De la religión y otros demonios

“Yo condeno el cristianismo, yo levanto contra la Iglesia cristiana la más terrible de todas las acusaciones que jamás acusador alguno ha tenido en su boca. Ella es para mí la más grande de todas las corrupciones imaginables… Yo llamo al cristianismo la única gran maldición, la única grande intimísima corrupción, el único gran instinto de venganza, para el cual ningún medio es bastante venenoso, sigiloso, subterráneo, pequeño -yo lo llamo la única inmortal mancha deshonrosa de la humanidad…” F. Nietzsche

Antes de morir, Maquiavelo reveló a sus amigos cercanos un sueño que había tenido, dejando claro que prefería ir al infierno y hablar de política con Platón y los grandes pensadores de la antigüedad antes que ir al cielo con los santos y beatos.

Durante el renacimiento, Italia era el Estado dominante. Como epicentro de occidente la nación poseía alianzas militares y riquezas e incluso, como lo mostró Julio II alguna vez en la historia, los papas se ponían al frente del ejército y la jerarquía eclesiástica tenía gran poder. Y es que no sólo se necesitó que uno de los precursores políticos más grandes de la historia como Maquiavelo o pensadores laicos se refiriera a la iglesia como inexorable para la política con el fin de mantener el orden social.

Vargas Llosa en “La Civilización del espectáculo”, la define como el -opio del pueblo-, la entera necesidad del Estado para que puedan coexistir los hombres, pues sin un poder espiritual que los aplaque las leyes solas no bastarían para impedir los delitos, llevando la sociedad al caos, pues finalmente los hombres temen más a Dios que al gobierno. Maquiavelo nombró como “el temor a los dioses” a la forma a la que recurrieron los reyes y papas en la Antigua Roma para que todo funcionara bien, pues sin las normas dictaminadas por la iglesia y –el temor hacia los dioses– aquella República no hubiera cumplido a cabalidad sus fines políticos ya que, según él, las buenas leyes debían fundamentarse en la religión pues su carga ideológica era la encargada de que los ciudadanos se rigieran por la obediencia.

Siglos atrás, antes del renacimiento y de El Príncipe de Maquiavelo, la idea de hacer una coalición entre la monarquía y la religión fue de Constantino en el año 312, siendo el primer emperador en declararse cristiano, creador del famoso “Credo de Nicea”, que hoy por hoy se sigue escuchando en todas las iglesias y dejando un legado que, 1706 años después, sigue siendo el encargado de un movimiento masivo apalancado por los más grandes megalónomos e impulsado por los más grandes líderes políticos.

Y es que hasta hace poco cuando el hermano de Benedicto XVI era director del coro Ratisbona en Alemania, 547 niños fueron víctimas de abusos sexuales y físicos por parte de sacerdotes y profesores entre 1945 y a principios de los años 90. Y qué decir de los dos mil millones de seres humanos que nacieron durante los 26 años del papado de Juan Pablo II y, cito textualmente a Fernando Vallejo: “En 1930, cuando la encíclica Casti connubii, era de dos mil millones. A un año largo de la muerte de Wojtyla hoy es de seis mil quinientos millones. ¿Ha hecho algo la Puta para que progresen la ciencia y la tecnología y ayuden a acomodar y darles de comer a todos estos millones? Sí. Tanto cuantos niños abandonados del Tercer Mundo ha recogido el papa o cuantas vacas ha salvado del matadero este zángano.” (La Puta de Babilonia, p. 152)

El poder de la iglesia, sigue incólume, denigrando también a la mujer. Con la prohibición de métodos anticonceptivos se dio paso no sólo a que proliferaran las enfermedades venéreas sino que sin la planificación ineludiblemente aumentó la tasa de natalidad en países tercermundistas causando que mujeres sin condiciones socioeconómicas tuvieran más hijos. A todo esto, le debemos sumar cada uno de los papas que mataron, violaron, sodomizaron e impartieron falsas doctrinas por “el bien común” (sin mencionar el incesto y la homosexualidad). Pareciera ser que Maquiavelo estaba en lo cierto: “El hombre es malo por naturaleza”.

A principios de este año se exhibió “El caso de Provolo”, centrado en el Instituto Gresner, Provolo y la iglesia de Santa María de Pianto. Durante años niños sordo mudos fueron violados y sodomizados, las victimas perfectas, pues su discapacidad les impedía denunciar. El ex cura, Eligio Piccoli, confesó los abusos: “Abusábamos de los niños sordos, éramos al menos diez”, dice. Entre el 2013 y 2014 las denuncias llegaron al Papa Francisco por medio de cartas escritas por las víctimas quienes al no recibir respuestas se dirigieron a Roma para ver al Papa personalmente, la única contestación fue impartir el perdón y un comunicado que decía que había pasado las cartas al CEI (Centro Episcopal Italiano). El vaticano aceptó los abusos. Muchos de los sacerdotes están muertos y para los otros las sanciones fueron leves e incluso se exiliaron en Latinoamérica, pero el Vaticano sólo guardó silencio y en Argentina los casos de pederastia continuaron.

No sólo fueron Sergio III, Benedicto IX, Juan XII, Clemente VI, Julio II, Sixto IV, Inocencio VIII, Alejandro VI, Bonifacio VIII, Julio III, conocidos como los peores papas de la historia, quienes asesinaron, violaron menores, tuvieron amantes, cometieron incesto, secuestraron, violaron; por hoy, en pleno siglo XXI luego de denuncias donde sustentan cada una las atrocidades la iglesia sigue indemne.

Sin mencionar el escándalo que se produjo en el banco del vaticano denominado “Los banqueros de Dios” producto del lavado de dinero. Según reportes los pontífices nunca se dieron cuenta de lo sucedido ni de los crímenes financieros entre la iglesia y la mafia, pobrecitos, qué se iban a dar cuenta. Porque no eran sólo delincuentes, también los políticos más “memorables” de Italia estaban inmersos en la coyuntura. Adrede a esto en La Puta de Babilonia, Vallejo deja en evidencia los 85 millones de dólares que se requirieron en el 2003 para contratar a cuarenta abogados que representaran a los pastores de Boston por casos de violación y sodomización a niños.

Existen hombres dignos de admiración y estos –laicos, diáconos, sacerdotes y obispos– evidentemente no lo han sido por los agravios causados a la humanidad con su religión porque es imposible refutar que por siglos han manipulado y engañado perfectamente a como dé lugar, y es insensato el hecho de que estén apoyados por los grupos aristocráticos más poderosos.

Religiones que discriminan, que matan, que difaman, que dividen, que atropellan, que juzgan. 

La religión al igual que el nacionalismo pueden ser catalogadas como unas de las más culpables de los grandes genocidios de la humanidad. Causantes de las más grandes atrocidades, la forma más perniciosa de ir en contra de otro ser humano, ¿y acaso una logra ser mejor que otra? ¿O cuál creen ustedes que tiene la verdad absoluta? ¿Cómo asegurar que el Dios cristiano es superior al Yahvé judío, o al Alá del islam, o a Krishna de los hindúes, o a los dioses grecolatinos?

En Colombia las iglesias suman un patrimonio cercano a los 10 billones de pesos,  -entre católicas y cristianas- y no pagan impuestos gracias al artículo 23 del Estatuto Tributario, pero ¿¡cómo así!? ¿No es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja, que el que un rico entre en el reino de Dios?

De forma que, si ya desde el papado se ha fragmentado a la raza humana, ¿para qué seguirlo haciendo? Cuando a Constantino tuvo la idea de unir la religión con la monarquía, creó a Santa Sofía para convertir a todo el mundo al cristianismo para que, irónicamente, años después los turcos la tomaran y la convirtieran en la Mezquita. Tanto esfuerzo en colonizar, tanta gente que mató, tanto que robó y se terminó perdiendo, ¿entonces tanto muerto para qué?

Al querer imponer una verdad sobre la otra, cooperan con el megalómano que se esconde detrás de ella, que se llena a costa del que le cree buscando la salvación eterna con un único fin: una falsa ideología espiritual para saciar las ansias de poder y corrupción. La sociedad aún se resiste ante la secularización pues sin la religión y la espiritualidad a la que debe recurrir el hombre para vivir – “éticamente” en paz- se queda corta si no se logra endiosar a un ser mítico. Tan claro como que Constantino en el 337 antes de morir pidió ser bautizado, todo para que su alma se purificara, como si bañarse en un río y echarse agua en la cabeza lo liberara de todos sus pecados.

Ocho cruzadas, la masacre de San Bartolomé, la Inquisición, la Conquista de América, la quema de libros, miles de casos de pederastia, el índice de libros prohibidos, la vendedora de indulgencias, la que exterminó a millones de pueblos hispanos, entre mil atrocidades más… Que para nombrarlas una por una y describirlas detalladamente no me bastaría este artículo.

…Y a propósito de la visita de el papa Francisco a Colombia para darle la mano a Santos y ayudarlo con “la paz”, ¡qué forma de exponer el fanatismo religioso en el país! Pero eso abre una brecha a otro asunto que ya no alcanzo a mencionar aquí.

 

“Seríamos peor de lo que somos sin los buenos libros que leímos, más conformistas, menos insumisos y el espíritu crítico, motor del progreso, ni siquiera existiría”. Mario Vargas Llosa

Créditos fotografía: Periódico ADN Medellín. 08-09-2017

¿Quieres leer un poco más?