Colciencias, la cultura y el deporte en jaque

Ya hace varias semanas el Ministerio de Hacienda, en representación del Gobierno Nacional, dio a conocer la propuesta definitiva de lo que sería el Presupuesto General de la Nación (PGN) para el 2018; obsequiada bajo la frase “AJUSTE EXITOSO, REPUNTE EN MARCHA”. Pero lo que nos trae aquí, no es el comentar una noticia trivial e insustancial. Sino en cambio, el realizar un análisis superficial de la propuesta y el desarrollarla dentro de lo posible.

Un Gobierno que no apunta en desarrollar y encaminar a su país, de ninguna manera, está pensando en el futuro de su pueblo y en la trasformación del mismo. Y aunque se repita cientos de veces “Todos por un nuevo país”, no termina de convencer del todo. Hay que entender el posacuerdo como una oportunidad de transformación, como el desarrollo humano integral en pro del bienestar común y la formación del individuo en todas sus facetas. Sin embargo, parece que las políticas del país están más enfocadas en las campañas presidenciales, en las ya repetitivas discusiones con la oposición y hasta ahora en planear un escenario futuro, que a muy pocos puede beneficiar.

Cada vez más parece que el papel del ministro Mauricio Cárdenas Santamaría es el de resonar “que no hay plata” y que aún estamos ajustándonos al choque generado por la reducción del precio del petróleo, del cual aún no habido una respuesta o alternativa adecuada, ni mucho menos un proyecto real a futuro. Pues, cada año el país debe sufrir una reducción incoherente, y no precisamente en Defensa y Policía (que percibirá un aumento del 8,2 %) o en el sector destinado a la Presidencia de la República (con un aumento del 31,9 %). Obviamente no, el ataque es directamente al único sector que puede desarrollar y transformar el país, la EDUCACIÓN, en este caso especial, el sector de Ciencias y Tecnología; que a pesar de que el PGN los analiza independientemente, son completamente armónicos y  correlacionados.

El presupuesto de este año para Colciencias y el sector ciencia y tecnología fue de $380 mil millones, muy bajo en comparación con la inversión que realizan los países desarrollados al mismo sector. Ahora, el presupuesto planeado para el mismo sector el próximo año, sería de $222 mil millones, es decir, una variación porcentual de 41,6 que significa una participación en el presupuesto que baja del 0,2 % al 0,1%. Todo ello a pesar de que los ingresos del país para el próximo año están proyectados aproximadamente en $235,6 billones, con un aumento del 1% respecto al vigente periodo.

Para dar una idea de lo que esto significa, economías en desarrollo como Francia, Estados Unidos, Japón, Alemania, Dinamarca y China invierten aproximadamente entre 2 y 5 % de su PIB (Producto Interno Bruto), en investigación y desarrollo. En cambio, Colombia, y según datos del mismo proyecto PGN, invierte 0,0 % de su PIB en financiar este sector. Y según cifras, del Banco Mundial, el promedio de inversión del país en este sector, entre 1996 y 2014 fue del 0,2 %, lo que significa que la financiación es cada vez más imperceptible. Según datos del Banco Mundial.

Una cifra extremadamente ridícula e inconcebible para un país que quiere empezar a dar los primeros pasos en el desarrollo. Uno de los progresos más esperanzadores después del proceso de paz sería, para muchos, el de reducir el presupuesto dedicado a financiar y combatir el conflicto interno: reinvertir estos recursos en aumentar la inversión en sectores como la educación, ciencia y tecnología, el desarrollo humano integral, medio ambiente y el sector agropecuario, sería lo adecuado.

Pero todo esto, parece muy lejano. Por un lado, aparece la exdirectora de Colciencias, Paula Arias, que argumenta que un recorte como éste podría desembocar en el cierre de la entidad por falta de presupuesto. Y lo más triste del caso es que hasta el mismo director de Colciencias, no demuestra su inconformismo con la medida, ni ha criticado de fondo el proyecto. Al contrario, según declaraciones del director, se está negociando esta medida y espera convencer al Gobierno, ya que de aprobarse, habría que recortar muchísimos programas. Y por si fuera poco, el mismo director declara, que “(…) la ciencia y tecnología son una prioridad para este gobierno”,como si se tratase de algún favor o donación por parte del Gobierno a Colciencias.

Por todo lo anterior, es necesario realizar un análisis superficial y objetivo de la propuesta, en los temas mas preocupantes y principales.

En primer lugar la educación registra un aumento del 0,1 % que es insustancial; además de ello, el enfoque principal es la cobertura y en la integración de los menores (que de ninguna manera está mal), el problema radica en que no existe un proceso, seguimiento y no se lucha por la calidad, lo que significa que aumenta la cobertura pero no la responsabilidad frente a la excelencia y exigencia adecuada, no hay un proyecto verdadero para transformar el sistema educativo. No obstante, y con todo el descaro del caso, la política educativa a futuro, que viene planteado desde un principio el gobierno, es que: “Colombia será la más educada de Latinoamérica para 2025”.

El siguiente punto, es un reflejo de la carencia del anterior y del poco futuro que busca proyectar el gobierno con medidas tan insensatas. Y esto se refiere a los sectores de cultura, la recreación y el deporte, entre otros factores. Estos sectores son unos de los más perjudicados, debido a que por un lado el presupuesto para la cultura disminuirá en un 13,7%; el de recreación y deporte en 62,3%.

Además de ello, es necesario resaltar, que contrariamente al proceso del posacuerdo, el sector de Inclusión Social y Reconciliación disminuirá un 17,6% (a pesar del presupuesto destinado al posacuerdo referenciado en el PGN, que probablemente no esté focalizado en esta problemática social).

En contraste a ello, aparece el aumento más significativo y sustancial del PGN que será para la Registraduría, presupuesto que aumentara en un 157,8 %. Así es, en más de un 100%. Claramente, enfocado en fortalecer el registro e identificación de todos aquellos colombianos que vuelven a la vida civil, y en este punto, es necesario aclarar que también puede ser destinado en cumplir con la misión de la MOE, encaminada en re-estructurar y fortalecer el sistema electoral y político del país. El cual obviamente se ha venido rajado ya por muchísimo tiempo. Sin embargo, el aumento es sustancial, y parece desconocer más allá de un registro, el problema social que debe ser resuelto.

Por último, y no por ello, menos importante. El sector de Ambiente, presentará una disminución del 25,4% y el sector Agropecuario de un 28,7%, lo que a consideración propia, parece una decisión contradictoria frente a las políticas confirmadas en el Acuerdo de Paz, y en especial, el primer punto (Reforma Rural Integral). El Medio Ambiente, y por consiguiente el campo colombiano, son sectores que deberían reforzarse frente a problemáticas futuras y presentes como la propiedad de tierras y la trasformación del campo, que deben incluirse en el sector. De igual manera, debe ser prioridad, lo referente al desarrollo rural y la integración del campo a la realidad del país.

Todo lo anterior refleja la improvisación constante con la que lucha el país, no sólo en materia tributaria sino en planeación y en desarrollo. Cada año, el recorte es más sustancial y no se encuentran soluciones reales, es decir que el Gobierno se está rajando en planeación y proyección. Colombia es de los pocos países que aún no tiene una respuesta acertada a la caída de los precios del petróleo. Se cubre la deuda externa y se ajusta adecuadamente (cosa que es buena y que cada país tiene que manejar adecuadamente), pero por el otro lado se han realizado cuatro reformas tributarias y dos más, que se esconden como modificaciones (ley 1607 del 2013 y 2014). La lucha contra la evasión y la elusión falló, además, los impuestos son cada vez más regresivos, hablando en materia fiscal.

En vista de esto se podría entender (y hasta afirmar severamente) que las prioridades del Gobierno en turno no son la educación, la innovación y la ciencia, ni mucho menos el campo, la gente y el desarrollo.

Esperemos que este “borrador” sea modificado adecuadamente y que estos recortes, como aumentos sean ajustados y controlados. Aún hay tiempo de discutir y modificar la propuesta antes de ser aprobado el proyecto, y si no es así, tendremos que defender la ciencia, la innovación y por supuesto la educación. Ojalá que esto no sea el principio del fin para Colciencias y la cultura científica del país.

Imagen propia.

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