los bolsos manos libres como un recurso útil, y no solo como un cloach que acompaña en las fiestas de gala.

Fue una de las pocas mujeres que se atrevió a mostrarse tal y como era, sin seguir los convencionalismos y formalismos impuestos por la Belle Epoque. Gabrielle fue pionera de la igualdad de género que por décadas oprimió al sexo femenino; en una época en donde el prestigio social y la reputación era la vida entera de una mujer que quisiera ser conquistada por un marido que la mantuviera y le diera hijos, Chanel rompió este paradigma al no casarse, no tener hijos y mostró al mundo la imagen de una mujer emancipada que no dependía de un hombre para lograr la independencia y autosuficiencia. Fue una de las mujeres más influyentes del siglo XX.

A medida que el siglo avanzaba llegaron los años setenta, con estos movimientos culturales diferentes, y nuevos referentes de moda, lo que implicó que la indumentaria adquiriera otros matices. La vida académica otorgó nuevas formas de pensar para la mujer, una etapa en la que podía acceder a la política, ciencia, economía, deportes entre otras actividades gracias a la vida universitaria.

Hablar de moda implica reconocer las épocas, los movimientos sociales, políticos y económicos de un lugar determinado y como confluyen en todos los aspectos de la vida,  incluyendo la indumentaria.

Para finales del siglo XIX vestirse en contra de La Belle Epoque, fue una forma de emancipación, el símbolo de libertad, la forma de gritar igualdad, de desencadenarse, de ir en contra de la sumisión, de decirle a la sociedad que para esta época nacía una mujer libre e independiente. Resultaba no sólo a contradecir las reglas dictaminadas por la sociedad, sino ponderar el rol del ama de casa con la mujer trabajadora; para esta temporada dejar de lado los vestidos ostentosos, las pelucas, los sombreros cargados y los trajes de fiesta, fue una forma de comunicar que la mujer ya hacía parte de una sociedad que estaba siendo transformada, una sociedad en donde las mujeres querían incorporarse, no sólo siendo las responsables de conservar la especie por medio de la reproducción, sino siendo parte activa de ella.

Si antes el vestido con el corsé incómodo mostraba una mujer elegante, pero con una postura incómoda, siempre forzada a llevar una posición ¿Qué implicaba que la mujer llevará un jersey utilizado solo por hombres? ¿Qué comunicaba una mujer con pantalones en una época en la que solo se les permitía el uso de faldas largas?

La moda no existe sólo en la ropa, está en la calle, en el ambiente en todas partes. Tomando los elementos más cotidianos, en donde de forma implícita todos convergen formando parte de este fenómeno.

La globalización y la era digital han permitido a la mujer tener las mismas posibilidades del hombre. La mujer ha logrado la independencia, emancipación y evolución gracias a un conjunto de factores, dentro de los cuales influyó y sigue vigente la moda. Un término que tal vez parezca banal, pero hace parte de la auto expresión, que además le mostró a la sociedad la rebeldía de una mujer como Gabrielle Chanel que se atrevió a vestirse a su manera e incitó a las mujeres no seguir a las élites y liberarse de los paradigmas que de una u otra forma la ataron en antaño.

La indumentaria está ligada a la imagen que la mujer transmite. Actualmente toma un papel primordial, vivimos en un momento en que la mujer es empresaria, mamá, ama de casa, deportista y estudiante a la vez.

La moda en aspectos de identidad y cultura representan no sólo a la persona que la luce sino sus vivencias, su contexto, sus experiencias. Contribuye al ser humano a reconocerse en un grupo social, a definirse, a configurar su personalidad. Además logra identificarse como un factor clave en la confianza, pues solo quien se conoce a sí mismo y se acepta tiene la capacidad de transmitirlo a los demás.

Hablar de moda tiene una connotación banal, superflua y vacua, que no es merecedora comúnmente del escrutinio intelectual. Como si una mujer tuviera que desligarse del esteticismo para acceder al mundo académico, lo cierto es que a través de indumentaria a lo largo de la historia, la mujer logró emanciparse y comunicar a la sociedad que la era de sumisión se había dejado de lado, y que el nuevo siglo traía un nuevo porvenir para la  independencia femenina.

Créditos fotografías: emedemujer.com- wikipedia.com

Por: Manuela Granda Loaiza @manuelagloaiza

Comunicadora social y periodista

“Seríamos peor de lo que somos sin los buenos libros que leímos, más conformistas, menos insumisos y el espíritu crítico, motor del progreso, ni siquiera existiría”. Mario Vargas Llosa

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