Conchudos….

En Colombia prolifera la cultura de vivir de los demás, cargando muchos colombianos trabajadores con el lastre de mantener a algunos vagos y tramposos a partir de los impuestos elevadísimos que se pagan todos los días. Esto precisamente es lo que está generando la gente conchuda y los subsidios mal focalizados que destina el gobierno nacional para apoyar a las personas que están debajo de la línea de pobreza, es decir, aquellas que tengan un ingreso al mes de 241.673 pesos o menos.  Dentro de ese umbral de personas en el que pueden estar más de 13 millones, han entrado millones de colombianos que literalmente se cuelan en el SISBEN y demás entidades de ayuda para recibir subsidios acumulativos de los órganos estatales ya sea por ser víctima del conflicto armado, ser desplazado, vivir en condiciones de marginalidad, madre cabeza de hogar, familias en acción, etc., estas personas a final de mes pueden tener la bobadita de 2 millones de pesos.

Este fenómeno tan antiguo como la política asistencialista del estado, no está dando los resultados esperados, ya que si bien los 22 millones de subsidios orientados a la salud, a la vivienda de interés social y la creación de microempresa pueden ser una ayuda positiva y necesaria a las personas que más lo necesitan, no conducen al progreso sino a la sobre-dependencia de mucha gente. Este gasto de gobierno más alto que el destinado a la salud y la educación de todos los colombianos, con cifras colosales que en el 2016 llegaron a los 80 billones de pesos,ha sido uno de los factores más significativos de mala planificación y gasto que siguiendo esa racha negativa de inefectividad y corrupción ha dado un resultado total de déficit de recursos para los demás sectores.

Este déficit y fracaso se presenta por que la mayoría de subsidios van a la clase media y emergente del país, teniendo en cuenta también que hay algunos ricos con estos pequeños “incentivos”; además de eso, no es muy difícil de creer que la corrupción ha untado también esta área en el que las tajadas de platica se van distribuyendo desde el que la da hasta el que la recibe, generándose literalmente bandas en todas las regiones y todos los programas que desangran el presupuesto; y por último es que muchos colombianos que tienen los subsidios prefieren vivir en condiciones de marginalidad e informalidad laboral, financiera y social con tal de seguir recibiendo puntalmente la ayudita.

Los sistemas de datos están muy desactualizados, y si a esto le sumamos la corrupción, las pésimas condiciones de salud, vivienda, educación digna, financiación en ciencia, cultura y deporte y la priorización del estado en los gastos de defensa, estamos en un panorama desalentador, pero, lo más triste son esos colombianos que se cuentan de a miles con esa mentalidad cortoplacista de no trabajar, sino que a partir de mentiras y favores siguen viviendo de ese dinero, del cual muchos pobres no tiene acceso y les hace el camino cuesta arriba a la hora de progresar y tener mejores condiciones. Como seria de bonito dejar de escuchar subsidios a falsas víctimas o hijos de congresistas con pensiones, o la gente con más viviendas regaladas que hijos-

Para eso deben darse reformas conscientes que piensen mejor en los objetivos iniciales de estas políticas asistencialistas, además estas personas conchudas deben rendir cuentas a  los órganos especializados a partir de seguimientos y suspensiones, además deben generarse más apoyos y ayudas focalizadas que aporten más al largo plazo de la gente, a los proyectos científicos y agropecuarios que den más trabajo y por ultimo  debe pensarse no solo en los pobres que verdaderamente necesitan estas ayudas, sino en los demás colombianos que pagan impuestos y quieren un país con mejores condiciones para su vida.

Imagen tomada de goo.gl/VTm52U

 

Sergio Alejandro Gómez Velásquez

Politólogo de la Universidad Nacional de Colombia, me gusta mucho la literatura latinoamericana, los viajesy el ajedrez.

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