Bitcoin, ¿la moneda del siglo?

El hombre es un animal de costumbres por naturaleza y cuando ve algo nuevo tiene la tendencia natural a asustarse, estigmatizar e incluso volverlo sacrílego, pero a fin de cuentas siempre termina volviéndolo parte de su entorno. ¿Qué pensaría Lucy al vernos a nosotros? Probablemente lo mismo que muchos humanos piensan actualmente del bitcoin, así como en sus tiempos pensaron acerca de Tesla con la corriente alterna o cuando Oppenheimer dirigió el Proyecto Manhattan para crear la bomba atómica. En cierto modo, ningún invento o descubrimiento es malo per sé, lo que en realidad teme el hombre es, en algunos casos, de dónde proviene éste, y en otros la utilidad que se le va a dar.

Ahora bien, ¿qué es el bitcoin? Desde 2008 se ha empezado a hablar por los rincones de los videojuegos en línea como Minecraft de una moneda llamada Bitcoin, creada por alguien que se hace llamar “Satoshi Nakamoto”, ese extraño nombre que ha puesto a temblar desde hace unos años a los más grandes magnates del dinero como lo son los banqueros, desde Sarmiento hasta Wall Street ¡y como no hacerlo! Una moneda que al principio no pasaba de valer unos cuántos centavos a que ahora su precio ronde los dos mil quinientos dólares (2500 USD).

La “moneda” ha pasado por una vorágine de sucesos: desde ser elemento de constantes ataques cibernéticos hasta ser tacharla de fraude en pirámides y esquemas. La verdad acerca de todo esto es que el bitcoin es, una tecnología peer-to-peer (P2P) que utiliza información encriptada mediante “hashes” que son leídos a través de una cadena de bloques (blockchain), la cual traduce dichos códigos utilizando protocolos (el más común para el bitcoin es el SHA-256), gracias a los mineros que rompen los bloques dichas transacciones puedan ser leídas y ejecutadas. Todo esto suena loco, ¿verdad? Haciendo una analogía, pensemos que queremos enviarle un mueble a un amigo a otra ciudad pero el paquete está encriptado mediante un complejo algoritmo matemático similar a un código de barras, éste queda en cola en la fila de envíos lo que lo hace comparable con la cadena de bloques y el minero, es el software que reconoce y descifra el código de barras para que sea correctamente enviado al receptor, claro está, recibiendo una pequeña comisión de pago por sus servicios y así el amigo reciba el mueble intacto y completo.

Desde que escuché hablar por primera vez de la moneda en 2012 he visto todos los grandes eventos por los que ha pasado: su primera subida por encima de los 1000 dólares en diciembre de 2013 (evento que hizo recordarle a un nórdico que tenía alrededor de unas 600 de esas monedas que sin darse cuenta la tenía abandonada y sin atención hasta que lo hizo revolcar toda la casa y encontrar la clave de su wallet o billetera y las vendió para que ahora sea una persona acomodada en su país natal); el cierre de Mt. Gox, la mayor empresa de trading (compra y venta de criptomonedas) en Japón en 2013; el robo de 3 millones de dólares de Cryptsy en criptomonedas por parte del dueño; el hackeo masivo de sitios colectores de “faucets” o “grifos”, o los ransomware que secuestran datos a cambio de bitcoins (uno de los más recientes, 5 millones de dólares en bitcoin a cambio de la no publicación de los 1.5TB de datos de HBO entre los que se incluyen nuevos episodios de Game Of Thrones, información privada del personal y demás información relevante). Sin embargo, sigo aquí, defendiendo este invento que está revolucionando el mercado mundial. Todos tomamos malas decisiones, y eso nos hace responsables a nosotros de lo que hacemos y en quienes confiamos, es decir, no hay que culpar al juego, sino a los jugadores.

En el Renacimiento hasta parte del siglo XIX la moneda de intercambio fue el oro, el siglo XX nos introdujo las divisas nacionales como el peso, el dólar, el marco, el penique. Y ahora, en las redes ya se habla de “bits”, “satoshis”, “litoshis”, y ya es más común ver sitios que aceptan más donaciones en bitcoins o litecoin que mediante Paypal o transacciones mediante tarjeta de crédito. La gran diferencia entre el bitcoin y las divisas internacionales radica en que no se rige bajo ningún gobierno o banco, no le debe credibilidad a nadie, simplemente se rige por la pura actividad mercantil de la oferta y la demanda que funciona como una economía colaborativa pues son los involucrados los que rigen su precio.

Muchos se preguntarán, ¿cómo confiar en algo que no es regulado por ningún gobierno? ¿A quién le hago el reclamo si pierdo mi dinero? ¿Cómo le pago al tendero si ni siquiera es una moneda “tangible”? ¿Cómo sé que no estoy cometiendo actos ilícitos? Al ver los noticieros colombianos hablando del bitcoin cada vez es más claro quién tiene el poder de los medios en Colombia. Esto me hace recordar el fragmento de una canción “Media is always trying to blame me” (Los medios están siempre tratando de culparme), y la verdad es que son demasiado alarmistas y poco concretos con respecto a lo que tratan canales más serios en cuestiones económicas como Bloomberg, pero claro, quizás 1 de cada 300 mil habitantes en Colombia lee noticias que no sean de RCN, Caracol, Las 2 Orillas, La Silla Vacía, etc. El Bitcoin ya se les salió de las manos a todos ellos, el Bitcoin tiene el poder suficiente para hablar por sí mismo y erigirse como una moneda de intercambio en la web, no hay que negar que éste es el principal tipo de moneda que se utiliza en la Deep Web o la Dark Web donde el tipo de comercios allí se refiere a contratar asesinos, mercado negro de órganos, compra de sustancias psicoactivas, entre otros, pero lo hacen precisamente porque sus transacciones son anónimas, no dejan rastro de lugares de envío o recepción, simplemente un “hash” de que la transacción fue realizada y ya.

Como nadie la regula, a nadie se le reclama, el bitcoin es en sí mismo un bien que posee valor, por otro lado cuando alguien roba el Detective Comics #27 o el Action Comics #1, sólo queda recurrir a seguridad privada, por eso, esto es más de valerse por sí mismo que de los bancos (al fin y al cabo, es a ellos quien se trata de evitar, ¿no?), los cuales no tienen autoridad alguna sobre el bitcoin, por eso posiblemente en varios sitios web se verá “Tú eres tu propio banco con el bitcoin”. Y es que no es para menos, no más intereses, no más descuentos por manejo de cuenta, adiós a las llamadas anuales para ofrecer nuevos métodos de ahorro, adiós a las cartas amenazantes de bancos que quieren embargar lo poco que tenemos. Ahora para pagarle al tendero, empresas como Visa y MasterCard, entendieron el juego y ya están sacando tarjetas cuyo respaldo monetario es la cantidad de bitcoins en la cuenta, así, las empresas se quedan con los bitcoins y como buen paisano, pagas en efectivo, mala idea, pero, como buena costumbre, resulta inevitable manejar efectivo.

La única desventaja que se ha encontrado en todo este tiempo del bitcoin es la volatilidad de la moneda, es decir, a las 3:50 p.m. vale 2571.35 dólares y a las 4:30 p.m. puede estar valiendo 2743.22 dólares y a las 7:15 p.m. puede estar valiendo 1978.56 dólares, pero a final de cuentas esa es la ley de la oferta y la demanda en su máxima expresión.

Obviamente nunca van a faltar aquellos que tratarán de sacarle provecho, sacando “scam coins” (monedas falsas) para robar los bitcoins mediante inversiones, simplemente se trata de entender todo con calma y saber cómo manejar nuestro dinero. El bitcoin y las criptomonedas llegaron para quedarse y lo harán. Nadie puede ahora opacar la nueva moneda que se encuentra en la Bolsa de Valores de Nueva York. El bitcoin se volvió el “oro virtual”. Que la Fuerza te acompañe Bitcoin.

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