La fumata bianca de Peñalosa

¿Fue la visita del papa Francisco usada como una cortina de humo?

Las cortinas de humo son un truco empleado por gobiernos, funcionarios, empresarios y medios de información, para desviar la atención, distraer y evitar que se los cuestione respecto de hechos que de otro modo serían motivo de crítica, debate e incluso de escándalo. Usadas en el ámbito militar como táctica para impedir que el enemigo vea los propios movimientos y el equipo del que se dispone, las cortinas de humo aparecen, desde luego, también en la política, cuando funcionarios o grupos necesitan desviar la atención de los ciudadanos de hechos que no conviene que se conozcan.

No cabe duda del positivo impacto que tuvo para el país la reciente visita del papa Francisco. Además de fortalecer la fe de los católicos y de dejar grandes ganancias económicas a los sectores turístico y hotelero, Jorge Bergoglio dejó con su imagen y su mensaje un sentimiento de esperanza y de apertura a la reconciliación. Sin embargo, todo esto y el correlativo cubrimiento realizado por los medios de comunicación nacionales e internacionales permitieron que durante una semana, varios sucesos de suma importancia para el país pasaran prácticamente inadvertidos.

En efecto, el diario Publimetro, en su edición virtual del 7 de septiembre, señaló que el alcalde Enrique Peñalosa y el Concejo de Bogotá aprobaron en primer debate el cupo de endeudamiento para la construcción de la troncal de Transmilenio por la carrera Séptima, proyecto contra el cual se han pronunciado observadores y ciudadanos en gran número.

Principalmente, los residentes de las zonas aledañas a la carrera Séptima son quienes más se oponen a la construcción de Transmilenio por esta vía. De hecho, crearon el comité Defendamos la Séptima, el cual alega que con dicha iniciativa, se cambiaría por completo el aspecto de una arteria, por lo demás, insignia de la ciudad.

Señalan, así mismo, que serían muchas las viviendas y locales que perderían espacio o que incluso desaparecerían, algo que no es claro precisamente por la falta de estudios o por la precariedad de los que hay. Señalan los voceros de Defendamos la Séptima que el proyecto, aparte de carecer de transparencia, “no le daría fin a la crisis de movilidad de la ciudad y sí, en cambio, traería nuevos problemas de salud pública”.

O sea que la visita del papa Francisco pudo haber impedido que este importante hecho, que puede afectar a toda la ciudadanía bogotana, fuera noticia y tuviera la discusión que merecía. Por lo tanto, queda la duda de si fue una jugada intencional de Peñalosa y del Concejo de Bogotá esta aprobación cuando las miradas estaban enfocadas en la visita papal o de si se trató apenas de una casualidad.

Pero como en política las casualidades no existen, lo más probable es que en la visita del pontífice, Peñalosa y sus amigos viesen la fumata bianca que les permitiera frotarse las manos al tiempo que exclamaban: ¡Habemus transmi!

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