El arte y el olvido

La capital colombiana tiene en muchas de sus calles monumentos a cielo abierto que representan batallas, descubrimientos y conquistas históricas. La Revista Ciudad Blanca resaltará algunos muy representativos que no obstante han ido quedando en el olvido.

Los monumentos realizados por artistas nacionales y extranjeros y expuestos en las agitadas calles de las grandes ciudades, terminan con frecuencia en el olvido. Diariamente miles de transeúntes pasan por su lado, pero son pocos quienes tienen conocimiento de estas importantes y emblemáticas piezas de arte.

Debido a este desconocimiento, los monumentos pasan a ser “simples masas” de bronce, hierro, cemento o porcelana, según sea el caso. Además de la ignorancia, que hace que el sentido de estas se modifique, también están los daños causados por los vándalos.

Descubridores, conquistadores, héroes, mártires, escritores, poetas y filósofos tienen monumentos en su honor aunque ultrajados por el óxido, la suciedad, el robo, el maltrato y los grafitis.

Un ejemplo de esto es la plazoleta de los Mártires, que está adornada con un obelisco de diecisiete metros de altura, hecho en piedra de sillería, que ha tenido múltiples reformas desde su construcción el 4 de marzo de 1880. Aunque en sus muros están grabados los nombres de los próceres de la Independencia de América, actualmente su estado es lamentable.

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Plaza de Mártires

Los transeúntes la llaman La muñeca, pero el nombre original de la obra es Rita 5:30. La intención de este monumento creado por Enrique Grau Araujo es simbolizar la liberación femenina, razón por la cual sus detalles más llamativos son el sombrero y el corsé a medio ajustar. Desde su inauguración el 18 de diciembre de 2000, la obra ha tenido múltiples intervenciones para reparar los daños de personas que desconocen el valor del arte y la rayan y pegan publicidad.

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En la carrera 7.a con calle 100 está el Homenaje a Gandhi, concebido por la atrevida artista colombiana Feliza Bursztyn, quien usaba chatarra para sus trabajos. El estado de la obra no es el mejor: el abandono, el óxido y la maleza que rodean la pieza de casi cuatro toneladas y 31 metros de altura amenazan con echarla abajo.

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En su momento, Marta Traba, crítica de arte y escritora, se pronunció sobre la escultura afirmando que “amenaza a los conformistas y pobres de espíritu en Bogotá”. En el actual contexto, esta sería una de las razones por las cuales a las personas poco les importan estas muestras artísticas y conmemorativas.

En Medellín hay una obra del escultor Leobardo Pérez Jiménez inaugurada el 18 de julio de 2012 y que representa la memoria de la guerra vivida en las calles de la capital antioqueña. El árbol de la vida está compuesto por 27.398 armas blancas que se entregaron durante procesos de desarme; una sutil y noble forma de revivir objetos que en su filo llevan cientos de víctimas.

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Actualmente se está gestando el proyecto de construir tres monumentos en honor a una de las guerras más largas de la historia colombiana. Aunque no hay fecha acordada para la construcción con las armas que dejaron las FARC, el presidente Juan Manuel Santos se pronunció al respecto y afirmó que las armas serán fundidas por parte de la Naciones Unidas y un porcentaje del material servirá para construir las piezas de arte; Nueva York, Cuba y Colombia son los lugares elegidos para construirlos.

Recordar una guerra o cualquier hecho que haya afectado a alguna persona es una forma de reivindicar a los afectados, de recordarlos, de superar el dolor y de lograr que las nuevas y futuras generaciones entiendan lo que ha vivido su nación, esperando, desde luego, que no vuelvan a repetirse historias atroces.

Por: Catalina Hernández

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