La ventana hacia las redes. Opinión desvalorizada.

Desde hace poco más de diez años, hemos visto al mundo invadido por las redes sociales. Es algo que inicialmente vimos como la apertura a la “aldea global”, dónde no existiera límite para la comunicación, el compartir conocimiento ni las opiniones, como algo que nos generaría acceso a la participación, acercándonos unos pasos más a ser ciudadanos del mundo.

El internet, un invento ya viejo para la velocidad con la que se vive pero bastante presente , permitió el nacimiento de una de sus hijas más populares (refiriéndonos a popular no como sinónimo de estimación) y utilizadas hoy día, las redes sociales.

Inicialmente nos tuvimos que familiarizar con el @, símbolo en desuso, que abría las puertas a un universo de inmediatez comunicativa sin proporción mental. Luego nos invade el muy reconocido “muro virtual”, donde a partir de tonos azules, iniciamos a mostrar al mundo que éramos seres cada vez más sociales y que nuestros amigos se contaban por cientos, sin importar que en la mayoría de los casos, no tuviéramos contacto presencial y regular con menos del 10% de ellos.

Hoy, después de haber pasado por los escritos en pocos caracteres, los filtros fotográficos, los videos de opinión con clasificaciones en cuenta regresiva de la más diversa índole donde se pueden mezclar los 10 peores actores de comedia turca con los 7 asesinos en serie más prolíficos de la historia, damos paso a algo tan intrínseco a la condición humana como la curiosidad: la banalidad.

Después de ver cómo nuestra opinión podía enriquecerse con la de otros, pasamos a escribir y leer comentarios libres de profundidad hasta desbordar en la intolerancia y la negación del derecho innato de pensar por sí mismos. Se está volviendo costumbre el tener que replantear nuestra postura ante los diversos hechos del acontecer diario, por precaución a “herir la susceptibilidad” de un grupo o sector social. Es normal que la más desprevenida opinión, se haga censurable por un renglón de la sociedad que se siente atacada.

Las redes son hoy, el pasquín de la mayoría y desde una ventana en pantalla blanca con vista al mundo entero, transmitimos casi por ósmosis nuestros sentimientos más negativos antes de preguntarnos si realmente el tema sí es con nosotros o si tenemos el derecho a esparcir rencor por el mundo. El criterio se nos está desvaneciendo. Estamos escribiendo más con el odio en los ojos que con las neuronas en el tema. ¿Será esta reseña ofensiva para alguien que no comparta mi opinión?. Espero que no, pero si es así me disculpo de antemano.

Imagen dentro de la pantalla “Serpiente en el inodoro” tomada de: https://goo.gl/images/aFskB1

Luis Fernando Vargas Fajardo

Arquitecto de la Universidad Nacional de Colombia del año 2004. Especialista en Gerencia de Proyectos, Gerencia financiera y Gerencia en riesgos y seguridad en el trabajo. Amante de lectura, el dibujo libre y descubriendo el placer de la escritura.

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