Possession: la experiencia del mutismo en el cine

“Possession retrata nuestro lado más visceral y pasional, de cómo somos carcelarios de nuestras emociones, de la supresión de límites a la que nos conduce los celos y el deseo despótico de Posesión por nuestro/a amado/a: experiencia visual de lo dramáticamente terrorífico”

El cine, como todo buen arte, tiene la función de interpelarnos hasta lo más recóndito de nosotros, de dejarnos cercenados, estupefactos y, por supuesto, fascinados. Para hacer del cine una experiencia más completa, está en nosotros apañárnosla con todos esos estados y tratar -con esas imágenes que nos quedan- de pensar(nos). Precisamente es lo que hace Zulawski con esta película: ofrecernos una combinación módica de drama, terror, fantasía, surrealismo, suspenso y acción que, indudablemente, haría falta un tiempo prudente para poder digerir severas -y tan brutales- imágenes.

Possession (1981), son de esas películas en las cuales, en el intento de hacer una sinopsis, se podría sufrir un ataque imposibilidad, digamos -y exageremos-, de epilepsia. Tratar de hilvanar narrativamente lo que sucede en el filme sería un intento -como todas las sinopsis- bastante grosero y reduccionista. Son de esas películas que ratifican que no se necesita entender lo que sucede en cada escena para poder disfrutar de la misma. Se podría pensar que en algunas escenas existen loops -esto es, toques de fantasía y surrealismo- que no dejan consolidar la historia, pero, creería, que es un error pensarlo así. Cada uno de estos toques hacen del montaje algo sumamente genuino y exquisito.

Con respecto al guión, podemos decir que está bien cuidado, es medido. Los diálogos tienen una finalidad más para referirse a sentencias y metáforas que a la de proveer datos precisos para armar la propia historia. Seguramente, nos podremos parar de la silla con frases muy gustosas, que se cristalizan. Es una película que nos obliga a estar muy pendientes del texto, éste se convierte en otro mecanismo de liberación emocional para los personajes: no sólo se trata de una desmesurada gesticulación e histrionismo, el texto, igualmente, cumple esa misma función que la actuación, ellos (la actuación y el texto) son íntimos cómplices.

anna y marcAhora sí: Mark regresa de un largo viaje de trabajo para poder encontrarse con su esposa, Anna, que le pide el divorcio; ésta no sabe ni es capaz de decir el por qué de tal decisión. Mark regresa al apartamento y tiene la fuerte convicción de organizar de nuevo el matrimonio con Anna y, poder así, dedicarle más tiempo a su hijo Bob. Mark, viendo el cambio de comportamiento de Anna, se da cuenta que le es infiel. Los celos y el deseo de posesión por Anna que siente Mark, empiezan a desencadenar una serie de eventos totalmente catastróficos que se representan en una mutua degeneración física y moral entre los protagonistas.

MARC NORMAL

LOCURA ANA ESTA ES

Son las pasiones y el excesivo drama los elementos que empiezan a resonar en la mayoría de las escenas, hasta tal punto, que la excesiva gesticulación y el histrionismo (elemento típico de Zulawski en la creación de sus personajes) en los protagonistas es excesiva -sin ser, claro, inverosímiles. Sería bastante ligero afirmar que las actuaciones son falsamente excesivas e histéricas, esa acentuación en la actuación da cabida a que la imagen permita un amplio espectro de sensibilidad: quedar perplejo, extrañado, afectado, vulnerado, etc.

 

La Posesión (nótese la mayúscula), los celos, la dominación por el otro, la locura y los abatimientos de la soledad son los leimotiv que hacen movilizar la estructura narrativa de la película y hacen que, en muchas de las escenas, podamos encontrar MARC SE FLAGELAmucha crudeza -es decir, escenas sumamente cruentas-. La cámara en mano y los travelling -principalmente los laterales y los circulares- hacen crear una atmósfera muy exclusiva que logra, por un lado, acentuar las escenas y, por otro, legitimarlas. Igualmente, nos enfrentamos a unos primeros planos de una violencia inigualable: es como si se fuera receptor ineludible de todo ese torbellino emocional que están transmitiendo los personajes.

Como mencionamos arriba, la degradación física y moral es recíproca. Vemos intentos de suicidios, auto-flagelación, descuartización, asesinatos, etc., catalizados por toda esa efervescencia pasional que logran crear universos emocionalmente agudos. Es decir, cada personaje está atravesado por un caudal de turbaciones en las cuales, nosotros como espectadores, no podemos hacerle la finta: cada escena se sufre. En reiteradas ocasiones se logra ser partícipe de los múltiples paroxismos que logran los personajes, es como si ellos se quedaran pasivos para -y valga lo pomposo de la expresión- dar entrada a que los dioses actúen en ellos (tal como pensaban los griegos de las pasiones). Los protagonistas están sujetos a una plasticidad emocional incomparable.

Miremos, brevemente, a la protagonista:

En primera instancia, y cuando inicia la película, vemos a una Anna sutil y dócil, pero, es sólo un simulacro: inimaginable metamorfosis de Anna. Absortos y mudos quedamos al ver a Anna en algunas escenas de más de un minuto revolcándose en el suelo, desgreñándose, saltando, golpeándose: histeria desmesurada; pero también -y esto no lo hemos mencionado- cuando hace de profesora Helen (personaje secundario de la película): es capaz de hacer su justa antítesis (personaje dulce, serena y receptiva) sin ningún problema, pasaría -si no fuera por su similitud física- inadvertida. Anna, tal como vemos en la imagen de la derecha, interacciona con la cámara y lo hace a su vez con el espectador, lo incita y lo hurga. La metamorfosis del personaje de Anna es paulatino, hasta que llegamos a conocer la peor y la más sórdida versión de Anna:

Sí, es Anna teniendo relaciones sexuales con un ser grotesco, mórbido y asqueroso (no sabemos quién es, sólo aparece un anna follaaaaapar de veces). Lo interesante aquí es que Anna logra normalizar la situación, es como si nada estuviese pasando para ella: Anna logra crear nuevos lazos afectivos, logra vincularse con lo propiamente siniestro y repugnante que, para ella, no será más que algo absolutamente trivial.

Zulawski nos muestra la verdadera morbidez representados en seres asquerosos, nauseabundos, como si al momento de ver estuviésemos tocando simultáneamente y, obligados, nos retiramos despavoridos de la pantalla:

Por todo lo anterior, Possession, representa una experiencia cinematográfica sui generis, única: experiencia visual de lo dramáticamente terrorífico, experiencia del mutismo, del quedarse pasmado -y con una tremenda afasia- al no tener más que unos insuficientes adjetivos para calificarla. Son de esas películas que son totalmente escurridizas en el intento de tratar de atraparla con cualesquier interpretación. El texto sólo pretende ser una provocación -y, sin duda alguna, una invitación- para que ésta sea su próxima película. Es irremediable que el espectador no se hiperventile en mucha de las escenas. Es una película que te muestra cómo es el modus operandi de las pasiones desde la perspectiva más visceral posible, de cómo podemos ser carcelarios de nuestras emociones, de cómo lo emocional nos afecta a tal grado que, inevitablemente, nos debemos en la penosa -y despótica- tarea de violentar el otro, nuestro/a amado/a, con la no justificable excusa de nuestra locura, miedo a la soledad y nuestros vergonzosos celos (escenario,pues, que nos involucra a todos). De nuevo, experiencia cinematográfica singular que se corporiza en la hiperactividad mental, que constriñe a pensar(te) y a buscar un medio de fuga para hacer ebullir y liberarte de todas las imágenes de las que te invadió el filme. Como este medio -que, entre otras cosas, es una coartada-, la escritura.

Possession actúa, pues, como una granada: te estalla, te quema y te penetra con  esquirlas.

 “Todos somos los mismos pero con diferentes palabras, en cuerpos distintos y en diferentes versiones”. Anna

(Las imágenes son recortes de la película, no son sacados de ninguna página web).

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