Los Hermanos Karamázov, Fiódor Dostoyevski

De nuevo Fiódor Mijáilovich Dostoyevski nos sumerge en una historia única del existencialismo humano. Muestra diferentes situaciones internas en sus personajes, perdidos en contradicciones y enfrentándose desconcertados a problemas complejos, característica inigualable en sus novelas tormentosas, así como el uso que realiza de los nombres patronímicos en la Rusia zarista del siglo XIX, que a ratos confunden al lector distraído pero que se convierten en una exquisitez para los amantes del estilo de Dostoyevski.

No por nada esta obra es considera como la mejor y más importante de este autor ruso. Ha sido citado por diversos escritores: Friedrich Nietzsche, Sigmund Freud, Franz Kafka y el papa Benedicto XVI en la encíclica Spe salvi.

Tal ha sido la importancia de esta obra de la literatura clásica y universal que muchos historiadores y críticos literarios han realizado diversos análisis del estilo único de Dostoyevski. Incluso la gran historiadora rusa, Vetlóvskaya, menciona que en los Hermanos Karamázov existe una composición entre una autobiografía y un narrador omnisciente ficticio, en ocasiones imperceptible, que vive junto con los personajes de la novela y conoce antecedentes exactos de los diferentes personajes que el lector percibe en la narración de datos minuciosamente puntuales de cada uno. En algunos casos pareciera que el mismo autor se transformara en un personaje.

De esta síntesis se aprovecha el autor para ocultar su personalidad y el carácter específico de sus opiniones políticas, ya que Dostoyevski fue víctima de la rígida censura literaria de su época, que lo consideraba políticamente subversivo. Sin embargo, esto no impidió el planteamiento de lo que según Vetlóvskaya fue el tema principal de la obra: la Rusia del pasado, del presente y del futuro, así como el destino del mundo y de la humanidad.

Esto se evidencia claramente en los personajes principales, los tres hermanos Karamázov. Cada uno encarna una tendencia nacional rusa: Dimitri, la bárbara Rusia del pasado; Iván, la Rusia occidentalizada y nihilista; y Aliosha, el utópico futuro planteado por Dostoyevski. Además, sus personajes se caracterizan por ser individuos  libres, capaces de enfrentarse a su creador, de no estar de acuerdo con él y llegar incluso a refutarle.

En la obra el autor resalta la perversión humana que reúne pluralidades de conciencias y las intranquilidades existenciales expuestas en otras novelas como El idiota, Crimen y Castigo  y El Jugador, ya que Rusia en aquella época se encontraba bajo el yugo del poder imperial de los zares y la influencia de la religión ortodoxa, que tenían a la sociedad acallada viviendo en la miseria hasta que pocos años después, a sangre y fuego, el ajuste de cuentas se consolidó.

Para conocer un poco la obra, es fundamental leer el prólogo, donde Dostoyevski expone a modo de conversación íntima con el lector, los motivos que lo condujeron a escribir la historia de su extraño héroe y la finalidad moral de la obra, y nos plantea algo muy particular, la opción de abandonar la novela sin haberla ni siquiera iniciado.

Para no alargarme más, dejo un pequeño extracto de los Hermanos Karamázov para que el lector pueda disfrutar de esta estupenda novela y se anime a explorar el estilo Dostoyevskiano.

-Espera, Alexéi, aún he de hacerte otra confesión, ¡a ti solo!

-Dmitri volvió repentinamente sobre sus pasos-­. Mírame, mírame bien: aquí, ¿ves?, aquí se está preparando una infamia espantosa. -Al decir <<aquí>>, Dmitri Fiódorovich se golpeaba el pecho con un aspecto tan extraño como si la infamia se encontrara y guardara precisamente ahí, en algún lugar de su pecho, quizá en el bolsillo o cosida en un pequeño bolso colgando en el suelo. Ya me conoces: ¡soy un canalla y soy tenido por canalla! Pero puedes saber que cuanto haya hecho antes o pueda hacer ahora y el día de mañana, nada puede compararse en vileza con la infamia que precisamente ahora, precisamente en este minuto, llevo aquí en el pecho, aquí, mira, aquí, una infamia que actúa y se elabora y a la que yo soy dueño absoluto de detener; puedo detenerla o ejecutarla, ¡fíjate en lo que te digo! Pues ten en cuenta que no voy a detenerla, sino que la realizaré. Hace unas horas te lo he contado todo, pero esto no, porque ¡ni siquiera yo he tenido bastante cara dura! Aún puedo detenerme; deteniéndome, mañana mismo podría recuperar la mitad entera de todo el honor perdido, pero no me detendré, llevaré a cabo mi vil proyecto, y tú serás en adelante testigo de que he dicho estas palabras con anticipación y con plena conciencia de lo que digo. ¡Perdición y tinieblas! No tengo por qué explicarte nada, te enterarás a su hora. ¡Callejón hediondo y mujer infernal! Adiós. No reces por mí, no lo merezco, y no hace falta en absoluto, no hace falta en absoluto… ¡No lo necesito para nada! ¡Fuera!…

Y se alejó esta vez definitivamente…

Imagen tomada de: http://bit.ly/2wGd1HX

Miguel Ángel Acosta Chinchilla

Me gusta leer y utilizar bien el tiempo.

Estudiante de Ingeniería Agronómica, UNAL Sede Palmira.

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