A propósito de la compra de firmas, una pequeña reflexión sobre la democracia

En los últimos días, mucho se ha hablado sobre la compra de firmas de la que están haciendo uso algunos candidatos a la presidencia; que en Bucaramanga a los que recolectaban firmas por Ordóñez no les pagaron, que la Registraduría trabaja para un tal Vargas Lleras recogiéndole firmas, que todos los días hay “denuncias” en Facebook de tipo: “en mi empresa me dijeron que tenía que recolectar X firmas por el tal Vargas ese o si no me echan”. Sin embargo, dentro del ambiente tropical de esta amada República Bananera todo parece normal, incluso podría decirse jocoso. Estos actos se convirtieron en el pan de cada día, en la cotidianidad cuándo se avecinan las elecciones y a nadie parece preocuparle en absoluto. No acabamos de salir del escándalo por el cual nos enteramos que ODEBRECHT, literalmente, puso al último presidente y a la mayoría de sus ministros, y ya empezamos con los escándalos del próximo presidente, que por desgracia infinita para Colombia podría ser Vargas Lleras.

Todas estas irregularidades sustentan mi hipótesis. La democracia es un proyecto fallido en Colombia. Nosotros no la merecemos, no nos la hemos ganado, hay países para los que la democracia es una victoria, una lucha ganada con esfuerzo y sacrificio, como Chile o Argentina, pero hay otros países para los que la democracia es solo un dato, un título vacío y Colombia se cuenta dentro de los segundos.

Parte del problema radica en que la tan adorada democracia que todos quieren defender implica serias obligaciones que nadie conoce y, mucho menos, quiere asumir. La primera y más importante de ellas es la obligación de tener conocimiento del funcionamiento del Estado, cosa que a nadie le importa, o sino no veríamos tantas “denuncias” en Facebook y sí en la Procuraduría o la Fiscalía. Si no sabemos o no entendemos cómo funciona la Nación, ¿cómo esperamos hacer valer nuestros derechos o conocer nuestras obligaciones?

La segunda es una cultura política base, sí, un conocimiento sólido sobre política, sobre partidos y bancadas, por ejemplo: en un país serio a un político que se cambia de partido se le condena con la muerte política en las elecciones, la gente sabe, o al menos presume saber que ser conservador hoy, mañana liberal y progresista en dos días representa una traición a los principios de la persona y del movimiento y que por ende ese político no es de fiar, así que nadie vota por él. En Colombia en cambio lo eligen presidente y si no basta entonces lo re-eligen, pregúntele a Juan Manuel Santos si no me creen.

Otra gran parte del problema es que la democracia parte de la base de que los ciudadanos, en quien reposa el poder soberano, no venderán sus votos por un plato de lechona, pero para nuestro país eso es suponer demasiado. Nuestra historia habla por sí misma, los escándalos de compra de votos, generalmente en la costa Atlántica del país, nos llevan a pensar que 50.000 pesos, es decir menos de 20 dólares es suficiente para que un ciudadano venda al país. Esto no se puede minimizar, no hay una forma bonita de decirlo ni mucho menos, se está vendiendo al país cada que alguien venda un voto. Todos los años en época de invierno cuando Barranquilla se inunda y todo es un caos, recuerden que todo lo que perdieron, todas estas desgracias, se deben a los 50.000 pesos por los que vendieron el voto. Un político que llega a un cargo de elección popular comprando votos no es otra cosa más que un empresario que hizo una inversión y luego de obtener el puesto necesita recuperarla y la mejor forma de hacerlo es robándose el dinero destinado para arreglar el alcantarillado, para la construcción de obras públicas, para la educación, la seguridad o la salud. La supuesta democracia, lo único que le ha traído y le traerá a este país sin cultura es una oleada de desgracias.

Luego vienen los hipócritas a decir que Colombia está jodida por culpa de los políticos… ¡Pero si esto es una democracia, no una dictadura! Que esos políticos no llegaron a su puesto ellos solos, nadie hizo un golpe de Estado y los puso allí arbitrariamente, esos políticos están allí porque usted los eligió para que representaran sus intereses y los del pueblo en general. Pero usted eligió mal, porque jamás cumplió con su deber de ciudadano de formarse una cultura política, de indagar respecto del pasado de cada candidato, de denunciar irregularidades o por qué no, de crear su propio partido político si ninguno lo satisfacía. Y todavía tienen el descaro de decir que los políticos son todos unos ladrones, pero lo dicen los que se roban el cambio cuando en la tienda pagan con un billete de 2.000 y les dan vueltas de un billete de 10.000. Pues déjenme decirles algo, quien roba en lo poco roba en lo mucho y si usted querido lector es de los que se roba el cambio o pide y se va sin pagar, usted sería semejante a ese político que se roba cinco mil millones de pesos que estaban destinados al arreglo de una vía, pero que cree que esa plata sirve más en su cuenta bancaria que en las obras públicas.

Nosotros no merecemos, ni necesitamos una democracia. No entendemos el valor ni la importancia de la misma, entre otras cosas porque nadie nunca nos la enseñó y porque somos demasiado perezosos para aprenderlo por nuestra cuenta. La democracia requiere educación y para nadie es un secreto que eso es lo que más falta le hace al país. En Colombia lo que hay es un caldo de cultivo para una dictadura, infortunada o afortunadamente a Uribe le faltaron 3 centavos pa’l peso, como se dice coloquialmente, y como dijo Chavez no “le faltó tiempo, lo que le faltaron fueron cojones”. Nosotros jamás hemos conocido una dictadura, no, Rojas Pinilla no cuenta, eso no fue un dictador, de hecho por lo único que se le recuerda, y eso, es por haber traído la televisión y la avenida El Dorado. Nosotros lo que necesitamos es aprender el valor de la  democracia, la importancia de elegir a nuestros propios gobernantes y de ser conscientes de la importancia de las elecciones y eso lastimosamente pareciera aprenderse mejor bajo el yugo opresor de la dictadura.

Pero este no es el sueño de un pequeño dictador que escribe columnas para una revista de la Universidad Nacional de Colombia. Yo mismo soy consciente que si ese día llega, yo sería uno de los primeros en ser torturado y asesinado, porque por fortuna mi padre, mis amigos y mi universidad me enseñaron el valor de la democracia, del gobierno justo, del Estado Social de Derecho, de mis obligaciones y mis compromisos para con esta Nación, pero así mismo, reconozco que yo, así como muchos de los lectores, por no decir todos, hacemos parte de una élite, una que tuvo acceso a una universidad de calidad, que tiene acceso a bibliotecas, a charlas enriquecedoras, a discursos y debates que ayudan en la creación de ideas y emancipación de la mente. Sin embargo, seguimos siendo sólo eso, una pequeñísima élite de privilegiados, que nada puede cambiar con sus votos cuando la inmensa mayoría está a punto de venderlos para que el Dr. Vargas Lleras no los haga echar de sus empresas.

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