El robo de las manos de Perón

Juan domingo peron

Hoy traigo una de esas historias que bien puede ser el mejor ejemplo de lo que Carpentier llamó lo real maravilloso americano. Tan insólito, tan macabro, tan misterioso pero al fin y al cabo real. Es una historia que seguro los deleitará a la colombiana; tiene impunidad, asesinatos y presidentes mutilados en sus extremidades superiores (bueno, Vargas Lleras aún no es presidente pero buenas opciones si las tiene). Esta es la historia de la profanación de la tumba de Juan Domingo Perón y los dramáticos sucesos que posteriormente ocurrieron. Póngase cómodo y diviértase.

Corría el año de 1987 en una Argentina que transitaba a la Democracia de la mano de Raúl Alfonsín mientras se pasaba la resaca del triunfo en el mundial de México ’86. Perón llevaba ya 13 años muerto y enterrado en el cementerio de la Chacarita en Buenos Aires. Su mausoleo fue cuidadosamente diseñado para que nadie pudiera entrar (¿ni salir?) a la tumba del Generalísimo. Un portón de hierro forjado, un pesado vidrio blindado e incluso lo sepultaron con su sable militar por si acaso tenía que usarlo como última línea de defensa. Nada podía salir mal, salvo que…

En Junio de ese mismo año al despacho de Vicente Saadi,  Jefe del Partido Justicialista (el que fundó Perón, el mismo de Menem y los Kirchner), llegó un sobre inquietante que contenía nada más ni nada menos que… No, no las manos de Perón, pero sí una carta que informaba de la profanación adjuntando detalles muy precisos que sólo alguien que verdaderamente estuvo frente al féretro del ex-presidente los podía saber. Estaba escrita a máquina, quizás mecanografiada con las mismas manos previamente cercenadas, su remitente era un tal “Hermes IAI y los 13” y en ella exigía un pago de 8 millones de dólares a cambio de devolver sanas y salvas las manos de Perón, su gorra y sable militar. ¿El motivo? una supuesta deuda que el General mantenía desde 1974. Saadi no prestó atención a la misiva, al fin y al cabo no eran sus manos, ni su gorra ni su sable.

Tres días despúes, empleados del  cementerio de La Chacarita notaron que la Bóveda había sido violentada y alertaron a la familia. Al entrar descubrieron que efectivamente faltaba la Gorra, el sable, un manuscrito de la última esposa de Perón, Estela, no Evita, y claro, las manos no estaban; habían sido cortadas de una manera precisa con la habilidad de un cirujano o un paramilitar.

Ante tal situación tan indignante la familia Perón y los partidarios justicialistas acudieron a la comisaría 29 para denunciar el hecho. El juez Jaime Far Suau realizó la inspección judicial confirmando el aberrante hecho. A pesar que el vidrio blindado presentaba un agujero y la claraboya de la tumba también estaba violentada, Suau determinó que los profanadores ingresaron a la tumba sin forzar ni destruir nada, es decir, tenían las llaves del mausoleo. Desde 1977 Perón estaba enterrado en La Chacarita, por esos tiempos Jorge Rafael Videla estaba al mando y fiel a su estilo el destino de las llaves de la bóveda siempre fue nebuloso, por lo que es posible que durante esos 10 años muchas copias hayan podido caer en manos perversas, incluso en las del mismo Perón, ya inertes por supuesto.

Jaime Far Suau se puso al frente de la investigación, algo que le costaría muy caro. Durante la investigación se tuvo que enfrentar a varias pistas falsa, obstrucciones y persecuciones desde el mismo congreso argentino. Pero fue en 1989 cuando volviendo en automóvil de unas vacaciones a Bariloche junto a su esposa Susana Guaita y su pequeño hijo de cuatro años Maximiliano, donde inexplicablemente se salió del camino, colisionó contra un peñasco y se incendió.  Susana y Jaime fallecieron pero Maximiliano sobrevivió. Hace cuatro años declaró en una entrevista haber escuchado una explosión antes del choque, pero esa versión está lejos de corroborarse.

Pero esas no fueron las únicas víctimas de toda esta trama. Paulino Lavagno, cuidador del cementerio fue asesinado a golpes al igual que Teresa Melo, una anciana que visitaba con frecuencia la tumba de Perón y quien había manifestado haber visto personas sospechosas merodeando el mausoleo, a ella también la mataron a golpes.

Sobre los móviles del hecho se han dicho cosas tan insólitas como interesantes. Una hipótesis sostenía que en una de sus manos, Juan Domingo Perón tenía un anillo con el cual se podía abrir una bóveda de un banco en Suiza, sin embargo, pensar que una información tan valiosa fuera confiada en un objeto tan susceptible a perderse es un tanto descabellado. Por otro lado, se dijo que el crimen fue perpetrado por militares de la otrora época de la “reorganización nacional” para desorganizar lo organizado y así sería necesario volverlo a organizar, y quién mejor para el orden que los militares con “mano” (¿o manos?), firme(s).

Y, finalmente está la teoría más oscura, y quizás no tan desopilante, aquella que vincula el crimen con la logia masónica P2. Si, así se llama. Ésta logia fundada en el siglo XIX y a la cual Licio Gelli, un fascista italiano que sirvió como facilitador para que varios Nazis lograran escapar a la Argentina,  ingresó en 1965 convirtiéndose rápidamente en Gran Maestre, agrupó a los italianos más poderosos del momento desde mafiosos sicilianos, hasta funcionarios del Vaticano. Perón y Gelli se hicieron amigos y socios. El italiano se ganó la confianza del General, con favores y muestras de su Poder e influencia. Por ejempló, logró que el Papa Juan XXIII aclarara que Perón no estaba excomulgado, como se creía a raíz de un documento emitido desde la Santa Sede cuando Pío XII era sumo pontífice. Pero tales favores tenía un precio a los que Perón encontró un límite cuando Gelli pidió que fuera nombrado como representante diplomático de la Argentina en Italia que le permitiría encargarse de los “negocios” entre ambas naciones. Se comenta que Perón afirmó:  “Antes de comprometer el patrimonio de la Nación por un favor personal, me corto las manos”. Si es así, hay que reconocer el negro sentido del humor de Gelli, y su excelsa memoria.

Al día de hoy las manos siguen sin aparecer. Si las ve por ahí, informe al Peronista mas cercano.

Imagen tomada de: https://goo.gl/T3mN3S

Por: @anmunozar Andrés Muñoz

Andrés Mateo Muñoz Ardila

Estudiante de Ciencia Política, aprendiz en el periodismo. Apasionado por la Salsa y el fútbol

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