Dunkerque

Una de las desventajas de tener una universidad pública desfinanciada es que obliga a los estudiantes a ver un montón de materias de investigación. Y,  sin quitarle la importancia de la investigación académica –independientemente del área del conocimiento en que se enfoque–, las clases para mí eran una triste forma de gastar mi tiempo. Así qué, decidido a sacarle algo de provecho a la clase, me busque un par de conocidos y me puse a hablar de cine.

Una de las conclusiones a las que solíamos llegar –las conversaciones eran algo repetitivas, creo que por mi culpa- era que “Christopher Nolan no tiene película mala”, “Es que no tiene” me repetía mi amigo FC moviendo la cabeza. No sé si me convenció, pero al recordar en mi memoria las películas de Nolan todas estaban bien puntuadas, y tal vez por esa verdad aceptada, al entrar a ver Dunkerque solo podía pensar que cada salida de Nolan podría ser la excepción a la regla.

Entonces, las luces se apagaron, terminó la publicidad y la película empezó. La primera escena lo dijo todo, esto es así: en frente el disparo invisible de las metralletas alemanas, en la espalda el mar, en el cielo los bombarderos nazis, en la playa, miles de hombres esperando la muerte. El tiempo pasa, la marea se va, los bombarderos vuelven, todos al suelo, las bombas tocan las puertas del infierno. Luego se van, todos se paran, los soldados vuelven a la fila, pero la muerte volverá, las nubes retumban. El mar los acompaña.

Eso es todo, sin un nazi exagerado, sin un héroe gringo, sin una mujer esperando que alguien sobreviva, sin carnicería, nada de eso, solo hombres agolpados entre una muerte en el frente o una muerte en el mar, obligados a vivir. No hace falta nada más, Dunkerque es retrato de una batalla real, fiel a suceso histórico, a las historias que Nolan escucho en su infancia, la historia de la batalla en que murió su abuelo. Entonces al ver la película uno piensa: fue así, carajo.

Me gustó el mar, siempre ahí, igual, monótono, impávido, a Neptuno no le importa la guerra. Las olas le devuelven sus muertos al hombre, el océano sepulta a quienes murieron en sus dominios, acompaña la espera de los derrotados, esconde al enemigo, trae a los viejos, recibe las bombas; fabrica su propia lluvia, pero no se inmuta, sigue igual, la guerra es cosa de los hombres, el gran azul descansa tranquilo, dormita, él ya estaba aquí y después de la guerra y la extinción, ahí seguirá.

Me gustaron los viejos, que extraña es la guerra cuando en vez consume a los hijos y deja a los padres, les permite cumplir su sueño. Creo no equivocarme al decir que muchos padres quisieran tomar la barca y cruzar el Estigio para traer a sus hijos del reino de Hades. Dunkerque lo hizo realidad, los viejos cruzaron el mar para traer a los hijos de la muerte, en pequeños barquitos y desarmados, viendo pasar buques de guerra repletos de soldados y armas, en retirada, huyendo del frente.

Me gustaron las historias y los tiempos. Al mejor estilo Nolan, todo se cruza, se incluye y se complementa, quien cayó por aquí, lo recogen por allá, si voló, lo vieron pasar, si explotó, lo escucharon, la película es un todo, pero todo en su momento, cuando sea necesario, no es un corte de cámara, es la panorámica del milagro de Dunkerque. Pero además, de completarse la historia, la batalla, nos da perspectivas, el agua furiosa de la nave naufragada, es sola el leve burbujear del mar desde el aire, y el rastro de muerte en la playa, es solo una columna de humo a lo lejos.

Me gusto el cierre, sobre la esperanza y la vergüenza, la llegada y la huida, nuevamente las perspectivas, la complejidad de la vida. Pero hay que decirlo, me parece que sobra el discurso final, no era necesario soñar con el nuevo mundo, con los salvadores, un detalle innecesario, melodramático, me parece un guiño a la Academia. Además, creó que hubiera sido mejor clamar por el ejército rojo, no por ideología, sino por el papel que tuvo en la guerra.

Luego el cierre, todo oscuro y los créditos. Salí del cine, la luz me pego en los ojos, lentamente me adapté a la luz y  a la idea “Nolan no tiene película mala”. La Clase me sirvió.

Por: Juan Pablo Parra.

Imagen tomada de: https://www.warnerbros.com/dunkirk

Juan Pablo Parra

Estudiante de Derecho de la Universidad Nacional de Colombia. Miembro de la revista Ciudad Blanca.

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