¡Die Mannschaft!

Transcurría el 28 de abril de 2004 en el estadio Giulesti del FC Rapid Bucarest. La selección nacional de Rumania apabullaba con un categórico marcador de 5 – 1 a la siempre magnificada selección de fútbol de Alemania. Este hecho coyuntural marcó la época contemporánea del fútbol mundial en toda su expresión, generando como consecuencia un conglomerado de aspectos positivos y determinantes en el microcosmos del balompié: el inicio, proyección y posterior construcción de uno de los modelos más perfectos y efectivos en el contexto deportivo, inclusive, en el ámbito cultural.

Alemania, no podría ser otro el país que mostrara este ejemplar paradigma de reconstrucción y modelación a largo plazo, que bajo la lupa de los expedientes de espectros deportivos similares, no arrastró con la soga de la especulación o incluso de manera más atrevida, de la siempre maltrecha soberbia. En un contexto más generalizado y global, Alemania, esta poderosa república parlamentaria federal que, por hechos históricos fulminantes, bélicos y circunstanciales transige la anexión de los conceptos de recuperación y redención en su ADN, fue capaz de resarcirse de la primera guerra mundial, pero se vio afectada por lo que el economista John Maynard Keynes denominó como una “paz cartaginesa”. Asimismo, tuvo la confianza de levantarse de las ruinas de la segunda guerra mundial, y es lo más reciente en su constante marca de resiliencia, la división y reunificación, hecho con el que incluso Alemania Federal llegó a disputar y ganar el mundial de Suiza 1954 enmarcando este épico acontecimiento en los anales del fútbol como el “milagro de Berna”.

Esta es la identidad, la sangre, la firma del alemán: trabajar con paciencia, sagacidad  y seriedad para validar con resultados exitosos los pasos efectuados en los proyectos sutilmente planeados. En el deporte no para de triunfar, de hecho, es potencia mundial. Ha dado en los últimos 50 años dignos representantes de la actividad física, algunos de ellos muy reconocidos como Michael Schumacher, Sebastián Vettel (Automovilismo), Robert Harting (Lanzamiento de disco), Boris Becker, Steffi Graf (Tenis), Timo Boll (Tenis de mesa), Marita Koch, Armin Hary, Dieter Baumann (Atletismo),  Kristina Vogel (Ciclismo). Y sin embargo, es en fútbol donde han dado el paso más significativo y glorioso, reafirmando su disciplina formativa en esta actividad en los últimos años, con la consecución de la Copa Confederaciones Rusia 2017, el último Mundial Brasil 2014, tercer puesto en Mundial 2006 y 2010, subcampeona a nivel continental en Austria y Suiza 2008 y semifinalista en Polonia y Ucrania 2012 y Francia 2016.

La derrota ante Rumania en Bucarest sentenció una toma de decisiones acuciosa que venía trabajándose en las toldas de la federación alemana de fútbol desde inicios del milenio tras los fracasos tanto en el resultado como en el proceso, evidenciado en la eliminación de la fase de grupos de la Eurocopa de Bélgica y Países Bajos. La dinámica pereció. El peso histórico obligaba a efectuar cambios que mejoraran la presentación de la hasta entonces tricampeona del mundo. Corrían para huir, tal vez de los fantasmas de la guerra, pero decidieron correr para conquistar.

En 2004 Oliver Bierhoff asumió la dirección deportiva de la federación alemana de fútbol y potenció lo que cuatro años atrás se denominó como el punto de inflexión del modelo alemán: fortalecimiento e impulso del fútbol base. Se fundamentó este punto de proyección con la creación de estructuras profesionales en las categorías inferiores de los clubes y con la clara sensación de titular jóvenes entrenadores nacionales con el fin de identificar y promover jóvenes talentos en las escuelas de formación. El primer objetivo para ese año: Mundial en casa (Alemania 2006).

Con la mejoría año tras año desde el 2006, el proceso se potenció. Empezó a surgir de nuevo las características que había descuidado el esbelto sistema alemán. Aspectos básicos como el dribbling, el juego aéreo, la férrea labor del hombre a hombre lateralizado; se reconstruyeron idóneamente. La producción de jugadores de este corte aumentó exponencialmente, individuos creativos, ágiles, sagaces, capaces de acomodarse a cualquier situación que presente el sistema y el entorno, con el plus de la retroalimentación constante. Torneo tras torneo, modernizaba su juego, sin perder su identidad.

Convertir exjugadores en técnicos es una de las premisas que jugó un papel crucial en el desarrollo del Dream Team germano. Se apostó a la educación. Desde 2006 se empezó a moldear la figura del sistema que aprendió a jugar y no ha parado de ganar. Jürgen Klinsmann fue el hombre elegido para iniciar el proceso, posteriormente, su colega y quien fuera asistente, Joachim Löw, tomó las riendas y ha sabido amalgamar en más de 10 años conceptos como verticalidad con posesión, lo físico con lo técnico, pero sin duda el más significativo, el pasado con el presente. Mantuvo la esencia, no renuncio en lo que se creía, sino que se mejoró.

La tecnología no ha quedado atrás. Como en el fútbol americano y el golf, los alemanes decidieron apostar al perfeccionamiento que puede dictar el análisis estadístico, de predicción, hasta matemático y físico, que permiten mejorar tanto las condiciones y capacidades del individuo como del sistema. A esto le han añadido inteligentemente el trabajo y conocimiento de un conjunto de profesionales de varias áreas con énfasis en el desarrollo y potencialización deportiva. Un ejemplo es el del profesor Gerd Gigerenzer del instituto Max Planck, referente científico en el campo de la psicología. Es un colectivo, un equipo, cooperativo, solidario, transversal y formativo.

Equipos de investigación, formación e innovación, son la base del progreso. Dinámica, comunicación y conexión, los componentes existentes entre los motores del proyecto. Pensar en plural, su certeza. En Rusia 2018, al que han clasificado sin problema alguno, coincidirán el equipo campeón de Brasil 2014 que exhibía el juego de posición como su mejor arma. Tocaba, mantenía la posesión y controlaba el partido con la pelota en los pies y el que ganó la Confederaciones, equipo más vertical, que no renuncia a la pelota pero prefiere el vértigo: triangula desde abajo y sale con rapidez a la contra. Dos versiones con un mismo origen. Una combinación bárbara que deriva en un fútbol total, lo más parecido a aquella “Naranja mecánica” a la que Alemania venció en el Mundial del 74.

Toda la trayectoria de este país, tanto en logros como en esfuerzos, nos hace pensar que no se debe limitar hacia la indiferencia con la situación de Alemania, sino más bien seguir su ejemplo.

Imagen tomada: goo.gl/eJ4uee

Norbey Danilo

Estudiante de Ingeniería. Individuo, diletante, inconformista, magnánimo. El maestro Panzeri lo tenía claro – La palabra no ha sido inventada para no decir lo que pasa y lo que pensamos. Para callar y ocultar se inventó antes el silencio. Yo no participo de la comodidad del periodismo sin opinión –
Academia, magazines y mucho deporte.

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