Conspirators of Pleasure y lo táctil en lo audiovisual

Conspirators of Pleasure (1996) es uno de los pocos largometrajes de Jan Svankmajer  (su filmografía, a grandes rasgos, consta de películas de, aproximadamente, 20 minutos). Un director que logra hacer una ruptura a lo audiovisual para introducir, lúcidamente, lo táctil. El checo es un férvido militante de lo surreal, el sustrato principal de sus películas son lo sueños -pero, también, la infancia- y, con esto, logra crear un lenguaje cinematográfico sui generis. Se derrumba nuestro entendimiento por el cine cuando somos espectadores de una de sus películas, es como si lo sonoro y lo visual -esto es, lo audio-visual- fueran insuficientes. Al ser espectadores de las películas del checo los sentidos convergen de forma disímil y heterogénea, un deleite. Igualmente, los objetos -animales, insectos, plantas, herramientas-, cobran vida, no sólo por los close-ups que se posan constantemente sobre ellos sino porque no sólo se trata de enfrentarse a la imagen a la que estamos acostumbrados (imagen-acción o imagen-real), el checo introduce un híbrido, un innovador elemento a tal imagen: stop-motion.

Captura

Un collage de fotogramas que, simplemente, nos ayuda a ilustrar el universo tan rico -y generoso- en imágenes que nos ofrece esta película, ver cómo las superficies también convocan a través de lo visual, que la textura y la viscosidad dialogan y, porqué no, nos incitan a tocarlas. Sin duda, una película que nos va dar un fuerte impacto estético en sus imágenes -por la textura, color, composición y forma.

La película retrata una historia (si es que la hay) en donde los personajes, que son 6, no pronuncian ni la más mínima palabra. Con un humor renegrido, ingenioso y subversivo, la vida de tres hombres y tres mujeres (solitarios todos, aunque algunos estén casados) queda al descubierto. El filme muestra la vida de estos personajes con una módica alternancia, se pone en evidencia seis microcosmos que hacen sino exponer sus maquinaciones más íntimas y más privadas, mostrar cómo el deseo (esto es, sus fantasías, sus juegos interiores, su libido) quiere siempre preparar rituales, medios para conspirar el placer. Es como si siempre tuvieran  que acudir desesperadamente, casi castrados,  a los baúles que preservan sus juegos de la niñez.

A pesar de que los personajes no pronuncian palabra alguna, las onomatopeyas y los sonidos que marcan emociones y gestos siempre están presentes. Es más un sonido que tiene la función de acompañar a los objetos y los ruidos que de ellos emanan, un sonido que marca las reacciones de los personajes. Eso en cuanto al sonido y los efectos sonoros. La música también aparece para aportar ese grado de hipnosis y asombro que nos producen las tan siniestras escenas; pero, también, aparece para lubricar las escenas y darle ese retoque atmosférico onírico. Creería que no es en lo absoluto gratuito este rol tan funcional de lo sonoro y la música, puesto que silencia todo tipo de necesidad de la palabra, como si le estuviese dando más sublimidad y más detenimiento a la imagen. Así, tanto la música y los efectos sonoros se cogen de la mano con el silencio y los repetidos close-ups en las escenas para crear un genuino subtexto.

Detengámonos, brevemente, en los personajes:

Tenemos, en primera instancia, a un personaje en que su ritual consta en preparar y moldear una cabeza de pollo, la recubre con pedazos de fotos de una revista pornográfica y le pide a su vecina que descuartice a el pollo para ponerle a su cabeza las plumas de éste. A la última, le anexa unas alas que hará con un paraguas

pllo

La vecina que le ayuda a degollar la gallina tiene el deseo sadomasoquista de imponerle dolor y tortura a un muñeco de trapo y paja (parecido al que utilizará en el ritual el personaje de la cabeza de pollo) que cobrará vida (ahí es donde veremos el elemento diferencial que aporta el stop motion en conjunción con la imagen real) por una inusitada brujería

gorda   gordamuñeco

Asimismo, tenemos a un inspector que compra todo tipo de utensilios (mazos, clavos, puntas, etc.) e igualmente roba pedazos de piel de animales con el propósito de construir objetos en suma medida extraños en su taller. Sólo busca acariciarse, perseguir el goce mayor con el contacto de estas variables superficies

inpector

Su esposa, que entre otras cosas es presentadora de televisión, al verse en el abandono del inspector, se entrega a la angustia y al llanto. Pero no se escapa de encontrarse con el placer de lo táctil como lo hace su esposo, ahora, no en en variadas superficies, sino en la exótica sensación de la piel y la boca de un pescado

                   pies monamona palcer

Pero, simultáneamente, el dueño de la tienda en donde el primer personaje compra sus revistas pornográficas y donde el inspector compra sus utensilios, está completamente embelesado por la imagen de la presentadora de televisión, tanto así, que construye una máquina que haga funcionar a unas manos que, de nuevo, le suministrarán la mayor delectación posible (es decir, lo masturben mientras ve a la esposa del inspector en su televisión)

manos           television

Por último, tenemos a una cartera que obtiene su placer en aspirar bolas de pan por la nariz que, luego de conseguir el clímax, la dejará tirada en la cama para luego retirarse las bolas por los oídos

bolitas

Nos atrevimos a describir cada uno de los personajes puesto que lo que evoca cada uno de ellos es una combinación de lo grotesco con lo risible, lo atroz con lo tremendamente extraño; es decir, muestran objetos que son espantosos para el espectador pero totalmente íntimos para los personajes. Es como si el checo nos estuviese proponiendo comulgar con el absurdo de estas imágenes, volverlas totalmente normales (así como para los personajes son “normales”) en nosotros, normalizar el sueño que es esta película. No se trata bajo ninguna medida de crear una narrativa compacta para entender el microcosmos de cada personaje; se trata más de aprehender ese flujo de imágenes e hilvanarlas con los instrumentos de lo absurdo, lo surreal y grotesco (porque, en efecto, son instrumentos que nos ayudan a configurar otro tipo de narrativa).

No se trata tampoco de reducir las maquinaciones de los personajes a la pura genitalidad, sería un error. Se trata de mostrar también la preparación meticulosa que se necesita para crear todo el dispositivo que corporiza el deseo (que, por supuesto, no es solo placer que se consume en el acto), se trata del impulso salvaje y desmesurado al que nos empuja todo este teatro, se trata del impulso antisocial que igualmente trae consigo todo este mismo teatro, se trata de recuperar la sensación de individualidad a la que nos instiga, se trata, a grandes rasgos, de sentir que se existe vía el deseo (y todas las implicaciones y derivas que tiene esta palabra tan, supuestamente, trivial). Todos estos personajes recluidos en su espacio privado, en sus hogares, en donde se relegan de la imputación tiránica de la mirada del otro, reclaman un rostro (o muchos rostros), reclaman que su día domingo (que es el día en donde sucede todo esto) sea un una ceremonia, pero no cualquier ceremonia, una en donde pueden integrar, de la forma más gloriosa, todas las quimeras imposibilitadas a lo largo de la semana.

La percepción háptica -esto es, la aparición del tacto en la percepción- materializa una función insustituible en la película (y, claro está, en toda la obra de Svankmajer): posibilita otro tipo de asociación entre las imágenes, hace avivar el ánimo, hasta tal punto, que lo visual, lo táctil y lo auditivo se vuelven puro bloque, se vuelven unidad. A lo largo de la película, siempre es urgente la necesidad de tocar la pantalla para compartir ese gusto que provoca lo táctil en nuestra mirada y en lo sonoro como tal.

Conspirators of Pleasure nos presenta imágenes horriblemente deleitosas, unos personajes que, en su espacio privado, ansían materializar sus delirios como puedan. Nosotros, como espectadores, sólo podemos responder con sorpresa y turbación. Nos convertimos, pues, es voyeristas tácitos, una especie de colaboradores de todo esos escenarios sadomasoquistas y seudo-pornográficos: haciéndonos caer en cuenta la fina y delgada línea que existe entre lo fantasioso y lo real, o sea, que lo fantasioso es tan real que nos puede empujar a la muerte (así como pasa con uno de los personajes, sin ánimos de hacer spoiler). Y, todo esto, lo consumimos tocándolo con nuestra mirada, escuchando los ruidos tan siempre necesarios que causan los objetos (tocando en lo audiovisual), de forma animada (stop motion) y no animada: que es a lo que siempre nos convida Svankmajer con sus películas, otro tipo de paladeo del cine.

“…Absolutamente realista y, las manifestaciones de los personajes son el resultado de su devoción completa e ingobernable al principio del placer” J.S

Imágenes tomadas de fragmentos del filme.

 

 

 

¿Quieres leer un poco más?